Unos científicos de la University of Central Lancashire (Reino Unido) han descubierto que realizar una actividad que dure 15 minutos y sea a todas luces soporífera y aburrida (por ejemplo, dedicarse a copiar los números de teléfono de un listín telefónico), estimula de forma notable la creatividad.
Esta conclusión se extrajo cuando se comparó el grupo que se dedicó a hacer la tarea aburrida con 2 grupos de control que se dedicaron a emplear esos mismos 15 minutos haciendo actividades que conllevaban pensar o directamente a emplear ese mismo tiempo en no realizar ninguna actividad de ningún tipo.
Los investigadores dicen que las tareas que son soporíferas para algunos trabajadores, como por ejemplo también mencionan leer algún texto o acudir a una reunión de trabajo, ayudan a utilizar el pensamiento de una manera más creativa.
«Siempre se ha dicho que hay que evitar el aburrimiento en el trabajo, sin embargo este estudio pone de manifiesto que si queremos fomentar la creatividad y la capacidad para inventar de los trabajadores, quizá debamos plantearnos buscarle una utilidad», dijo Sandi Mann, uno de los investigadores encargados del estudio.
Este estudio se dio a conocer en la Conferencia Anual de la División de Psicología Ocupacional de la Sociedad Británica de Psicología. Este científico dice además que es factible que gente cuyos trabajos son aburridos «se muestren mucho más creativos en otras facetas, o que cuando regresen a su hogar se pongan a escribir un libro.».
Qué nos dice la ciencia sobre el aburrimiento y la creatividad
La evidencia acumulada sugiere que breves tareas monótonas pueden preparar a la mente para pensar con más originalidad. En los experimentos de UCLan, además de copiar números, otro grupo solo leyó la guía telefónica: quienes realizaron esta actividad pasiva fueron aún más creativos después, lo que indica que el ensoñamiento espontáneo potencia las asociaciones remotas.
Otros trabajos han mostrado un patrón similar. En un estudio de la Universidad del Estado de Pensilvania, participantes inducidos a sentir aburrimiento o euforia detectaron más conexiones inusuales entre conceptos que quienes estaban relajados o angustiados, lo que respalda que ciertos estados afectivos amplían la del pensamiento.
Además, disponer de en el trabajo no solo no es un lujo: una investigación conjunta entre universidades de Australia y Singapur observó que el aburrimiento puede impulsar la productividad en la generación de ideas y no necesariamente desencadena emociones negativas. Eso sí, florece cuando la persona muestra curiosidad, apertura y orientación al aprendizaje, y sabe regular sus emociones.
En culturas donde estar constantemente ocupado es símbolo de estatus, pasar el día sin espacios “vacíos” puede ser contraproducente para la inventiva. La clave está en alternar picos de enfoque con pequeñas islas de ocio intencional.

Por qué el aburrimiento puede potenciar la inventiva
Cuando una tarea es simple y repetitiva, la atención se libera y emerge la divagación. Ese vagabundeo mental activa redes neurales vinculadas al y facilita el acceso a recuerdos y conexiones latentes. Es el terreno fértil para que surjan combinaciones nuevas.
El filósofo Andreas Elpidorou describe el aburrimiento como un estado regulador: nos avisa de que lo actual carece de significado y nos empuja a buscar metas, cambiar de enfoque o reformular el problema. Bien encauzado, se convierte en energía para actuar con más sentido.
El psicólogo Jerome Singer ya hablaba del soñar despierto de forma constructiva: periodos de “hacer silencio” en los que accedemos a material útil del inconsciente. Líderes como Warren Buffett o Bill Gates son conocidos por reservar tiempo para pensar, un hábito sencillo que protege la creatividad.
Algunas prácticas que catalizan este efecto: caminar sin auriculares, duchas o tareas manuales leves antes de una lluvia de ideas. También “sembrar el problema”: reflexionar unos minutos sobre un reto, aparcarlo y permitir que la solución emerja más tarde.
Tipos de aburrimiento y cómo gestionarlos
- Indiferente: sensación tranquila, casi reparadora. Úsalo para recuperarte y preparar la siguiente tarea de enfoque.
- De calibrado: baja implicación y divagación. Ajusta la dificultad o añade variedad al trabajo.
- De búsqueda: impulso a probar alternativas. Redirígelo hacia micro-retos creativos de alto impacto.
- Reactivo: impuesto por tareas tediosas; genera frustración. Negocia cambios de proceso, lotes más cortos o pausas activas.
- Apático: desinterés y desmotivación general. Señal para revisar propósito, carga y bienestar; puede requerir apoyo profesional.
Identificar el tipo te permite elegir la respuesta adecuada: desde permitir la recuperación hasta replantear metas, rediseñar flujos o introducir novedad en dosis pequeñas.

De la anécdota a la práctica: cuando las ideas aparecen
Historias clásicas recuerdan que los insights surgen en calma: Poincaré tuvo avances al viajar distraído, Arquímedes en su baño. No es magia: es crear condiciones para que el cerebro conecte patrones. No extraña que tantos artistas que trabajaban en ocupaciones mundanas encontraran después voces creativas potentes; tener un empleo siempre estimulante y sin inactividad puede, paradójicamente, empobrecer las ideas.
Lejos de ser enemigo, el aburrimiento es un indicador y una palanca: si lo escuchas, diseñas pausas con intención y eliges bien tus rampas monótonas, transformas ese vacío en innovación, mejores decisiones y bienestar sostenible.