Drogas legales más comunes, sus efectos y riesgos para la salud

  • Las drogas legales actúan sobre el sistema nervioso central, pueden generar dependencia y su legalidad no implica que sean seguras.
  • Alcohol, nicotina, opioides, benzodiacepinas, cafeína, esteroides y jarabes para la tos son algunas de las sustancias legales con mayor potencial de daño.
  • La dosis, la frecuencia de consumo, la edad de inicio y la combinación con otras drogas determinan gran parte de los riesgos.

drogas legales y sus efectos

Las drogas son sustancias que pueden ser utilizadas en la medicina (drogas legales con prescripción) para aliviar o curar enfermedades, o consumidas de forma recreativa (drogas ilegales, aunque esta clasificación puede variar dependiendo del país) debido a que alteran el sistema nervioso central y modifican la mente y el cuerpo. Sin embargo, en el lenguaje cotidiano, en la mayoría de casos se suele utilizar el término «drogas» para referirse a las sustancias ilegales que consumen los individuos para obtener placer (ya sea recreativamente o mediante abuso de ellas) y que normalmente generan dependencia física y/o psicológica.

Es fundamental entender que legal no significa inocuo. Existen muchas drogas legales, ampliamente aceptadas social y culturalmente, cuyo uso o abuso puede provocar enfermedades graves, deterioro cognitivo, accidentes y, en casos extremos, la muerte. Además, la línea entre uso terapéutico y uso recreativo es muy delgada en algunas sustancias: una misma molécula puede salvar vidas en el contexto médico o destruirlas si se consume sin control.

Descubre cuáles son las drogas legales más populares

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En esta ocasión hablaremos acerca de las drogas que pueden ser compradas de forma legal en farmacias, comercios, supermercados o incluso por internet, como puede ser la nicotina, el alcohol, la cafeína, jarabes para la tos, esteroides anabólicos, benzodiacepinas, opioides, bebidas energéticas y otros fármacos de uso común. Explicaremos qué son, cuáles son sus efectos, qué riesgos implican para la salud a corto y largo plazo y qué aspectos legales o sociales conviene conocer antes de consumirlas.

Para situarnos, podemos entender por droga legal toda sustancia, natural o sintética, que al introducirse en el organismo modifica el funcionamiento del sistema nervioso central (es psicoactiva), tiene potencial para generar dependencia o abuso y, aún así, su uso no está penalizado por la ley, ya sea porque se destina principalmente a fines médicos o porque está socialmente aceptada como producto recreativo. Este estatus legal no implica que sean seguras: el mal uso y el abuso de estas sustancias es muy peligroso y puede acarrear consecuencias sanitarias y sociales tan graves como las drogas ilegales.

Además, muchas de estas drogas se clasifican farmacológicamente según el efecto que producen sobre el sistema nervioso en estimulantes (aumentan la actividad cerebral), depresoras (la reducen) y psicodélicas o perturbadoras (alteran la percepción y la cognición). Varias de las sustancias que veremos a continuación pueden encajar en más de una categoría según la dosis, la vía de administración o la combinación con otras drogas.

Nicotina

La nicotina se encuentra entre las drogas legales más populares, adictivas y dañinas del mundo. Según múltiples encuestas de salud, una proporción muy elevada de la población adulta ha fumado tabaco alguna vez, y millones de personas mantienen un consumo diario. A pesar de las campañas de prevención y de las restricciones en espacios públicos, el tabaquismo continúa siendo una de las principales causas evitables de enfermedad y muerte a nivel global.

La nicotina es un psicoestimulante que actúa fundamentalmente sobre los receptores nicotínicos de acetilcolina. Genera una rápida liberación de dopamina y otras sustancias implicadas en los circuitos de recompensa, lo que explica el potente refuerzo positivo que perciben los fumadores. Aunque muchas personas describen el cigarrillo como algo “relajante”, esa sensación, sobre todo en fumadores crónicos, se debe en parte a que la nicotina alivia el propio síndrome de abstinencia que ella misma provoca.

La principal vía de consumo de nicotina es el tabaco en distintas presentaciones: cigarrillos, tabaco masticable, puros, esencias de narguile o incluso en los líquidos para vaper y cigarrillos electrónicos; donde con sólo probarla unas pocas veces, la persona puede ir creando una dependencia hacia la sustancia rápidamente. Sin embargo, existen miles de métodos para dejar de fumar (programas de deshabituación, parches, chicles, medicación específica, terapia psicológica, etc.) y esto aumenta las posibilidades de poder dejar el tabaco (incluyendo que es un vicio costoso); aunque la mayoría vuelven a recaer en algún momento de sus vidas debido a la fuerte dependencia física y psicológica.

Los efectos de la nicotina, al igual que en la mayoría de sustancias, dependerán de la dosis consumida, de la experiencia de la persona y de la velocidad de administración. Normalmente se utiliza como estimulante de acción rápida, que también permite reducir la irritabilidad y puede mejorar la sensación subjetiva de concentración y memoria a corto plazo. Sin embargo, se acompaña de importantes riesgos para la salud.

Entre los principales efectos y riesgos de la nicotina y del consumo de tabaco se encuentran:

  • Dependencia de alto grado, con gran dificultad para abandonar el consumo.
  • Si se frena el consumo, el síndrome de abstinencia puede ser realmente una pesadilla; en la que se incluyen síntomas como ansiedad, depresión, somnolencia, cefalea, irritabilidad, aumento del apetito y problemas de concentración.
  • Daño pulmonar progresivo (enfermedad pulmonar obstructiva crónica, bronquitis crónica, enfisema) y aumento marcado del riesgo de cáncer de pulmón y de otros órganos.
  • Enfermedades cardiovasculares: incremento de la presión arterial, aterosclerosis, infarto de miocardio y accidentes cerebrovasculares.
  • Alteraciones en el gusto y el olfato, envejecimiento prematuro de la piel, manchado de dientes y dedos, así como problemas periodontales.

En los últimos años han aparecido productos como los cigarrillos electrónicos y otros dispositivos de vapeo que también suministran nicotina. Suelen percibirse como menos dañinos, pero siguen manteniendo el potencial adictivo de la nicotina y pueden incorporar otras sustancias irritantes o tóxicas, por lo que su consumo tampoco está exento de riesgos, especialmente en jóvenes.

Alcohol

El alcohol etílico o etanol es, probablemente, la droga legal más utilizada y aceptada socialmente. Forma parte de tradiciones, celebraciones y reuniones sociales en muchas culturas, lo que favorece una percepción de inocuidad que está muy alejada de la realidad. Esta droga, además de causar daños en el individuo que la consume, también pone en riesgo a su entorno (actitudes violentas, accidentes de tráfico, violencia de género, conductas sexuales de riesgo, entre otros).

El alcohol actúa como una sustancia depresora del sistema nervioso central, aunque a dosis bajas inicialmente pueda producir una sensación de euforia y desinhibición. Las personas que lo consumen pueden volverse tolerantes rápidamente, siendo necesario adquirir más cantidad de alcohol para llegar al estado de ebriedad. Esta droga es adictiva tanto física como psicológicamente y se asocia con un importante síndrome de abstinencia potencialmente grave.

Entre los efectos del alcohol podemos encontrar diferencias según la cantidad ingerida, la velocidad de consumo, el peso, el sexo y el estado general de salud:

  • Si se consume en pequeñas cantidades, puede producir ligera euforia, sensación de placer y falsa percepción de tener mayor energía o sociabilidad.
  • En cantidades moderadas a altas, los individuos se desinhiben socialmente, disminuye la capacidad de juicio, se altera la coordinación motora y el habla, aumenta el tiempo de reacción y pueden aparecer cambios bruscos en el estado de ánimo.
  • En dosis muy elevadas, puede provocar vómitos, pérdida de conciencia, depresión respiratoria, coma etílico y riesgo de muerte.

El alcoholismo (del cual hablaremos en otra ocasión con más profundidad) se considera un problema de salud pública muy frecuente en numerosos países; el cual, en exceso y a largo plazo, causa efectos negativos en el cuerpo humano, tales como:

  • Problemas hepáticos: hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis.
  • Daño neurológico: deterioro cognitivo, neuropatía periférica, síndrome de Wernicke-Korsakoff y otros trastornos neuropsiquiátricos.
  • Trastornos cardiovasculares: hipertensión, miocardiopatía alcohólica, arritmias.
  • Trastornos digestivos: gastritis, esofagitis, pancreatitis.
  • Alteraciones emocionales: depresión, ansiedad, irritabilidad, conductas agresivas.

Además, el consumo excesivo de alcohol incrementa el riesgo de accidentes laborales y de tráfico, de conductas sexuales de riesgo y de violencia. Incluso un consumo catalogado como “moderado” puede ser problemática si se produce de forma habitual, si se asocia a otras enfermedades o si hay antecedentes familiares de adicción.

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Opioides y opiáceos

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Los opioides y opiáceos son un grupo de sustancias que modifican o alteran el sistema nervioso de las personas que las consumen, actuando principalmente como potentes analgésicos, aunque también poseen otros efectos psicoactivos de interés clínico y recreativo. Entre ellos se encuentran varias drogas legales e ilegales, como la heroína, buprenorfina, metadona, papaverina, noscapina, tebaína, codeína y morfina. Cada una de ellas presenta diferentes potencias analgésicas, características farmacológicas y duración de los efectos, aunque comparten un mismo mecanismo básico de acción sobre los receptores opioides.

Su utilización suele ser en la medicina tradicional para el tratamiento del dolor moderado o intenso, ya que, por ejemplo, permite que un paciente con cáncer avanzado no sufra de los intensos dolores que esta enfermedad genera, o que una persona tras una cirugía mayor pueda recuperarse con menos sufrimiento. Sin embargo, forman parte de las drogas legales más adictivas, lo que podría llevar a un paciente clínico a usar la droga de forma excesiva o a desarrollar un patrón de consumo problemático.

El principal problema de los opioides es que la tolerancia también es de un grado alto, lo que significa que el paciente puede necesitar mayor dosis para tratar los síntomas que presenta; un problema al que los médicos deben estar muy atentos, ya que algunas personas podrían estar desarrollando tolerancia y dependencia debido al abuso de la sustancia. Cuando se interrumpe bruscamente el consumo tras un uso continuado, aparece un síndrome de abstinencia intenso con síntomas físicos y psíquicos muy desagradables.

Entre los efectos de los opioides y opiáceos encontramos:

  • Reducción intensa del dolor (analgesia), tanto agudo como crónico.
  • Somnolencia y sedación, con sensación de calma y bienestar.
  • Náuseas y vómitos, sobre todo al inicio del tratamiento.
  • Estreñimiento crónico, uno de los efectos secundarios más frecuentes y molestos.
  • Confusión mental, dificultad para concentrarse y enlentecimiento psicomotor.

En mayores cantidades puede provocar problemas cerebrales, sobre todo en las áreas encargadas de la recompensa o gratificación; así como también pueden tener problemas con la respiración (depresión respiratoria), que es el principal riesgo en casos de sobredosis. Cuando se combinan con otras drogas depresoras, como alcohol o benzodiacepinas, el peligro de parada respiratoria y muerte se incrementa de manera notable.

Cafeína

Entre las drogas legales de mayor popularidad encontramos la cafeína, normalmente consumida en el café; aunque también es posible encontrarla en otras bebidas como el té, muchos refrescos azucarados, bebidas energéticas y alimentos como el chocolate negro, entre otros. La cafeína pertenece al grupo de las xantinas, junto con otras sustancias como la teobromina (presente en el cacao) y la teofilina (relacionada con el té), que también tienen efectos estimulantes aunque menos intensos.

Los efectos del café suelen ser estimulantes, motivo por el cual las personas ingieren café en las mañanas o noches para aumentar el rendimiento, combatir la somnolencia y mejorar la concentración. La cafeína bloquea los receptores de adenosina, una sustancia implicada en la sensación de cansancio, lo que se traduce en un aumento de la vigilia y, en algunos casos, en una ligera mejora del rendimiento cognitivo en tareas sencillas.

Aunque este tipo de consumo puede generar dependencia hacia la sustancia, la cual a pesar de no ser especialmente dañina en bajas cantidades (incluso diversos estudios han demostrado que puede ser beneficiosa para la salud cardiovascular y neurológica en dosis moderadas), si se consume en exceso se pueden presentar problemas de salud (sobre todo para las personas jóvenes, embarazadas o con patologías previas), como por ejemplo:

  • Problemas en el sistema digestivo y gastrointestinal (acidez, molestias estomacales, diarrea).
  • Dificultad para conciliar el sueño e insomnio cuando se consume a última hora del día.
  • Nerviosismo, irritabilidad y ansiedad, especialmente en personas sensibles.
  • Aumento de la presión arterial y de la frecuencia cardiaca, que puede ser problemático en personas con enfermedades cardíacas.

A partir de varias tazas diarias, el organismo puede desarrollar tolerancia a la cafeína, necesitando cada vez más cantidad para lograr los mismos efectos. Al suspender el consumo de forma brusca es frecuente experimentar un leve síndrome de abstinencia con dolor de cabeza, cansancio acusado, irritabilidad y dificultad para concentrarse durante unos días.

Esteroides anabólicos

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Los esteroides anabólicos son una droga legal entre las más conocidas. Son variaciones sintéticas de la hormona testosterona y se utilizan de forma legal para tratar problemas como niveles de testosterona por debajo de la media, trastornos del desarrollo sexual, pérdida marcada de masa muscular en pacientes con enfermedades como el sida, algunos tipos de cáncer o enfermedades musculares específicas.

Por otra parte, su uso ilegal es realizado por la mayoría de fisicoculturistas y aficionados a la modificación del cuerpo humano con respecto al tamaño de sus músculos; ya que tiene como objetivo lograr construir mayor masa corporal y mejorar el rendimiento deportivo. Este uso no médico suele implicar dosis mucho más altas que las terapéuticas, combinaciones de varios anabólicos y ciclos repetidos en el tiempo, lo que aumenta de forma notable los riesgos.

Los esteroides anabólicos pueden proporcionar al organismo los productos químicos adecuados si existe una deficiencia real de testosterona o un problema médico concreto, pero cuando esta testosterona sintética es tomada por hombres o mujeres sanos únicamente para objetivos estéticos o de rendimiento, puede volverse adictiva y causar consecuencias peligrosas. Entre ellas se incluyen cambios de humor intensos, mayor agresividad (“roid rage”), paranoia, irritabilidad y daños en el hígado, los riñones y el corazón.

Los efectos negativos de los anabólicos son variados:

  • Cambios de humor con mayor facilidad, irritabilidad, episodios de agresividad y conductas impulsivas.
  • Predisposición a la violencia y ataques paranoicos, sobre todo con consumos elevados y prolongados.
  • Alteraciones hormonales: disminución de la producción natural de testosterona, infertilidad, atrofia testicular en hombres y virilización (crecimiento de vello facial, cambios de voz, alteraciones menstruales) en mujeres.
  • Daños orgánicos: hepatotoxicidad, alteraciones en el perfil lipídico (aumento del colesterol “malo”), hipertensión arterial, riesgo de infartos y problemas renales.

Benzodiacepinas

Las benzodiacepinas son uno de los grupos de psicofármacos legales más recetados en el ámbito de la salud mental y la atención primaria. Estas drogas legales tienen un uso extendido en la medicina, ya que se trata de fármacos utilizados para calmar la ansiedad, reducir la tensión muscular, facilitar el sueño y controlar algunos tipos de crisis epilépticas.

Comúnmente se consumen en medicamentos reconocidos como Valium, Rivotril, Trankimazín, Lexatin, Orfidal y otros, con fines terapéuticos. Sin embargo, pueden generar adicción fácilmente debido a la rápida tolerancia al efecto ansiolítico y a la dependencia física causada por su actuación sobre los receptores GABA del sistema nervioso central.

Sus efectos son similares al de otras drogas como el alcohol, aunque con una acción sedante y ansiolítica muy potente. A dosis terapéuticas producen relajación, disminución de la ansiedad y facilitan el sueño, pero su abuso puede traer consecuencias graves para el organismo: deterioro cognitivo, somnolencia diurna intensa, caídas (especialmente en personas mayores), accidentes de tráfico, alteraciones de la memoria y un síndrome de abstinencia peligroso si se dejan de golpe tras un uso prolongado.

Es importante destacar que, al igual que ocurre con otros sedantes, la combinación de benzodiacepinas con alcohol, opioides u otras drogas depresoras aumenta el riesgo de depresión respiratoria y muerte, por lo que este tipo de mezclas resulta especialmente preocupante.

Bebidas energéticas

Los energizantes también son considerados como drogas que pueden adquirirse legalmente, ya que producen efectos estimulantes en el cuerpo y, como veíamos al principio, cualquier sustancia que modifique el cuerpo y el funcionamiento del sistema nervioso central es considerada como droga psicoactiva.

Las sustancias que se destacan de las bebidas energéticas son principalmente la ya nombrada cafeína y además la taurina, junto a otros compuestos como glucuronolactona, vitaminas del grupo B y, en algunos casos, extractos de plantas estimulantes. Siendo la cafeína la principal responsable de causar adicción o dependencia leve y problemas de salud cuando se abusa en el consumo (estas bebidas suelen poseer altas dosis de cafeína por lata).

En adolescentes y adultos jóvenes se ha observado que el uso intenso de bebidas energéticas puede relacionarse con alteraciones del ritmo cardiaco, subida de la presión arterial, ansiedad, insomnio y, en ocasiones, con el consumo paralelo de otras drogas en contextos de ocio nocturno. Tomarlas de forma esporádica y en cantidades moderadas puede no suponer un gran problema en personas sanas, pero su uso habitual y excesivo sí implica riesgos.

Por último, además de los problemas mencionados en cuanto a su abuso, también hay que destacar que los inconvenientes suelen presentarse cuando son combinadas con otras sustancias como el alcohol, ya que la mezcla de un potente estimulante con un depresor puede ser peligrosa. El alcohol reduce la percepción de cansancio y de embriaguez mientras la cafeína mantiene a la persona más despierta, lo que favorece seguir bebiendo, prolongar las sesiones de consumo y aumentar el riesgo de intoxicación alcohólica, arritmias y otros efectos adversos graves.

Jarabes para la tos

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Desde hace algún tiempo (y ahora más famosos gracias al género musical Trap), el consumo de jarabes para tos ha sido un recurso de intoxicación para personas adictas que no pueden conseguir drogas más fuertes. Sin embargo, en la actualidad muchas personas, sobre todo jóvenes, consumen de forma recreativa dosis altas de jarabe para lograr la intoxicación y así disfrutar de los efectos que produce.

Entre los compuestos más conocidos está la codeína y el DXM (dextrometorfano), ambos utilizados para suprimir la tos seca, pero que como mencionábamos, pueden alterar el organismo en dosis mayores (que son fáciles de conseguir con tan sólo comprar un frasco, especialmente en países donde la venta es menos restrictiva).

  • La codeína forma parte de las sustancias que se extraen del opio, es decir, forma parte de los opioides. Genera efectos sedantes y analgésicos. En algunos países es posible conseguirla sin prescripción médica, aunque en muchos lugares las normativas se han endurecido al identificarse su potencial adictivo.
  • El DXM por su parte también actúa sobre el sistema nervioso central y, aunque no es un opioide clásico, provoca intoxicaciones con síntomas similares a los de la marihuana y el alcohol, efectos estimulantes y, en altas dosis, puede ser altamente disociativo, es decir, similar a un alucinógeno.

Ambas son drogas legales que es posible adquirir en las farmacias con una amplia variedad de opciones, ya que no sólo están presentes en algunos jarabes para la tos, sino que también pueden encontrarse en pastillas para el resfriado y otros preparados contra la gripe.

Los efectos negativos de estas sustancias suelen ser visión borrosa, alteraciones de la coordinación, problemas en el sistema digestivo, náuseas y vómitos, así como problemas psicológicos (desorientación, confusión, episodios de ansiedad o pánico) que pueden tener una duración variable según la dosis ingerida. En dosis muy altas o si el consumo se mantiene con frecuencia, pueden aparecer brotes psicóticos, daños cerebrales, convulsiones e incluso paro respiratorio, especialmente cuando se mezclan con alcohol u otras drogas depresoras.

Otros fármacos legales con potencial de abuso

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Además de las sustancias ya mencionadas, existen otros medicamentos legales que, aunque se prescriben para tratar problemas de salud concretos, pueden ser utilizados de forma inadecuada o recreativa y convertirse en drogas de alto riesgo.

Psicofármacos estimulantes para TDAH

Los fármacos como metilfenidato (presente en marcas muy conocidas), anfetaminas y derivados (como Adderall en algunos países) o el modafinilo se utilizan médicamente para tratar el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) y la narcolepsia. Son sustancias con efecto estimulante que mejoran la capacidad de concentración y reducen la somnolencia en pacientes diagnosticados.

Sin embargo, su uso se ha extendido entre estudiantes y profesionales que buscan mejorar su rendimiento intelectual o resistir largas jornadas de trabajo. En estos contextos, se utilizan sin control médico y en ocasiones en dosis superiores a las recomendadas, lo que aumenta el riesgo de:

  • Taquicardia y aumento de la presión arterial.
  • Insomnio intenso y alteración severa de los ritmos de sueño.
  • Ansiedad, irritabilidad y paranoia.
  • En consumos prolongados y elevados, obsesividad, delirios, alucinaciones y un perfil de síntomas parecido al de los trastornos psicóticos.

Aunque su síndrome de abstinencia no suele ser tan peligroso físicamente como el de los opioides o el alcohol, sí puede acompañarse de un estado depresivo muy intenso, apatía y falta de motivación, que en algunos casos se relaciona con ideas suicidas.

Hipnóticos y pastillas para dormir

Además de las benzodiacepinas clásicas, existen hipnóticos de nueva generación (como zolpidem, zopiclona o similares) destinados a tratar el insomnio a corto plazo. Su acción se centra en inducir el sueño de manera rápida, pero el uso continuado y sin supervisión puede conducir a:

  • Dependencia psicológica y física, con dificultad para conciliar el sueño si no se toman.
  • Conductas automáticas durante la noche (levantarse, comer, salir de casa) con amnesia al día siguiente.
  • Mayor ansiedad diurna, somnolencia residual y problemas de concentración.

Cuando se interrumpen tras un uso prolongado pueden provocar un rebote del insomnio, es decir, un empeoramiento transitorio de los problemas de sueño, lo que anima a muchas personas a retomarlos sin supervisión, perpetuando el círculo de dependencia.

Factores que influyen en los efectos y riesgos de las drogas legales

La peligrosidad de una droga legal no depende solo de su naturaleza química, sino también de múltiples factores personales y contextuales. Entre los elementos que más influyen en sus efectos y riesgos se pueden destacar:

  • Edad de inicio: comenzar a consumir alcohol, tabaco u otras drogas legales a edades tempranas se asocia con mayor probabilidad de desarrollar adicciones y problemas de salud a largo plazo.
  • Cantidad y frecuencia de consumo: el uso ocasional y moderado no tiene el mismo impacto que el consumo diario o en grandes dosis.
  • Vía de administración: fumar, inyectar o inhalar ciertas sustancias puede incrementar su rapidez de acción y su poder adictivo.
  • Vulnerabilidad individual: antecedentes familiares de adicción, trastornos mentales previos, enfermedades físicas o situaciones de estrés crónico facilitan el abuso.
  • Combinación con otras drogas: mezclar alcohol con benzodiacepinas, opioides u otras drogas depresoras, por ejemplo, multiplica los riesgos de cada una.

Comprender estos factores ayuda a valorar mejor el riesgo real asociado al consumo de cualquier droga legal y a diseñar estrategias de prevención y reducción de daños más efectivas.

Vistas en conjunto, estas drogas legales muestran que la frontera entre medicina y riesgo es muy estrecha: las mismas sustancias que pueden aliviar el dolor, la ansiedad o el insomnio son capaces de generar dependencia, dañar órganos vitales, alterar la conducta y desencadenar graves problemas sociales cuando se usan sin control, por lo que mantener una actitud crítica, informada y prudente ante su consumo es esencial para proteger la salud propia y la de quienes nos rodean.

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