La novena edición del informe PISA, elaborado por la OCDE y dado a conocer este martes, ha dejado un sabor agridulce en el sistema educativo español. Los estudiantes de 15 y 16 años del país han cosechado las puntuaciones más bajas desde que arrancó esta evaluación internacional en el año 2000, con un retroceso generalizado en las tres áreas que mide la prueba: ciencias, matemáticas y lectura. El estudio, que analiza las competencias de casi 30.000 alumnos de 956 centros de todas las comunidades autónomas, confirma que la tendencia a la baja que se arrastra desde 2015 se ha agravado en los últimos tres años.
El batacazo es especialmente llamativo en comprensión lectora, donde España ha perdido 45 puntos en una década y se sitúa 10 puntos por debajo de la media de la OCDE y 8 de la Unión Europea. En matemáticas y ciencias el panorama tampoco invita al optimismo, con descensos que rondan los 30 y 16 puntos respectivamente en el mismo periodo. Lo más preocupante, según los analistas, es que el deterioro afecta a todos los estratos sociales, incluidos los alumnos de familias con mayores recursos, que tradicionalmente obtenían mejores resultados.
Un declive que tiene nombre: pantallas y falta de lectura profunda

Los responsables de la OCDE apuntan directamente al uso masivo de teléfonos móviles y la irrupción de la inteligencia artificial como factores clave detrás de este desplome global. Tue Halgreen, analista senior de la organización, señaló que desde 2015, cuando los dispositivos móviles se generalizaron entre los jóvenes, la capacidad de concentración y de lectura profunda ha ido deteriorándose. El informe constata que los estudiantes leen bien textos cortos y a gran velocidad, pero se pierden cuando el contenido supera las 400 palabras o requiere un esfuerzo de comprensión más pausado.
En España el uso recreativo de pantallas es algo menor que en otros países, con una media de dos horas diarias frente a las tres o cuatro de la OCDE, y el 86% de los centros aplica restricciones a los móviles. Sin embargo, el empleo de chatbots como ChatGPT o Gemini para tareas escolares es más frecuente que en el resto de Europa, aunque suele destinarse a apoyar el aprendizaje y no tanto a copiar directamente. La OCDE advierte de que, a mayor uso de estas herramientas sin acompañamiento docente, peores son los resultados académicos.
Madrid y Castilla y León, a la cabeza; la cola, muy polarizada

Las diferencias territoriales se han hecho más evidentes que nunca y la brecha entre las comunidades que mejor rinden y las que peor lo hacen alcanza casi cinco cursos escolares. A la cabeza se sitúan la Comunidad de Madrid, que lidera en matemáticas con 477 puntos y en ciencias con 495, y Castilla y León, que se mantiene arriba en las tres competencias. Les siguen de cerca Asturias, Cantabria, Galicia, La Rioja y Aragón, todas por encima de las medias española, de la OCDE y de la UE.
En el extremo opuesto aparecen Ceuta y Melilla con las notas más bajas, muy alejadas del conjunto nacional, y les acompañan en el furgón de cola la Comunidad Valenciana y el País Vasco, cuyos resultados han sorprendido por su pobreza. El caso de Cataluña ha sido especialmente controvertido, ya que la alta tasa de alumnos excluidos de la muestra (23,2%) ha obligado a la OCDE a invalidar sus datos para las comparativas internacionales, aunque el Ministerio de Educación los ha publicado por separado con advertencias sobre su falta de representatividad. Los estudiantes catalanes, pese a todo, habrían obtenido 502 puntos en ciencias, muy por encima de la media nacional.
La equidad, el lado positivo de un panorama desolador
No todo son malas noticias en el informe. España destaca como uno de los sistemas educativos más equitativos del entorno, con una brecha entre alumnos favorecidos y desfavorecidos inferior a la de la OCDE y la UE. A pesar de tener una proporción de alumnado migrante superior a la media (20,3%), la diferencia de rendimiento entre nativos y extranjeros es menor que en otros países. El estudio también subraya que el 13% de los estudiantes de entornos desfavorecidos logra un rendimiento excelente, lo que se considera un signo de resiliencia académica.
Asimismo, el alumnado español muestra un alto sentido de pertenencia a sus centros y una perseverancia ante las dificultades que supera con creces la media internacional. La curiosidad científica, el buen clima escolar y los bajos niveles de acoso (tanto presencial como digital) son otros de los puntos fuertes que refleja la evaluación. El secretario de Estado de Educación, Abelardo de la Rosa, incidió en que estos aspectos positivos no deben eclipsar la gravedad de los resultados, pero sí servir de base para revertir la situación.
Repetición de curso y debate sobre la LOMLOE
El informe también pone el foco sobre la elevada tasa de repetición de curso en España, una de las más altas del mundo, y advierte de que los alumnos repetidores obtienen alrededor de 100 puntos menos que quienes no repiten, lo que evidencia que la medida no contribuye al éxito escolar. Desde el Gobierno se ha descartado que la LOMLOE, la ley educativa aprobada en 2020, sea la responsable del desplome, argumentando que el descenso se produce en todos los países de la OCDE y que las políticas educativas dependen en gran medida de las comunidades autónomas.
De la Rosa, no obstante, reconoció que hay que analizar con calma por qué los alumnos de mayor nivel socioeconómico son los que más han empeorado, un dato que calificó de “curiosísimo” y que contradice las previsiones iniciales. La OCDE ya ha advertido de que el problema es de fondo y requiere de políticas sostenidas a medio y largo plazo, algo que choca con la inestabilidad política y legislativa que arrastra el sistema educativo español desde hace años.
En definitiva, el informe PISA 2025 dibuja un panorama complejo en el que la caída de los resultados académicos convive con indicadores sociales positivos y una gran disparidad territorial. Recuperar la lectura pausada, limitar el uso de pantallas y apostar por el apoyo docente parecen las claves que proponen los expertos para frenar un declive que, de no atajarse a tiempo, podría hipotecar el futuro de toda una generación.
