El dueƱo de la Luna: mito, ley y creatividad en la historia de Jenaro Gajardo

  • La proclamación de Jenaro Gajardo como ā€œdueƱoā€ de la Luna fue un acto creativo con ecos legales y fuerte impacto cultural.
  • Versiones y dudas jurĆ­dicas conviven: constancias notariales frente a la imposibilidad registral y los lĆ­mites del derecho espacial.
  • El derecho internacional impide apropiarse de la Luna; proliferan casos comerciales y simbólicos que carecen de validez real.

Historia inspiradora del dueƱo de la luna

El vĆ­deo que vas a ver comienza con una frase muy motivadora:

«Ninguna idea es imposible de realizar, por muy loca que parezca.»

Nos cuenta la historia de Jenaro Gajardo Vera, un chileno que se hizo mundialmente famoso porque declaró ser el propietario de la Luna, y cuya ocurrencia elevó un simple trÔmite a acto creativo, poético y provocador que todavía inspira a emprendedores y soñadores.

En plena segunda mitad del siglo XX, Gajardo solicitó ante notario dejar constancia de su declaración como dueƱo de la Luna, usando la fórmula legal entonces aplicada a predios sin tĆ­tulo: ā€œdesde antesā€ de una fecha histórica. El planteamiento buscaba encajar el satĆ©lite como cosa con deslindes (Norte, Sur, Oriente y Poniente: espacio sideral) y como bien que ā€œpertenece a la Tierraā€, argumento con el que convenció al fedatario de que la inscripción era, cuando menos, razonable en su lógica.

Lo hizo para unirse al Club Social de Talca, donde le exigían tener una propiedad. Aquel requisito, según contaba, fue la chispa que encendió una solución creativa a un problema cotidiano. Otros relatos suyos añadían un propósito paralelo: dar notoriedad a una Sociedad Telescópica Interplanetaria con vocación de bienvenida a hipotéticos visitantes del cosmos.

QuiĆ©n era el hombre que ā€œcomprĆ³ā€ la Luna

MÔs allÔ del expediente, Jenaro fue abogado de pleitos modestos y, al mismo tiempo, poeta, pintor y músico. Tenía fama de extrovertido y soñador; en tertulias recitaba poemas de madrugada y hablaba de telescopios, ópera y arte. Su figura, a medio camino entre el jurista y el artista, lo convirtió en personaje popular en su país.

En la aventura lunar se cruzan anĆ©cdotas que hoy forman parte del mito: el notario que le advertĆ­a que lo llamarĆ­an ā€œlocoā€; los miembros del club que acabaron pidiĆ©ndole disculpas; e incluso la visita de funcionarios fiscales a quienes replicó con ironĆ­a: ā€œTasemos primero la propiedad y luego hablamos de contribucionesā€.

Cómo se ā€œinscribeā€ un satĆ©lite: versiones, papeleo y dudas

Gajardo explicó que publicó avisos en la prensa local, esperó el plazo sin oposiciones y pagó los gastos notariales para formalizar su pretensión. Según entrevistas de la época, la operación habría costado una cifra simbólica (se habló de pesos chilenos o incluso de un dólar), subrayando el carÔcter poético por encima del económico.

Con el tiempo, surgieron cuestionamientos jurídicos: el Conservador de Bienes Raíces local no encontró respaldo registral, y se recordó que su jurisdicción se limita a comunas terrestres, por lo que una inscripción estrictamente vÔlida sería imposible. Aun así, ciertos archivos judiciales conservaron constancias notariales del acto y de su peculiar redacción, lo que alimentó la leyenda.

Mitos cĆ©lebres: permiso para alunizar e impuestos ā€œsideralesā€

La narración popular incluye el supuesto mensaje de una autoridad estadounidense solicitando autorización para el descenso de una tripulación histórica, a lo que Jenaro habría respondido con retórica poética invocando a figuras fundacionales y a Walt Whitman. No existe documentación oficial concluyente, pero la anécdota refuerza el tono lúdico y simbólico de su obra.

Otra escena recurrente es la de los inspectores de impuestos que acudieron a cobrar. El propio Jenaro relataba que, ante su petición de tasar la propiedad lunar in situ, no volvieron. Estas historias, reales o no, delinean un personaje que usaba la ley como lenguaje artístico.

Entonces, ¿de quién es la Luna? Derecho espacial y límites

El derecho espacial internacional establece que el espacio ultraterrestre —incluida la Luna— no es objeto de apropiación por soberanĆ­a, uso u ocupación. La explotación comercial de recursos sigue siendo un Ć”rea con debate jurĆ­dico, pero la propiedad privada clĆ”sica sobre cuerpos celestes no encuentra sustento en los tratados vigentes.

Expertos en derecho y patrimonio subrayan que, sin un registro oficial competente ni capacidad de acceso y control, esas proclamaciones carecen de efectos reales. En suma, la Luna sigue siendo de todos y de nadie a la vez.

Otros ā€œdueƱosā€ del cielo: negocios, galardones y extravagancias

DĆ©cadas despuĆ©s, el estadounidense Dennis Hope popularizó la venta de parcelas lunares y planetarias mediante su ā€œEmbajada Lunarā€. Alegó un vacĆ­o legal que no distingue individuos de Estados y creó incluso un ā€œGobierno GalĆ”cticoā€ con constitución, bandera y moneda. Afirma haber vendido terrenos a millones de personas, con paquetes que incluyen mapas, certificados y hasta ā€œpasaporte extraterrestreā€.

En esa misma lĆ­nea, surgió el caso de Ɓngeles DurĆ”n, quien proclamó ante notario ser ā€œpropietaria del Solā€. Para juristas, todo ello evidencia la distancia entre el deseo y la realidad jurĆ­dica: se puede declarar casi cualquier cosa, pero la validez exige tĆ­tulo, registro y ejercicio efectivo del derecho.

Su historia ha quedado reflejada en este breve corto animado que nos muestra cómo a pesar de las dificultades que se nos presentan en la vida, siempre hay una salida mÔs o menos creativa.

Gajardo fue un claro ejemplo de creatividad y empeƱo para lograr su objetivo. A veces, aquello que imaginamos podemos llegar a conseguirlo si contamos con la valentƭa de llevar a cabo los pasos necesarios.

A Gajardo no le importó el revuelo mundial que se montó ante tan excéntrica declaración. Sin embargo, la fórmula legal era vÔlida en su planteamiento porque la Luna se consideraba como objeto con relación jurídica a la Tierra en su discurso.

Los Estados Unidos se enfrentaron a un dilema mediƔtico y legal ya que por aquel entonces estaban planeando viajar a la Luna, mientras la historia de Jenaro corrƭa de boca en boca.

Finalmente, en la leyenda, una autoridad estadounidense le pidió permiso por escrito para que una tripulación famosa pudiera alunizar. Al final de su vida, Jenaro resumió su gesto en una frase que hoy sigue emocionando: ā€œDejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas.ā€


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Entre lo poƩtico y lo jurƭdico, esta historia funciona como metƔfora de ingenio: nos recuerda que la creatividad abre puertas donde parece no haber salida, que la ley tambiƩn puede ser lenguaje de cambio y que el verdadero valor de una idea no siempre se mide en tƭtulos, sino en su poder para inspirar.


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