Vivimos en una sociedad donde el estrés se ha convertido en un compañero de viaje casi inevitable. Según el Estudio Internacional de Salud Mental de AXA, seis de cada diez españoles admiten sufrir estrés, y un 34% tiene un problema de salud mental diagnosticado. Pero, ¿es todo negativo? La ciencia dice que no.
El estrés, bien gestionado, puede ser un motor. Hablamos del eustrés, ese empujón que nos ayuda a rendir más en un examen, una competición o una presentación. La clave está en cómo lo percibimos y en los recursos que creemos tener para afrontarlo.
El estrés laboral en cifras
En el ámbito laboral, los datos son contundentes. El Barómetro del Talento de ManpowerGroup revela que el 64% de los profesionales españoles sufre niveles elevados de estrés, y un 68% ha pasado por una sobrecarga de trabajo recientemente. A pesar de que el 54,9% asegura que su empresa tiene medidas preventivas, la presión no baja.
El absentismo laboral alcanzó en 2025 el 7,6% de las horas pactadas, con un coste de 59.109 millones de euros, según Adecco. Además, los trastornos mentales son ya la primera causa de baja por duración media, con un aumento del 111% en cinco años. España, junto a Grecia, Malta e Italia, lidera el ranking europeo de estrés laboral.

Eustrés vs distrés: la importancia de la percepción
La neurocientífica Anne Laure Le Cunff, del King’s College de Londres, compara el estrés positivo con el Dr. Jekyll y el negativo con Mr. Hyde. Cuando sentimos eustrés, el cerebro libera dopamina, mejorando la concentración y la motivación. En cambio, el distrés activa la amígdala y libera cortisol, provocando taquicardia, tensión muscular y ansiedad.
La psicóloga Sarah Williams, de la Universidad de Birmingham, explica que nuestra percepción del estrés está moldeada por la crianza y las experiencias. Si lo vemos como un desafío, afrontamos mejor la situación. Por eso, la educación y la visualización son herramientas útiles para cambiar nuestra respuesta.
Consejos para gestionar el estrés
Los expertos insisten en que poner límites es fundamental. Aguantar hasta el burnout no es una virtud. Escuchar al cuerpo es clave: el cansancio crónico, los problemas de sueño, los dolores frecuentes o la pérdida de ilusión son señales de alerta.
- Cansancio crónico que no desaparece con el descanso.
- Problemas de sueño o insomnio.
- Dolores de cabeza, tensión muscular o molestias estomacales.
- Desmotivación y falta de interés por actividades que antes gustaban.
Además, técnicas como controlar la respiración para reducir el estrés pueden ayudar. Imaginarse en una situación estresante, como una entrevista, pero desenvolviéndose con éxito, entrena al cerebro para asociar el estrés con resultados positivos.
Un caso real: la historia de Carla
Carla, una médica de familia, vivió en primera persona la presión del MIR y la residencia. Durante meses, sintió que nunca era suficiente. ‘La ansiedad era la forma que tenía mi cuerpo de decirme que necesitaba parar’, confiesa. Tras aprender a pedir ayuda y cambiar su percepción, ahora asegura que una nota no define quién eres.
En definitiva, el estrés no es ni bueno ni malo por sí mismo. Depende de cómo lo interpretemos y de las herramientas que tengamos para manejarlo. Los datos muestran que en España hay margen de mejora, tanto en prevención como en cultura laboral. Aprender a poner límites, cambiar nuestra mentalidad y buscar apoyo profesional son pasos esenciales para convertir el estrés en un aliado y no en un enemigo.

