6 consejos para una buena siesta

La siesta no solo es un tiempo de descanso en la dura jornada diaria, sino que tiene una clara función terapéutica: permitir que el organismo se regenere física y mentalmente.

Aquí te dejo 6 recomendaciones para echar una buena siesta:

1) Debe ser corta.

Más allá de los 30 minutos corremos el riesgo de levantarnos atontados y aún más cansados.

2) No meterse en la cama.

Un sofá o una hamaca son lugares mucho más indicados para una siesta.

3) Ventanas abiertas.

Para favorecer la oxigenación durante la siesta es mejor descansar con alguna ventana abierta o, mejor aún al aire libre (en verano, a la sombra).

4) Ayudar a digerir.

Dormir la siesta facilita el proceso digestivo, ya que el cuerpo solo debe preocuparse por cumplir esa misión. Sin embargo, mejor será no abusar de alimentos fuertes ni de comidas copiosas.

5) Atender el reloj biológico.

Siguiendo la norma de una siesta corta, cada uno debe escuchar lo que le pide su propio reloj corporal.

6) Sucumbir a la tentación.

No confundir siesta con pereza. Un descanso reparador es un excelente estimulante para mantener el ritmo.

¿Por qué necesitamos una siesta?

Campeonato de siesta en España.

La necesidad de relajación que sentimos después de la comida está íntimamente ligada al descenso energético que sufre el organismo después de comer. Todo ello tiene una explicación fisiológica: el tubo digestivo necesita un mayor aporte de sangre para cumplir su función, así que los músculos, la piel e incluso el cerebro quedan en un segundo plano y las actividades nerviosas, respiratorias y circulatorias se ven alteradas por el menor aporte de sangre.

Es por esto por lo que somos incapaces de levantarnos de la mesa con el último bocado y seguir a pleno ritmo. ¡Y cuanto más copiosa o pesada haya sido la comida, más trabajo tendrá el cuerpo para digerirla!

Lo más natural

Dormir y descansar forman parte de los ritmos de la naturaleza, como los ritmos del sol y la luna. Nuestro reloj interno depende también de estos ciclos, aceptando además que es él quien nos marca nuestra necesidad de breves descansos.

Lo de tomarse un té o un café después de comer para “despejarnos” no tiene mucho sentido. ¿Para qué interferir en esa necesidad de relax que tiene nuestro cuerpo enmascarando la relajación muscular y cerebral con el consumo de sustancias excitantes? Al principio puede dar resultado, pero al cabo de unas horas, el rendimiento físico e intelectual desciende repentinamente y cada vez necesitamos mayores cantidades de excitantes para seguir a pleno ritmo.

El objetivo de la siesta, por el contrario, es estabilizar las funciones físicas y mentales, colaborando con nuestro organismo en lugar de luchar contra él.

Claro que una cosa es echarse un rato, para no interferir en el proceso digestivo, y otra muy distinta enlentecer la digestión al dormir demasiado tiempo. ¿Y cómo saber cuánto tiempo dedicarse al placer de la siesta sin perder facultades al despertarnos? La clave está en escuchar el reloj biológico que todos llevamos dentro. Eso explica que algunas personas tengan bastante con cerrar los ojos sentados en una silla para recuperar fuerzas, mientras otros necesitan tumbarse 30 minutos en el sofá.

Todo depende del tiempo que necesita cada uno para lograr vencer el cansancio y la pesadez propios de primera hora de la tarde. Si nos quedamos cortos, no habremos logrado nuestro propósito regenerador. Si nos pasamos, corremos el riesgo de sentirnos confusos y poco ágiles al despertarnos. Y sería una pena desperdiciar todas las ventajas de la siesta.

Un placer sin efectos secundarios.

Por Cristina Valera en Cuerpo y Mente.


Un comentario

  1.   jesús dijo

    gracias muy buen artículo

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