El estrés laboral: un problema de salud que cada vez afecta a más trabajadores

  • La OMS define el síndrome de burnout como un fenómeno laboral con agotamiento, distanciamiento y falta de eficacia.
  • El TSJ de Extremadura reconoce la incapacidad permanente de un director de seguros por estrés crónico y ansiedad.
  • Los médicos de Ceuta solicitan traslados por sobrecarga de trabajo y deterioro emocional.
  • Las consecuencias del estrés laboral van más allá del entorno profesional, afectando la salud física y mental.

La vuelta a la rutina no se afronta igual para todos. Mientras unos regresan con energía renovada, otros arrastran un cansancio que no desaparece ni con las vacaciones. Este agotamiento persistente, conocido como síndrome de burnout o de desgaste profesional, se ha convertido en un problema cada vez más habitual. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo clasificó como un fenómeno laboral en su última clasificación de enfermedades, la CIE-11, caracterizándolo por tres pilares: distanciamiento social, agotamiento físico y mental, y cierta sensación de falta de eficacia en el trabajo.

Pero el malestar no siempre se queda en la oficina. El Dr. Alexander Bilbao Idarraga, psiquiatra del Hospital Quirónsalud Vitoria, advierte de que ciertas señales como no poder dejar el trabajo en la oficina, que el fin de semana no sea reparador o incluso que unas vacaciones no permitan desconectar, son signos de alarma. El especialista incide en que los síntomas aparecen de forma paulatina y erosiva: la persona lleva tiempo soportando estrés y carga excesiva, hasta que pierde la capacidad de disfrutar de la vida y de estar presente en su entorno familiar. No obstante, el doctor matiza que no todo malestar laboral es una patología psiquiátrica, y que se debe distinguir entre un estrés normal y un problema clínico de estrés crónico.

Persona estresada en el trabajo

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Síntomas y consecuencias del burnout en la salud

Cuando el estrés laboral se prolonga durante meses o años, el cerebro sufre una desregulación de sistemas. La amígdala cerebral, responsable de la respuesta al estrés agudo, se hiperactiva y mantiene a la persona en un estado de hipervigilancia y alerta constante. Esto provoca que los sistemas más avanzados, como la corteza prefrontal (encargada de la planificación y el control de la conducta), queden más inactivos. La persona se siente constantemente amenazada, con miedo al trabajo y crisis de ansiedad. En casos graves, incluso se recurre a psicofármacos para poder afrontar la jornada laboral o para desconectar durante el tiempo libre.

El perfil del paciente no responde a un patrón único. El Dr. Bilbao Idarraga señala que suele ser una combinación de puestos exigentes, horarios muy amplios, escaso reconocimiento del desempeño y ambientes laborales desfavorables. La vida personal también influye: cuando una persona pasa demasiado tiempo trabajando, descuida otras áreas, lo que agrava el problema. Aunque no existe un perfil predispuesto, el especialista insiste en que no se trata de “gente débil”, sino de una situación que puede afectar a cualquiera bajo condiciones adversas en el entorno laboral.

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Un caso real: el reconocimiento de la incapacidad por estrés

La justicia ya ha comenzado a dar respuesta a estas situaciones. El Tribunal Superior de Justicia de Extremadura ha reconocido el derecho a una incapacidad permanente a un director de una empresa de seguros que agotó los 545 días de baja laboral por un trastorno adaptativo con ansiedad mixta y estado de ánimo deprimido. Inicialmente, su petición fue rechazada tanto por la entidad gestora como por un Juzgado de lo Social de Badajoz. Sin embargo, al recurrir, el TSJ extremó ha fallado a su favor, destacando “la alta carga mental del cargo, la necesidad de mantener una comunicación constante, la toma continua de decisiones y la exigencia de atención directa al público”. Además, la propia psiquiatra del empleado señaló que “la exposición a su entorno laboral ocasionaría de forma muy probable un claro empeoramiento de la sintomatología y retroceso en su proceso evolutivo”. Así, el tribunal declara la incapacidad permanente para su profesión habitual, aunque deja abierta una posible revisión futura si su estado mejora.

La presión asistencial también afecta a los médicos

El estrés laboral no solo golpea en oficinas o despachos. En el sistema sanitario, la situación también se ha tornado insostenible. En Ceuta, al menos dos facultativos han solicitado traslado a otras comunidades al sentirse “sobrepasados por la cantidad de trabajo” acumulada desde la entrada masiva de migrantes el pasado 31 de julio. La presión sobre el sistema ha provocado episodios de ansiedad entre los profesionales, y la Organización Médica Colegial (OMC) ha alertado de que los médicos llevan más de 40 días trabajando bajo una presión extrema, con jornadas prolongadas y una demanda que supera la capacidad habitual. El presidente de la OMC, Tomás Cobo, reclamó refuerzos urgentes y subrayó que la asistencia no puede depender de la “capacidad de sacrificio” de los profesionales.

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La Dirección Territorial del Ingesa reconoce el problema y ha implementado medidas como reforzar Urgencias con cinco nuevos profesionales o habilitar dos días semanales para atender problemas psicosociales, uno reservado para los propios trabajadores y otro para ciudadanos. Sin embargo, los sindicatos consideran estas acciones insuficientes, ya que no abordan la falta estructural de profesionales en la ciudad autónoma, un problema que arrastra desde hace años y que dificulta atraer y retener médicos.

El estrés laboral, por tanto, no entiende de sectores. Tanto en el ámbito empresarial como en el sanitario, sus efectos se traducen en bajas laborales y visitas al médico, pérdida de productividad y, en casos extremos, en incapacidades permanentes. La OMS lo define claramente como un fenómeno laboral, y los tribunales ya reconocen sus consecuencias legales. Pero más allá de las sentencias, lo esencial es prevenir: fomentar una cultura empresarial que cuide la salud mental, establecer límites claros entre el trabajo y la vida personal, y ofrecer apoyo psicológico cuando aparezcan los primeros síntomas. Solo así se evitará que el cansancio crónico acabe convirtiéndose en una losa que impida tanto trabajar como vivir con plenitud.

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