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Características de un arquetipo según Carl Jung

Todos tenemos en mente un patrón de idealidad que rige nuestras acciones, y es este el que determina el mapa por el que nos orientamos en el desarrollo de nuestra personalidad, pero ¿Qué determina la formación de estos patrones?

Un arquetipo es un parámetro o modelo que define la idealidad de un concepto o acción, son los modelos condicionantes, que, de acuerdo a los aspectos culturales, determinan el desarrollo del individuo, son los que definen las metas sobre las que se constituye el rol que creemos debemos desempeñar en la sociedad.

Estudios psicológicos, en especial el desarrollado por Jung, establecen una relación entre el ego y los diversos arquetipos, ya que este constituye la estructura de la psique asociada al sentido de identidad individual. Los arquetipos combinan hechos históricos con fantasía, realidades con deseos, relacionando todo esto con creencias religiosas y valores éticos, y de ahí resulta un pensamiento diferenciado que determina lo que se desea ser, y lo que se debe hacer para lograrlo.

Características de los arquetipos

Son contenidos del inconsciente del hombre de la actualidad, que guardan semejanzas con las ideas de épocas antiguas, que a pesar de la evidente evolución que hemos experimentado se conservan ahí, como ideas remanentes

Se ha identificado los arquetipos de género como uno de los factores de discriminación de los roles sociales considerando el género de la persona. La parte masculina es aceptada como modelo de dominio y fortaleza, la femenina es una imagen de delicadeza y sumisión.

Estas imágenes arquetípicas son determinadas por los instintos, ya que no conseguimos darle explicación como resultante de estímulos de eventos y experiencias. Se forma del inconsciente colectivo,  donde una misma imagen respecto a un evento  es compartida por el grupo social.

Los arquetipos predisponen la manera de enfoque que el propio individuo da a la vida.

El arquetipo según Jung

Los trabajos de este psicólogo Suizo, fueron los pioneros en los estudios de psicología profunda; abordó su trabajo desde un enfoque teórico y práctico, el cual se manifestó en una interpretación de la conexión funcional entre las estructuras psicológicas y las manifestaciones socio-culturales.  Los arquetipos de Jung son los denominados patrones de imágenes y símbolos recurrentes que aparecen bajo diferentes formas en todas las culturas y que siguen una corriente que tiende a ser heredada de generación en generación.

Algunos de los principales arquetipos definidos por este psicólogo, son los que se enumeran a continuación:

La Madre

Este arquetipo determina conductas respecto a la maternidad y a la femineidad, muchos piensan que son marcadas por patrones pertenecientes a nuestros ancestros, los cuales, pese a la evolución cultural permanecen intactos en la época actual.

El Padre

Es una figura de autoridad, fuerza y lucha. Su rol es el de la protección del individuo frente a factores externos. El padre es sinónimo de poder y protección, constituye el pilar del hogar.

La Sombra

Son aquellos arquetipos que buscamos mantener en la intimidad, la sombra abarca todas aquellas características del individuo que se busca mantener en secreto, y que muchas veces permanecen en negación. Son los arquetipos íntimos que cuidamos de no manifestar en nuestra personalidad, porque es moralmente reprobable o porque es demasiado íntimo.

Ánimus y Ánima

Uno de los conceptos que se encuentra muy determinado por paradigmas sociales, es el referente al género, y así como el ser humano trabaja en base a arquetipos sobre si mismo, también los genera en torno a terceros. En vista de esto, Jung, define el ánimus como la vertiente masculina de la personalidad femenina, y el ánima como el arquetipo de lo femenino en la mente del hombre. Ambas están relacionadas con las ideas que sea asocian a los roles de género.

La Persona

Este nos muestra el arquetipo que determina nuestro “auto-concepto”, es el modelo que nos dice cómo debemos actuar para mantenernos dentro de esa imagen que deseamos proyectar.

El Héroe

El héroe es la parte que hace antagonismo a la sombra, este arquetipo es el que mantiene en un rincón aparte todas aquellas ideas generadas por el arquetipo de la sombra, estas estructuras podrían compararse con la naturaleza del ello y el yo. Esta estructura mantiene a raya todo aquello que evade la esfera social para que el conjunto no se vea afectado.

El Sabio

El sabio constituye una especie del tutor para el héroe, ya que su trabajo es revelarle al héroe lo que dicta el inconsciente colectivo. Y de algún modo, arroja luz sobre la senda del Héroe.

El Embaucador

Este constituye arquetipos que constituyen bromas y acciones orientadas a romper las normas ya establecidas, para demostrar que tan vulnerables pueden llegar a ser estas reglas.

Activación de un arquetipo

Respecto al proceso de creación y activación de un arquetipo, los psicólogos han identificado la relevancia de dos leyes de la percepción desarrolladas en la escuela Gestalt:

Ley de semejanza

Según el principio de la semejanza, la mente agrupa los elementos similares en una entidad. La semejanza depende de la forma, del tamaño, del color y de otros aspectos visuales de los elementos. En el desarrollo de una personalidad marcada por arquetipos, el individuo se conduce por medio de sucesivas comparaciones; recordando que un arquetipo constituye una imagen mental de la idealidad de un patrón de conducta, no debe resultar una sorpresa que en el subconsciente del individuo de se trabaje en base a continuas semejanzas.

Ley de continuidad

Según el principio de la continuidad, los detalles que mantienen un patrón o dirección tienden a agruparse juntos, como parte de un modelo. Es decir, percibimos los elementos, aunque estén interrumpidos entre sí, como funciones continuas, ya que el cerebro busca el patrón de agrupación.

Arquetipos y el desarrollo de complejos

Un complejo representa una imagen con una fuerte carga emocional, que refleja cierta situación psíquica. El núcleo de un complejo es un arquetipo del inconsciente colectivo, y su creación engloba un conjunto de acontecimientos, ideas y emociones alrededor de un modelo de idealidad.

Las emociones profundas, como amor, odio, tristeza y alegría son determinantes en este proceso, cuya resultante es la creación de diversos significados. La activación del primer complejo se constituye en la definición del Yo, el cual comienza a funcionar en la primera infancia, siendo este el más autónomo y diferenciado de ellos, ya que conglomera nuestra visión de mundo y de nosotros mismos, de la cual se hacen partícipes las imágenes arquetípicas, ya que estos son elementos universales, eternos y heredados, manifestados a través de imágenes simbólicas, que son una muestra de esos primeros eventos que dieron forma a la humanidad desde sus primeros tiempos.

Los complejos no pueden ser clasificados como buenos o malos, ya que el efecto que surten es determinado por la reacción de cada individuo en particular, ya que  su relación con el ego es la que determina el carácter que estos adquieren, lo que quiere decir que si tenemos un fuerte complejo de abandono de carácter bastante autónomo éste podría convertirse en el punto propicio a la creación de símbolos asociados con la idea de ser abandonado y estos se transforman en factores de atracción de temas, pensamientos e ideas que refuerzan tal complejo.

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