Práctica intensa para desarrollar el talento

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En mis anteriores artículos sobre el talento he puesto de manifiesto que si bien el talento puede ser una cualidad innata también podemos aprender a desarrollarlo. ¿Cómo? A través de una práctica intensa de una determinada habilidad.

La práctica intensa se construye sobre una paradoja: el hecho de esforzarte de determinadas maneras para conseguir objetivos específicos (permitiéndote cometer errores y hacer un poco el ridículo) te vuelve más inteligente. O, por decirlo de otro modo, aquellas experiencias en las que te ves obligado a ir más despacio, a cometer errores y a enmendarlos acaban por volverte más ágil sin que te des cuenta de ello.

El rendimiento sin esfuerzo es algo deseable; sin embargo, se trata de una manera horrible de aprender.

El talento requiere esfuerzo

Bjork, catedrático de psicología en la Universidad de California, ha pasado la mayor parte de su vida investigando cuestiones relacionadas con la memoria y el aprendizaje. Es un erudito risueño y alegre, dispuesto a analizar desde las curvas del deterioro de la memoria a cómo Shaquille O’Neal , la estrella de la NBA famosa por los fallos que comete al lanzar tiros libres, debería tirarlos desde distancias extrañas: 5 ó 6 metros, en lugar de los 4,5 reglamentarios.

“Las cosas que parecen ser obstáculos se convierten a la larga en aconsejables. Un encuentro auténtico, aunque dure sólo unos pocos segundos, es mucho más provechoso que varios cientos de observaciones” (Bjork).

Os dejo con un vídeo de jugadores de fútbol brasileños. Son el ejemplo práctico de cómo desarrollar el talento a través de una práctica intensa: