Las 20 mejores frases de Haruki Murakami

Las mejores frases de Haruki Murakami

Haruki Murakami nacido en 1949. Es un escritor japonés muy famoso e influyente en la sociedad. Una de las obras que más destacan entre todas las que tiene es “Tokio Blues”. Normalmente en sus obras suele hablar sobre el amor y la vida, y la sociedad. Pero siempre desde una perspectiva bastante nostálgica e incluso surrealista.

Aunque nunca ha obtenido el Premio Nobel de Literatura ha estado varias veces nombrado como candidato. Pero por otra parte sí que ha tenido varios reconocimientos. De hecho, ha sido nombrado como uno de los mayores novelistas actuales.

Sus obras suelen ser duramente criticadas por los tradicionalistas de Japón pero sigue siendo admirado por la gran mayoría de sus seguidores. También es traductor de literatura norteamericana, algo que le ha influenciado bastante.

Frases de los libros de Haruki Murakami, un escritor japonés

Su literatura es accesible pero compleja de comprender. Suele inspirarse en la cultura occidental. Un hombre que gracias a la literatura se ha hecho a sí mismo y que además, le encanta compartirlo con los demás y estar situado en lo más alto de los autores actuales.

Haruki Murakami es un escritor famoso

Frases de Haruki Murakami

A continuación hemos hecho una selección de sus frases para que entiendas mejor su forma de entender y ver la vida. De esta manera, entenderás mejor sus obras y forma de expresar su mente a través de sus obras. No pierdas detalle de ellas porque te van a gustar.

Las frases de Haruki Murakami ayudan a pensar

  1. Siempre es mejor que la gente hable cara a cara, con el corazón en la mano. De lo contrario acaban surgiendo malentendidos. Y los malentendidos, son una fuente de infelicidad.
  2. Pero, a fin de cuentas, ¿quién puede decir lo que es mejor? No te reprimas por nadie y, cuando la felicidad llame a tu puerta, aprovecha la ocasión y sé feliz.
  3. Cerrar los ojos… no va a cambiar nada. Nada va a desaparecer simplemente por no ver lo que está pasando. De hecho, las cosas serán aún peor la próxima vez que los abras. Sólo un cobarde cierra los ojos. Cerrar los ojos y taparse los oídos no va a hacer que el tiempo se detenga.
  4. Las cosas que se pueden comprar con dinero es mejor comprarlas sin pensar demasiado si ganas o pierdes. Es mejor ahorrar las energías para aquellas cosas que no pueden comprarse con dinero.
  5. En una caja de galletas hay muchas clases distintas de galletas. Algunas te gustan y otras no. Al principio te comes las que te gustan y al final sólo quedan las que no te gustan. Pues yo cuando lo estoy pasando mal, siempre pienso: Tengo que acabar con esto cuanto antes y ya vendrán tiempos mejores. Porque la vida es como una caja de galletas.
  6. “Sí, estoy enamorada de ella”, se convenció Sumire. Sin duda alguna (el hielo es, al fin y al cabo, frío, y la rosa es, al fin y al cabo, roja). Y este amor me conducirá a algún sitio. No puedo impedir que esta fuerte corriente me arrastre. Ya no tengo elección. Tal vez me lleve a un mundo especial que jamás he conocido. A un lugar lleno de peligros, quizá. Donde se esconda algo que me inflija una herida profunda, mortal. Tal vez pierda todo lo que poseo. Pero ya no puedo volver atrás. Sólo puedo abandonarme a la corriente que discurre ante mis ojos. Aunque me consuma entre las llamas, aunque desaparezca para siempre.
  7. Es muchísimo mejor vivir diez años de vida con intensidad y perseverando en un firme objetivo, que vivir esos diez años de un modo vacuo y disperso. Y yo pienso que correr me ayuda a conseguirlo. Ir consumiéndose a uno mismo, con cierta eficiencia y dentro de las limitaciones que nos han sido impuestas a cada uno, es la esencia del correr y, al mismo tiempo, una metáfora del vivir (y, para mí, también del escribir). Probablemente muchos corredores compartan esta opinión.
  8. Temes a la imaginación. Y a los sueños más aún. Temes a la responsabilidad que puede derivarse de ellos. Pero no puedes evitar dormir. Y si duermes, sueñas. Cuando estás despierto, puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay manera de controlarlos.
  9. Detesto a mucha gente y mucha gente me detesta a mí, pero también hay personas que me gustan, me gustan mucho y no tiene nada que ver con que me correspondan. Yo vivo así. No quiero ir a ninguna parte. No necesito la inmortalidad.
  10. El odio es una sombra negra y alargada. En muchos casos, ni siquiera quien lo siente sabe de dónde le viene. Es un arma de doble filo. Al mismo tiempo que herimos al contrincante nos herimos a nosotros mismos. Cuanto más grave es la herida que le infligimos, más grave es la nuestra. El odio es muy peligroso. Y, una vez que ha arraigado en nuestro corazón, extirparlo es una tarea titánica.
  11. Cuando ves a alguien que vale, debes pagar sin vacilar y darle una oportunidad.
  12. Antes creía que me haría mayor poco a poco, año tras año (…). Pero no. Uno se hace adulto de golpe y porrazo.
  13. Vence el miedo y la ira que hay en ti. Deja entrar dentro de ti una luz clara que vaya fundiendo el hielo de tu corazón. Eso es volverse fuerte de verdad.
  14. Jamás había escuchado una música tan sorprendente, así que me volví un fanático del Jazz y más tarde un escritor al que el Jazz le enseñó todo.
  15. No quiero que entiendan mis metáforas ni el simbolismo de la obra, quiero que se sientan como en los buenos conciertos de jazz, cuando los pies no pueden parar de moverse bajo las butacas marcando el ritmo.
  16. Temes a la imaginación. Y a los sueños más aún. Temes a la responsabilidad que puede derivarse de ellos. Pero no puedes evitar dormir. Y si duermes, sueñas. Cuando estás despierto, puedes refrenar, más o menos, la imaginación. Pero los sueños no hay manera de controlarlos.
  17. Cuando uno se acostumbra a no conseguir nunca lo que desea, ¿Sabes qué pasa? Que acaba por no saber incluso lo que quiere.
  18. Si no quieres acabar en un manicomio, abre tu corazón y abandónate al curso natural de la vida.
  19. Cuando ves a alguien que vale, debes pagar sin vacilar y darle una oportunidad.
  20. Hay dos tipos de personas: los que son capaces de abrir su corazón a los demás y los que no. Tú te cuentas entre los primeros.

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