El crecimiento espiritual a través del sufrimiento

Viktor Frankl padeció un gran sufrimiento en su vida. Fue el fundador de la “logoterapia”, una búsqueda del significado y el propósito de la vida que es único y específico para cada persona, especialmente en medio de las dificultades.

Viktor Frankl, un médico y un psicólogo vienés compasivo, fue apresado por los nazis en 1942 por ser judío. Casado con una bella y joven mujer, tenía una carrera, bienes e ingresos. Tuvo que renunciar a todo ello. Este es el tipo de pérdida traumática que puede convertir a las personas en super-personas.

Tras su detención, lo metieron en un tren repleto junto a 1500 personas. Un viaje que duró varios días y noches. Su destino era un inmenso campo de concentración, con torres de vigilancia y rodeado de alambre de púas. Era Auschwitz.

Los nuevos internos tuvieron que dejar todo el equipaje en el tren. Frankl, reacio a renunciar a todo, conservó un preciado manuscrito de su nuevo libro sobre logoterapia. Fue enviado a un lado para unirse a un grupo de presos sanos. El restante 90 por ciento fueron enviados a otro lugar, directamente a la muerte.

El grupo de Frankl tuvo que correr por el campo a una estación de limpieza donde se les ordenó que se quitaran sus relojes y joyas. Para preservar su vida, Frankl, finalmente renunció a su precioso texto. Las cámaras de gas, los crematorios y las ejecuciones fueron su nueva realidad.

Frankl describe en su libro “El hombre en busca de sentido” cómo los soldados les ordenaron quitarse toda la ropa. Se les afeitó el pelo de todo el cuerpo, incluyendo las cejas. Tras una breve ducha les tatuaban los números en sus brazos por lo que perdió incluso su nombre. Frankl fue capaz de mantener sus gafas y un par de zapatos, pero todo lo demás fue destruido.

Todas las actividades familiares y metas en la vida fueron sesgadas brutalmente. Poco quedaba de la personalidad, de la dignidad. Esperemos que nada semejante ocurra otra vez.

Viktor Frankl

Sin embargo, en la actualidad hay gente que se encuentra con circunstancias similares, aunque no necesariamente bajo regímenes represivos.

Imaginemos, por ejemplo, vivir en paz en un lugar y de repente nos visita una hambruna, un terremoto, un tsunami, un huracán, una inundación u otro desastre natural.

O imaginemos que te digan que tienes una enfermedad potencialmente mortal, incapacitante y deformante, como el cáncer. Tendrías que ir al hospital a recibir cirugía, radioterapia o quimioterapia. Te darían una bata de hospital, te pondrían una pulsera de plástico en tu muñeca con tu nombre y tu número de historia clínica.

Podrías perder todo el pelo como resultado del tratamiento, incluidas tus cejas. Experimentarías dolor, náuseas y otras sensaciones físicas desagradables.

A pesar de lo terrible de estas situaciones, estas son las condiciones que traen experiencias de transformación o crecimiento espiritual en algunas personas. ¿Por qué?

Desnudados de todo lo que amamos entramos en contacto con nuestro verdadero yo, podríamos decir, con nuestra alma. Nos quedamos con algo verdadero y puro. Nos quedamos en el momento presente, con la conciencia: con la sensación física, con el sentimiento emocional, con los poderes del pensamiento, la imaginación y la creatividad. Esa especie de conciencia espiritual se puede convertir en una fuente de calma, de coraje, de inspiración y esperanza.

Frankl dice que, sorprendentemente, en la ducha algunos hombres hacían bromas y se reían. Despojado completamente de todo, el espíritu humano todavía puede brillar a través de un notable vigor y resistencia. La risa siempre es un alivio importante y un vínculo entre los desgraciados.

Además, en esa primera noche en el campamento, Frankl tomó la decisión firme y deliberada de no suicidarse. Eligió la vida. En respuesta a esa pregunta principal, central, que plantea el Hamlet de Shakespeare, Frankl decidió “ser”.

Más tarde, cuando toda la esperanza del reencuentro se había desvanecido, Frankl tuvo una visión de su esposa (que, como él temía, ya estaba muerta). Es entonces cuando tuvo la convicción de que, para todo el mundo, el amor es la última y más alta meta a la que podemos aspirar.

El amor recíproco entre la pareja se había expandido para él en un amor universal por la humanidad y la creación. A partir de esta experiencia profundamente personal dijo:

“Entendí cómo un hombre que no tiene nada en el mundo aún puede conocer la felicidad.” (El hombre en busca de sentido)

Frankl sobrevivió a la guerra y vivió 50 fructíferos años más, muriendo a la edad de 92 años en septiembre de 1997.


Un comentario

  1.   Alma Diaz dijo

    UNA GRAN LECCION

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