Un nuevo trabajo científico sugiere que la exposición al estrés durante la gestación, especialmente en sus etapas finales, podría acelerar el calendario de salida de los dientes de leche. La investigación, publicada en la revista Frontiers in Oral Health, vincula el cortisol materno (la llamada hormona del estrés) con una erupción dental más temprana en la primera infancia.
Este hallazgo importa porque el momento en que emergen los dientes condiciona la salud bucodental y el desarrollo posterior. Erupciones muy tempranas o tardías pueden afectar la alineación, la calidad del esmalte y el riesgo de caries, y algunos autores exploran su relación como posible indicador de envejecimiento biológico acelerado en niños.
Qué sugiere la nueva investigación
El estudio se llevó a cabo en Estados Unidos con una cohorte de 142 mujeres embarazadas de entornos socioeconómicamente desfavorecidos (2017-2022), reclutadas a través del Centro Médico de la Universidad de Rochester. Al final del segundo y del tercer trimestre, cada participante aportó muestras de saliva para medir seis hormonas: cortisol, estradiol, progesterona, testosterona, triyodotironina (T3) y tiroxina (T4).
Tras partos a término, los bebés fueron evaluados junto a sus madres en visitas programadas a los 1, 2, 4, 6, 12, 18 y 24 meses de vida. Odontólogos registraron el número de piezas primarias erupcionadas en cada cita y los investigadores utilizaron modelos lineales generalizados ajustando por covariables relevantes para estudiar las asociaciones entre estrés prenatal, hormonas y erupción dental.
Un dato llamativo es que el diagnóstico de depresión o ansiedad durante el embarazo (36,6% de las gestantes) no se relacionó con las concentraciones hormonales ni con la cantidad de dientes de sus hijos. Técnicas psicológicas pueden ser útiles para reducir el estrés prenatal, pero en este estudio el perfil hormonal parecía depender en gran medida de cada madre, mostrando valores por encima o por debajo de la media de manera consistente en las seis hormonas.
Los autores destacan que el entorno prenatal es un periodo crítico: el desarrollo de los dientes primarios comienza ya en el útero, de modo que la exposición materna a factores hormonales y ambientales puede influir en su cronología de erupción.

Resultados en cifras
El resultado principal fue la asociación del cortisol prenatal con el número de piezas erupcionadas a los seis meses: los hijos de madres con niveles más altos presentaron, de media, cuatro dientes más que los bebés de madres con niveles más bajos.
En la evolución de la cohorte, a los seis meses el 15% de los lactantes tenía entre uno y seis dientes; a los doce meses, el 97,5% ya mostraba entre uno y doce. A los dieciocho meses todos los niños tenían alguna pieza erupcionada (entre 3 y 20), y a los 24 meses uno de cada cuatro había completado la dentición temporal.
Se observó un pequeño grupo (2,7%) con un crecimiento dentario súbito entre los 12 y 18 meses, aunque en la mayoría el patrón fue continuo, irregular y poco predecible; el número de dientes en las primeras visitas no anticipaba necesariamente el recuento en controles posteriores.
Además del cortisol, se hallaron relaciones más débiles pero significativas: estradiol y testosterona maternos se asociaron con más dientes a los 12 meses; progesterona y testosterona, con el recuento a los 24 meses; y triyodotironina (T3), con el número de piezas a los 18 y 24 meses.
Los autores recuerdan que estas hormonas están implicadas en el desarrollo fetal y el peso al nacer, por lo que niveles elevados podrían contribuir a adelantar la cronología de erupción, si bien su efecto fue menor que el observado para el cortisol.
Posibles mecanismos y alcance clínico
Según el equipo, un cortisol materno elevado en la última etapa de la gestación podría alterar el crecimiento fetal y el metabolismo mineral, incluida la regulación de calcio y vitamina D, esenciales para la mineralización ósea y dental. También se sabe que el cortisol modula la actividad de osteoblastos y osteoclastos, células clave en la formación y remodelación del hueso.
Con todo, se trata de una asociación observacional: no prueba causalidad ni implica cambios clínicos inmediatos. Sí abre la puerta a considerar la erupción adelantada como una señal de alerta temprana para un seguimiento odontopediátrico y pediátrico más atento, especialmente en contextos de vulnerabilidad social.
En el contexto europeo y español, estos datos respaldan la conveniencia de vigilar la cronología dentaria durante el primer bienio de vida e integrar la salud bucodental en los controles pediátricos, reforzando la coordinación entre pediatría y odontopediatría.
Para familias y profesionales, el mensaje práctico es observar si la aparición de dientes ocurre de forma muy adelantada o tardía y, ante dudas, consultar. Mantener hábitos saludables durante la gestación y la primera infancia, incluida la terapia del yoga, sigue siendo clave para la salud oral y general.
Limitaciones y próximas preguntas
La muestra procede de un único entorno geográfico y de menores recursos socioeconómicos, por lo que conviene replicar los hallazgos en otras poblaciones, incluidas cohortes europeas y españolas.
Las hormonas se midieron en saliva al final del embarazo, y podrían intervenir factores no captados (nutrición, ambiente, genética). Asimismo, el hecho de que la depresión o ansiedad diagnosticadas no se asociasen con el número de dientes sugiere que el estrés prenatal es un fenómeno complejo que va más allá de los diagnósticos clínicos.
Quedan abiertas cuestiones sobre qué vías biológicas impulsan el cambio en el calendario de erupción, cómo se relaciona con el envejecimiento biológico y qué utilidad puede tener como marcador temprano para guiar intervenciones de salud infantil.
La evidencia apunta a que el estrés materno en la gestación —particularmente el cortisol elevado al final del embarazo— se asocia con una erupción dental más temprana en bebés, un dato que invita a reforzar el seguimiento odontopediátrico y a estudiar con más detalle su impacto en la salud infantil en Europa y España.