Cómo prevenir la osteoporosis en pacientes con cáncer de mama y próstata

  • Las terapias hormonales y la quimioterapia aceleran la pérdida de masa ósea al reducir los niveles de estrógenos y testosterona.
  • El diagnóstico precoz mediante densitometría ósea (DEXA) y análisis de vitamina D es crucial para evitar fracturas por fragilidad.
  • El tratamiento combina cambios en el estilo de vida, suplementos de calcio y fármacos antirresortivos como bisfosfonatos o denosumab.

Prevención de osteoporosis

Cuando hablamos de luchar contra el cáncer, solemos centrarnos en el tumor y en los tratamientos agresivos, pero a veces se nos olvida que el cuerpo es un todo. Uno de los efectos secundarios más silenciosos, pero más problemáticos, es el deterioro de la salud de nuestros huesos. La osteoporosis no es solo cosa de personas muy mayores; en pacientes con cáncer de mama y próstata, la pérdida de densidad mineral ósea puede dispararse debido a las terapias que, aunque son vitales para curar el cáncer, pasan factura al esqueleto.

Tener los huesos más frágiles no es ninguna broma, ya que puede llevar a lo que los médicos llaman fracturas por fragilidad, que son aquellas que ocurren por un golpe mínimo o incluso por un esfuerzo cotidiano como toser. Por suerte, hoy en día sabemos que no hay que quedarse de brazos cruzados; existe una colaboración multidisciplinar entre oncólogos y reumatólogos que permite diseñar planes personalizados para que la calidad de vida no se desplome mientras se combate la enfermedad.

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¿Por qué el cáncer de mama y próstata afectan a los huesos?

Para entenderlo, hay que saber que el hueso es un tejido vivo que se renueva constantemente. Hay unas células que fabrican hueso nuevo y otras que lo eliminan. Lo normal es que haya un equilibrio, pero en los pacientes oncológicos este balance se rompe. En el caso del cáncer de mama, el gran culpable suele ser la supresión ovárica prematura en mujeres jóvenes o el uso de inhibidores de la aromatasa en las posmenopáusicas, que desploman los niveles de estrógenos y afectan la salud y cuidados durante la menopausia.

Por otro lado, la quimioterapia puede tener un impacto indirecto al provocar el fallo ovárico o un efecto directo mediante el uso de glucocorticoides y ciertos citostáticos como la doxorrubicina o la ciclofosfamida, que interfieren en el remodelado óseo. Básicamente, el cuerpo deja de fabricar hueso al ritmo que lo pierde, creando una estructura porosa y débil.

En los hombres con cáncer de próstata ocurre algo muy similar. El tratamiento estándar es la terapia de privación androgénica (TSA), que busca reducir la testosterona para frenar el tumor. El problema es que la testosterona, al transformarse en estrógenos, es la que protege la masa ósea en el varón. Al quitarla, la resorción ósea se acelera brutalmente, especialmente durante el primer año de tratamiento, un proceso vinculado al déficit de testosterona y la andropausia, donde la pérdida de densidad puede ser alarmante.

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Cómo detectar el riesgo a tiempo

La osteoporosis es traicionera porque no avisa; no duele hasta que algo se rompe. Por eso es fundamental que los médicos realicen una evaluación de la salud ósea desde el momento en que se inicia la terapia hormonal. No basta con una analítica básica, se necesita un estudio exhaustivo que incluya la historia clínica y la valoración de factores de riesgo individuales.

La herramienta estrella es la densitometría ósea o estudio DEXA. Esta prueba de rayos X de baja intensidad mide la cantidad de calcio en la columna lumbar, el cuello femoral y, a veces, la muñeca. Los resultados se miden con el T-score: si el valor está entre -1 y -2,5 hablamos de osteopenia (un aviso), y si es inferior a -2,5 ya estamos ante una osteoporosis establecida.

Además de la imagen, se suelen solicitar análisis de sangre y orina para revisar los niveles de calcio, fósforo y la función renal. Es especialmente crítico vigilar la vitamina D, ya que un déficit de 25-hidroxivitamina D aumenta drásticamente la probabilidad de fracturas. De hecho, mantener niveles superiores a 30 o 40 ng/mL es clave para que los tratamientos protectores funcionen de verdad.

Medidas preventivas y cambios en el estilo de vida

No todo es medicación. Hay cosas que el propio paciente puede hacer en casa para ponerle un freno a la pérdida ósea. Lo primero es la alimentación; es vital asegurar un aporte diario de calcio (entre 1000 y 1200 mg), siguiendo una nutrición saludable basada en evidencia, preferiblemente a través de lácteos, pescados como el salmón, espinacas o tofu.

Tampoco podemos olvidar el movimiento. El hueso es como un músculo: si no se usa, se debilita. Se recomienda hacer ejercicio físico de fuerza y resistencia, así como actividades que supongan carga sobre el esqueleto, como caminar al menos media hora al día. Esto ayuda a estimular la formación de nuevo tejido óseo y es fundamental para prevenir la sarcopenia y mantener la fuerza muscular, mejorando el equilibrio para evitar caídas.

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  • Eliminar el tabaco y el alcohol: Ambos son enemigos directos de la densidad ósea.
  • Exposición solar moderada: Es la forma más natural de sintetizar vitamina D, aunque a veces se requiere suplementación farmacológica.
  • Control de peso: Mantener una estructura corporal saludable ayuda a reducir el estrés sobre las articulaciones y huesos.

Opciones farmacológicas para proteger la masa ósea

Cuando los cambios de hábito no son suficientes o el riesgo de fractura es muy alto, entran en juego los fármacos antirresortivos. Los bifosfonatos son la opción más habitual. Actúan frenando a los osteoclastos (las células que destruyen el hueso). Dependiendo del paciente, pueden administrarse de forma oral semanal o mediante infusiones intravenosas anuales, como ocurre con el ácido zoledrónico.

Otra alternativa muy potente es el denosumab, un anticuerpo monoclonal que bloquea el ligando RANKL, impidiendo que los osteoclastos se activen. Es especialmente útil en pacientes con cáncer de próstata y riesgo elevado de fractura. Un punto importante es que, a diferencia de los bifosfonatos, el denosumab no se queda pegado al hueso, por lo que si se interrumpe el tratamiento, puede haber un efecto rebote de pérdida ósea muy rápido.

Es fundamental que el médico personalice la elección del fármaco. Por ejemplo, en mujeres con cáncer de mama, si el objetivo principal es evitar la recurrencia de la enfermedad además de proteger el hueso, los bisfosfonatos podrían ser preferibles, mientras que para la prevención pura de fracturas el denosumab suele ser la primera opción. En cualquier caso, se debe vigilar la higiene bucal antes de empezar, para evitar complicaciones raras pero graves como la osteonecrosis de los maxilares.

Mantener una vigilancia estrecha mediante densitometrías cada uno o dos años y ajustar la dieta con calcio y vitamina D permite que los pacientes oncológicos no solo sobrevivan al cáncer, sino que lo hagan con una estructura ósea fuerte que les permita seguir activos y evitar las complicaciones derivadas de una fragilidad esquelética excesiva.

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