Impacto de la DANA en la salud mental: así se prepara la Comunitat Valenciana para detectar y atender el daño emocional

  • Sanidad impulsa un estudio de tres años para medir el impacto de la DANA en la salud mental en 37 municipios y 4 pedanías de Valencia.
  • Más de 23.000 personas seleccionadas al azar, incluidos menores, serán encuestadas mediante entrevistas presenciales o telefónicas.
  • La investigación analizará depresión, ansiedad y estrés postraumático, así como factores sociales y de apoyo que influyen en el malestar psicológico.
  • Los primeros análisis tras la DANA muestran incrementos significativos en consultas por estrés, ansiedad y depresión, sobre todo en jóvenes adultos.

Impacto de la DANA en la salud mental

La gran DANA que azotó la Comunitat Valenciana a finales de octubre de 2024 no solo dejó daños materiales en viviendas, comercios y calles anegadas. También abrió una grieta menos visible: el malestar psicológico de miles de vecinos que vivieron de primera mano las inundaciones y sus consecuencias.

Para entender qué está ocurriendo tras el susto inicial y qué puede pasar en los próximos años, las autoridades sanitarias han puesto en marcha uno de los estudios más ambiciosos sobre el impacto de una catástrofe climática en la salud mental en España. El objetivo es claro: medir con rigor cómo está afectando la DANA al bienestar emocional de la población afectada y adaptar mejor los recursos de apoyo psicológico.

Un estudio pionero para medir el impacto emocional de la DANA

Estudio sobre salud mental tras la DANA

El Ministerio de Sanidad, la Conselleria de Sanidad de la Comunitat Valenciana y el Instituto de Salud Carlos III, a través de CIBERESP, han activado un estudio de cohorte prospectiva que seguirá durante tres años a miles de personas afectadas por la DANA del 29 de octubre de 2024.

La investigación se centrará en la población residente en 37 municipios y 4 pedanías de la provincia de Valencia catalogados como zonas de impacto medio y alto. En total, la población de referencia asciende a 608.772 personas mayores de 5 años que vivían en estas áreas en el momento de la catástrofe.

Este dispositivo de vigilancia se pone en marcha porque las catástrofes medioambientales incrementan el riesgo de problemas como ansiedad, depresión y estrés postraumático, que a menudo aparecen o se consolidan a medio y largo plazo, cuando la emergencia ya ha desaparecido de los titulares.

El planteamiento no nace de cero: se inspira en experiencias previas realizadas en otros países europeos, como el English National Cohort Study of Flooding and Health en Reino Unido, adaptando la metodología a las características sociales y territoriales de la Comunitat Valenciana.

Objetivos: depresión, ansiedad, estrés postraumático y factores de riesgo

Consecuencias psicológicas de la DANA

El propósito general del proyecto es conocer con detalle el impacto de la DANA en la salud mental de la población expuesta, con el fin de fundamentar la planificación de medidas de control, prevención y servicios asistenciales, tanto ahora como en emergencias similares que puedan producirse en el futuro.

Entre los objetivos específicos destaca la intención de estimar la frecuencia de depresión, ansiedad y trastorno de estrés postraumático según el nivel de exposición a las inundaciones. No es lo mismo quien sufrió daños graves en su vivienda o su negocio que quien vivió el episodio a distancia, aunque estuviera en una zona catalogada como afectada.

El estudio también persigue identificar factores personales, sociodemográficos y de apoyo social que se relacionan con la morbilidad psicológica. Es decir, se analizará cómo influyen elementos como la edad, el nivel socioeconómico, el entorno familiar, la red de apoyo o la intensidad de los daños sufridos a la hora de desarrollar o no síntomas emocionales relevantes.

Otro punto clave es disponer de una base empírica local que permita a las autoridades sanitarias orientar mejor la toma de decisiones: desde reforzar determinados recursos de salud mental en Atención Primaria hasta diseñar intervenciones específicas en los municipios con mayor afectación.

Conviene subrayar que la finalidad del trabajo no es emitir diagnósticos clínicos individuales. Los cuestionarios no sustituyen la valoración de un profesional sanitario, sino que sirven para cuantificar el impacto emocional y detectar dónde y en quién se concentran las mayores necesidades de apoyo.

Diseño metodológico: un seguimiento de tres años a más de 10.000 personas

La investigación se ha concebido como un estudio de cohorte prospectiva, con una duración total de tres años. La primera recogida de información —la llamada medición basal— se realizará aproximadamente al cumplirse un año de la DANA de octubre de 2024, y se completará con dos oleadas adicionales a los dos y a los tres años.

Para garantizar que la muestra represente bien a la población afectada, el Instituto Valenciano de Estadística ha diseñado un muestreo aleatorio estratificado, teniendo en cuenta la sección censal, el nivel socioeconómico, el grado de afectación, la edad y el sexo de los residentes.

A partir de este diseño se ha definido una muestra mínima de 8.153 personas adultas (mayores de 18 años) y 2.718 menores de entre 6 y 17 años, procedentes de unos 23.000 hogares seleccionados al azar en las zonas impactadas por la DANA. En algunos comunicados oficiales se habla de alrededor de 23.254 domicilios invitados a participar, lo que da una idea del alcance del proyecto.

La población infantil y juvenil tiene un papel relevante en este seguimiento. Se pretende evaluar de forma específica cómo la DANA ha afectado a la salud mental de niños, niñas y adolescentes, un grupo especialmente vulnerable cuando se producen cambios bruscos en su entorno, pérdidas materiales o alteraciones prolongadas en la vida diaria.

En el plano territorial, las personas participantes se distribuyen entre distintos departamentos de salud de la provincia de Valencia, como La Ribera, Manises, Requena, València-Doctor Peset, València-La Fe, València-Hospital General y València-Arnau de Vilanova-Llíria, todos ellos con municipios incluidos en las zonas más castigadas por las inundaciones.

Cómo será la participación de la ciudadanía y el trabajo de campo

Las personas seleccionadas recibirán una invitación formal por correo postal, y en muchos casos también un SMS informativo, en el que se explican el objetivo del estudio y la posibilidad de participar de forma voluntaria. Quien acepte deberá comunicar su consentimiento expreso por vía telefónica o electrónica.

Una vez dado el visto bueno, se concertará una entrevista que podrá realizarse presencialmente o por teléfono, en función de la disponibilidad y las circunstancias de cada participante. La misma persona será seguida a lo largo de las tres oleadas previstas, lo que permitirá observar la evolución de su estado emocional con el paso del tiempo.

La herramienta principal de recogida de datos será una encuesta estructurada en dos tipos de cuestionario: uno para adultos y otro adaptado a menores, con contenidos ajustados a la edad. Esta diferenciación resulta esencial para captar de forma adecuada las particularidades del malestar psicológico en cada etapa vital.

A través de estas encuestas se recopilará información sobre características personales y del hogar, percepción de la salud y de la calidad de vida, presencia de síntomas de salud mental y nivel de apoyo social disponible. También se incluirán preguntas específicas relacionadas con la DANA, como los daños sufridos, los cambios en la rutina diaria o las dificultades para retomar actividades habituales.

Las instituciones implicadas insisten en que el estudio se centra en recoger datos y ofrecer información sobre recursos existentes, no en sustituir la atención clínica. No obstante, si durante la entrevista se detectan necesidades claras de apoyo, se facilitarán referencias a los dispositivos de atención en salud mental de la red pública.

Quién coordina el estudio y qué papel tiene cada institución

El proyecto se despliega a varios niveles de la administración. Por la parte estatal, interviene el Ministerio de Sanidad a través de la Dirección General de Salud Pública y Equidad en Salud, el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y el Comisionado de Salud Mental.

En el ámbito autonómico, la iniciativa se canaliza mediante la Dirección General de Salud Pública y la Dirección General de Salud Mental y Adicciones de la Conselleria de Sanidad, que aportan tanto la visión asistencial como la experiencia acumulada en vigilancia epidemiológica.

El componente científico y metodológico lo refuerza la participación del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), integrado en el Instituto de Salud Carlos III. Este organismo aporta el bagaje de investigaciones previas sobre el impacto de desastres naturales y otras emergencias en la salud de la población.

Esta colaboración entre administraciones y centros de investigación permite lograr un enfoque integral: desde la recogida rigurosa de datos hasta la traducción de los resultados en decisiones concretas de salud pública y organización de servicios.

Además, el estudio forma parte de una línea estratégica más amplia de vigilancia del impacto en salud mental de los fenómenos ambientales extremos, un ámbito que gana peso en un contexto de cambio climático y aumento de episodios meteorológicos adversos en Europa.

Primeros datos tras la DANA: repunte de consultas por estrés, ansiedad y depresión

Mientras se pone en marcha la cohorte de seguimiento a tres años, la Conselleria de Sanidad ya ha realizado un análisis preliminar del primer año posterior a la DANA, comparando las consultas y nuevos diagnósticos de trastornos de salud mental en las zonas afectadas con datos históricos y con áreas no impactadas.

Según este informe, durante el primer mes tras las inundaciones se produjo un incremento del 12,9 % en las consultas de Atención Primaria relacionadas con la salud mental. Esta subida fue especialmente marcada en el grupo de personas entre 15 y 44 años, donde el aumento alcanzó en torno al 21,7 %.

En cuanto a los motivos de consulta, destacan el fuerte repunte de los cuadros de estrés, que llegaron a crecer alrededor de un 144 % respecto a los niveles previos, y el aumento de las consultas por ansiedad, que también registraron un incremento notable en las semanas posteriores a la catástrofe.

El registro de nuevos casos de trastornos de salud mental siguió una tendencia similar: en el primer mes tras la DANA se observó un aumento aproximado del 42 %, lo que indica que una parte de la población empezó a presentar síntomas por primera vez o lo hizo con una intensidad suficiente como para requerir atención profesional.

Con el paso de los meses, el número total de consultas y diagnósticos fue tendiendo a descender hasta acercarse a los valores anteriores al episodio, especialmente a partir del verano siguiente. Sin embargo, el comportamiento no fue homogéneo en todo el territorio: en los municipios con mayor grado de afectación, los niveles de demanda de atención en salud mental no han regresado del todo a la situación previa.

Por qué este estudio importa más allá de la Comunitat Valenciana

Aunque el trabajo se desarrolla en la provincia de Valencia, su alcance potencial es relevante para España y para otros países europeos que están viviendo un aumento de fenómenos meteorológicos extremos. Inundaciones, olas de calor o tormentas severas no solo ponen a prueba las infraestructuras, sino también la resistencia psicológica de las comunidades.

Disponer de datos sólidos sobre el impacto emocional de la DANA permitirá a los sistemas sanitarios aprender qué grupos sufren más, qué factores protegen o agravan el malestar y qué tipo de recursos conviene reforzar tras una emergencia de este tipo.

Los resultados ayudarán, por ejemplo, a diseñar protocolos específicos de apoyo psicológico para personas que han perdido su vivienda o su medio de vida, o a priorizar intervenciones en barrios donde el nivel socioeconómico y la falta de redes de apoyo dificultan la recuperación emocional.

Asimismo, la información sobre la evolución temporal de síntomas como la depresión, la ansiedad o el estrés postraumático servirá para ajustar mejor los tiempos de respuesta: muchas secuelas aparecen cuando ya ha pasado la fase más visible de la crisis y se intenta volver a una normalidad que, para algunos, se ha transformado por completo.

Todo este esfuerzo se enmarca en una visión más amplia de la salud pública, en la que la salud mental se considera un componente central de la psicología de la salud en la respuesta ante emergencias climáticas, al mismo nivel que la atención a las lesiones físicas o la gestión de los daños materiales.

Con este estudio, la Comunitat Valenciana y el Ministerio de Sanidad dan un paso relevante para poner cifras, matices y contexto al impacto psicológico de la DANA, algo imprescindible si se quiere planificar políticas que no se queden solo en reparar infraestructuras, sino que también acompañen a las personas en el proceso, a menudo largo y complejo, de recomponer su vida tras una inundación de esta magnitud.

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