La educación financiera se está colando, casi sin hacer ruido, entre las grandes prioridades sociales de España. En apenas unos años ha pasado de ser una materia lateral a consolidarse como un conocimiento que cada vez más ciudadanos consideran imprescindible para defenderse en un entorno económico complejo, digitalizado y cambiante.
Al mismo tiempo, los datos muestran un contraste muy acusado entre ese interés creciente y el nivel real de competencias financieras. La mayoría de la población adulta no recibió formación formal en el colegio, arrastra lagunas en conceptos básicos como la inflación o el endeudamiento responsable y se enfrenta a decisiones económicas delicadas —hipotecas, créditos, inversión o ahorro para la jubilación— sin las herramientas necesarias.
Madrid, 4 de diciembre de 2025. Esta tensión entre interés y carencias educativas queda reflejada en distintos informes recientes, encabezados por el estudio global de Banco Santander e Ipsos, el Plan de Educación Financiera impulsado por CNMV, Banco de España y Ministerio de Economía, las Jornadas de Educación Financiera en Canarias o las acciones de entidades como KRUK España, que ponen el foco en la gestión responsable de la deuda y el bienestar financiero.
En el trasfondo, late una idea compartida por instituciones públicas, entidades financieras y organizaciones especializadas: sin conocimientos básicos sobre cómo gestionar ingresos, gastos, ahorros, préstamos e inversiones, es mucho más fácil caer en situaciones de vulnerabilidad económica, sobreendeudamiento o pérdida de poder adquisitivo ante la inflación.
La educación financiera, por delante de Historia y Literatura

El informe global de Santander, El valor de aprender: Perspectivas globales sobre educación financiera, presentado en Londres, dibuja con claridad ese cambio de mentalidad. Según este trabajo —basado en 20.000 encuestas en diez países, con más de 2.000 entrevistas en España— la población española sitúa ya la educación financiera por encima de asignaturas clásicas como Historia o Literatura en su lista de prioridades educativas.
A escala internacional, la formación económica y financiera se coloca en segundo lugar entre las materias que la ciudadanía considera más útiles en las aulas, solo superada por las Matemáticas. Muchos encuestados, eso sí, apuestan por integrarla de forma transversal en otras asignaturas, en lugar de crear una materia completamente segregada.
El dato que mejor resume la paradoja española es que el 86% de los participantes afirma no haber recibido nunca educación financiera en el colegio, una cifra alineada con la media global. Sin embargo, tres de cada cuatro adultos estarían dispuestos a apuntarse a un curso gratuito si se lo ofrecieran, especialmente los jóvenes de entre 25 y 34 años, que se asoman a un mercado laboral inestable, un sistema financiero sofisticado y servicios cada vez más digitalizados.
Cuando se les pregunta por qué valoran esta formación, los españoles destacan tres grandes beneficios: tomar mejores decisiones financieras (64%), gestionar con más solvencia el dinero y las deudas (59%) y comportarse con criterios éticos a la hora de elegir productos financieros (46%). Entre los temas de mayor interés se repiten conceptos como ahorro, inversión, impuestos o elaboración de presupuestos domésticos.
La demanda de introducir estas competencias en el sistema educativo es prácticamente unánime. El 91% considera que la educación financiera debe impartirse en los centros escolares de forma reglada y un 67% llegaría a elegir un colegio u otro en función de que incluya esta materia en su oferta.
Lo que creo que sé y lo que realmente sé de finanzas
Más allá de la valoración social, el informe de Santander llama la atención sobre un fenómeno especialmente delicado: la brecha entre la percepción de conocimiento y el nivel real de competencias financieras. En España, el 54% de las personas encuestadas cree saber lo suficiente sobre finanzas personales, pero cuando se enfrenta a una pregunta sencilla sobre inflación solo el 26% responde correctamente. A escala global, el contraste es similar: un 61% declara dominar la materia y apenas un 32% acierta esa misma cuestión.
Esta desconexión, asociada al conocido efecto Dunning-Kruger, es algo más que una curiosidad estadística. Según el informe, puede llevar a subestimar riesgos, a confiar en exceso en decisiones mal fundamentadas o incluso a pensar que no se necesita más formación. Todo ello en un contexto en el que una hipoteca mal planteada, un crédito rápido con intereses elevados o una mala planificación de la jubilación pueden condicionar la estabilidad económica de toda una vida.
Otros trabajos del Banco de España y de organismos internacionales refuerzan esta idea. La Encuesta de Competencias Financieras sitúa al país por debajo de la media europea: solo en torno al 19% de los adultos contesta correctamente a preguntas básicas sobre inflación, tipos de interés y diversificación del riesgo. Entre los estudiantes de 15 años, las pruebas de la OCDE también colocan a España por debajo de la media en conocimientos financieros.
Las consecuencias prácticas de este déficit de comprensión son claras. Tal y como señalan los estudios consultados, muchas personas tienen dificultades para planificar el ahorro, evaluar el coste real de un préstamo o decidir si les conviene más amortizar deudas, constituir un colchón de seguridad o empezar a invertir. Subidas de precios, variaciones de tipos de interés o decisiones de largo plazo se afrontan así con menos margen de maniobra.
En paralelo, el avance de la digitalización añade una capa extra de complejidad. Las redes sociales y los canales online van ganando peso como fuente de información financiera, pero buena parte de la población reconoce sentirse menos segura gestionando su dinero por internet. En España, el nivel de confianza al operar en canales digitales se sitúa alrededor del 61%, por debajo de la media mundial, lo que evidencia la necesidad de reforzar tanto la alfabetización financiera como la digital.
Planes públicos, colegios y familias: quién enseña a manejar el dinero
Ante este panorama, las instituciones españolas han ido articulando distintas iniciativas. El país cuenta con un Plan de Educación Financiera impulsado de forma conjunta por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el Banco de España y el Ministerio de Economía. Este plan persigue mejorar la cultura financiera de la población mediante campañas, recursos formativos y la colaboración con centros educativos y organizaciones sociales.
Los organismos responsables reconocen, no obstante, que persisten brechas importantes en varios frentes: nivel de alfabetización digital, preparación del profesorado y grado de incorporación de la materia como competencia transversal en las etapas escolares obligatorias. Su mensaje es que la educación financiera debe ir mucho más allá de charlas puntuales y convertirse en un eje estable de la formación básica.
En cuanto a quién debe asumir la responsabilidad de formar a la ciudadanía adulta, el propio estudio de Santander señala una cierta dispersión: se reparten las expectativas entre empresas, bancos, administraciones y entidades sociales. Pero cuando se habla de niños y adolescentes, la opinión es bastante clara: escuela y familias son los dos pilares fundamentales para iniciar a las nuevas generaciones en hábitos de ahorro, consumo responsable y uso prudente del crédito.
Este enfoque compartido no es exclusivo de España. En países como el Reino Unido, por ejemplo, la educación financiera se ha convertido en asignatura obligatoria en todos los colegios, una decisión que se cita a menudo como referencia en el debate europeo. La Comisión Europea, por su parte, ha alertado de que cerca del 70% del ahorro de los hogares de la UE —unos 10 billones de euros— se mantiene en cuentas y depósitos prácticamente sin rentabilidad, lo que refleja un potencial de inversión infrautilizado.
En contraste, se estima que alrededor del 62% de los ciudadanos estadounidenses invierten parte de sus ahorros en acciones, un dato que vuelve a poner sobre la mesa el papel de la educación financiera para transformar el ahorro pasivo en inversión productiva y mejorar así el patrimonio de las familias.
Programas de bancos y empresas: de “Finanzas para Mortales” a la gestión de la deuda
El sector financiero ha asumido cada vez más su papel en este terreno. Banco Santander presenta su apuesta por la educación financiera como una responsabilidad permanente y compartida, no como una campaña puntual. Según sus datos, solo en 2024 más de cuatro millones de personas en todo el mundo accedieron a talleres, recursos online y contenidos formativos alineados con los estándares de la OCDE.
En España, una de sus iniciativas más conocidas es el programa Finanzas para Mortales, con más de doce años de trayectoria. Reconocido por el Banco de España y la CNMV como uno de los proyectos de referencia del país, está orientado sobre todo a colectivos financieramente más vulnerables: niños y jóvenes, personas mayores, emprendedores sociales y grupos en riesgo de exclusión. Desde 2012 ha ofrecido formación e información a más de 276.000 personas mediante un enfoque inclusivo y multicanal, impartido en gran parte por empleados voluntarios del banco.
En paralelo, la gestión responsable de la deuda ha cobrado protagonismo. La empresa KRUK España, que celebra su décimo aniversario en el país, ha situado la educación financiera y la gestión prudente del endeudamiento en el centro de su modelo. Coincidiendo con el Día sin Deudas 2025, la compañía ha publicado su IV Observatorio KRUK, donde analiza hábitos y dificultades financieras de la población.
Según los datos de este observatorio, el 46% de los españoles mantiene algún tipo de deuda, aunque los impagos han caído hasta el 32%, el nivel más bajo de toda la serie histórica. Para la entidad, esta mejora se explica por una combinación de factores: cierta estabilidad laboral, un entorno financiero con soluciones más flexibles y un enfoque cada vez más preventivo por parte tanto de bancos como de empresas dedicadas al recobro.
KRUK defiende un modelo basado en la escucha y el acompañamiento de las personas endeudadas, alejándose de prácticas agresivas y estigmas asociados a la figura del cobrador tradicional. La compañía subraya que solo una minoría incurre en impagos por falta de voluntad; la mayoría llega a esa situación por cambios drásticos en su vida —pérdida de empleo, enfermedad, separación o reducción repentina de ingresos—, por lo que la información clara y la búsqueda conjunta de soluciones realistas son clave.
Según sus cifras, el 72% de los planes de pago pactados se cumple con éxito, lo que apuntala la idea de que transparencia, empatía y flexibilidad ayudan a las familias a recuperar el control de su economía sin añadir más presión a una situación ya complicada.
Impacto emocional de las deudas y nuevos enfoques pedagógicos
Uno de los elementos que más se repiten en las entrevistas y estudios recientes es el impacto emocional de las dificultades financieras. Desde KRUK recuerdan que una deuda no es solo una cifra en un contrato, sino una fuente frecuente de ansiedad, desconfianza en uno mismo y vergüenza. Su observatorio indica que más del 43% de quienes atraviesan problemas de pago experimenta emociones como estrés, miedo o sensación de fracaso.
Cuando una persona siente miedo, tiende a evitar conversaciones importantes con su banco o con la entidad acreedora, lo que suele agravar los problemas en lugar de aliviarlos. De ahí que cada vez más programas de educación financiera incluyan componentes de asesoramiento, acompañamiento psicológico básico y herramientas para hablar de dinero sin tabúes en el entorno familiar.
En esa línea, iniciativas como el “test de personalidad financiera” impulsado por KRUK pretenden ayudar a los ciudadanos a identificar cómo se relacionan con el dinero: si tienden a ser más impulsivos, excesivamente cautelosos o si toman decisiones muy condicionadas por el estado de ánimo. La idea es fomentar la autoconciencia: buena parte de nuestras decisiones económicas se toman de manera automática, sin reflexión ni análisis de las consecuencias.
Conocer el propio perfil permite detectar patrones que pueden llevar a endeudarse por encima de lo recomendable o a desaprovechar oportunidades de ahorro e inversión. También sirve a las entidades que trabajan con personas endeudadas para adaptar su comunicación y las soluciones propuestas al estilo de cada usuario, algo especialmente relevante en una economía cada vez más digitalizada.
Tras una década de actividad en España, compañías como KRUK sostienen que un modelo centrado en las personas no solo es más humano, sino también más eficaz para lograr que los planes de pago se cumplan y que el problema no vuelva a repetirse, reforzando así el bienestar financiero a largo plazo.
Canarias: jornadas, reglas sencillas y recursos digitales
La apuesta por mejorar las competencias económicas no se limita al ámbito estatal ni a los grandes bancos. Un ejemplo significativo es el de las Jornadas de Educación Financiera en Canarias 2025 (JEF), promovidas por la Consejería de Economía, Industria, Comercio y Autónomos del Gobierno de Canarias, en colaboración con la entidad CajaSiete.
Este programa, desarrollado entre el 17 de noviembre y el 4 de diciembre, ha recorrido todo el Archipiélago con el objetivo de reforzar los conocimientos básicos de la población y prevenir situaciones de sobreendeudamiento. El director general de Promoción y Diversificación Económica, Alexis Oliva, recuerda que los informes del Banco de España y la CNMV sitúan a Canarias por debajo de la media estatal en competencias financieras, lo que justifica la apuesta por estas jornadas.
Oliva subraya que cerca del 20% de la población española dispone de un patrimonio neto igual o inferior a 500 euros, lo que convierte a muchos hogares que parecen estables en extremadamente vulnerables ante cualquier caída de ingresos. Superar el 30% de endeudamiento sobre la renta, añade, coloca a las familias en una posición frágil que podría evitarse con herramientas básicas de planificación.
Bajo el lema «Lo que Canarias debe saber», el Gobierno autonómico ha creado un espacio específico de educación financiera dentro del portal «Emprender en Canarias», alojado en el Instituto Tecnológico de Canarias. Allí se ofrece contenido gratuito durante todo el año, con fichas y vídeos breves —entre 30 y 90 segundos— que explican desde qué es un neobanco hasta cómo solicitar una hipoteca o calcular el nivel de endeudamiento aconsejable.
Los materiales se organizan en tres bloques: comunidad educativa, ciudadanía en general y empresas y personas emprendedoras. Además, se han popularizado reglas sencillas y fáciles de recordar, como la distribución 50-30-20 de la renta disponible (gastos corrientes, ocio y ahorro) o la llamada «regla de los siete días» para frenar compras impulsivas.
La iniciativa incluye también un componente tecnológico. A partir del próximo año está prevista la incorporación de un agente de inteligencia artificial en la plataforma, para que cualquier usuario pueda resolver dudas de forma rápida y accesible. El director de zona de CajaSiete, Juan Lorenzo Martín, remarca la importancia de combinar estos recursos con un buen asesoramiento profesional: no se trata de hacerse rico, señala, sino de lograr una tranquilidad financiera razonable tomando decisiones informadas.
Colectivos prioritarios y eventos masivos en las islas
Las JEF 2025 han prestado especial atención a tres colectivos: jóvenes, personas mayores y pequeñas empresas. En el caso de la población sénior, el programa «finanzas plateadas» se centra en la prevención del fraude, el uso seguro de los canales telemáticos y la protección frente a estafas telefónicas y digitales, ámbitos en los que los organizadores reconocen que aún existen brechas importantes.
Para la juventud, el cierre de las jornadas está previsto en el Teatro Cuyás de Las Palmas de Gran Canaria, donde se espera reunir a unas 940 personas de entre 15 y 17 años procedentes de todas las islas. El acto cuenta con la colaboración de compañías como Binter y Fred. Olsen para facilitar el traslado del alumnado, y de CajaSiete, que entregará tabletas a diversos centros educativos para que puedan utilizarse en futuros talleres conectados a la web del programa.
La intención de la Dirección General de Promoción y Diversificación Económica es consolidar estas jornadas como una cita recurrente, con actividades periódicas en colaboración con universidades, cámaras de comercio, organizaciones empresariales, sindicatos y asociaciones de mayores. El objetivo declarado es ambicioso: si Canarias lograra elevar en diez puntos el nivel medio de competencias financieras de su población, se reducirían «muchos dramas personales» asociados al sobreendeudamiento y se reforzaría la estabilidad económica de los hogares en un contexto marcado por la inflación y la presión del consumo.
Este enfoque regional encaja con el mensaje que llega desde otras iniciativas: sin una base sólida de educación financiera, el riesgo de que una crisis puntual se convierta en un problema estructural para familias, autónomos o pequeñas empresas es mucho mayor, especialmente en territorios con salarios ajustados y alta dependencia del consumo interno.
Entre el ahorro inmóvil y la falta de inversión
Otro de los elementos recurrentes en los informes analizados es el escaso peso de la inversión en las decisiones de los hogares. El estudio global de Santander apunta que, de media, solo el 15% de la población tiene previsto invertir dinero en acciones en el próximo año. El caso español encaja en este patrón: según datos del Banco de España, los hogares mantienen más de un billón de euros en depósitos y cuentas a la vista que apenas generan rentabilidad y pierden poder adquisitivo por la inflación.
En comparación, los fondos de inversión en manos de las familias suman unos 455.000 millones de euros, de acuerdo con la patronal Inverco, una cantidad claramente inferior al volumen de dinero inmóvil en productos conservadores. Desde la óptica de la educación financiera, este desequilibrio se interpreta como una oportunidad perdida para mejorar el patrimonio a largo plazo, siempre que se conozcan bien los riesgos y características de cada instrumento.
Para los autores del informe de Santander, esta realidad es un ejemplo evidente de cómo una mayor cultura financiera podría ayudar a utilizar el dinero de forma más eficiente: entendiendo conceptos como diversificación, horizonte temporal de inversión, impacto de las comisiones o diferencia entre rentabilidad nominal y real.
El propio estudio concluye que una mejor educación en esta materia refuerza la confianza de las personas en la gestión de su dinero, les permite desempeñar un papel más activo en la economía a través del ahorro y la inversión y contribuye, en última instancia, a su salud financiera general.
En el contexto europeo, estas reflexiones entroncan con los esfuerzos por canalizar parte del elevado ahorro de los hogares hacia proyectos productivos, infraestructuras sostenibles o empresas innovadoras, algo que requiere no solo incentivos regulatorios, sino también ciudadanos capaces de valorar alternativas y asumir riesgos de forma consciente.
Un reto compartido: hablar de dinero sin tabúes y desde la infancia
Detrás de todas estas iniciativas —informes globales, planes públicos, jornadas autonómicas y programas de empresas— se repite un mismo mensaje: la educación financiera ya no es un lujo ni un complemento, sino una condición básica para desenvolverse en la vida adulta. Aprender a interpretar una nómina, entender cómo funcionan los intereses de un préstamo, saber cuándo una hipoteca es asumible o cómo protegerse de una estafa digital forma parte del mínimo de conocimientos que se espera de cualquier ciudadano en pleno siglo XXI.
Responsables de entidades como KRUK España insisten, además, en la necesidad de romper el tabú de hablar de dinero. La vergüenza a reconocer problemas económicos o a pedir ayuda solo incrementa la sensación de soledad y dificulta la búsqueda de soluciones. Normalizar la conversación sobre finanzas personales —con la familia, con asesores profesionales o con las propias entidades— se presenta como un paso imprescindible para construir una sociedad más preparada y resiliente frente a los imprevistos.
Al mismo tiempo, muchas voces reclaman que esta formación empiece desde edades tempranas, de forma sencilla y adaptada, para que niñas y niños incorporen desde el principio hábitos saludables de ahorro, consumo responsable y planificación. Escuela, familias, administraciones y sector privado comparten aquí un reto que va más allá de modas puntuales: dotar a la ciudadanía de los recursos necesarios para entender mejor el mundo económico que les rodea y para tomar decisiones con más criterio.
Con la inflación, la digitalización y el endeudamiento como telón de fondo, la fotografía que dejan estos estudios es clara: España avanza en conciencia y en oferta de programas, pero aún arrastra un déficit de conocimientos básicos que limita el bienestar financiero de muchos hogares. Que los próximos años sirvan para traducir ese interés creciente en resultados tangibles dependerá, en buena medida, de la capacidad de coordinar esfuerzos, hacer la formación accesible y mantener el foco en las personas que más lo necesitan.
