Cuáles son las diferencias entre abuso y agresión sexual

Cada vez son más las mujeres y hombres que alzan la voz en contra del abuso y las agresiones sexuales que sufren en sus vidas. Puede ser a manos de las parejas, de familiares, de jefes o incluso de “amigos” que se sobrepasan. El problema suele radicar en que las personas que realizan este tipo de actos no identifican que están haciendo algo malo porque consideran que tienen algún tipo de poder sobre la víctima. Es imprescindible aprender a diferenciar lo que es un abuso de una agresión sexual y en el caso de ser necesario, denunciarlo ante las autoridades.

Las personas que cometen un abuso o una agresión sexual creen que están por encima de la víctima y que tienen el derecho de poder humillarle para satisfacer sus propios deseos sexuales. Piensan que pueden someter a esa persona sin represalias porque su posición de poder le da cierta ventaja.

Desgraciadamente en nuestra sociedad actual los abusos y agresiones sexuales son una realidad en cualquier ámbito social. No es raro ver en las noticias casos de abusos o agresiones de este tipo o leer las noticias en el periódico o por las redes sociales. Cuando se habla de algún caso de este tipo se suelen mencionar diferentes términos: abuso sexual, agresión sexual, violación… Aunque en ocasiones se hablan como si fuesen sinónimos no lo son.

Abuso y agresión sexual

Abuso sexual

El abuso sexual ocurre cuando una persona oprime la libertad sexual de otra persona, es a través del lenguaje corporal e incluso contacto físico, pero sin ningún tipo de violencia. En cambio, una agresión sexual es físico y consiste en atentar contra la libertad sexual de otra persona, utilizando la violencia o la intimidación. El abuso sexual puede no estar penado pero la agresión sexual sí está penado por la ley y el agresor puede tener una pena de cárcel de entre uno a cinco años.

 

El abuso y la agresión sexual está en eterno debate en muchas ocasiones porque dependiendo de uno u otro las consecuencias penales pueden ser mayores o menores. Cuando una persona comete el delito de abuso sexual puede acceder al cuerpo de otra persona sin violencia física. Pero, ¿para los menores de edad que no prestan consentimiento sería abuso o agresión? ¿Y para las víctimas que primero drogan para después poder agredirlas (o abusar) sexualmente? El debate siempre está sobre la mesa de los juzgados.

En el abuso sexual existen muchos actos que suponen este tipo de violencia como los toqueteos, las masturbaciones, el acoso, obligar a una persona a observar actos de índole sexual o a forzar a la víctima a mostrar su cuerpo como una forma de dominación por parte del agresor.

Agresión sexual

Por otra parte, la agresión sexual consiste por tanto, a acceder al cuerpo de otra persona, de forma sexual, sin consentimiento y mediante la violencia, como una violación sexual. La forma más grave es la penetración anal o vaginal, pero no es la única, también existe la bucal y también es grave. También se considera violación la penetración con objetos, sin necesidad de utilizar los genitales.

También es necesario mencionar el acoso sexual, que aunque en este caso no se acceda al cuerpo de la otra persona, también es una forma de violencia puesto que se realiza mediante el lenguaje verbal o no verbal. Se insinúan los deseos de mantener relaciones sexuales con una persona a pesar de que la víctima lo rechace.

Tipos de pena según el delito

Dependiendo de cómo se valore un tipo de acción u otra, las penas de cárcel pueden variar considerablemente, veamos a qué nos estamos refiriendo:

  • Agresión sexual. Condena de 1 a 5 años de prisión si se trata de un atentado contra la libertad sexual de una persona a través de la violencia o la intimidación. Si hay acceso carnal (violación) la pena sube entre 6 y 12 años de cárcel.
  • Abuso sexual. Cuando se produce “sin violencia o intimidación y sin que se medie consentimiento”, las penas es de uno a tres años o una multa de 18 a 24 meses, salvo que exista acceso carnal que entonces la pena sería de entre 4 a 10 años de cárcel.

En ambos casos hay algunos atenuantes que pueden agravar las penas como cuando en el caso del abuso o agresión sexual hay violencia degradante o vejatoria, cuando se hace en grupo o cuando la víctima es especialmente vulnerable dependiendo de las circunstancias y características personales que tenga en el momento del abuso o la agresión. También se puede agravar la pena cuando haya habido una relación de parentesco o superioridad entre la víctima y el agresor o que el autor de los hechos haya dispuesto de armas u otros medios peligrosos que pudieran provocar o haya provocado lesiones o incluso la muerte de la víctima. En algunas de estas circunstancias la pena de cárcel podría estar en el caso de abuso sexual entre los 5 a 10 años y en el caso de agresión sexual entre los 12 y 15 años de cárcel. Si ocurren más de una circunstancia al mismo tiempo, se aplicarán las penas en su mitad superior.

La víctima

Como has podido ver, todos estos comportamientos están penados por la ley y es que las víctimas pueden sufrir graves consecuencias físicas y psicológicas. Estas secuelas pueden ser temporales o permanentes pero en todos los casos requerirán de ayuda profesional para poder superar lo que ha sucedido e intentar llevar una vida lo más normal posible en su futuro.

Los efectos psicológicos de la persona son graves y puede sentir indefensión, puede sentir miedo, su autoestima puede verse resentida e incluso puede desarrollar un trastorno de estrés postraumático, cambios de la personalidad, desconfianza generalizada, alteraciones en sus relaciones afectivas, en su sexualidad… E incluso, puede padecer fuerte ansiedad o depresión.

Es necesario que ante cualquier tipo de abuso o agresión sexual, la víctima no normalice la situación y que siempre vaya a buscar ayuda de las autoridades o de profesionales para que puedan orientarle para actuar acorde con la ley y buscar protección lo antes posible.

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