Con motivo del Día Mundial de la Diabetes, instituciones y asociaciones sanitarias de toda España redoblan esfuerzos en prevención, diagnóstico precoz y educación en autocuidado. En Euskadi, por ejemplo, se estima que conviven con esta condición unas 172.000 personas y se diagnostican cerca de 9.000 casos nuevos cada año, en su mayoría de tipo 2 y con aparición progresiva en edades cada vez más tempranas.
El panorama europeo también invita a actuar: en la región de la OMS Europa hay decenas de millones de personas afectadas y se prevé un incremento adicional en las próximas décadas. En España, distintos análisis sitúan la prevalencia en torno al 14,8%, con un porcentaje nada desdeñable de casos sin identificar, lo que subraya la necesidad de cribados y hábitos de vida saludables.
Día Mundial de la Diabetes: qué se está haciendo en España
Osakidetza y el Departamento de Salud del País Vasco impulsan talleres del programa Paziente Bizia-Paciente Activo, donde más de 3.900 personas han reforzado sus competencias en cuidados, gestión emocional y manejo de síntomas desde 2010. Estas sesiones, disponibles en centros de salud de Bilbao (Bombero Etxaniz), Donostia (Ondarreta) y Barakaldo (Zuazo), se prevé que se extiendan a Álava.
En Granada, el Hospital Universitario Virgen de las Nieves ha instalado mesas informativas y charlas, además de proponer un desayuno saludable para visibilizar la importancia de la alimentación en el control de la glucemia. Con estas acciones, los equipos de Endocrinología, Nutrición y Enfermería acercan pautas prácticas a la ciudadanía.
También hay gestos simbólicos y comunitarios. En Telde (Gran Canaria), el edificio principal del Ayuntamiento se ilumina de azul para reforzar el mensaje de prevención y acompañamiento a quienes conviven con la diabetes. La iniciativa se coordina desde la Concejalía de Sanidad junto al área de Alumbrado Público.
La Asociación de Diabetes de la Región de Murcia (Adirmu) ha lanzado el reto «24 horas, yo sudo por la diabetes», una carrera continua abierta a la participación en tandas cortas para fomentar la actividad física y el autocuidado. Además, se organiza una feria con revisiones, talleres y dinámicas de educación para la salud en la Plaza de Europa.
En Lleida, la X Jornada de Diabetis, Nutrició i Endocrinologia presentó resultados del estudio POMA, que apunta a que en determinados perfiles de diabetes tipo 2 puede retirarse de forma segura parte de la insulina, mejorando el control y la satisfacción del paciente. El proyecto ha favorecido la implantación de sensores de monitorización continua en la provincia, garantizando el acceso financiado para quienes tienen indicación.
Cifras clave y tendencias
Los datos más recientes en España sitúan la prevalencia en torno al 14,8% de la población adulta, una de las cifras más elevadas de Europa, con un gasto sanitario estimado por la SED que supera los 13.000 millones de euros. En Euskadi, la diabetes afecta a cerca del 7,5% de la población, y en la Región de Murcia hay más de 100.000 diagnósticos activos.
En la región europea de la OMS, conviven con la enfermedad casi 66 millones de personas. Las proyecciones señalan un crecimiento adicional en las próximas décadas, en línea con el aumento del envejecimiento, el sedentarismo y la obesidad. A nivel global, más de 540 millones de personas viven con diabetes, lo que ilustra la dimensión del reto.
Tipo 1 y tipo 2: diferencias y factores de riesgo
La diabetes tipo 1 es una condición autoinmune que destruye las células beta pancreáticas productoras de insulina; suele debutar en la infancia o juventud y requiere tratamiento con insulina desde el inicio. La tipo 2, más frecuente (alrededor del 90% de los casos), se asocia a resistencia a la insulina y exceso de adiposidad visceral, con inicio insidioso y, a menudo, diagnóstico tardío.
Entre los factores de riesgo de la tipo 2 destacan el sobrepeso/obesidad, la inactividad física, el tabaquismo y los antecedentes familiares. Existen además otras formas (LADA, MODY, secundarias a fármacos o enfermedades, y diabetes gestacional), por lo que la valoración clínica individualizada resulta clave.
Prevención y señales de alerta
La prevención primaria se apoya en una dieta mediterránea rica en vegetales, legumbres, cereales integrales y pescado; limitar procesados, azúcares añadidos y grasas saturadas; y priorizar aceite de oliva virgen extra, y aprender a leer las etiquetas de los alimentos. Sumado a esto, conviene realizar actividad física diaria (caminar, subir escaleras o ejercicio estructurado) unos 20-30 minutos.
Otras recomendaciones son no fumar, moderar el alcohol y coordinar con el médico controles periódicos, especialmente si existen factores de riesgo. La educación diabetológica es esencial para integrar el autocontrol en la vida cotidiana y resolver situaciones como hipo o hiperglucemias.
Los síntomas que deben poner en alerta incluyen sed intensa, aumento de la frecuencia urinaria, visión borrosa, fatiga, pérdida de peso inexplicada, infecciones de repetición y cicatrización lenta de heridas. Ante estas señales, conviene consultar con Atención Primaria para evaluar pruebas diagnósticas.
Complicaciones a vigilar
Un control deficiente y prolongado de la glucemia puede incrementar el riesgo de enfermedad cardiovascular (infarto, ictus, vasculopatía periférica), primera causa de mortalidad en personas con diabetes. También puede afectar a riñones (nefropatía), ojos (retinopatía diabética, cataratas, glaucoma) y sistema nervioso (neuropatías y pie diabético).
La inflamación crónica de bajo grado y la hiperglucemia sostenida dañan el endotelio y favorecen la progresión de comorbilidades. De ahí la importancia de abordar tanto el control glucémico como el peso, la presión arterial y los lípidos de forma conjunta.
Monitorización y tecnología
El seguimiento combina el autocontrol capilar y la monitorización continua de glucosa mediante sensores subcutáneos, que registran valores de forma automática. Estas herramientas ayudan a ajustar tratamientos y a detectar patrones de riesgo (hipos nocturnas, variabilidad glucémica).
Además, deben programarse analíticas y revisiones: hemoglobina glicosilada (HbA1c), microalbuminuria, perfil lipídico y función renal, control de la presión arterial y evaluaciones cardiológicas y oftalmológicas. Persisten lagunas formativas: una parte de los pacientes desconoce qué es la HbA1c, lo que refuerza la necesidad de educación continuada.
Tratamientos y avances recientes
Junto con los cambios en el estilo de vida, han irrumpido terapias con beneficios cardiovasculares y renales adicionales. Los inhibidores SGLT2 favorecen la eliminación de glucosa por orina y protegen corazón y riñón; los agonistas del receptor GLP-1 (como semaglutida) mejoran el control glucémico y ayudan a reducir el peso y la adiposidad visceral.
Se suman nuevas opciones como la insulina semanal y, en el ámbito de la diabetes tipo 1 en fase precoz, la recomendación europea de teplizumab (Teizeild) para retrasar su aparición en personas con riesgo. En la práctica clínica, iniciativas como el estudio POMA en Lleida exploran desescalar insulina en determinados pacientes con tipo 2, con buenos resultados en seguridad y satisfacción.
Trabajo y vida diaria
La Federación Internacional de Diabetes señala que una parte importante de quienes conviven con la enfermedad está en edad laboral. Persisten barreras en entornos de trabajo: falta de pausas para el autocontrol, incomodidad a la hora de inyectarse insulina o estigma que puede condicionar oportunidades profesionales. La adaptación de los puestos y la sensibilización empresarial son determinantes.
Dónde informarse y formarse
Contar con equipos de Atención Primaria y Endocrinología, junto a programas de educación terapéutica y portales autonómicos (como Osasun Eskola), facilita integrar el autocuidado en la rutina diaria. Talleres grupales, materiales actualizados y el acompañamiento entre iguales son herramientas eficaces para mejorar la adherencia.
La combinación de datos fiables, educación práctica, hábitos saludables y los avances en terapias y tecnología está cambiando el rumbo de la diabetes en España y Europa; si se mantienen el cribado activo, la monitorización y el apoyo comunitario, será más fácil frenar complicaciones y mejorar la calidad de vida de millones de personas.
