Derechos asertivos en la comunicación: qué son, estilos y cómo aplicarlos en tu día a día

  • La asertividad es un estilo de comunicación equilibrado que permite expresar necesidades y emociones respetando los derechos propios y ajenos.
  • Existen distintos estilos de comunicación (pasivo, agresivo, pasivo-agresivo y asertivo) que influyen en cómo ejercemos nuestros derechos.
  • Conocer y practicar los derechos asertivos ayuda a poner límites, reducir el estrés, mejorar la autoestima y fortalecer las relaciones.
  • La asertividad es una habilidad entrenable que se puede desarrollar mediante práctica consciente y, si es necesario, con apoyo profesional.

Derechos asertivos en la comunicación

La asertividad es necesaria en la sociedad en la que vivimos, porque solo y gracias a ella podremos comunicarnos eficazmente con los demás. En realidad, la asertividad se considera el estilo de comunicación y conducta más eficiente. Nos permite regular los pensamientos y emociones y construir y mantener relaciones más saludables con uno mismo y con los demás. Los derechos asertivos son también una necesidad en la comunicación de las personas.

La asertividad general la mentalidad y el entorno social que facilitan el logro de los objetivos personales y profesionales. Tiene muchas ventajas y por eso es una de las habilidades que las personas más desean desarrollar para mejorar su estilo de vida y sus relaciones interpersonales. Es un camino hacia la independencia del pensamiento, la autenticidad y poder vivir en una sociedad armoniosa.

Comunicación asertiva y derechos personales

La asertividad en las personas

Derechos asertivos en la comunicación interpersonal

La asertividad se refiere a la capacidad compleja de pensar, reaccionar emocionalmente y actuar de una manera no pasiva pero al mismo tiempo no agresiva. Una persona asertiva será capaz de expresar sus opiniones de forma abierta, de expresar también sus sentimientos, sus necesidades y sus deseos de una forma que muestre respeto hacia sus propios derechos pero también hacia los derechos de los demás.

En este sentido, la asertividad se diferencia claramente de otros dos estilos de comunicación muy frecuentes: el estilo pasivo y el estilo agresivo. Conocer estas diferencias ayuda a tomar conciencia de cómo te relacionas y de qué cambios puedes introducir.

Estilo pasivo

En la comunicación pasiva existe una constante evitación de la confrontación directa con los demás. La persona no defiende sus derechos, tiende a la sumisión y a reprimir las propias emociones por miedo al rechazo, al conflicto o a “caer mal”. Suele estar muy pendiente de agradar y de encajar, incluso cuando eso implica ir en contra de sus propias necesidades.

La comunicación pasiva es común en personas que presentan baja autoestima y sentimientos de inseguridad. Suelen pensar que lo que ellas necesitan “no es tan importante”, que es mejor no molestar o que expresarse con claridad es ser egoísta. Esto genera resentimiento, frustración y sensación de no tener control sobre la propia vida.

Ejemplo de estilo pasivo: Laura lleva haciendo media hora extra tres días seguidos porque sus compañeras le han ido pidiendo que las cubriera para que pudieran llegar a sus citas. Laura se encuentra muy cansada y ese día le gustaría salir antes para ir a ver la obra de teatro de su hijo en el colegio. Tenía pensado pedirle a una de sus compañeras que la cubriera, pero esta se le adelanta y le vuelve a pedir que la sustituya. Laura siente rabia porque ya la ha cubierto a ella esa semana y a otras, y además desea ver a su hijo. Sin embargo, teme provocar mal ambiente con sus compañeras y decide cubrirla de nuevo, con lo que llega tarde a ver a su hijo.

Estilo agresivo

En este tipo de comunicación la persona no duda en pisotear los derechos de los demás para conseguir sus propios objetivos. La empatía brilla por su ausencia en el estilo agresivo, al igual que el respeto por las ideas y los sentimientos ajenos. Pueden llegar a ser personas que elevan el tono de voz, ridiculizan, amenazan o incluso se vuelven violentas cuando sienten que no se hace lo que quieren.

Este estilo puede dar una sensación de fuerza y control a corto plazo, pero deteriora las relaciones y suele generar miedo, resentimiento y distancia en los demás. A medio y largo plazo, la persona agresiva también suele experimentar soledad, conflictos continuos y dificultades para mantener vínculos sanos.

Ejemplo de estilo agresivo: Mónica está en una cafetería y le pide al camarero un café con leche fría, pero este le trae el café con leche caliente. Al probarlo se quema la lengua y entra en cólera. Se dirige al camarero para gritarle que es un inútil y que debería ser despedido. Mónica acaba siendo expulsada de la cafetería.

Estilo asertivo

El comportamiento asertivo es un equilibrio entre el estilo pasivo y el agresivo. La persona respeta los derechos y las emociones de los demás sin dejar de lado los suyos propios. Las personas asertivas son personas seguras de sí mismas, con una autoestima más sana, que se valoran y valoran también a quienes les rodean.

Esto se traduce en la capacidad de decir lo que piensan, de pedir lo que necesitan, de poner límites y de negociar acuerdos, todo ello desde el respeto, la claridad y la honestidad. No buscan imponerse, pero tampoco se borran ni se sacrifican continuamente.

Ejemplo de estilo asertivo: Luisa llega a casa y se encuentra todos los platos sin fregar. Ese día le tocaba a su pareja Daniel, pero este le dice que ha trabajado mucho y que estaba cansado. Luisa le contesta que entiende que se encuentre cansado por su trabajo, ella se siente igual. Sin embargo, le recuerda que establecieron un horario que ambos deben cumplir independientemente de sus jornadas laborales, ya que las tareas están repartidas equitativamente y si ella las cumple, él también deberá hacerlo por el bienestar de ambos. Daniel finalmente decide limpiar los platos esa noche y Luisa lo hace al día siguiente.

Todo esto se conoce como un concepto multidimensional y para poder obtener los beneficios de este estilo de comunicación y comportamiento, también se necesita que la persona tenga un enfoque multidimensional. Se deben abordar los patrones de pensamiento (pensamiento racional), la comprensión de los patrones de las emociones propias y cómo proyectar estas emociones internas en comportamientos observables, como la comunicación verbal y no verbal y la gestión general de las relaciones sociales.

Ejemplos de comunicación asertiva

Activar la asertividad

Importancia de los derechos asertivos

Para mejorar la asertiva de las personas hay que activarla, y esto significa practicarla tantas veces como sea posible. La asertividad deberá convertirse en tu principal estilo de comunicación y comportamiento, porque tendrá la capacidad suficiente para moldear tus pensamientos, tu actitud y también la forma en que los demás se relacionan contigo.

Activar la asertividad implica:

  • Tomar conciencia de cómo te comunicas habitualmente (pasivo, agresivo, pasivo-agresivo o asertivo).
  • Conocer tus derechos asertivos, para poder reclamarlos para ti y respetarlos hacia los demás.
  • Entrenar nuevas respuestas verbales y no verbales (mirada, postura, tono de voz, lenguaje corporal).
  • Practicar la empatía, entendiendo que tus derechos son tan importantes como los de los demás.
  • Gestionar la culpa y el miedo al conflicto, habituales cuando empiezas a decir “no” o a poner límites.

En la actualidad existen muchas listas sobre derechos asertivos, algunas más largas que otras. Esto sucede porque no existe una lista única y cerrada en cuanto a derechos asertivos se refiere; en muchas ocasiones es el sentido común y el respeto mutuo lo que guía su formulación. Todas las listas son afirmaciones subjetivas, pero lo que realmente las hace válidas en el entorno del desarrollo personal es que derivan de los principios básicos de la asertividad: libertad legítima, autenticidad y bienestar.

Al ejercer estos derechos se busca también establecer límites saludables: poder decir “no” sin sentirse egoísta, pedir ayuda cuando se necesita, expresar dolor o alegría, y hacerlo siempre desde el respeto hacia el otro, sin hacer daño a otros seres ni al medio ambiente. Los derechos humanos básicos y los asertivos tienen cierto parecido, pero estos últimos se centran sobre todo en contextos de comunicación dentro de las interacciones personales.

¿Por qué es bueno ser asertivo?

Beneficios de los derechos asertivos

Cuando eres asertivo te sentirás más libre para poder expresarte y manifestar tus pensamientos y deseos mediante palabras, obras o hechos. Te sentirás siempre de la siguiente manera: “Este soy yo, esto es lo que pienso, quiero y siento”, sin necesidad de imponerte ni de desaparecer para agradar.

Además, serás capaz de comunicarte con personas de cualquier tipo o nivel, ya sean familiares, amigos, desconocidos, jefes de empresa o profesionales. La comunicación se convierte en una puerta abierta, directa, sincera y adecuada, lo que reduce malentendidos, rencores silenciosos y conflictos innecesarios.

Las personas que tienen un estilo asertivo suelen mostrar:

  • Mayor orientación activa en la vida: saben lo que quieren, cuándo lo quieren y cómo lo quieren, y se mueven para conseguirlo.
  • Capacidad para tomar decisiones alineadas con sus valores, en lugar de guiarse solo por la presión externa.
  • Responsabilidad personal: aceptan sus propias limitaciones y entienden que no siempre tienen que ganar, pero sí se permiten intentarlo.
  • Autoconfianza más sólida: reconocen sus logros y se hablan con respeto, sin necesidad de perfeccionismo extremo.

También son conscientes de que su comportamiento es bueno y que su forma de actuar estará protegida por buenas razones, actos y comportamientos. Se sentirán con fuerza porque son capaces de expresarse con sinceridad sin necesidad de herir a otros o de entrar en conflictos innecesariamente.

Desde el punto de vista de la inteligencia emocional, practicar la asertividad aporta beneficios muy claros:

  • Mejora la autoestima, porque refuerza la idea de que tus necesidades y emociones importan.
  • Reduce el estrés, al disminuir la sensación de obligación permanente o de lucha constante.
  • Fortalece las relaciones, al basarlas en el respeto mutuo y en una comunicación clara.
  • Favorece la regulación emocional, ya que te permite expresar lo que sientes en lugar de reprimir o explotar.

Estilos de comunicación y su relación con los derechos asertivos

Para entender mejor los derechos asertivos en la comunicación, es útil profundizar un poco más en los distintos estilos de comunicación y cómo se relacionan con la forma en que ejercemos (o no) esos derechos.

La persona pasiva

La persona pasiva no respeta sus propios derechos asertivos y, si alguna vez intenta hacerlo, suele sentirse mal por ello. Supedita su bienestar, deseos y opiniones a los de los demás, normalmente porque no se ve capaz de defenderse, de hacerse valer o sencillamente porque cree que “no merece” tanto como otros.

Entre sus creencias típicas se encuentran ideas como: “decir lo que quiero es ser egoísta”, “si digo que no, caeré mal”, “si digo lo que pienso me quedaré sin amigos” o “no debo agobiar a los demás con mis problemas”. Estas creencias alimentan una comunicación en la que la persona se calla, traga y acumula frustración.

A nivel de conducta verbal y no verbal, suele haber volumen de voz bajo, vacilaciones, silencios, evitación de la mirada, postura hundida y gestos desvalidos. Emocionalmente, es frecuente sentir impotencia, culpa, baja autoestima, frustración y ansiedad.

La persona agresiva

La persona agresiva, por el contrario, no respeta los derechos asertivos de los demás, y si alguna vez lo hace, se siente débil o en desventaja. Sobrevalora sus opiniones y necesidades por encima de todo y tiende a pensar que “tiene razón” y que lo que quiere es más importante que lo que desean otros.

Entre sus creencias habituales se encuentran: “no me importa lo que piensen los demás”, “voy a conseguir lo que yo quiero”, “no me cuentan nada interesante”. En la comunicación, suele destacar un tono de voz intenso, comunicación fría y autoritaria, interrupciones frecuentes, mirada fija y poco respetuosa con el espacio personal.

A nivel emocional, bajo esa apariencia de poder suelen esconderse ansiedad, frustración, enfado constante y baja autoestima, además de una gran dificultad para la intimidad y la confianza real en las relaciones.

La persona pasivo-agresiva

Este tipo de personas son pasivas durante un tiempo, pero cuando su frustración se acumula y ya no soportan más, estallan y se pasan al extremo opuesto. No expresan directamente lo que les molesta, pero lo manifiestan de forma indirecta a través de ironías, silencios prolongados, olvidos “casuales”, retrasos o comentarios sarcásticos.

Este estilo genera mucha confusión y tensión en las relaciones, porque no hay una comunicación clara y el conflicto se alimenta a base de mensajes ambiguos, reproches velados y comportamientos que boicotean al otro sin hablar las cosas de frente.

La persona asertiva

La persona asertiva respeta tanto sus propios derechos asertivos como los de las demás personas. Es una persona con empatía, que escucha a su interlocutor y busca comprender su punto de vista, pero que también sabe expresar sus opiniones y necesidades sin miedo y sin prepotencia.

A nivel verbal, mantiene un nivel de voz conversacional, habla de forma clara y estructurada, se expresa en primera persona (“yo pienso”, “yo necesito”, “yo siento”) y evita los ataques personales. A nivel no verbal, mantiene un contacto ocular adecuado, postura relajada y gestos coherentes con su mensaje.

Emocionalmente, suele experimentar más tranquilidad, respeto hacia sí misma y hacia los demás, aceptación, empatía y sensación de control emocional. Este estilo facilita el ejercicio real de los derechos asertivos, porque integra el autocuidado y el respeto al otro.

28 derechos asertivos en la comunicación

Conocer tus derechos asertivos es el primer paso para poder ejercerlos. Son derechos que tienes simplemente por ser persona, y que te ayudan a mantener una comunicación más equilibrada y respetuosa contigo y con los demás. A continuación, se presenta una lista amplia que recoge muchos de los más importantes:

  1. Derecho al respeto y a la dignidad.
  2. Derecho a tener sentimientos y opiniones y a poder expresarlas sin violar la dignidad de los demás.
  3. Derecho a decidir sobre uno mismo.
  4. Derecho a decidir si el comportamiento que se tiene está de acuerdo con las expectativas y deseos de los demás o con los propios intereses, siempre que no se violen los derechos ajenos.
  5. Derecho a preguntar, sabiendo que el otro tiene derecho a decir que no.
  6. Derecho a decir que no cuando no se quiere decir que sí, sin sentirse culpable.
  7. Derecho a sentir y expresar las emociones sin herir a otros.
  8. Derecho a rechazar las peticiones de otros sin sentirse culpable.
  9. Derecho a establecer nuestras propias prioridades y tomar nuestras propias decisiones.
  10. Derecho a cambiar de opinión, de idea o de forma de actuar.
  11. Derecho a decidir sobre lo que se quiere hacer con el propio cuerpo, dinero o tiempo.
  12. Derecho a cometer errores y ser responsable de cada uno de ellos.
  13. Derecho a pensar antes de actuar o de tomar una decisión.
  14. Derecho a no tener que responder de inmediato o a no responder nunca.
  15. Derecho a pedir información o preguntar cuando algo no se entiende, todas las veces que sea necesario.
  16. Derecho a disfrutar de los propios logros y a que sean reconocidos, a estar orgulloso de uno mismo.
  17. Derecho a sentirse cómodo consigo mismo independientemente de los resultados o los logros (que hayan sido mejores o peores).
  18. Derecho a obtener lo que se paga (si, por ejemplo, una comida no es buena o está en malas condiciones, se devolverá el importe o se cambiará por otra en buen estado).
  19. Derecho a elegir no comportarse con firmeza si es lo que realmente se siente.
  20. Derecho a sentir emociones negativas siempre que no se hiera a otros.
  21. Derecho a sentir emociones positivas y a disfrutarlas sin sentirse culpable.
  22. Derecho a la soledad si es lo que se desea, incluso cuando otros quieran tu compañía.
  23. Derecho a no tener que justificarse ante otros continuamente.
  24. Derecho a hacer cualquier cosa, siempre y cuando no se violen los derechos de otras personas.
  25. Derecho y obligación de sentirse feliz y de ser feliz.
  26. Derecho a decir “no lo sé” o “no lo entiendo”.
  27. Derecho a no ser perfecto.
  28. Derecho a ser independiente y tomar tus propias decisiones.

Ejercer estos derechos no significa imponerse o desentenderse de los demás, sino encontrar un equilibrio entre tus necesidades y las de las personas con las que te relacionas. Recuerda también que todas las personas que te rodean tienen estos mismos derechos, por lo que la clave está en defender los tuyos respetando los de los demás.

La asertividad es una habilidad de inteligencia emocional que se puede trabajar y desarrollar. Si quieres cambiar la forma en que te comunicas con los demás y mejorar así tu vida actual, puedes hacerlo. No tengas miedo de buscar ayuda profesional para conseguirlo y poner en práctica tus derechos asertivos.

Al integrar estos derechos en tu vida diaria, al practicar un estilo de comunicación más sereno, claro y respetuoso, y al permitirte ser quien eres sin agredir ni someterte, vas construyendo paso a paso una forma de relacionarte más libre y coherente contigo mismo, que favorece tu bienestar y el de las personas que te rodean.