
Por sustentable podemos entender algo que su desarrollo se auto-sostiene, lo que quiere decir que no requiere de fuentes externas que den apoyo a su desenvolvimiento, ya que el sistema se encuentra compuesto por elementos, cuyos procesos internos se sustentan entre sí, lo que permite su perduración en el tiempo.
Es probable, que actualmente escuchemos hablar de consumo sustentable, y esto se debe a que, en la época actual, la concientización de las consecuencias del desarrollo humano, nos ha llevado a la elección de políticas y acciones planificadas, que permitan la ejecución de actividades inherentes a la cotidianidad del ser humano, sin que esto ejerza una repercusión en el equilibrio ambiental. En un sentido práctico, podríamos establecer, que este concepto, define la planificación de actividades sin que alterar los procesos naturales del medio y considerando los límites ecológicos del planeta.
Consumos sustentables para promover el equilibrio ambiental

El medio ambiente se define como el conjunto de relaciones vegetación-fauna-atmósfera que nos rodean. Desde que el hombre empezó a andar por la tierra, se convirtió en un agente modificador, ya que ese deseo de “ir más allá”, ese impulso de evolucionar, lo llevó a trabajar para generar día a día mejores condiciones para su supervivencia y para facilitar el desenvolvimiento de su cotidianidad.
El ser humano siempre ha interactuado en mayor o menor grado con el medio ambiente ya que de ahí pudo obtener todos los recursos para sobrevivir y para evolucionar en su desarrollo. Fueron factores que incidieron en la alteración del equilibrio ambiental: el crecimiento de la población mundial a niveles desmedidos, incrementando la demanda de alimentos y recursos de otra naturaleza, lo que trajo como consecuencia que el ser humano generara severos daños en su entorno, algunos irreversibles, como el agotamiento de recursos no renovables, la contaminación de cursos de agua o del aire y la generación de gases del renombrado efecto invernadero.
Esta presión constante sobre los ecosistemas se intensificó con el modelo económico lineal basado en producir, usar y desechar, donde apenas se consideraba qué ocurría con los residuos ni con los recursos extraídos. Así se consolidó un patrón de consumo que prioriza la cantidad sobre la calidad, y la satisfacción inmediata sobre la sostenibilidad a largo plazo.
Y el hombre trabajó en pro de su beneficio, pero no consideró la repercusión ocasionada en su entorno.
- Para construir casas, destruimos bosques enteros, dejando sin hogar a miles de especies.
- Para abrigarnos, tomamos la piel de los animales; para alimentarnos, ingerimos su carne.
- Para construir ciudades: talamos, quemamos y destruimos.
- Para crear en masa productos para nuestro consumo, industrializamos, sin preocuparnos de las consecuencias de las emisiones.
Esta forma de actuar, permitió la evolución de la especie humana, sin embargo, esta forma de acción no fue sustentable, porque nuestra acción indiscriminada nos condujo a un callejón sin salida, debido a que, cuando quisimos dar continuidad a nuestros procesos habituales, nos dimos cuenta de que las condiciones que se habían generado no permitían que siguiéramos andando por el camino que veníamos transitando.
La situación actual muestra con claridad que los ecosistemas tienen una capacidad limitada para absorber residuos y regenerar recursos. Esta constatación es la que impulsa la transición hacia el consumo sustentable, entendido no solo como reducir el consumo, sino como consumir mejor: elegir productos duraderos, reparables, producidos éticamente y con bajo impacto ambiental.
Concepto de consumo sustentable
¿Cuándo surge el concepto de consumo sustentable?
Cuando los efectos de la contaminación se hicieron innegables, surge una corriente que empieza a tomar acciones, y a propiciar una nueva metodología de trabajo, que invita a un cambio de paradigma, a emprender acciones en forma consciente, analizando las repercusiones, y tomando siempre opciones que representen el menor impacto posible, y que por supuesto permitan la renovación de los productos y recursos.
En 1992, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo (conocida como la «Cumbre de la Tierra»), se consolidó la importancia del concepto de consumo sustentable y su papel en la construcción de políticas globales. En 1998 esta organización impulsó programas de desarrollo sostenible que facilitaron la planificación de actividades económicas con criterios ambientales; y en 2003 se consolidaron grupos de trabajo que desarrollaron la metodología conocida como proceso de Marrakech, orientada a promover consumo y producción sustentables.
Hoy el consumo sustentable se entiende como la toma de decisiones informadas que minimicen el impacto ambiental y social de lo que compramos y usamos. No se trata únicamente de reducir el volumen de consumo, sino de orientar ese consumo hacia bienes y servicios que respeten los límites ecológicos del planeta, protejan la biodiversidad y promuevan condiciones laborales justas.
El consumo sostenible se basa en ciertas premisas como:
- El ser humano es un agente modificador de su entorno, pero contrario a lo que se creía, el medio ambiente también influye sobre él. Por lo que las acciones amables despiertan una respuesta beneficiosa; por su parte los abusos acarrean duras consecuencias.
- La acción que involucra al medio debe ser realizada por medio de una planificación, basada en la capacidad de renovación. Se trata de pensar siempre en base a un equilibrio entre extracción y regeneración.
- Elegir siempre que sea posible, los productos de rápida renovación y alto nivel de reutilización o reciclaje.
- Priorizar artículos duraderos frente a los de un solo uso, evitando la obsolescencia programada y percibida que alimenta el consumismo.
- Valorar no solo el precio, sino también el impacto social de la cadena de producción: condiciones laborales, respeto a los derechos humanos y contribución a la economía local.
Consecuencias de la contaminación
Ya en este punto, podemos aseverar que el consumo sustentable se desarrolló a partir de las evidencias de los daños causados por la contaminación, los cuales no sólo afectaron a otras especies, sino que también tuvieron acción directa sobre el bienestar del ser humano. A continuación, se enumeran las principales causas que propiciaron la propagación del consumo consciente:
- Una de cada cuatro muertes en seres humanos se ha relacionado con la degradación ambiental, como muestra del efecto boomerang generado por nuestras acciones nocivas.
- Gran variedad de problemas de salud son consecuencia directa de los problemas ambientales. En especial los que involucran al aire, asociados directamente al desarrollo de afecciones respiratorias graves en la población. Según cifras manejadas por la ONU, la manipulación del plomo contenido en pinturas con las que eran pintados juguetes para niños fue identificada como una de las principales causas del daño cerebral, afectando a una población de aproximadamente 600,000 niños por año; también se ha determinado que los mares contienen zonas donde el ecosistema marino ha perecido, conocidas con el apelativo de “zonas muertas”, las cuales mantienen bajos niveles de oxígeno, lo que condiciona el desarrollo de la vida marina. Las aguas residuales han contaminado grandes cuerpos de agua, siendo la causa de muertes y enfermedades.
- Muchos ecosistemas se han visto destruidos por la acción destructiva del hombre. Numerosas especies animales y vegetales se han extinguido por la inconsciencia y por patrones de consumo que incentivan la sobreexplotación de recursos.
A estos impactos se suma el problema creciente de los residuos: envases, plásticos de un solo uso, aparatos electrónicos desechados prematuramente, textiles de baja calidad, etc. El modelo de “usar y tirar” ha llenado vertederos y océanos, evidenciando la necesidad de avanzar hacia una economía circular donde los materiales se mantengan en uso el mayor tiempo posible.
Acciones derivadas del consumo sostenible
El desarrollo de este concepto, ha invitado al ser humano a desarrollar una nueva metodología de acción e interacción ambiental, basada en los siguientes pasos:
- Planificación: Es un llamado a todas las acciones a efectuar un desarrollo organizado de todas sus actividades económicas a fin de evitar las indeseables consecuencias del descontrol. Esto implica diseñar políticas públicas, estrategias empresariales y hábitos personales que contemplen el ciclo de vida completo de los productos, desde la extracción de materias primas hasta su disposición final.
- Incremento organizado de la población: Extrapolar, considerando las tasas de natalidad, para tener una noción de cómo se producirá el aumento de la población en años siguientes. Este factor es indispensable para realizar una planificación efectiva. De igual forma, el gobierno de una nación está en el deber de establecer planes de control de natalidad y de acceso a educación y salud, a fin de evitar un crecimiento desmesurado que presione aún más los recursos.
- Aprovechamiento de corrientes en industrias: Anteriormente, en procesos industriales, era objeto de interés el desarrollo de un producto, desestimándose los subproductos, y líneas de desecho generados. Hoy en día se invita al diseño sustentable de plantas químicas, donde se planifique el posicionamiento y/o procesamiento de subproductos, así como también se ha exigido como requisito el tratamiento de corrientes de desecho (como por ejemplo aguas residuales) antes de ser liberadas a los cuerpos de agua. La instauración de filtros en chimeneas, es otra acción con miras al control de las emisiones al ambiente. A esto se suma la apuesta por energías renovables y eficiencia energética, reduciendo la huella de carbono de los procesos productivos.
- Consumo consciente: Las personas pueden adoptar hábitos que reduzcan su impacto: comprar solo lo necesario, preferir productos locales y de temporada, reutilizar y reparar antes de sustituir, elegir marcas comprometidas con la sostenibilidad, evitar artículos de un solo uso y apostar por alternativas reutilizables o compostables.
- Concientización: A fin de propagar estas acciones, se ha iniciado una campaña global, que busca involucrar a todo el mundo en esta nueva forma de acción. Esto tiene el propósito de garantizar el éxito y efectividad de los planes de consumo sustentable. La educación ambiental, tanto formal como informal, enseña a reducir, reutilizar y reciclar, fomentando una cultura ambiental sólida desde la infancia.
Proceso de Marrakech

Presentado en la cumbre mundial de desarrollo sustentable, desarrollada en Johannesburgo, se presentó un proyecto basado en un plan de acción extensible a las naciones del mundo, el cual busca realizar una lucha eficiente que ayude a revertir los daños de las acciones desarrolladas de forma indiscriminada.
Consumo y producción sustentable (CPS) ese es su lema de trabajo. El desarrollo del grupo de Marrakech es una respuesta a la necesidad de ejercer acciones contundentes que se difundan en todas las naciones, y que se manejen en los lineamientos de sostenibilidad y equidad intergeneracional.
Etapas del proceso:
- Consultas regionales: En esta etapa se incluye la identificación de los principales problemas que acarrean a nivel nacional, se trata de la identificación de las principales necesidades. En esta cumplen un papel determinante las autoridades de cada nación, al tratarse de quienes conocen a profundidad las particularidades de la nación, y por lo tanto, pueden propiciar el desarrollo de un plan ajustado a las particularidades de cada una de ellas. Se analizan patrones de producción, consumo y residuos, así como las capacidades locales para cambiar estos patrones.
- Elaboración de estrategias regionales y mecanismos de implementación: Se define como responsabilidad de las autoridades, el planteamiento de problemáticas a las instituciones que componen la organización nacional, a fin de que trabajen en dar respuestas, y en el desarrollo de planes. Estas estrategias suelen incluir metas de eficiencia energética, economía circular, compras públicas sostenibles y educación para el consumo responsable.
- Implementación de proyectos concretos y programas en todos los niveles: En esta etapa se plantea la importancia de la puesta en práctica de los planes, y en el desarrollo de herramientas eficaces para dar solución a una problemática en específico. Se impulsan proyectos piloto en sectores como alimentación, vivienda, transporte o gestión de residuos, para demostrar que es posible combinar bienestar, rentabilidad y protección ambiental.
- Reuniones internacionales: A fin de monitorear el progreso, de fomentar el intercambio de información y los mecanismos de cooperación mutua entre naciones. En esta parte se busca la integración de esfuerzos individuales para conseguir un fin superior, compartiendo buenas prácticas, tecnologías limpias y experiencias de políticas públicas exitosas.
Este proceso refuerza la idea de que el consumo sustentable no es solo una cuestión individual, sino un desafío sistémico que requiere la acción coordinada de gobiernos, empresas, organizaciones sociales y ciudadanía.
Economía circular y su papel en el consumo sustentable
Una de las respuestas más sólidas al modelo lineal de “producir, usar y tirar” es la economía circular, un sistema que busca mantener los recursos en uso durante el mayor tiempo posible. En lugar de considerar los productos como basura al final de su vida útil, los ve como materias primas valiosas que pueden reincorporarse a nuevos ciclos productivos.
La economía circular se apoya en estrategias como la reparación, la reutilización, el reciclaje, el rediseño de productos, el alquiler y la compartición. Este enfoque permite reducir la cantidad de residuos, disminuir la extracción de recursos y, al mismo tiempo, generar beneficios económicos y sociales: nuevos empleos verdes, innovación tecnológica y modelos de negocio más resilientes.
Algunos principios clave de la economía circular son:
- Diseñar los productos pensando desde el inicio en su vida útil completa, facilitando su reparación, actualización y reciclaje.
- Considerar los residuos como recursos con valor económico, integrándolos en nuevos procesos productivos.
- Promover modelos de negocio basados en el servicio (pago por uso, alquiler, suscripción) en lugar de la propiedad, reduciendo la necesidad de producir bienes nuevos constantemente.
- Impulsar la reutilización y el reciclaje mediante sistemas de recogida selectiva eficientes, infraestructuras adecuadas y una ciudadanía informada.
Para el consumidor, la economía circular se traduce en decisiones como: preferir productos reparables, elegir segundas manos cuando sea posible, usar envases retornables, participar en esquemas de devolución y reciclaje, y apoyar a empresas que diseñan productos con criterios de ecodiseño.
Impacto ambiental del consumo: principales dimensiones
El consumo por sí mismo no tiene por qué ser negativo desde el punto de vista medioambiental, siempre que se respeten criterios de sostenibilidad en su proceso de producción, transporte y comercialización, y si el consumidor realiza un uso razonable del bien adquirido. Este es el concepto de lo que se ha dado en llamar consumo sostenible.
Sin embargo, la perspectiva global de la actividad humana, sobre todo teniendo en cuenta la magnitud de los problemas ambientales actuales, demuestra cómo el consumo no puede dejarse librado a sus propias inercias sin unas directrices o criterios que velen por su huella ecológica. El problema, como ocurre con otros factores subyacentes en las actividades económicas, es la intensidad de los efectos que los procesos de producción de bienes y servicios tienen sobre el entorno y, en general, las dinámicas de consumo en los entornos humanos.
En general, se observa claramente que la mayoría de los recursos naturales que se utilizan tienen un déficit con respecto a las posibilidades de reposición y, por otro lado, que los procesos de asimilación de los distintos vertidos derivados de la actividad y los procesos naturales de dinámica de los sistemas que actúan absorbiendo esos impactos también están muy cerca del límite, con lo que tienden a generar notables efectos sobre el sistema físico y biótico y, en general, sobre el medio ambiente de nuestro planeta.
Muchos de estos procesos son lineales y transcurren a gran escala espacio-temporal, con lo que tienden a producir notables modificaciones en los sistemas naturales por encima de sus límites de adaptación. Algunos bienes y servicios resultan, de forma clara, con un impacto ambiental muy negativo. Otros, sin ser también sostenibles desde el punto de vista ambiental, contribuyen a fomentar un modelo de desarrollo que no es sostenible a largo plazo, ya que siguen la lógica de producir un creciente consumo basado en la obsolescencia programada y en el consiguiente descarte del producto obsoleto.
Contaminación
Los desechos que no acabaron en vertedero y que se desplazaron a las aguas oceánicas contaminan. El mar Mediterráneo ocupa el primer lugar en el número de desechos encontrados en sus aguas y en las playas. La cantidad de estos desechos casi se ha cuadruplicado en las costas que lo limitan en los últimos años, elevando el nivel de contaminación que tienen los mares a cifras altísimas que están conllevando el deterioro de la fauna marina y, en general, dañando el propio planeta.
La toxicidad para los humanos es incierta, pero recibirán parte de la ingesta de determinados compuestos a través del consumo directo de los productos marinos, especialmente los peces. Además, el papel limpiador de los océanos se ha convertido en un problema añadido, ya que diariamente somos testigos o partícipes de vertidos industriales y domésticos.
Si desciende la cantidad de plástico que se fabrica de forma considerable, mucho afectará en disminuir la contaminación de este material. Sin embargo, la magnitud actual de la producción de envases plásticos, textiles sintéticos y productos de usar y tirar hace imprescindible avanzar hacia alternativas reutilizables, reciclables o compostables, así como mejorar los sistemas de gestión de residuos.
También otras actividades, como la sobreexplotación de recursos pesqueros, la captura de forma accidental de especies protegidas, lo más conocido es el delfín y la tortuga boba, entre otras, en las redes de pesca, y la práctica del furtivismo, son actividades perjudiciales para obtener los recursos marinos.
Degradación de recursos
Adicional al concepto de agotamiento de los recursos, la necesidad del modelo productivo se apodera de estos para el conflicto permanente del modelo. Además, por ejemplo, la extracción de gas y petróleo de formaciones no convencionales requiere la inyección de elevadas cantidades de agua, con el consiguiente agotamiento o degradación de cursos de agua a menor profundidad, y la obtención de agua mínimamente limpia de calidad también es limitada.
En un contexto de crisis hídrica global, el conflicto con el aprovisionamiento de agua limpia es innegable. A esto se añade la degradación de suelos agrícolas por el uso intensivo de fertilizantes y pesticidas, la deforestación ligada a cultivos industriales y ganadería extensiva, y la pérdida de biodiversidad por la expansión urbana y de infraestructuras.
Con el aumento del precio de las materias primas, la industria entiende que renace su interés por la materia prima ajena al sector de actividad histórico: los recursos agotables, incluidos los minerales y metales. Sectores básicos para la economía que la naturaleza combina en pequeñas proporciones en minerales con baja pureza/densidad. Su explotación intensiva, sin criterios de sostenibilidad, genera conflictos socioambientales, contaminación y degradación de paisajes enteros.
Cambio climático
Todas aquellas actividades que se generan desde el punto de vista de la energía requerida (encender la luz, cocinar, usar electrodomésticos, trasladarse en automóvil, transporte de bienes, construcción de edificios) si proceden de la obtención por combustión de materiales fósiles liberan al mismo tiempo CO2 a la atmósfera. Por acumulación y concentración en la atmósfera de los gases se produce un efecto invernadero que tiende a la retención del calor y el consiguiente calentamiento del planeta.
Algunos efectos y consecuencias que se están produciendo son: elevación de la temperatura con el consiguiente deshielo de los polos y del permafrost, lo que altera el equilibrio de las corrientes marinas y termohalinas, el consiguiente cambio en cuál es el clima predominante en una determinada zona, modificación de los patrones estacionales, precipitaciones, desplazamiento de poblaciones e incluso desaparición de zonas insulares, alteración de los ecosistemas locales y de los suelos y consiguiente erosión, mayor frecuencia e intensidad en fenómenos atmosféricos extremos como huracanes.
El consumo sustentable se convierte así en una herramienta clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, al promover eficiencia energética, energías renovables, productos de baja huella de carbono y estilos de vida menos dependientes de recursos fósiles.
Se estima que la adopción generalizada de prácticas de consumo responsable —como la eficiencia energética en el hogar, la movilidad sostenible, la reducción del desperdicio de alimentos y la elección de productos con certificaciones ambientales— podría recortar de forma significativa las emisiones globales, ayudando a cumplir los objetivos climáticos y a evitar los peores impactos del cambio climático.
Ante este panorama, el consumo sustentable y su impacto ambiental adquieren un papel protagonista en las agendas públicas, en las estrategias empresariales y en las decisiones cotidianas de millones de personas. Cada elección —desde la ropa que vestimos hasta los alimentos que llevamos a la mesa— tiene un peso real sobre los ecosistemas, el clima y la calidad de vida de las comunidades humanas, por lo que cultivar hábitos de consumo más conscientes se vuelve una responsabilidad compartida y una oportunidad para construir un futuro más equilibrado, saludable y justo.


