Dentro de la química, existen infinidad de elementos que pueden estar relacionados o no entre sí. Están los metales, no metales, lantánidos y actínidos, metales de transición y alcalinotérreos; y, por supuesto, tenemos a unos de los elementos químicos más singulares a los que poca atención les hemos prestado durante las clases de química, y mucha menos a la hora de continuar con nuestras vidas. Hablo, claro está, de los gases nobles.
Estos elementos que, al ser tan poco frecuentes en el ambiente terrestre, no podemos analizar a simple vista en nuestro día a día. Sin embargo, su presencia ha sido clave para comprender la estructura atómica moderna y para desarrollar numerosas tecnologías industriales, médicas y científicas. Aquí conoceremos la historia de los gases nobles, sus usos y propiedades, su papel en diferentes industrias, así como también otras curiosidades. Quédate aquí y aprende las cosas más interesantes sobre los gases nobles.
Conozcamos los gases
Son un grupo de elementos químicos con propiedades muy parecidas entre sí. Bajo condiciones normales de presión y temperatura, son gases monoatómicos, incoloros e inodoros, y presentan una reactividad química muy baja. Estos se sitúan en el grupo número 18 de la tabla periódica (también conocido históricamente como Grupo 0), y son conocidos como: helio (He), neón (Ne), argón (Ar), kriptón (Kr), xenón (Xe), el radioactivo radón (Rn) y el sintético oganesón (Og).
El término gas noble procede de la traducción del alemán Edelgas, utilizado por primera vez por el químico Hugo Erdmann para indicar su extremadamente baja reactividad química. La idea de nobleza hace una analogía con los “metales nobles” como el oro, que también son poco reactivos. En otras épocas también se les llamó “gases inertes” o “gases raros”, pero estos nombres son menos precisos: no son completamente inertes (porque se han sintetizado muchos de sus compuestos) y no todos son tan raros, ya que, por ejemplo, el argón constituye casi un 1% del aire que respiramos.
Sus propiedades pueden ser explicadas por las teorías modernas existentes sobre la estructura atómica. Tienen la capa de electrones de valencia completamente llena, lo cual les da una limitada tendencia a participar en reacciones químicas y es una de las razones por las que son poco reactivos. De hecho, durante mucho tiempo se pensó que no formaban compuestos en absoluto. Hoy se sabe que, aunque muchos de sus compuestos son difíciles de obtener o solo estables en condiciones extremas, la química de los gases nobles es un campo activo y lleno de sorpresas.
Breve historia del estudio de los gases nobles
El estudio de los gases nobles ha estado ligado al desarrollo de la física y la química modernas. Antes de que se conociera este grupo, ya se sospechaba que el aire contenía una fracción muy poco reactiva. El científico Henry Cavendish observó que, tras reaccionar casi todo el oxígeno y el nitrógeno del aire, quedaba un pequeño residuo gaseoso menos reactivo que el nitrógeno, pero no pudo identificarlo.
Más adelante, investigaciones cuidadosas sobre la densidad del nitrógeno llevaron a Lord Rayleigh a notar que el nitrógeno obtenido del aire no tenía exactamente la misma densidad que el nitrógeno puro generado por reacciones químicas. Esto sugería la presencia de otro gas mezclado en el aire. Junto con William Ramsay, Rayleigh consiguió aislar ese nuevo componente: el argón, cuyo nombre procede del griego argós (“inactivo”), resaltando su baja reactividad.
Paralelamente, otro gas noble ya se había observado fuera de la Tierra: el helio. Pierre Janssen y Joseph Norman Lockyer, estudiando la cromosfera del Sol, detectaron líneas espectrales desconocidas y dedujeron la existencia de un nuevo elemento al que llamaron helio en honor a Helios, el dios griego del Sol. Más tarde, Ramsay conseguiría aislar helio en la Tierra a partir de minerales como la cleveíta.
Ramsay continuó su búsqueda empleando destilación fraccionada de aire líquido y logró identificar tres nuevos gases nobles: kriptón (del griego kryptós, “oculto”), neón (néos, “nuevo”) y xenón (xénos, “extraño”). Por su parte, el radón fue identificado en emanaciones radiactivas y, tras estudiarse sus propiedades, también se incluyó entre los gases nobles.
El descubrimiento de este grupo completo llevó a Dmitri Mendeléyev a revisar su tabla periódica e incorporar los gases nobles como una familia aparte, lo que impulsó el entendimiento de la estructura atómica y permitió a Gilbert N. Lewis formular la regla del octeto: la configuración más estable para un átomo es tener ocho electrones en su capa de valencia (dos en el caso del helio).
Durante muchos años se creyó que estos elementos eran “totalmente inertes”. Sin embargo, la química de los gases nobles dio un giro cuando Neil Bartlett logró sintetizar el primer compuesto estable de un gas noble: el hexafluoroplatinato de xenón. A partir de entonces se descubrieron numerosos compuestos de xenón, kriptón e incluso argón, demostrando que la inercia de estos gases tiene límites.
¿De dónde sacamos los gases nobles?
En la actualidad, la obtención de gases nobles es un proceso industrial muy controlado. El neón, argón, xenón y kriptón se obtienen principalmente del aire utilizando métodos de licuefacción y destilación fraccionada. El aire se enfría hasta licuarse y, gracias a que cada componente tiene un punto de ebullición diferente, es posible separarlos en columnas de destilación.
El helio no se obtiene de la atmósfera de forma directa porque su baja masa hace que escape fácilmente del campo gravitatorio terrestre. En cambio, lo encontramos disuelto en yacimientos de gas natural, donde se produce por desintegración radiactiva de elementos pesados en el subsuelo. De allí debe ser típicamente separado mediante procesos de enfriamiento y purificación.
El radón se obtiene de manera muy distinta: aparece como producto del decaimiento radioactivo del radio y otros elementos radiactivos presentes en la litosfera. Se libera desde suelos y rocas y puede acumularse en espacios cerrados como sótanos o minas subterráneas, lo que le da importancia tanto ambiental como sanitaria.
Por último, el oganesón es un elemento sintético creado en laboratorios de física nuclear. Se produce bombardeando núcleos pesados como el californio con iones de calcio para formar átomos extremadamente masivos y de vida muy corta. Fue sintetizado por primera vez en 2002 y recibió su denominación oficial por la IUPAC en 2016. Es un elemento muy reactivo e inestable, del que solo se han generado unos pocos átomos y cuya química real sigue siendo objeto de estudio. Por su posición en la tabla podría no comportarse como un gas noble típico.
A pesar de su escasez, estos gases han tenido utilidades muy importantes en los campos de la iluminación, la soldadura, la criogenia, la exploración espacial y la medicina. El trimix, que es una mezcla de helio-oxígeno-nitrógeno, se emplea para que los buzos no sufran el efecto narcótico del nitrógeno en las profundidades. Además, tras conocerse los riesgos de inflamabilidad del hidrógeno, este fue reemplazado por helio en la creación de dirigibles y globos aerostáticos, aunque ello comporta una pérdida de flotabilidad del 8,6%.
Propiedades de estos gases
Los gases nobles deben su nombre, como se ha comentado, al término alemán Edelgas. Con este nombre se buscaba destacar su bajísima tasa de reactividad frente a otros elementos. De hecho, durante mucho tiempo se consideraron prácticamente inertes o no reactivos.
La clave de esta inercia se encuentra en su capa de valencia completa. El helio tiene dos electrones ocupando totalmente su primera capa, mientras que neón, argón, kriptón, xenón y radón tienen ocho electrones en su última capa. Esto les confiere una estabilidad excepcional, ya que los átomos no necesitan ganar ni perder electrones para alcanzar una configuración más estable, a diferencia de la mayoría de los otros elementos.
Además, al tener interacciones muy débiles entre sus átomos, se comportan de forma muy cercana a los gases ideales en una amplia gama de presiones y temperaturas. Este comportamiento ideal los ha convertido en sistemas de referencia para el estudio de la termodinámica y de las fuerzas intermoleculares.
En general, los gases nobles comparten distintas propiedades físicas y químicas:
- Son elementos no metálicos: al ser gases, no tienen propiedades metálicas como brillo metálico, conductividad eléctrica elevada o ductilidad. Al mismo tiempo, no reaccionan con facilidad con metales para formar sales o aleaciones comunes.
- No tienen color ni olor: en su estado puro son totalmente transparentes e inodoros. Aunque se pueden producir colores intensos en bombillas y lámparas de descarga cuando se hace pasar corriente eléctrica a través de ellos, esos colores se deben a la emisión de luz de sus átomos excitados, no a un color intrínseco del gas.
- Tienen una capa de valencia completa: el neón, el xenón, el argón, el kriptón y el radón presentan ocho electrones en su última capa. Por su parte, el helio tiene dos electrones que llenan totalmente su primera capa. De esta forma, los gases nobles tienen una configuración electrónica especialmente estable, lo que explica que, en circunstancias normales, no formen enlaces químicos con facilidad.
- Existen como gases monoatómicos: a diferencia de otros gases como el oxígeno (O2) o el nitrógeno (N2), cada partícula de gas noble está formada por un solo átomo, incluso en el caso de los elementos de mayor masa atómica.
- Son prácticamente no reactivos: debido a su valencia completa y su dificultad para ceder o aceptar electrones, se les considera químicamente poco activos. Aun así, los gases nobles pesados como xenón, kriptón e incluso radón pueden formar compuestos con elementos muy electronegativos como el flúor y el oxígeno.
- Conducen electricidad y producen fluorescencia: aunque su conductividad eléctrica es baja en condiciones normales, cuando se ionizan o excitan en lámparas de descarga, son capaces de conducir corriente y emitir luz de colores característicos. Esto es la base de muchas aplicaciones en iluminación y láseres.
- Tienen bajas temperaturas de fusión y ebullición: las fuerzas de atracción entre átomos de gases nobles son muy débiles (fuerzas de Van der Waals), por lo que pasan al estado gaseoso con muy poco aporte de energía térmica. Esto hace que todos ellos sean gases a temperatura ambiente.
- Poseen una electronegatividad muy baja: al tener sus capas externas llenas, no tienden a atraer electrones adicionales. De hecho, su afinidad electrónica puede considerarse negativa, lo que significa que aceptar un electrón no es energéticamente favorable.
- Tienen una alta energía de ionización: la energía necesaria para arrancar un electrón de un átomo de gas noble es la más alta dentro de cada período de la tabla periódica. Esto refleja lo estable que es su configuración electrónica y explica en gran medida su baja reactividad.
- No son inflamables: los gases nobles no arden ni favorecen la combustión. Debido a que el hidrógeno es muy inflamable, fue reemplazado por helio en la fabricación de dirigibles y globos, aprovechando la incombustibilidad y ligereza del helio.
Al igual que ocurre con la reactividad, sus fuerzas interatómicas también son muy débiles, lo cual hace que tengan unas bajas temperaturas de fusión y de ebullición, y que todos sean gases monoatómicos en condiciones normales, incluyendo a los gases de mayor masa atómica.
El helio posee muchas propiedades que no tiene ningún otro gas noble ni ningún otro elemento de la tabla periódica. Su punto de fusión y de ebullición son los más bajos de todas las sustancias conocidas; además, es el único elemento que presenta un estado de superfluidez: un estado en el que la materia está en estado líquido, pero puede fluir sin perder energía cinética, trepar paredes o pasar por poros minúsculos sin fricción aparente. El helio no se solidifica simplemente enfriándolo a presión atmosférica; requiere presiones del orden de 25 atm y temperaturas alrededor de -272 ºC para solidificarse.
Su capa de valencia completa también es responsable de que estos gases tengan una gran energía de ionización y no formen iones con facilidad, lo cual demuestra la estabilidad de su configuración electrónica. A medida que se desciende en el grupo, el radio atómico aumenta y los electrones de valencia están más lejos del núcleo, por lo que la energía de ionización disminuye ligeramente. Esto hace que, aunque en cada período sigan siendo los elementos con mayor energía de ionización, algunos gases nobles pesados tengan valores comparables a los de otros elementos muy electronegativos. Por ejemplo, la energía de ionización del xenón es comparable a la del oxígeno.
Configuración electrónica y papel en la tabla periódica
La configuración electrónica de los gases nobles es un modelo de estabilidad. El helio se representa como 1s²; el neón como 1s² 2s² 2p⁶; el argón como [Ne] 3s² 3p⁶; el kriptón como [Ar] 3d¹⁰ 4s² 4p⁶; el xenón como [Kr] 4d¹⁰ 5s² 5p⁶; y el radón como [Xe] 4f¹⁴ 5d¹⁰ 6s² 6p⁶. En el caso del oganesón, su configuración se predice teóricamente, ya que todavía no se ha estudiado experimentalmente en detalle debido a su extrema inestabilidad.
En química se utiliza mucho la notación abreviada de gases nobles para escribir configuraciones electrónicas: se toma el símbolo del gas noble anterior al elemento estudiado, entre corchetes, y se continúa desde ahí. Esto permite expresar de forma sencilla la distribución de electrones en átomos grandes y resalta el papel de los gases nobles como referencia de estabilidad eléctrica.
Química de los gases nobles: ¿realmente son inertes?
Aunque tradicionalmente se les llamó “gases inertes”, hoy se sabe que varios de ellos pueden formar compuestos químicos estables. La reactividad es muy baja en helio y neón, aumenta ligeramente en argón y kriptón, y es mayor en xenón y radón, que pueden reaccionar con agentes oxidantes muy potentes.
El descubrimiento clave fue la síntesis del primer compuesto de xenón (como el hexafluoroplatinato de xenón) que demostró que incluso un gas noble podía ser oxidado. Desde entonces, se han obtenido numerosos compuestos como fluoruros (XeF2, XeF4, XeF6) y óxidos (XeO3, XeO4), algunos con aplicaciones como potentes agentes oxidantes o fluorantes en síntesis química.
En el caso del kriptón, se han aislado compuestos como el difluoruro de kriptón (KrF2), mientras que el argón ha dado lugar a especies muy inusuales como el hidrofluoruro de argón (HArF), estables solo a bajas temperaturas. El radón, debido a su alta radiactividad, se ha estudiado menos, pero teóricamente debería ser aún más reactivo que el xenón.
Además de los compuestos covalentes “clásicos”, los gases nobles pueden formar clatratos (átomos de gas atrapados en cavidades de redes cristalinas) y fulerenos endoédricos, donde un átomo de gas noble queda encerrado dentro de una esfera de carbono como C60. Estos sistemas se emplean para estudiar la estructura y reactividad de las moléculas huésped mediante técnicas como la resonancia magnética nuclear.
También se han observado iones moleculares de gases nobles, como HeH+ (hidrohelio), que probablemente exista en el medio interestelar y cuyo estudio ayuda a comprender la química del universo primitivo.
Usos de estos gases
Al tener puntos de ebullición y fusión tan bajos, los gases nobles son especialmente útiles en la elaboración de equipos de refrigeración, y se emplean como refrigerantes criogénicos en aplicaciones científicas e industriales.
El helio líquido, que hierve a alrededor de 4,2 K (unos -269 ºC), se utiliza en la fabricación de imanes superconductores, como los empleados para la imagen por resonancia magnética (IRM) y la resonancia magnética nuclear (RMN). Su capacidad para mantener temperaturas extremadamente bajas también resulta crucial en experimentos de física de partículas y en la investigación de materiales superconductores.
El neón líquido, si bien no alcanza temperaturas tan bajas como el helio líquido, tiene una capacidad de refrigeración muy superior para ciertos rangos de temperatura; en algunos casos se ha estimado que su capacidad de extracción de calor puede ser hasta 40 veces mayor que la del helio líquido y 3 veces mayor que la del hidrógeno líquido, lo que lo hace útil en aplicaciones criogénicas específicas.
El helio se utiliza también como componente de los gases respirables para sustituir al nitrógeno, gracias a su baja solubilidad en fluidos, especialmente en los lípidos. Los gases son absorbidos por la sangre y los tejidos corporales bajo alta presión (como ocurre en el submarinismo), lo que produce un efecto anestésico conocido como mal de profundidad. Debido a su baja solubilidad, entra poco helio en las membranas celulares, lo cual ayuda a frenar el efecto narcótico. Mezclas como heliox o trimix aprovechan esta propiedad para reducir el riesgo de narcosis y enfermedad por descompresión.
Debido a su poca combustibilidad y su ligereza, y tras los desastres asociados al uso del hidrógeno, el helio sustituyó al hidrógeno como gas de sustentación en dirigibles y globos. Aunque se pierde un pequeño porcentaje de flotabilidad (aproximadamente un 8,6%), se gana un enorme margen de seguridad frente a explosiones e incendios.
Estos gases se utilizan ampliamente en la iluminación debido a su conductividad y a los colores característicos que emiten cuando se excitan eléctricamente. En la fabricación de bombillas incandescentes se utiliza una mezcla de argón y nitrógeno para rellenarlas, lo que reduce la evaporación del filamento y alarga la vida útil de la bombilla.
El kriptón se usa en bombillas de alto rendimiento, como las lámparas halógenas, que tienen una temperatura de color más elevada y una mayor eficacia luminosa. Por su parte, el xenón es comúnmente utilizado en faros de xenón para automóviles, en proyectores de cine y en sistemas de iluminación de alta intensidad, ya que su espectro de luz se parece bastante al de la luz solar.
En la medicina, el helio se utiliza para mejorar la facilidad de respiración de pacientes con problemas respiratorios, reduciendo la densidad de la mezcla de gases que inhalan. El xenón puede utilizarse como anestésico general debido a su alta solubilidad en lípidos, lo cual lo hace más eficaz que el óxido nitroso habitual. Además, como se elimina con rapidez del organismo, permite un restablecimiento más rápido tras la intervención.
La captación de imágenes mediante resonancia magnética nuclear puede emplear xenón marcado, lo que permite estudiar estructuras y funciones pulmonares con gran detalle. El radón, pese a su peligrosidad, se ha usado de forma controlada en algunos tratamientos de radioterapia, aprovechando su intensa radiactividad en zonas muy localizadas.
En la industria metalúrgica y en soldadura, helio y argón se utilizan para crear atmósferas inertes que protegen metales muy reactivos del contacto con el oxígeno y el nitrógeno del aire durante procesos de fusión, corte o soldadura. Esto es especialmente importante en la soldadura de aluminio, titanio y aceros inoxidables, así como en la fabricación de componentes electrónicos y de semiconductores donde cualquier impureza puede arruinar un dispositivo.
Producción y abundancia
La abundancia y facilidad con la que los gases nobles pueden conseguirse están en relación inversa con su número atómico. Por lo tanto, en general, la abundancia de estos gases disminuye conforme aumenta su número atómico.
En el universo, el helio es el segundo elemento más abundante, después del hidrógeno, con un porcentaje de masa muy elevado. La mayoría del helio se formó en la nucleosíntesis primordial (poco después del origen del universo), pero su cantidad continúa incrementándose gracias a las reacciones nucleares que tienen lugar en el interior de las estrellas, donde el hidrógeno se fusiona para formar helio.
En la Tierra, sin embargo, la distribución es diferente. El helio atmosférico es escaso porque sus átomos son tan ligeros que la gravedad terrestre no consigue retenerlos eficazmente y se escapan al espacio. El helio que explotamos comercialmente procede de la desintegración alfa de elementos como el uranio y el torio en la corteza terrestre y se acumula en yacimientos de gas natural.
El argón, en cambio, es el gas noble más abundante en la atmósfera terrestre. Su presencia se debe principalmente a la desintegración del potasio-40, que produce argón-40. Esta acumulación ha hecho que el argón sea relativamente barato y ampliamente disponible para usos industriales, como relleno de bombillas o atmósferas de protección.
El xenón y el kriptón son mucho más escasos en el aire, por lo que su obtención es más costosa y sus aplicaciones se reservan para usos en los que sus propiedades únicas justifican el coste, como lámparas especiales, láseres o anestesia de alto rendimiento. Curiosamente, el xenón ha dado lugar a la llamada «teoría del xenón desaparecido» debido a su relativa escasez en la atmósfera en comparación con lo que cabría esperar por procesos geológicos y cosmológicos.
El radón se forma en la litosfera a través de la desintegración alfa del radio y se libera lentamente hacia la superficie, pudiendo filtrarse en edificios. Este fenómeno tiene implicaciones ambientales y sanitarias, ya que, al ser muy radiactivo, su acumulación en espacios cerrados sin ventilación suficiente supone un riesgo importante para la salud, especialmente en forma de aumento de casos de cáncer de pulmón.
En cuanto al oganesón, al ser un elemento sintético extremadamente inestable, su “abundancia” está limitada a unos pocos átomos generados en grandes aceleradores de partículas y no presenta abundancia natural apreciable.
Hablemos un poco de cada uno
- Helio: Por su poca combustibilidad y por ser uno de los elementos más abundantes del universo, ha podido reemplazar al hidrógeno como gas de llenado para globos, zepelines y dirigibles, ya que estos no estallan al ponerse en contacto con fuego. Además, se utiliza como refrigerante criogénico, gas portador en cromatografía de gases, componente de mezclas respiratorias para buceo profundo y gas de protección en procesos de soldadura.
- Neón: Este gas, debido a su fluorescencia y a su tonalidad rojo-anaranjada característica cuando se somete a descargas eléctricas, es ampliamente utilizado con fines publicitarios, especialmente en las conocidas luces de neón. Aunque se encuentran tubos y lámparas con otros colores llamados “neón”, muchos de ellos en realidad contienen otros gases nobles o mezclas de gases.
- Argón: Este gas se emplea en lámparas incandescentes porque no reacciona con el filamento incluso a altas temperaturas y presiones. En tubos fluorescentes puede generar un color verde-azulado. También se utiliza en el campo industrial y de laboratorio para evitar reacciones químicas no deseadas, creando una atmósfera inerte en procesos de soldadura, metalurgia, fabricación de semiconductores o envasado de alimentos.
- Kriptón: Se utiliza junto con otros gases en la creación y elaboración de lámparas de iluminación de aeropuertos, debido a la intensidad de las luces rojas emitidas; también puede usarse en proyectores de cine y en lámparas de alta intensidad. El kriptón tiene aplicaciones además en cirugía de retina con láser y en iluminación arquitectónica especializada.
- Xenón: El uso principal del xenón es la elaboración de emisores de luz intensa con características bactericidas, tubos luminosos, flashes fotográficos y lámparas especiales. También se emplea en tubos fluorescentes capaces de excitar láseres (como el láser de rubí), en faros de automóviles, en proyectores de cine y, en medicina, como gas anestésico y trazador en estudios de imagen.
- Radón: Este gas se genera por la desintegración radiactiva del uranio hasta radio y, a partir de este, radón. Por ser muy radiactivo posee muy pocas aplicaciones directas en la vida cotidiana, pero se ha utilizado de forma controlada en tratamientos de radioterapia. Su principal importancia práctica está relacionada con la salud pública y la evaluación de riesgos en edificios y zonas geológicas específicas.
- Oganesón: Es uno de los elementos más raros de la tabla periódica y el elemento más pesado conocido del grupo 18. Dado que se trata de un elemento sintético con vida media extremadamente corta, inferior a una fracción de segundo, resulta muy complicado estudiar sus propiedades en detalle. Aunque por su posición se clasifica como gas noble, muchos estudios teóricos sugieren que podría no comportarse como un gas noble típico, pudiendo mostrar mayor reactividad y quizá no ser gaseoso en condiciones estándar.
Colores, conductividad y seguridad de los gases nobles
En condiciones normales, los gases nobles son incoloros y no emiten luz por sí mismos. Sin embargo, cuando se les somete a descargas eléctricas en tubos de baja presión, sus átomos se excitan y al volver a su estado fundamental emiten fotones de determinadas energías, lo que da lugar a colores muy característicos:
- El helio produce una luz amarilla brillante con tonos rosados.
- El neón emite un color naranja-rojo muy intenso, típico de los letreros publicitarios.
- El argón genera tonalidades azuladas.
- El kriptón emite luz verdosa o blanco-verdosa.
- El xenón puede producir luz azulada, blanca o violeta, dependiendo de la mezcla de presiones y la geometría del tubo.
Desde el punto de vista de seguridad, los gases nobles son no inflamables y químicamente muy poco peligrosos en condiciones normales. El principal riesgo asociado a la mayoría de ellos es de tipo asfíxico si desplazan al oxígeno en espacios cerrados. El caso del radón es diferente, ya que su radiactividad intensa lo convierte en un carcinógeno importante cuando se acumula en viviendas o lugares de trabajo mal ventilados.
Para reflexionar
A pesar de que sean compuestos un tanto difíciles de conseguir en estado natural (excepto, quizás, por el helio y el argón) y de que generen más bien pocas reacciones químicas, los gases nobles son elementos esenciales que podemos ver, e incluso utilizar diariamente sin darnos cuenta.
Quizás sus usos estén limitados a campos específicos como la criogenia, la electrónica, la iluminación, la medicina o la industria aeroespacial, pero eso no quiere decir que sean poco relevantes. Desde iluminar nuestros hogares y ciudades con bombillas, lámparas y neones, pasando por mantener nuestros alimentos y equipos a bajas temperaturas en refrigeradores y sistemas criogénicos, hasta salvar vidas cuando se usan en la medicina como anestésicos, gases respiratorios o agentes de radioterapia, estos gases, naturales o sintéticos, siguen revelando su potencial. Todo apunta a que, conforme avancen las investigaciones en materiales, energía y exploración espacial, los gases nobles desempeñarán un papel aún más importante en las industrias del futuro.