La hepatitis C sigue circulando con mucha más fuerza entre quienes conviven con un trastorno mental grave que en el conjunto de la población. Los cálculos que manejan varias sociedades científicas españolas sitúan la prevalencia de infección activa por el virus de la hepatitis C (VHC) en torno a cuatro veces por encima de la media general, una brecha que se agranda cuando se analizan las dificultades de este colectivo para llegar a las pruebas diagnósticas y a los tratamientos disponibles.
Aprovechando la conmemoración del Día Mundial de la Hepatitis C, que se celebra cada 1 de octubre, la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM), la Sociedad Española de Patología Dual (SEPD) y la Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH) han presentado la guía ‘Recomendaciones para la eliminación del virus de la hepatitis C en pacientes con patología psiquiátrica’. El trabajo, elaborado con el respaldo de la compañía biofarmacéutica AbbVie, reúne medidas para detectar antes la infección, acelerar la confirmación diagnóstica y arrancar el tratamiento cuanto antes.
Por qué el cribado no puede ceñirse a los casos con antecedentes
Uno de los datos que más llaman la atención del informe es que hasta un 58% de los afectados puede no presentar ningún factor de riesgo claramente reconocible. Eso implica que restringir las pruebas a quienes tienen antecedentes conocidos, como el consumo de drogas por vía intravenosa, deja fuera a un número importante de personas que ya están infectadas y no lo saben.
Desde la SEPSM insisten en que la salud física forma parte inseparable de la atención a la salud mental. Si alguien con un trastorno grave acumula más probabilidades de vivir con el virus y, además, se topa con obstáculos para acceder al diagnóstico o a la medicación, la respuesta lógica pasa por meter el cribado en la rutina asistencial y no dejarlo en manos de la iniciativa puntual de cada profesional.
Cribado sistemático en los puntos de contacto con el paciente
La propuesta central del documento es que la prueba del VHC se ofrezca de manera sistemática a las personas con trastorno mental grave o con riesgo. Los especialistas señalan tres momentos especialmente útiles: la primera consulta, las visitas de seguimiento y los ingresos hospitalarios. Y recalcan que, para que eso funcione, hay que implicar a los programas de adicciones, las unidades de hospitalización psiquiátrica, las unidades de rehabilitación y los centros de salud mental.
La guía también apela a la concienciación del colectivo psiquiátrico, al que pide incorporar estas pruebas de forma más ordenada y constante en su quehacer diario, en lugar de depender de sospechas aisladas o de la casualidad.
Diagnóstico en un solo paso
Otra de las medidas pasa por simplificar el proceso diagnóstico. En vez de encadenar varias extracciones y visitas, se propone determinar los anticuerpos y realizar la prueba de ARN del VHC con una única muestra. Ese análisis detecta el material genético del virus y sirve para confirmar si la infección está activa. El sistema de un solo paso reduce desplazamientos y evita que se pierdan pacientes entre un primer resultado positivo y la confirmación definitiva.
Los especialistas en hepatología recuerdan que hoy existen terapias muy eficaces, de duración corta y bien toleradas, que logran curar la infección en más del 95% de los casos. Con ese escenario sobre la mesa, el verdadero reto ya no es la falta de opciones terapéuticas, sino conseguir que quien está infectado llegue a tiempo al diagnóstico y al tratamiento.
Patología dual y colectivos en situación de vulnerabilidad
El documento reserva un espacio propio a la patología dual, es decir, a la convivencia de una adicción y otro trastorno mental, y a otros grupos que acumulan desventajas. Entre ellos se citan las personas que consumen o han consumido drogas por vía intravenosa, quienes siguen un tratamiento sustitutivo con opioides, aquellas con trastornos ligados a conductas impulsivas, las que practican ‘chemsex’ y la población reclusa.
Desde la SEPD se insiste en que el sistema debe adaptarse a la realidad concreta de cada persona. Cuando una adicción y un problema de salud mental van de la mano, aparecen barreras sociales y asistenciales que vuelven poco eficaces los circuitos convencionales. De ahí la importancia de llevar el cribado y el tratamiento a los lugares donde estos pacientes ya reciben atención, además de integrar estrategias de reducción de daños para que una derivación o una cita extra no acaben siendo el punto en el que se pierde el rastro del paciente.
Coordinación entre especialidades y planes nacionales
Los autores consideran imprescindible fijar mecanismos estables de coordinación entre Psiquiatría, Hepatología, Adicciones, Atención Primaria, Microbiología y Enfermería, con responsabilidades claras, circuitos definidos y tiempos de derivación razonables. También apuestan por modelos asistenciales más descentralizados: acercar el diagnóstico y el tratamiento a los centros de salud mental y a los recursos de adicciones mejora el acceso, favorece que el paciente no abandone el proceso y permite empezar la terapia antes.
Las recomendaciones encajan con el ‘Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027’ del Ministerio de Sanidad, que sitúa entre sus prioridades reducir las desigualdades que afectan a las personas con patología psiquiátrica, y con el ‘Plan Nacional de Salud Hepática: Reto 2032’ impulsado por la AEEH, que persigue la eliminación del VHC en España.
Un detalle que la guía no pasa alto es que haber superado una infección por VHC no genera inmunidad. Por tanto, quienes mantienen conductas de riesgo deben seguir bajo seguimiento para prevenir y detectar cuanto antes una posible reinfección.
El objetivo último de todas estas propuestas es claro: aumentar el número de personas diagnosticadas, acortar el tiempo que transcurre entre el diagnóstico y el inicio del tratamiento, sostener las altas tasas de curación y evitar que se repitan las infecciones. Para lograrlo, las tres sociedades firmantes defienden que la detección del virus forme parte de la atención cotidiana en salud mental, que los procedimientos se simplifiquen y que se rompa la fragmentación entre especialidades, porque solo así se podrá hablar de eliminar la hepatitis C también en este colectivo.