En los últimos años ha tomado gran importancia lo que conocemos en inglés como bullying, que no es más que el acoso u hostigamiento en la escuela. Debido a la creciente preocupación que tienen los padres acerca de si sus hijos están enfrentando situaciones de este tipo, hemos decidido elaborar un artículo explicando con gran detalle cada uno de los aspectos a tomar en cuenta sobre el acoso escolar. En él podrás informarte acerca de los tipos de bullying, causas, perfiles del acosador y del acosado, consecuencias, prevención, detección temprana, actuación ante un caso y muchas cosas más, con recomendaciones prácticas tanto para familias como para docentes y estudiantes.
¿Qué es el bullying o acoso escolar?

El bullying se puede definir como el maltrato intencionado y repetido de cualquier índole realizado por un estudiante (acosador) hacia otro (acosado) de forma frecuente y durante un tiempo indefinido; y que, además, cuenta con la complicidad del silencio o la indiferencia de los compañeros de clase. Normalmente el tipo de maltrato es emocional o psicológico, pero también puede ser verbal o físico. En la mayoría de casos existe un desequilibrio de poder, real o percibido, entre el agresor y la víctima (por fuerza física, popularidad, número de amigos, control social o dominio digital).
Por otra parte, aunque este tipo de casos suelen producirse dentro de la escuela, con el avance de la tecnología se ha incrementado el acoso cibernético o ciberbullying; siendo también una de las vías por las que realizan bullying los estudiantes de hoy en día. El acoso ya no se limita al aula o al patio, puede extenderse a las redes sociales, a las aplicaciones de mensajería o a los videojuegos en línea, lo que hace que el niño sienta que no tiene espacios seguros.
El objetivo del acosador es maltratar e intimidar a la víctima, logrando exponerla psicológica, emocional y en algunos casos físicamente. Esto trae para el acosado consecuencias psicológicas sumamente fuertes, las cuales pueden producirle miedo a ir a clases, disminución de la autoestima, problemas de rendimiento escolar o incluso cuadros depresivos y de ansiedad. Cuando el acoso se mantiene en el tiempo y no se interviene, pueden aparecer ideas de autolesión o intentos de suicidio.
Desde una perspectiva amplia, el acoso escolar es una forma de violencia entre iguales. No se trata de “cosas de niños”, ni de bromas sin importancia: es una conducta agresiva, metódica y sistemática, que atenta contra la dignidad y los derechos del niño, niña o adolescente que la sufre.

¿Cuáles son los tipos de maltrato?
Como mencionábamos, el bullying puede realizarse de forma física, verbal o psicológica, y además puede tener una dimensión social y sexual. Comprender estas formas ayuda a detectarlo antes y a no minimizar ciertas conductas que pueden parecer “normales”, pero que son claro indicador de acoso.
- El acoso físico es el maltrato que se realiza de forma directa sobre el cuerpo de la víctima, es decir, cuando el acosador empuja, patea o golpea a la víctima, por ejemplo. Además, también forma parte de este grupo cuando se maltratan los objetos personales del acosado (romper material escolar, esconder la mochila, tirar la comida, etc.). Son conductas más visibles, pero no por ello siempre se denuncian, porque muchas veces se producen en zonas poco vigiladas del centro (baños, escaleras, pasillos o patios).
- El acoso psicológico es cuando se realizan amenazas, humillaciones, chantajes o persecución para que la víctima sienta miedo del acosador. Un caso común es cuando se amenaza con revelar algo vergonzoso (un secreto, una fotografía, un vídeo) para lograr que la víctima cumpla los deseos del acosador o acepte situaciones que le incomodan. Este tipo de maltrato erosiona la autoestima y genera una sensación continua de inseguridad.
- El acoso verbal es uno de los bullying más usados, incluso de forma inconsciente en algunos casos. También es muy poderoso porque no deja rastro físico y sólo la víctima o los que hayan escuchado sabrán del problema. Este tipo de acoso se caracteriza por querer quebrar la autoestima del acosado; haciendo uso de palabras humillantes, comentarios racistas, insultos, expresiones sexistas, burlas repetidas, motes ofensivos, mensajes o llamadas para ridiculizar, entre otros. Aunque pueda parecer “solo palabras”, su impacto puede ser tan dañino como el de los golpes.
- El acoso social, por último, también suele realizarse con gran frecuencia y es sumamente habitual en los nuevos estudiantes que ingresan a la escuela. Se basa en excluir sistemáticamente a la víctima: ignorarla, impedir que participe en las actividades que realizan los demás estudiantes, hacerle el vacío en el recreo, no dejarla sentarse en ciertas mesas o grupos, entre otros comportamientos. El objetivo es aislarla y hacerle sentir que “no pertenece” al grupo.
- El acoso sexual es una forma específica de acoso en relación con el sexo, el cuerpo, la orientación sexual o la identidad de género de la víctima. Puede manifestarse a través de comentarios obscenos, burlas sobre el cuerpo, rumores sobre la vida sexual, tocamientos no deseados o difusión de imágenes íntimas. Es especialmente destructivo en la adolescencia, cuando la construcción de la identidad es más vulnerable.
Conoce los tipos de bullying
Además de las diversas formas de maltrato que tienen los acosadores, de manera más específica tenemos los siguientes tipos de bullying: bloqueo, exclusión y manipulación social, hostigamiento, intimidación y amenazas. No siempre a través de la violencia evidente.
- El bloqueo social es cuando se margina a la víctima o se persigue el objetivo de aislarla de los demás estudiantes; al igual que en la exclusión social, donde no se le permite a la víctima que socialice correctamente. Por su parte, la manipulación social tiene como fin crear una imagen ficticia o distorsionada de la persona (presentarla como débil, rara, problemática o peligrosa) para que los demás la rechacen. A través de rumores, chismes o comentarios malintencionados, se define a la víctima ante el grupo.
- El hostigamiento hace referencia al conjunto de acciones repetidas que realiza el acosador o acosadores para afectar la dignidad del acosado. Entre ellas podemos encontrar ridiculizar, burlar, crueldad, insultos continuos, miradas intimidatorias, empujones “disimulados” y otros tipos de acciones para hostigar. No es un hecho aislado, sino una dinámica sostenida en el tiempo.
- La intimidación es cuando el acosador tiene conductas con la víctima para que esta se intimide ante él o ellos, como por ejemplo amedrentar, acorralar, bloquear la salida del aula, seguirla hasta casa o hacer comentarios del tipo “ya verás luego”. Esto hace que el niño tenga miedo constante y viva en alerta.
- Las amenazas son una herramienta central en muchos casos de bullying. Pueden ser directas (“si lo cuentas te va a ir peor”) o indirectas (“ya sabes lo que pasa cuando alguien habla de más”). También se dan amenazas relacionadas con difundir fotos, vídeos o secretos, especialmente en el ciberacoso. Su función es silenciar a la víctima y a los testigos.

Otros tipos de bullying: ciberbullying y violencia relacional
Además de las formas clásicas, en la actualidad es fundamental conocer el ciberbullying. Este tipo de acoso se realiza a través de redes sociales, chats, aplicaciones de mensajería, videojuegos en línea o correos electrónicos. Incluye enviar mensajes malintencionados, crear grupos para humillar a alguien, compartir fotos sin permiso, suplantar la identidad digital de la víctima o difundir rumores en internet. Una de sus características más peligrosas es que puede ocurrir las 24 horas del día y llegar a muchas personas en poco tiempo.
También hablamos de violencia relacional cuando el agresor daña a la víctima usando las relaciones de amistad o de grupo: convencer a otros para que dejen de hablarle, manipular para que nadie la invite a cumpleaños o actividades, o condicionar la pertenencia al grupo a cambio de aceptar humillaciones. Este tipo de violencia es más difícil de ver, pero resulta extremadamente dolorosa para quien la sufre.

Causas del acoso escolar
No hay causas únicas ni específicas que expliquen por completo por qué aparece el acoso escolar, pero sí existen factores de riesgo y perfiles generales que suelen repetirse tanto en los acosadores como en las víctimas y en el entorno. Estos factores no significan que un niño vaya a convertirse necesariamente en agresor o en víctima, pero sí aumentan la probabilidad si no se interviene a tiempo.
Los acosadores obligatoriamente no cuentan con alguna enfermedad mental o trastorno, pero sí pueden presentar alguna psicopatología o dificultades importantes en la gestión de sus emociones. Además, en la mayoría de casos son personas fuertes físicamente hablando, agresivas, temperamentales y con escaso autocontrol, aunque también existen acosadores que actúan desde un perfil más silencioso y manipulador, sin necesidad de ser los más fuertes.
Entre los factores que explican la aparición de bullying podemos encontrar:
- Modelos de violencia en el hogar: niños que crecen viendo gritos, humillaciones o golpes pueden normalizar la agresión como forma de relación.
- Falta de habilidades sociales: dificultades para resolver conflictos, negociar o expresar emociones pueden llevar a algunos niños a recurrir a la violencia.
- Entornos escolares permisivos: cuando el centro educativo no aplica normas claras frente al acoso, no actúa con rapidez o resta importancia a las denuncias, se envía el mensaje de que “no pasa nada”.
- Presión del grupo y búsqueda de popularidad: algunos agresores utilizan el bullying para ganar estatus, controlar al grupo o sentirse importantes.
- Uso inadecuado de las tecnologías: el acceso temprano a internet sin supervisión, la exposición a contenidos violentos y la cultura de la burla en redes pueden favorecer el ciberacoso.

Perfil del acosador
Aunque cada caso es diferente, algunas de las características más frecuentes del perfil del acosador son:
- Posibilidad de tener alguna psicopatología o dificultades emocionales no atendidas.
- En la mayoría de casos, presentan baja empatía y pueden padecer alguna distorsión cognitiva, como justificar la violencia (“se lo merece”, “es una broma”, “solo nos divertimos”).
- Suelen estar acostumbrados a la violencia, siendo habitual que esta esté presente en el hogar o en su entorno cercano (discusiones constantes, castigos físicos, humillaciones).
- En la gran mayoría de casos, no cuentan con una buena relación con sus padres y no se les enseñó al niño o adolescente sobre los límites. Por otra parte, los padres suelen ser muy permisivos o actuar de forma muy autoritaria, dos extremos que dificultan la adquisición de normas internas.
- Les gusta controlar a los demás y sentirse poderosos. Pueden mostrarse extravertidos y dominantes, o bien callados pero muy influyentes entre sus iguales.
- En ocasiones, ellos mismos han sido víctimas de violencia (en casa, en la escuela o en redes) y reproducen esa dinámica con otros para no sentirse vulnerables.
El ambiente o entorno en la escuela también es un factor a considerar, puesto que en muchos casos no existe la suficiente autoridad o no se presta atención a este tipo de problemas. Sin embargo, también existen casos en los que se ha sufrido de bullying en escuelas que tienen a sus profesores capacitados; lo que demuestra que la prevención requiere un compromiso diario y un seguimiento constante, no solo protocolos escritos.
El acosador busca una víctima que mayormente forme parte de la minoría o la diferencia, para intimidarla, hostigarla y hacerla sufrir. A veces sin motivos claros y sólo como impulso para burlarse y hacer gracia con los demás compañeros; en otras ocasiones por envidia hacia el rendimiento del alumno, por su forma de ser, por su apariencia física, por su orientación sexual o por ser nuevo en el centro. El problema está en que, aunque la escuela se encuentre capacitada, el silencio de los compañeros indiferentes y los intimidados por el acosador se hacen cómplices de este tipo de maltratos que suelen pasar desapercibidos.
Consecuencias del bullying
Las consecuencias del acoso escolar pueden ir agravándose a medida que pasa el tiempo, y además varían dependiendo del papel que juegue cada estudiante; siendo diferentes tanto para las víctimas, como para los agresores y testigos. La investigación internacional estima que una proporción muy significativa del alumnado sufre o ha sufrido acoso en algún momento, y que estas experiencias pueden afectar a su bienestar hasta la edad adulta.
Los efectos no son solo emocionales: el bullying impacta también sobre el cerebro en desarrollo, aumentando el nivel de estrés, alterando el sueño y la capacidad de concentración. De ahí la importancia de intervenir pronto y no normalizar ninguna forma de violencia en la escuela.
Los efectos no son solo emocionales: el bullying impacta también sobre el cerebro en desarrollo, aumentando el nivel de estrés, alterando el sueño y la capacidad de concentración. De ahí la importancia de intervenir pronto y no normalizar ninguna forma de violencia en la escuela.

Consecuencias del acosado
- Las víctimas pueden desarrollar problemas de salud física y psicológica (dolores de cabeza, de estómago, problemas de sueño, ansiedad, depresión) que pueden tener repercusión en su futuro.
- En algunos casos pueden tomar represalias haciendo uso de la violencia, convirtiéndose a su vez en agresores o respondiendo con conductas de riesgo.
- Evitan el contacto social por miedo a ser humillados, aislándose y quedándose sin apoyo. Este aislamiento refuerza la sensación de soledad y de que “nadie puede ayudar”.
- Pueden faltar o dejar la escuela y abandonar los estudios, lo que limita sus oportunidades académicas y profesionales a largo plazo.
- En casos extremos pueden llegar a intentar el suicidio o tener ideas recurrentes de hacerse daño, especialmente cuando sienten que el acoso no termina y que los adultos no les creen.

Consecuencias del acosador
Si de casualidad tu hijo es acosador y realmente no te preocupa al no ser una víctima, te interesará saber que ellos también sufren las consecuencias. El bullying no es solo un problema “de la víctima”: quienes lo ejercen tienen un riesgo elevado de repetir la violencia en otras etapas de su vida.
- Normalmente suelen tener comportamientos agresivos en diferentes situaciones (en casa, en el vecindario, en redes), lo que dificulta sus relaciones personales.
- También suelen tener malas notas o calificaciones, lo cual es motivo para dejar la escuela o repetir cursos.
- Es común que, si se mantiene el perfil a medida que crece, tenga problemas con la ley (agresiones, vandalismo, violencia de pareja u otras conductas delictivas).
- Aumenta dramáticamente las posibilidades de meterse en problemas al crecer y de ser abusivo en futuras relaciones (amistosas, laborales o de pareja), si no recibe ayuda para cambiar su conducta.
Consecuencias de los testigos
Los testigos también sufren las consecuencias de ser cómplices y no acusar al acosador. A menudo son olvidados en el análisis, pero su papel es clave: sin público, el bullying pierde fuerza.
- Tienen miedo de ser humillados por el mismo acosador, al que tratan con respeto o incluso admiran por miedo a convertirse en su próxima víctima.
- Se sienten cómplices al no hacer nada para evitar el abuso, lo cual les genera sentimientos de culpa y malestar.
- Existe probabilidad de sufrir daño emocional, desarrollar ansiedad al acudir a la escuela o desconfiar de los adultos cuando perciben que no actúan.
- Si aprenden que es mejor callar que intervenir, pueden incorporar una actitud pasiva frente a la injusticia, que se extienda a otros ámbitos de su vida.

Cómo detectar a tiempo el bullying
Detectar que un niño está sufriendo bullying no siempre es fácil, porque muchas víctimas sienten vergüenza, miedo o culpa y prefieren no contarlo. Por eso, tanto las familias como los docentes deben aprender a observar señales en el comportamiento, el cuerpo y el entorno del menor.
Algunos indicios de que un niño o adolescente podría estar sufriendo acoso escolar son:
- Cambios bruscos en su comportamiento habitual, como hacer novillos, no querer ir al colegio, encerrarse en su habitación, mostrar irritabilidad o volverse muy retraído.
- Problemas de sueño: insomnio, pesadillas frecuentes o dificultad para conciliar el sueño los días antes de ir a clase.
- Quejas psicosomáticas: dolores de tripa, cefaleas, vómitos, mareos o malestar general sin causa médica clara, que suelen empeorar en días lectivos.
- Descenso repentino del rendimiento escolar o falta de interés por los estudios cuando antes no existía este problema.
- Material escolar que desaparece con frecuencia, ropa rota, objetos personales dañados o comida que no llega a consumirse en el recreo.
- Aislamiento social: pasa los recreos solo, no recibe llamadas ni mensajes de sus compañeros, deja de asistir a cumpleaños o actividades grupales.
- Cambios en el estado de ánimo: tristeza persistente, ansiedad, enfado desproporcionado o comentarios negativos sobre sí mismo (“no valgo para nada”, “nadie me quiere”).
En el caso del ciberbullying, también pueden observarse conductas como miedo o rechazo a usar el móvil o el ordenador, nerviosismo al recibir notificaciones, cambios abruptos en el uso de redes sociales o creación de nuevos perfiles para escapar del acoso.
Consejos y prevención del bullying para padres y profesores

Si eres profesor o padre, te interesará leer algunos consejos para poder mantener todo bajo control y proteger a tus hijos o estudiantes de sufrir este maltrato tan desagradable y peligroso. En muchos casos los hijos tienen miedo de contarle dicho problema a los adultos, ya que piensan que se puede agravar (lo cual sucede cuando no se sabe manejar la situación); así que presta atención a las recomendaciones que te ofrecemos a continuación para prevenir, detectar y actuar ante el acoso escolar.
Recomendaciones generales para familias y docentes
- Deberás hablar con tu hijo acerca del tema para hacerle entender que es completamente inaceptable este tipo de comportamientos; ya sea que lo realice él, un compañero o sea la víctima. Recalca que nadie merece ser humillado y que el respeto es una norma básica en cualquier relación. Por lo que deberá informarte en caso de que forme parte, sufra o haya visto acoso en la escuela.
- Así como se debe hablar con los hijos, también debemos aprender a escuchar. Si tu hijo o estudiante te indica que está sufriendo de algún tipo de maltrato, este no está exagerando porque, si no, no hubiese recurrido a tu ayuda. Además, si no se la brindas no confiará en ti para la próxima ocasión, por lo que no podrás enterarte si el comportamiento se sigue repitiendo. Validar sus emociones y agradecer que lo cuente es clave para que se sienta seguro y acompañado.
- Deberás estar atento a las señales que indican que tu hijo o estudiante puede ser una víctima del bullying o un acosador. Como sabrás, las consecuencias de cada uno de los involucrados podrán darte una pista del perfil de tu hijo y podrás averiguar de mejor manera qué es lo que sucede. No te quedes solo con una señal aislada, observa si hay un patrón que se repite en el tiempo.
- Debes comunicarte con la escuela acerca de las señales que observes. Si piensas que tu hijo está siendo víctima de bullying, también infórmale al profesor o profesores para que puedan estar atentos de la situación. Además, mantén la comunicación con tu hijo para que te indique si los profesores han estado cumpliendo su función. Si eres profesor, entonces deberás usar las herramientas necesarias para evitar que suceda este tipo de abusos. Entre estas últimas podemos mencionar:
- Llamar a los padres para indicarles la situación. En muchos casos los representantes de los agresores se muestran ofendidos o con indiferencia hacia la situación, por lo que la escuela deberá tomar las medidas necesarias para mantener la integridad y dignidad de todos sus estudiantes, apoyando también a la familia para que pueda reconducir la conducta del menor.
- Se pueden crear programas de prevención de bullying, de esa manera todos los estudiantes, padres y profesores podrán formarse y nutrirse con la mayor cantidad de información acerca del tema. Estos programas suelen incluir talleres sobre gestión de emociones, resolución pacífica de conflictos, uso responsable de las tecnologías y educación en valores.

10 claves prácticas para prevenir el acoso en el aula
A partir de la experiencia de muchos centros y organizaciones especializadas, podemos destacar algunas pautas especialmente útiles para los docentes:
- Abrir los ojos: el acoso rara vez ocurre delante del profesor. Suele manifestarse en zonas comunes poco supervisadas (baños, pasillos, comedor, escaleras, patio) o en actividades extraescolares. Tener presentes estas áreas “ciegas” y organizar una supervisión adecuada ayuda a reducir oportunidades para el agresor.
- Escuchar y respetar: si un alumno se acerca para comentar que se siente mal por la actitud de sus compañeros, no le restes importancia. Escúchale, respeta sus sentimientos y créelo. Subestimar lo que cuenta, pensando que son “cosas de niños”, puede hacer que la situación se agrave en silencio. Observa su interacción con el grupo y determina si se trata de un hecho aislado o de una conducta reiterada.
- Enseñar a los niños a actuar: es habitual que los compañeros sepan lo que está pasando y, sin embargo, no informen. Por eso es fundamental enseñar desde edades tempranas que ser testigo y callar también es participar. Trabajar en clase qué pueden hacer (buscar a un adulto, apoyar a la víctima, negarse a reír las burlas, no reenviar mensajes humillantes) fortalece la posición de la víctima y debilita la del acosador.
- Estar al tanto de lo que sucede fuera de las aulas: pintadas en los baños, aislamiento en el recreo o la comida, rumores constantes, risas o burlas cuando un niño habla en clase… Son pequeños indicadores que funcionan como termómetro del clima del aula y pueden ayudar a detectar situaciones de acoso.
- Reaccionar y actuar con celeridad: si sospechas que existe una situación de acoso en tu aula, actúa. Cada colegio debe contar con un protocolo de actuación que el profesorado conozca bien. Ante la menor sospecha, ponlo en marcha: habla con la víctima, con los agresores, con los testigos, registra la información y realiza un seguimiento. La rapidez y la claridad en la respuesta reducen el daño y envían un mensaje contundente al grupo.
- Hablar con las familias: frente a una situación de acoso es importante que las familias participen de la solución. Es recomendable comunicarse con cada familia por separado, explicando los pasos que se están siguiendo, tranquilizando a la familia de la víctima y colaborando con la familia del agresor para modificar la conducta del niño. Todas las partes deben conocer la situación y comprometerse con el cambio.
- Trabajar el tema del acoso en clase: no esperes a que se presente un caso en tu aula. Utiliza cuentos, películas, dinámicas de grupo y juegos cooperativos para reflexionar sobre la empatía, el respeto y la inclusión. Los alumnos concienciados reaccionan mejor ante el problema y son menos propensos a convertirse en cómplices.
- Fomentar la empatía: enseñar a “ponerse en los zapatos del otro” es esencial. Puedes hacer preguntas como: “¿Cómo crees que se siente cuando le dicen eso?” o “¿Te gustaría que te lo hicieran a ti?”. Entender el daño que provoca el maltrato es el primer paso para evitarlo.
- Conocer a tus alumnos: tómate tiempo para analizar quién es más retraído, quién suele liderar al grupo, quién está pasando por problemas familiares o personales. Cuanta más información tengas, mejor podrás detectar desequilibrios de poder que puedan desembocar en acoso.
- Trabajar los valores de forma visible: elaborar, junto con los alumnos, carteles y normas de convivencia que se cuelguen en el aula y los pasillos funciona como recordatorio diario de lo que es aceptable y lo que no. Implicarles en su creación hace que sientan esas normas como propias.

Cómo intervenir si ya existe un caso de acoso escolar
Cuando se detecta o se sospecha que un niño está siendo víctima de acoso, es esencial intervenir de manera rápida, coordinada y respetuosa con todas las personas implicadas. Algunas pautas útiles son:
- Hablar con tu hijo o hija: asegúrate de que sepa que no está solo y que tiene tu apoyo incondicional. Evita culparle (“¿qué has hecho para que te traten así?”) y pregúntale qué necesita. Escucha sin interrumpir y valida sus emociones.
- Informar a la escuela: contacta con el centro educativo (tutor, orientador, jefatura de estudios) y asegúrate de que se ponen en marcha los pasos del protocolo. Pide información sobre cómo se va a proteger a tu hijo, cómo se trabajará con el agresor y qué seguimiento se hará del caso.
- Registrar lo que ocurre: anotar fechas, lugares, personas implicadas y posibles pruebas (mensajes, capturas de pantalla, fotografías) puede ayudar a que el centro y, si fuera necesario, las autoridades, actúen con más eficacia.
- Buscar ayuda profesional: en algunos casos, el apoyo de un psicólogo especializado en infancia y adolescencia puede ser necesario para ayudar a la víctima a recuperar su autoestima, trabajar el trauma y desarrollar habilidades de afrontamiento.
Si se trata de ciberbullying, es importante no borrar las pruebas, bloquear al agresor, revisar la configuración de privacidad y, si procede, denunciar los perfiles o contenidos en las propias plataformas digitales o ante las autoridades competentes.

El bullying o acoso escolar es una forma de violencia que deja huella en quienes la sufren, la ejercen o la presencian, pero también es un fenómeno que puede prevenirse y frenarse cuando familias, profesorado, alumnado y sociedad trabajan juntos. Con información clara, escucha activa, protocolos eficaces y una educación basada en el respeto y la empatía, la escuela puede convertirse en un espacio seguro en el que todos los niños y niñas se sientan protegidos, valorados y capaces de pedir ayuda cuando lo necesitan.