Cómo es la estructura literaria de las fábulas y su importancia en la niñez

Cuando venimos al mundo no tenemos noción de qué tipo de comportamiento debemos tener, de qué es considerado bueno o malo ante los estándares de la sociedad. Somos arcilla que se debe moldear.

Para empezar a formar la conciencia de los niños y teniendo presente que sus mentes se encuentran en desarrollo y todos los conocimientos deben ser administrados haciendo uso de herramientas que faciliten que ellos asimilen la información, se inventó una técnica que por medio de ilustraciones animadas y narraciones sencillas  se cuentan historias con el fin de que el niño se sienta identificado con las tramas, y las moralejas que éstas dejan le sirvan de reflexión y apoyo para orientar su conducta de la mejor manera y en beneficio de la sociedad.

A ésta técnica se le denominó fabulas. El concepto será más ampliado a continuación.

¿Qué son las fábulas?

Las fábulas son relatos, también conocidas como cuentos cortos, generalmente protagonizadas por animales que toman actitudes humanas y haciendo uso del lenguaje en verso o en prosa, buscan a través de las historias que describen las malas conductas y actitudes de las personas, dar un mensaje o moraleja.

Origen de los las fábulas

Las fábulas tienen su origen hace más de dos mil años en Mesopotamia, país donde se encontraron las primeras ilustraciones de animales que contaban historias esculpidas en tablas de arcilla, eran utilizadas en las bibliotecas de la época.

Posteriormente en Grecia en el siglo VII a.C. el autor Hesíodo  dio a conocer la primera fábula escrita, llamada el ruiseñor y luego en el siglo II Nicóstrato escribió una colección de fábulas con fines educativos.

Años después Roma también hizo parte de este movimiento, cuando el autor Horacio escribió varios ejemplares y Fedro implementó el lenguaje en verso transformándolo en un género poético.

En la edad media las fábulas se convierten en comedias animales, y es  donde la poeta María de Francia escribe 63 ejemplares. Luego en la época renacentistas, humanistas como Leonardo da Vinci compusieron libros de estos tipos de relatos.

En el siglo XIX las fábulas se cultivaron en el resto del mundo, para luego  convertirse en el siglo XXI en una gran revolución literaria.

Composición

Las fábulas son géneros literarios que  constan de:

  • Personajes: en su mayoría animales u objetos inanimados, que se desenvuelven durante la trama en situaciones complicadas.
  • Estructura: suelen iniciar con un breve resumen del lugar y la puesta en escena, con un lenguaje de prosa y/o verso, y culminar con una enseñanza o moraleja.
  • Contenido: habitualmente se abarcan temas de la conducta humana, donde sobresalen, los vicios, la envidia, la arrogancia. La ira, la deshonestidad, la avaricia y la codicia.

  • Narrativa: usualmente la fábula es  relatada por un narrador que cuenta la historia en tercera persona.

Beneficios de las fábulas

  • La importancia del género recae en fomentar el buen comportamiento y actitud en los niños y jóvenes. Son útiles herramientas que sirven  para enseñarlos y motivarlos, se puede obtener de su implementación tanto en la casa como en la institución educativa los siguientes:
  • Las moralejas que dejan estos relatos cortos les enseñan a los niños y adolescentes a comportarse adecuadamente, siempre teniendo en cuenta los valores de amor, amistad, honestidad, obediencia, respeto, compresión y otros.
  • Estimulan la imaginación y capacidad de razonar del niño y del joven.
  • Con las fábulas aprenden a respetar y a sentir aprecio por los animales, previniendo de esta manera el maltrato a los mismos.
  • Con las actividades recreativas que se desarrollan con el uso de las lecturas, el niño aprende a relacionarse y compartir con otros, así como a desenvolverse y expresarse haciendo uso del dibujo y el canto.
  • Promueven el interés por la lectura.
  • Algunos ejemplos
  • Aquí te mostramos algunos modelos de fábulas que te servirán de herramienta de enseñanza para niños y adolescentes o simplemente te brindarán una experiencia de  viaje en el tiempo para que recuerdes aquellos momentos cuando disfrutabas de estos relatos:

La tortuga y la liebre:

Había una vez una liebre muy orgullosa y vanidosa, que no cesaba de propagar que ella era la más veloz y se burlaba de la lentitud de la tortuga.

– ¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta! Decía la liebre riéndose de la tortuga.

Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a la liebre:

– Estoy segura de poder ganarte una carrera.

– ¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.

– Sí, sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.

La liebre, muy engreída, aceptó la apuesta.

Así que todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los puntos de partida y de llegada, y sin más preámbulos comenzó la carrera en medio de la incredulidad de los asistentes.

Astuta y muy confiada en sí misma, la liebre dejó que la tortuga la aventajara y se quedó haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó a la tortuga que caminaba despacio, pero sin parar. Sólo se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y frondoso, donde se dispuso a descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormida, mientras la tortuga siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse.

Cuando la liebre se despertó, vio con pavor que la tortuga se encontraba a una corta distancia de la meta. En un sobresalto, salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la meta y ganado la carrera!

Ese día la liebre aprendió, en medio de una gran humillación, que no hay que burlarse jamás de los demás. También aprendió que el exceso de confianza es un obstáculo para alcanzar nuestros objetivos. Y que nadie, absolutamente nadie, es mejor que nadie.

Está fábula nos deja como moraleja, que a pesar de las circunstancias y las adversidades que se presenten, las personas siempre deben mantenerse optimistas y perseverantes, ya que en esta vida todo es posible. Nos enseña el valor del esfuerzo y que nunca hay que burlarse de los demás por sus limitaciones o impedimentos.

La cigüeña y el león:

Un fiero y arrogante león estaba, en cierta ocasión, devorando una deliciosa presa que acababa de cazar. Tenía tanta hambre que sin darse cuenta metió demasiada carne en la boca y se atragantó con un hueso. Empezó a saltar, a dar vueltas, a toser… Era imposible, el hueso estaba encajado en su garganta y no podía quitárselo de ninguna manera. Incluso probó a meter su propia zarpa dentro de la boca, pero sólo consiguió hacerse heridas con las uñas y se le irritó el  paladar.

Una cigüeña le miraba desde lo alto de un árbol. Viendo que el león estaba desesperado, se interesó por él.

– ¿Qué te pasa, león? ¡No haces más que quejarte!

– Lo estoy pasando muy mal. Tengo un hueso clavado en la garganta y casi no puedo respirar ¡No sé cómo sacármelo!

– Yo podría librarte de ese hueso que te causa tanta angustia porque tengo un pico muy largo, pero hay un problema y es que… ¡Tengo miedo de que me comas!

El león, esperanzado, comenzó a suplicar a la cigüeña. ¡Incluso se puso de rodillas, algo inusual en el orgulloso rey de la selva!

– ¡Te ruego que me ayudes! ¡Prometo no hacerte daño! Soy un animal salvaje y temido por todos, pero siempre cumplo lo que digo. ¡Palabra de rey!

La cigüeña no podía ocultar su nerviosismo. ¿Sería seguro fiarse del león…?  No lo tenía nada claro y se quedó pensativa decidiendo qué hacer. El felino, mientras, gemía y lloraba como un bebé. La cigüeña, que tenía buen corazón, al final cedió.

– ¡Está bien! Confiaré en ti. Túmbate boca arriba y abre la boca todo lo que puedas.

El león se acostó mirando al cielo y la cigüeña colocó un palo sujetando sus enormes mandíbulas para que no pudiese cerrarlas.

– Y ahora, no te muevas. Esta operación es muy delicada y, si no sale bien, puede ser peor el remedio que la enfermedad.

Obedeciendo la orden,  el león se quedó muy quieto y el ave metió el pico largo y fino en su garganta. Le costó un rato pero, afortunadamente, consiguió localizar el hueso y lo extrajo con mucha maña. Después, retiró el palo que mantenía la boca abierta y a toda velocidad, por si acaso, voló lejos a refugiarse en su nido.

Pasados unos días, la cigüeña volvió a los dominios del león y le encontró muy concentrado devorando otro gran pedazo de carne. Se posó cuidadosamente sobre una rama alta y llamó la atención del león.

– Hola, amigo… ¿Qué tal te encuentras?

– Como ves, estoy perfectamente recuperado.

– Te diré una cosa… El otro día ni siquiera me diste las gracias por el favor que te hice. No es por nada, pero creo que además de tu reconocimiento, me merezco un premio. ¿No te parece?

– ¿Un premio? ¡Deberías estar contenta porque te perdoné la vida! ¡Eso sí que es un buen premio para ti!

El león, después de soltar estas palabras con un tono bastante descortés, siguió a lo suyo,  ignorando a la noble cigüeña que le había salvado la vida. El ave, como es lógico, se enfadó muchísimo por el desprecio con que el león pagaba su desinteresada ayuda.

– ¿Ah, sí? ¿Eso crees? Eres un desagradecido y el tiempo me dará la razón. Quizá algún día, quién sabe cuándo, vuelva a sucederte lo mismo y te aseguro que no vendré a ayudarte. Entonces valorarás todo lo que hice por ti. ¡Recuerda lo que te digo, león ingrato! Y sin decir nada más, la cigüeña se alejó para siempre, dejando atrás al león, que ni siquiera la miró, interesado únicamente en saciar su apetito.

Moraleja: siempre hay que ser agradecido con quien nos brinda su apoyo en una circunstancia difícil. De lo contrario se puede ser causa de ofensa y enemistad.

El burro que cargaba sal y el burro que cargaba esponjas:

Iban por un camino dos burros. Uno transportaba sal y las otras esponjas. El primero se detenía a cada rato, agobiado por el peso, teniendo que soportar las burlas del segundo que iba más ligero.

Llegaron a un río que debían de atravesar y el asno cargado de sal se metió en el agua. Al principio se hundió por el peso, pero el agua disolvió la sal y ya mucho más liviano, pudo alcanzar la otra orilla. El segundo burro al ver que su compañero había cruzado, se metió en el agua sin reflexionar. Como llevaba esponjas, éstas absorbieron  el agua y aumentaron su peso, hundiendo al animal y éste murió ahogado.

Moraleja: Nunca te dejes engañar por la primera impresión,  lo que cuenta es el resultado final.

El león y el mosquito:

Había una vez un león, se encontraba muy tranquilo en la selva, cuando un mosquito muy grande decidió molestarlo.” No creas que por ser más grande que yo te tengo miedo!“, dijo el mosquito desafiando al león, conocido como el rey de la selva. Luego de esas palabras, el mosquito ni corto ni perezoso, empezó a zumbar le la cabeza al león volando de un lado a otro, mientras que el león buscaba el mosquito como loco.

El león rugía de la rabia ante el atrevimiento del mosquito y a pesar de sus intentos por matarlo, el mosquito lo picaba en diferentes partes del cuerpo, hasta que el león demasiado cansado se derrumbó en el suelo. El mosquito sintiéndose victorioso, retomó el camino por donde vino. En poco tiempo el mosquito se tropezó con una tela de araña y vencido se vio también.

Moraleja: No existen nunca peligros pequeños, ni tropiezos insignificantes.

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2 comentarios

  1.   Luis González dijo

    Muy amplia y eficaz la estructura literaria. Gracias.

  2.   María del Roble Luna Pérez dijo

    Estimado equipo editor y administrador
    Excelente artículo , me hizo recodrdar cuando mi padre me contaba fabulas a mi me encantaban y ahora quiero ser cuenta cuentos y bueno es mejor las fabulas porque son cortas y dejan moralejas una enseñanza de vida que tanta falta hace.
    Felicidades
    MaR Luna

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