Cosas que solo los amantes de los libros entienden: la lista definitiva

  • Los lectores comparten hábitos únicos: pila de pendientes, preferencia por el papel y librerías como segundo hogar.
  • La lectura provoca emociones intensas: reímos, lloramos, nos enamoramos de personajes y tememos los spoilers.
  • El libro físico manda: olor, pasar página, marcadores y ediciones firmadas que atesoramos.
  • Siempre hay un próximo libro: comprar más de lo que leemos y llevar uno en cualquier salida.

cosas que solo los aficionados a los libros entenderan

¿Te gusta leer? ¿Eres capaz de devorar un libro en poco tiempo? Entonces seguramente reconocerás algunas de las cosas que te vamos a contar a continuación. Pequeños detalles que tan solo los amantes de los libros van a poder reconocer.

¿Te atreves a seguir leyendo un poco más? Antes de entrar en materia te invito a que veas esta delicia de vídeo titulado «Me gusta leer»:

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15 cosas que solo los aficionados a los libros entenderán:

1. Entendemos la soledad

Sabemos lo que es la soledad y lo necesaria que es para algunos momentos de nuestra vida. Hemos aprendido a amarla y apreciarla (sobre todo mientras leemos).

2. Entendemos el poder que tiene un libro

Somos capaces de entender cómo un objeto tan cotidiano puede ser tan importante. Sabemos dar al libro exactamente el valor que tiene.

3. Sabemos la diferencia entre un libro impreso y un ebook

Distingimos la calidad sensorial de una impresión frente a un libro electrónico. La apreciamos y por ello la mayoría de nuestros libros son en formato físico.

4. Entendemos la importancia de un libro

Ya sea como fuente de información o como entretenimiento y ocio, sabemos lo importante que es un libro y que realmente no podríamos vivir sin sus contenidos.

5. Entendemos las conexiones de los libros

Rápidamente establecemos una conexión especial con el autor y somos capaces de entender lo que nos quiere contar. Esta complicidad nos hace estar a gusto y amar la lectura.

6. Identificamos las emociones de un buen libro

Sentimos la tensión en momentos clave, lloramos, reímos y deseamos todo lo que un libro puede ofrecernos.

7. Somos capaces de perder horas de sueño por la lectura

No nos gusta dejar un libro a medias, especialmente en momentos de tensión. Por eso a veces leemos hasta el final aunque se haga tarde.

8. Entendemos el verdadero valor de un libro

Sabemos lo que realmente cuesta hacer un libro y no nos molesta pagar por su precio real.

el poder de los libros

9. Sabemos que podemos tener una gran amistad con otro amante de libros

Si encontramos a otra persona con la que hablar, sabemos que será una relación duradera.

10. Preferimos los libros a las personas

Entendemos que los libros nos ayudan en los peores momentos y a veces funcionan mejor que el consuelo humano.

11. Necesitamos un libro en nuestras vacaciones

No podemos disfrutar de unas vacaciones sin tener un libro a mano. Hay momentos sagrados para leer.

12. Entendemos lo que significa empezar un libro

Nuevas emociones, expectativas, deseos, entusiasmos. Una vez que se empieza un libro, es casi imposible no acabarlo.

13. Tenemos criterios especiales sobre el final

Nos encanta llegar al final, aunque nos deje decepcionados o maravillados. Es la culminación de una gran obra.

14. No sabemos decir un libro favorito

Hay tantos que no podemos elegir solo uno.

15. No hay ninguna otra actividad más entretenida que la lectura

Siempre encontramos nuestro momento para leer, aunque sean algunas páginas.

Más señales que solo los aficionados a los libros entienden

aficionados a los libros entendran

  • Nunca son demasiados libros: la pila de pendientes crece, pero siempre hay sitio para uno más.
  • Leer es tu hobby y no te avergüenza decirlo, aunque a veces te miren raro o pregunten si “no te aburre”.
  • El libro siempre supera a la película y dudas antes de ver adaptaciones si ya leíste la obra.
  • Ebooks no son lo mismo: respetas lo digital, pero el papel te gana; Kindle puede esperar.
  • Carnet de biblioteca al día y un librero que te conoce mejor que tú mismo.
  • No entiendes a quien no lee, ni a quien dice que le vale “cualquier cosa”.
  • Compras más rápido de lo que lees; la lista es infinita, abandonar jamás y siempre hay un siguiente listo.
  • Horas felices en librerías: haces tiempo ahí, es difícil salir con las manos vacías y te encanta regalar y recibir libros.
  • Fantasías lectoras: libro firmado por el autor, presumir tu colección y encontrar a alguien que comparta tu amor.
  • Rituales del papel: olor a libro, pasar página, tapa dura que enamora, letras que “laten”.
  • Frases que te representan: Cicerón, “una casa sin libros es un cuerpo sin alma”, y John Waters, “si alguien no tiene libros, no te enamores”.
  • Marcadores por doquier: improvisas separadores, haces notas en márgenes, guardas recuerdos entre las páginas.
  • Varias copias de tu favorito, conservas los de tu infancia y lees varios títulos a la vez.
  • Llevas un libro siempre: en el bolso, en la maleta de viaje, en el bus (a veces te pasas la parada) y curioseas la biblioteca ajena.
  • Emociones sin filtro: lloras o ríes en público, te enamoras de personajes y sueñas con capítulos.
  • El tiempo vuela: “solo una página más” termina en madrugada; a veces alargas un final para que no se acabe.
  • Spoilers: los temes, evitas buscarlos (aunque tienta) y odias que te interrumpan al leer.
  • Lo cotidiano del lector: a veces prefieres libros a personas, en vacaciones necesitas uno, duermes leyendo y eliges el siguiente de inmediato.
  • Aventuras del físico: lomo que se despega, portada que sufre, y aun así amas los libros usados que cuentan historias.
  • Realidades del bolsillo y la red: quisieras comprar más, pero el precio manda; si lees online y se cae la conexión, sufres.

Leemos para descubrir mundos, disfrutar, aprender y sentirnos menos solos. Si te reconociste en varias de estas escenas, formas parte de esa tribu que convierte cualquier rincón en una biblioteca, que huele un libro antes de abrirlo y que encuentra en la lectura un refugio y un motor. Cuéntanos cuáles de estas señales son las tuyas y qué otras añadirías; quizá nos falte justo esa pequeña manía que solo tú, lector empedernido, entiendes.