La situación de la infancia en nuestro paĆs no es precisamente para tirar cohetes, ya que EspaƱa se ha consolidado como uno de los territorios de la Unión Europea donde los mĆ”s pequeƱos lo tienen mĆ”s crudo para prosperar. Con mĆ”s de dos millones de niƱos y niƱas en riesgo de exclusión, la realidad cotidiana de muchas familias se ha convertido en una carrera de obstĆ”culos donde llegar a fin de mes es casi un milagro. Esta vulnerabilidad no solo se traduce en falta de recursos materiales, sino que condiciona de forma directa las aspiraciones y el crecimiento de toda una generación que nace con menos papeletas para el Ć©xito.
Para intentar dar la vuelta a esta tortilla, diversos programas sociales llevan aƱos trabajando a pie de calle con el objetivo de que el origen de un niƱo no dicte su destino. La clave parece estar en no limitarse a soltar una ayuda económica puntual, sino en ofrecer un acompaƱamiento integral y sostenido que abarque desde el refuerzo en el colegio hasta el bienestar emocional de toda la unidad familiar. Experiencias como las de muchos barrios obreros demuestran que, cuando se ponen medios y ganas, los chavales responden y consiguen metas que en su entorno parecĆan impensables hace solo una dĆ©cada.
La radiografĆa de una pobreza que se queda estancada
Los datos que manejan organismos oficiales y expertos en la materia son bastante clarificadores y, para quĆ© engaƱemos, un poco preocupantes. Actualmente, EspaƱa ocupa el tercer puesto en el podio europeo de la pobreza infantil, una cifra que indica que uno de cada tres menores vive en hogares vulnerables. Lo que mĆ”s escama a los investigadores no es solo el nĆŗmero en sĆ, sino que el problema parece haberse quedado enquistado, convirtiĆ©ndose en algo crónico que las familias no logran superar en poco tiempo como ocurrĆa en dĆ©cadas anteriores, agravando las consecuencias de la pobreza.
Esta precariedad se manifiesta en detalles del dĆa a dĆa que muchos damos por sentados, como el hecho de que un porcentaje importante de familias no puede mantener su casa a una temperatura decente o tiene que hacer malabares para ofrecer una alimentación equilibrada con carne o pescado de forma regular, siguiendo pautas de nutrición infantil por etapas. AdemĆ”s, la brecha digital y la dificultad para acceder a una vivienda digna actĆŗan como un lastre que impide que los jóvenes puedan emanciparse o centrarse en sus estudios sin tener que preocuparse por si habrĆ” para pagar el alquiler el mes que viene.

El papel de la educación y el refuerzo temprano
Uno de los puntos donde coinciden tanto los sociólogos como las entidades sociales es en la importancia vital de la etapa que va de los cero a los seis aƱos. Intervenir cuando los niƱos son apenas unos bebĆ©s permite nivelar el campo de juego antes de que las desigualdades se hagan demasiado grandes. Si un crĆo no tiene acceso a cuentos, juegos educativos o un entorno que estimule su curiosidad desde el principio, llega al colegio con una desventaja que luego es muy difĆcil de remontar por mucho que se esfuerce el profesorado.
Los resultados de aplicar programas especĆficos de refuerzo escolar y orientación son bastante esperanzadores y demuestran que hay luz al final del tĆŗnel. Se ha comprobado que la gran mayorĆa de los menores que reciben este tipo de apoyo logran graduarse en la Educación Secundaria Obligatoria, con tasas de Ć©xito que rozan el 85%. AdemĆ”s, el abandono escolar en estos grupos se desploma drĆ”sticamente, situĆ”ndose en niveles muy por debajo de la media habitual en entornos de exclusión, lo que confirma que el problema no es la falta de capacidad, sino la falta de oportunidades reales.
Afrontar este reto requiere de una visión a largo plazo que vaya mÔs allÔ de las transferencias de dinero y se meta de lleno en la transformación social del territorio. Lograr que los jóvenes de hoy tengan acceso a estudios superiores o formación profesional de calidad es la mejor herramienta para evitar que la pobreza pase de padres a hijos como una herencia envenenada. Al final, se trata de que cada chaval, viva en el barrio que viva, tenga la libertad de decidir qué quiere ser de mayor sin que su cuenta corriente familiar le corte las alas antes de empezar a volar.