Si hay algo que suele poner bastante nerviosas a las personas son las entrevistas de trabajo. Esto es bastante normal, las entrevistas de trabajo son el preludio de poder tener un trabajo que te aportará desarrollo profesional y dinero a fin de mes. Existen algunos pasos que puedes tener en cuenta para cuando tengas que hacer una entrevista y que así te asegures de que has causado una buena impresión a tus entrevistadores.
Antes que nada, deberás tomarte tu tiempo para prepararte la entrevista y así te podrás asegurar que esa plaza tenga bastantes probabilidades de ser para ti. Preparar bien una entrevista no es solo saber responder preguntas, también implica conocer a la empresa, trabajar tu lenguaje corporal, gestionar tus nervios y planificar qué imagen profesional quieres proyectar.
¿Qué debes tener en cuenta? Sigue estos consejos.
Analiza el trabajo

Tendrás que analizar el puesto de trabajo, conocer la empresa y así saber qué te están ofreciendo exactamente. No hay nada peor para un entrevistador que tener un candidato que solo ha ido “para probar suerte”. Es necesario que vea en ti un interés real y, sobre todo, que entiendes no solo del puesto de trabajo, sino también de lo que te piden exactamente que desarrolles en ese puesto laboral en concreto.
Para analizar bien el puesto, revisa detenidamente la oferta de trabajo: funciones, responsabilidades, requisitos imprescindibles y deseables. Subraya las competencias clave que se repiten (por ejemplo, trabajo en equipo, iniciativa, orientación a resultados) y piensa cómo las has demostrado en el pasado. Esa será la base de muchas de tus respuestas.
Haz una lista de tus habilidades, del conocimiento que tienes y de tus cualidades profesionales y personales que te hacen perfecto para poder ocupar ese puesto de trabajo. Esto es fundamental que lo tengas bien claro porque ayudará al entrevistador a ver en ti un gran potencial y a conectar tu perfil con las necesidades reales de la compañía.
Te puede ayudar organizar tu análisis en tres bloques: habilidades técnicas (lo que sabes hacer a nivel profesional), habilidades blandas (comunicación, organización, liderazgo, adaptación al cambio) y logros concretos (resultados que puedas cuantificar o explicar con claridad). Cuanto más específico seas, más sólido será tu discurso.
Una buena práctica es reformular los requisitos de la oferta como preguntas del entrevistador. Por ejemplo, si la oferta dice “capacidad para trabajar bajo presión”, pregúntate: “¿Cuándo he demostrado que sé trabajar bajo presión?”. Así podrás preparar ejemplos claros que respondan, sin que te lo digan expresamente, a lo que el reclutador quiere comprobar.

Experiencias en trabajos anteriores parecido al puesto requerido
Una vez que tengas en cuenta cuáles son tus habilidades para ese puesto de trabajo, también debes tener una lista de tus trabajos que hayas hecho anteriormente que coincidan con los requisitos para ese trabajo. Si no tienes experiencia demostrable, entonces será bueno remarcar sobre todo tus habilidades personales, tu potencial de aprendizaje y cualquier actividad relacionada (prácticas, voluntariado, proyectos académicos o personales).
En este caso, puedes incluir en la lista las habilidades, cualidades, certificaciones, experiencias, calificaciones profesionales, conocimiento… que encajen con el puesto de trabajo requerido. Piensa en ejemplos de situaciones reales en las que hayas usado esas capacidades, aunque no hayan sido en un empleo formal.
Piensa en ejemplos concretos de tus trabajos anteriores que demuestren tus habilidades y ofrece posibles referencias para que puedan consultar la veracidad de tus afirmaciones. Cuando presentes tus ejemplos, puedes usar una estructura sencilla tipo situación, tarea, acción y resultado para que tu explicación sea clara y ordenada.
Si cuentas con varios puestos anteriores, selecciona aquellos que estén más relacionados con la oferta. No se trata de contarlo todo, sino de elegir las experiencias que más valor aportan a la posición a la que aspiras. Si algo no suma, es mejor no darle demasiado protagonismo durante la conversación.
En el caso de que estés cambiando de sector o de tipo de trabajo, céntrate en tus competencias transferibles: organización, capacidad de análisis, trato con clientes, adaptación a nuevas herramientas, gestión de plazos, etc. Son aspectos que interesan a casi cualquier empresa y que te ayudarán a compensar la falta de experiencia directa en ese sector.
Revisa los requisitos del trabajo

Es importante que tengas bien revisados los requisitos del trabajo, tu lista de habilidades y activos, así como tus ejemplos antes de la entrevista. No te dejes nada a la improvisación, debes estar preparado para poder explicar todo lo necesario con el máximo detalle, pero sin memorizar un discurso rígido que suene artificial.
Una buena idea es crear una tabla muy sencilla donde en una columna pongas cada requisito importante de la oferta y, en otra, un ejemplo concreto de tu experiencia que lo demuestre. Así tendrás un mapa visual que te facilitará recordar qué historia puedes usar ante cada pregunta.
Esto te ayudará a estar bien preparado para responder a preguntas específicas del trabajo en la entrevista y también a las posibles preguntas de comportamiento, diseñadas para determinar si tienes conocimientos, habilidades y cualidades necesarias para realizar el trabajo al que aspiras. Estas preguntas suelen empezar con “Cuéntame una situación en la que…”, “Ponme un ejemplo de cuando…”.
Además, revisa si en la oferta se mencionan aspectos como viajes, horarios, teletrabajo, idiomas o cualquier condición especial. Piensa previamente si estás dispuesto a aceptarlos y qué podrías responder si te preguntan al respecto. Tener claro tu propio marco te evitará respuestas improvisadas y contradictorias.
No olvides contrastar si las responsabilidades y condiciones encajan con tus expectativas de carrera, tu situación personal y tus metas a medio plazo. Una entrevista también es un espacio para que tú evalúes a la empresa, y revisar todo con calma antes te permite detectar posibles dudas relevantes que llevar a la conversación.
Investiga a la empresa
Si no entiendes de qué va la empresa, el entrevistador no perderá el tiempo contigo y te descartará rápidamente. Antes de ir a la entrevista de trabajo, deberás averiguar todo lo que puedas sobre el trabajo y la empresa en toda su magnitud. Mostrar que conoces su contexto demuestra interés auténtico y una actitud profesional.
La investigación de la compañía es una parte crítica de la preparación de la entrevista. Te ayudará a prepararte tanto para responder las preguntas de la entrevista sobre la compañía como para hacerle preguntas al entrevistador sobre ella. También podrás averiguar si la empresa y la cultura de la organización son adecuadas para ti, algo clave para tu bienestar a largo plazo.
Puedes consultar la web de la empresa para averiguar todo sobre ella. Lee todo y, sobre todo, el apartado “acerca de nosotros”. Es importante que obtengas una idea de cómo la compañía se compara con otras organizaciones del mismo sector, que leas opiniones de personas que hayan trabajado en esa empresa antes o que estén actualmente en ella.
Además de la web corporativa, revisa sus redes sociales, notas de prensa, proyectos recientes y, si es posible, informes o datos públicos sobre sus resultados. Eso te dará pistas sobre qué retos pueden estar afrontando y qué tipo de perfil valoran en sus equipos.
Con toda esa información, prepara al menos dos o tres comentarios o preguntas que conecten tu perfil con lo que has descubierto: por ejemplo, mencionar un proyecto que te parezca interesante o una línea de negocio en la que crees que podrías aportar. Esta conexión entre tus capacidades y las metas de la empresa genera una impresión muy positiva.
Practicar la entrevista
Será necesario que te visualices en el momento de la entrevista y que te imagines las posibles preguntas que te harán para practicar diferentes tipos de respuesta. Aunque después esas preguntas no te las hagan, al menos estarás más tranquilo porque te sentirás más preparado para hacer la entrevista de la mejor forma posible.
En este sentido, tómate el tiempo que necesites para practicar la respuesta a las preguntas de la entrevista. Todo esto también te ayudará a calmar los nervios porque no estarás improvisando respuestas en el mismo momento de la entrevista. Si improvisas sin preparación puedes equivocarte y que te resten muchos puntos como buen candidato.
Practicar no significa memorizar palabra por palabra, sino tener claros los mensajes clave que quieres transmitir: quién eres profesionalmente, qué te diferencia, qué valor puedes aportar, qué te motiva del puesto y cuáles son tus logros más relevantes. Si dominas estas ideas, podrás adaptarte mejor a preguntas imprevistas.
Resulta muy útil ensayar las respuestas a algunas preguntas habituales, como “Háblame de ti”, “¿Por qué te interesa esta posición?”, “¿Cuáles son tus puntos fuertes y débiles?” o “¿Qué sabes de nuestra empresa?”. Al prepararlas, céntrate en ser claro, directo y honesto, evitando discursos excesivamente largos o vagos.

Practica entrevistar a un amigo o familiar con anticipación y será mucho más fácil cuando estés en una entrevista de trabajo real. Intenta practicar la entrevista telefónica o en persona con personas de tu entorno. Dependiendo del tipo de entrevista que tengas que realizar (telefónica, videollamada o en persona), ensaya esa modalidad con personas de tu confianza para familiarizarte con el formato.
Repasa las preguntas y las respuestas de una entrevista de trabajo común y piensa en cómo responderás, el modo en que lo harás. Si la entrevista es en persona deberás tener muy presente también la importancia del lenguaje no verbal: postura, contacto visual, gestos, forma de dar la mano y tono de voz. Todo eso comunica tanto como tus palabras.
No tengas miedo de hacer pequeñas pausas para pensar durante la práctica. Acostumbrarte a respirar hondo y organizar tus ideas antes de responder te ayudará a gestionar mejor los silencios incómodos y a evitar respuestas precipitadas durante la entrevista real.
Por último, si alguna pregunta te resulta especialmente complicada o te genera inseguridad, dedica un tiempo extra a ensayarla. Puedes grabarte en vídeo o audio y revisar qué transmites: esto te permitirá ajustar tu tono, tus gestos y la claridad de tus mensajes hasta sentirte cómodo.
Otras cosas que no puedes pasar por alto
Hay otros aspectos que no puedes ni debes pasar por alto, porque son pequeños detalles que también deberás tener en cuenta para el éxito de la entrevista. A menudo, estos factores marcan la diferencia en la primera impresión que causas en el reclutador.
- Sé puntual. El tiempo es oro y no debes hacérselo perder a nadie. Sal a tiempo de casa para evitar llegar tarde; es mejor que llegues con por lo menos 15 minutos de anticipación. Esto demuestra responsabilidad, organización y respeto por el proceso de selección.
- Vístete bien. Depende del tipo de trabajo al que aspires deberás vestir de una forma u otra. Lo ideal es vestir de forma equilibrada entre formal e informal, adaptada al sector. Procura dar una buena impresión, con ropa que te siente bien y que no esté en mal estado. El objetivo es transmitir profesionalidad y cuidado por los detalles.
- Buen aspecto. Igual de importante es la ropa que lleves como tu aspecto y tu higiene. Mantén una buena higiene. Lleva el cabello bien arreglado, dúchate antes de salir de casa, perfúmate con discreción y mantén un aspecto saludable. Es necesario que lleves una buena alimentación y estilo de vida, así como haber dormido las horas necesarias para estar bien porque eso se nota también en tu aspecto rápidamente.
- Mantén una actitud positiva. Las personas rehuimos casi de forma natural de las personas que son pesimistas. Es importante que mantengas una actitud positiva todo el tiempo, tanto de tu pasado, como de tu presente y de futuro. Transmite confianza y seguridad en ti mismo/a y ya tendrás una parte importante del terreno ganado. Evita hablar mal de antiguos jefes o empresas, céntrate siempre en lo aprendido y en lo que te ha permitido crecer.
Además de estos puntos, cuida tu comunicación verbal y no verbal durante toda la entrevista. Habla con claridad, evita abusar de muletillas o coloquialismos y adapta tu lenguaje al contexto profesional. Mantener el contacto visual, asentir cuando el entrevistador habla y mostrar interés con tu postura refuerza la imagen de alguien implicado y atento.
Controlar tu estado emocional también es clave. Sentirse nervioso en una entrevista es lo más habitual, pero puedes evitar que esos nervios te dominen. Prepararte con antelación, conocer el trayecto hasta la empresa, llegar con tiempo y practicar técnicas sencillas de respiración puede reducir mucho la tensión. Si en algún momento sientes que la situación te supera, es preferible comentarlo con naturalidad al entrevistador antes que fingir que no pasa nada.
Otro aspecto muy valorado es tu capacidad para hacer preguntas inteligentes. Cuando llegue el momento, evita centrarte de entrada en temas como vacaciones, sueldo o beneficios. Aprovecha para preguntar sobre la filosofía de la empresa, las responsabilidades del puesto, las posibilidades de formación y crecimiento, o las expectativas que tienen para esa posición en los próximos meses. Esto muestra motivación y visión a medio plazo.
No olvides mostrar agradecimiento. La entrevista de trabajo es una oportunidad y, para causar una buena impresión, es importante agradecer el tiempo y la atención que te han dedicado, tanto al entrar como al despedirte. Puedes hacerlo de manera cordial y breve, sin excesos, reforzando así la imagen de una persona educada y respetuosa.
Trabajar todos estos puntos te permitirá exprimir al máximo los primeros minutos de la entrevista, que son decisivos para la percepción que el reclutador tendrá de ti. Detalles como un saludo firme, una sonrisa auténtica, un tono de voz seguro y un comienzo de conversación fluido pueden inclinar la balanza a tu favor desde el inicio.
Cuando integras una buena preparación técnica, un autoconocimiento sólido, una investigación profunda sobre la empresa y un cuidado real por la imagen que proyectas, tus probabilidades de causar una excelente impresión en la entrevista se multiplican y te acercas mucho más al objetivo de conseguir el puesto que deseas.