
El insomnio y los trastornos del sueño han pasado de ser vistos como una simple molestia nocturna a considerarse un auténtico problema de salud pública. Cada vez mÔs estudios muestran que dormir mal no solo nos deja cansados y de mal humor, sino que se asocia con un mayor riesgo de hipertensión, infarto, ictus e insuficiencia cardiaca. El corazón, el cerebro, el metabolismo y el estado de Ônimo pagan la factura de las noches en vela.
En los Ćŗltimos aƱos, distintas investigaciones han ido encajando las piezas: la duración y la calidad del sueƱo, el insomnio, la apnea obstructiva del sueƱo y otros trastornos como el sĆndrome de piernas inquietas se relacionan con una cascada de cambios biológicos āactivación simpĆ”tica, inflamación sistĆ©mica, alteraciones hormonales y metabólicasā que favorecen la aparición y progresión de las enfermedades cardiovasculares (ECV). Vamos a repasar con detalle quĆ© se sabe hoy, cuĆ”les son los mecanismos implicados y quĆ© podemos hacer desde la consulta y desde casa para proteger tanto el sueƱo como el corazón.
Insomnio: qué es, cuÔn frecuente es y cómo se clasifica

El insomnio se define como una insatisfacción persistente con la cantidad o la calidad del sueƱo, acompaƱada de dificultades para conciliarlo, mantenerlo o despertares muy tempranos, con la sensación de no poder volver a dormir. Para hablar de insomnio clĆnicamente relevante, estos problemas deben asociarse a repercusión durante el dĆa: cansancio, somnolencia, irritabilidad, dificultad para concentrarse o bajo rendimiento.
Los trastornos del sueƱo son muy frecuentes en la población general y el insomnio es el rey: segĆŗn distintas definiciones, su prevalencia oscila entre el 5% y el 50%. Si nos quedamos solo con los sĆntomas nocturnos (problemas para iniciar o mantener el sueƱo), se estima que alrededor de un tercio de la población los sufre en algĆŗn momento. En EspaƱa, se calcula que aproximadamente una de cada cinco personas tiene insomnio.
Las personas con insomnio suelen presentar mĆŗltiples comorbilidades mĆ©dicas y psicológicas que pueden ser causa, consecuencia o ambas cosas a la vez: ansiedad, depresión, dolor crónico, consumo de sustancias, patologĆa respiratoria o cardiaca. En nuestro entorno, mĆ”s de la mitad de quienes padecen insomnio han recurrido en algĆŗn momento a fĆ”rmacos para dormir, sobre todo benzodiacepinas, mientras que son muchos menos los que han recibido terapia psicológica especĆfica, a pesar de ser el tratamiento de elección.
La Clasificación Internacional de los Trastornos del SueƱo (ICSD-3) distingue varios tipos de insomnio, entre los que destacan tres grandes grupos: el insomnio crónico (sĆntomas al menos tres veces por semana durante 3 o mĆ”s meses, con repercusión diurna), el insomnio de corta duración (mismas dificultades pero con menos de 3 meses de evolución) y una categorĆa residual de otros tipos de insomnio, utilizada cuando no se cumplen plenamente los criterios anteriores o falta información para un diagnóstico definitivo.
MĆ”s allĆ” de las definiciones tĆ©cnicas, conviene recordar que el insomnio es un sĆntoma que puede ser fluctuante: a temporadas va y viene, puede empeorar en Ć©pocas de estrĆ©s o enfermedad y mejorar con cambios de hĆ”bitos. Esta variabilidad hace que los estudios basados en una sola encuesta al inicio del seguimiento puedan infraestimar o sobreestimar el problema real.
El sueƱo como cuarto pilar de la salud cardiovascular
Las enfermedades cardiovasculares siguen siendo la primera causa de muerte en el mundo. La hipertensión arterial destaca como el factor de riesgo aislado mĆ”s relevante: en Europa, aproximadamente uno de cada tres adultos es hipertenso, lo que equivale a mĆ”s de 230 millones de personas. Tradicionalmente se han considerado tres pilares bĆ”sicos de la prevención: alimentación saludable, actividad fĆsica regular y bienestar emocional.
En los Ćŗltimos aƱos, el sueƱo se ha ganado a pulso ser reconocido como el cuarto pilar de la salud. Numerosos estudios han demostrado que tanto la duración inadecuada del sueƱo (dormir poco o, en menor medida, demasiado) como la mala calidad (sueƱo fragmentado, no reparador, presencia de trastornos especĆficos) se asocian de forma llamativa con el desarrollo de hipertensión, cardiopatĆa isquĆ©mica, insuficiencia cardiaca, ictus y mortalidad cardiovascular.
La evidencia cientĆfica disponible apoya que las alteraciones del sueƱo formen parte del grupo de principales factores de riesgo cardiovascular potencialmente modificables, al nivel del tabaquismo, la obesidad o la dislipemia. La pĆ©rdida crónica de sueƱo se ha convertido en un rasgo de la vida moderna: horarios laborales extensos, exposición nocturna a pantallas, estrĆ©s constante y poca conciencia social de los efectos a largo plazo de dormir mal llevan a una población cada vez mĆ”s privada de sueƱo.
Distintos estudios epidemiológicos han mostrado que las personas que duermen de forma habitual menos de 6 horas por noche tienen mayor riesgo de hipertensión, enfermedad coronaria, ictus, obesidad, diabetes tipo 2 y sĆndrome metabólico. A todo esto se aƱaden efectos sobre la salud mental y el rendimiento cognitivo. Frente a ello, mantener un patrón de sueƱo adecuado (en adultos, unas 7-8 horas nocturnas, regulares y reparadoras) se asocia con un mejor pronóstico cardiovascular y una mayor esperanza de vida libre de eventos.
Insomnio e insuficiencia cardiaca: quƩ nos dicen los estudios
La insuficiencia cardiaca es uno de los grandes retos clĆnicos diarios. Pese a las mejoras en el tratamiento farmacológico y los dispositivos, sigue siendo una enfermedad grave que reduce de forma importante la cantidad y la calidad de vida. Se calcula que cerca del 70% de los problemas cardiovasculares se explican por factores de riesgo modificables, de ahĆ el enorme interĆ©s en identificarlos pronto y manejarlos de forma intensiva.
Un estudio de cohortes muy amplio, basado en el Health and Retirement Study de Estados Unidos, analizó a 12.761 personas mayores de 50 aƱos, seguidas durante 16 aƱos. Al inicio, un 38,4% de los participantes referĆa al menos un sĆntoma de insomnio: dificultad para conciliar el sueƱo, despertares nocturnos, despertar precoz o sensación de sueƱo no reparador. Durante el seguimiento, 1.730 personas desarrollaron insuficiencia cardiaca.
Los resultados mostraron que cada uno de los sĆntomas de insomnio considerados se asociaba con un aumento significativo del riesgo de insuficiencia cardiaca, aproximadamente 1,2 veces mĆ”s alto en comparación con quienes no tenĆan estos problemas de sueƱo. Pero lo mĆ”s llamativo fue el efecto acumulativo: el riesgo crecĆa de forma progresiva con el nĆŗmero de sĆntomas presentes.
- Un sĆntoma de insomnio se relacionó con un riesgo 1,22 veces mayor de desarrollar insuficiencia cardiaca.
- Dos sĆntomas se asociaron con un riesgo 1,45 veces mayor.
- Tres sĆntomas elevaron el riesgo a 1,66 veces.
- Cuatro sĆntomas (insomnio en todo su esplendor) aumentaron el riesgo a 1,80 veces.
Estos datos sugieren que los sĆntomas de insomnio se relacionan con la insuficiencia cardiaca tanto de forma individual como acumulativa y que, por tanto, deberĆan valorarse como un nuevo factor de riesgo a tener en cuenta en la prĆ”ctica clĆnica. No solo se trata de preguntar por la presión arterial, el tabaco o el colesterol: tambiĆ©n habrĆa que incluir de forma sistemĆ”tica una breve evaluación de los hĆ”bitos y la calidad del sueƱo.
Ahora bien, los autores y los expertos que han revisado estos estudios recuerdan que el panorama no es tan sencillo. El insomnio es un fenómeno cambiante, difĆcil de medir con precisión y muy influido por estrĆ©s, comorbilidades y factores sociales. AdemĆ”s, en muchos trabajos observacionales no se puede descartar que parte del insomnio se deba a trastornos respiratorios del sueƱo como la apnea obstructiva, que sĆ sabemos con claridad que es un factor de riesgo cardiovascular potente.
Otra duda importante es si el insomnio actĆŗa como causa directa de insuficiencia cardiaca o si es mĆ”s bien un marcador de una fisiopatologĆa alterada mĆ”s amplia (malos hĆ”bitos de vida, inflamación, alteraciones hormonales) que es la que realmente conduce al daƱo cardiaco. Se necesita mĆ”s investigación, pero a efectos prĆ”cticos, integrar la valoración del sueƱo en la evaluación de riesgo cardiovascular ya es un paso sensato.
Cómo el insomnio daña el corazón: mecanismos biológicos
La relación entre insomnio y enfermedades cardiovasculares no se explica por un Ćŗnico mecanismo, sino por una suma de vĆas fisiopatológicas interconectadas. Entre las mĆ”s relevantes destacan:
En primer lugar, el insomnio se asocia a menudo con hĆ”bitos de vida poco saludables: peor dieta, sedentarismo, consumo de alcohol y tabaco, horarios irregulares. Dormir mal empeora el rendimiento diurno y la motivación, lo que a su vez dificulta mantener rutinas sanas. Se entra asĆ en un cĆrculo vicioso en el que los malos hĆ”bitos empeoran el sueƱo y el mal sueƱo hace mĆ”s difĆcil cambiar los hĆ”bitos.
En segundo lugar, a nivel biológico, el insomnio crónico se considera un estado de hiperactivación condicionada. En lugar de predominar el tono parasimpÔtico y la relajación durante la noche, el cuerpo mantiene un nivel elevado de activación del sistema nervioso simpÔtico y del eje hipotÔlamo-hipófisis-adrenales (HPA). Esto se traduce en aumentos de frecuencia cardiaca, presión arterial y secreción de hormonas del estrés como el cortisol.
Diversos estudios han demostrado que las personas con insomnio, especialmente aquellas con duración objetiva de sueƱo corta, presentan niveles elevados de hormona adrenocorticotropa (ACTH) y cortisol, tanto de noche como de dĆa. Esta activación crónica del eje HPA no solo incrementa el riesgo cardiovascular, sino que tambiĆ©n favorece la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y trastornos psiquiĆ”tricos como ansiedad y depresión.
Otro mecanismo clave es la inflamación sistémica de bajo grado. El insomnio y otros trastornos de sueño se han vinculado con incremento de citoquinas proinflamatorias implicadas en la aterogénesis y con disfunción endotelial, lo que acelera el proceso de formación de placas de ateroma y contribuye a la rigidez arterial. También se han descrito cambios en la modulación del sistema nervioso autónomo, con mayor actividad simpÔtica y menor tono vagal, que facilitan la aparición de arritmias.
A esto se aƱaden las alteraciones metabólicas: la privación de sueƱo puede inducir cambios en la secreción de leptina y grelina, hormonas que regulan el apetito, favoreciendo el aumento del hambre y la preferencia por alimentos mĆ”s calóricos. A largo plazo, esto se traduce en mayor riesgo de obesidad, dislipidemia y sĆndrome metabólico, todos ellos muy estrechamente relacionados con el desarrollo de ECV.
Insomnio, hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares
Entre los pacientes con enfermedad cardiovascular establecida, la prevalencia de insomnio es especialmente alta. La relación es bidireccional: las ECV pueden empeorar el sueƱo (por sĆntomas, medicación, ansiedad) y el insomnio, a su vez, puede favorecer la progresión de la enfermedad.
Varios estudios observacionales y metanĆ”lisis han encontrado que el insomnio se asocia con un aumento del riesgo de hipertensión arterial, insuficiencia cardiaca y cardiopatĆa coronaria, sobre todo cuando se combina con una duración del sueƱo corta (menos de 6 horas). En cuanto a la mortalidad cardiovascular, la evidencia es mĆ”s heterogĆ©nea, pero muchos datos apuntan hacia un exceso de riesgo de muerte por ECV en quienes duermen mal de forma crónica.
Un punto interesante es el papel de la predisposición genĆ©tica al insomnio. Estudios de randomización mendeliana han mostrado que la carga genĆ©tica asociada a sufrir insomnio se relaciona con mayor riesgo de arteriopatĆa perifĆ©rica, insuficiencia cardiaca, enfermedad coronaria, ictus isquĆ©mico, tromboembolismo venoso y fibrilación auricular. Esto sugiere que, mĆ”s allĆ” del comportamiento, hay componentes biológicos compartidos que podrĆan ser dianas preventivas.
AdemĆ”s, se ha observado que las personas que toman medicación habitual para dormir presentan un mayor consumo de fĆ”rmacos antihipertensivos. Es decir, la necesidad de recurrir a fĆ”rmacos para dormir podrĆa ser una seƱal de alarma de un futuro tratamiento de la tensión arterial. A dĆa de hoy hay pocos ensayos clĆnicos bien diseƱados que valoren si tratar el insomnio reduce claramente la presión arterial o los eventos cardiovasculares, y los resultados son dispares, pero la hipótesis es cada vez mĆ”s consistente.
No debe olvidarse la estrecha relación entre trastornos del sueƱo, depresión y ECV. El insomnio es un factor de riesgo de depresión, y la depresión, a su vez, se asocia a mayor probabilidad de desarrollar eventos cardiovasculares y peor pronóstico tras un infarto o un ictus. Por otro lado, la actividad fĆsica regular aparece como un potente modulador: reduce el riesgo de depresión, obesidad y ECV, y algunos estudios sugieren que puede atenuar o incluso neutralizar el exceso de mortalidad asociado a un sueƱo deficiente.
Otros trastornos del sueƱo y riesgo cardiovascular
Aunque el insomnio concentra gran parte de la atención, no es el Ćŗnico trastorno del sueƱo con impacto sobre el corazón. La apnea obstructiva del sueƱo (AOS), el sĆndrome de piernas inquietas o el sĆndrome de hipoventilación por obesidad son ejemplos claros de condiciones que afectan al sueƱo y aumentan el riesgo cardiovascular.
La AOS es una enfermedad muy frecuente, que afecta a mĆ”s del 20% de la población adulta. Se caracteriza por episodios repetidos de obstrucción parcial o total de la vĆa aĆ©rea superior durante el sueƱo, que provocan paradas transitorias del flujo respiratorio, descensos de la saturación de oxĆgeno, grandes oscilaciones de la presión intratorĆ”cica y microdespertares (arousals) que fragmentan el sueƱo.
Estos episodios de hipoxia-reoxigenación intermitente activan de forma crónica el sistema nervioso simpÔtico, generan estrés oxidativo, inflamación y disfunción endotelial, e inducen un estado de hipercoagulabilidad y disfunción metabólica. El resultado es un fuerte incremento del riesgo de hipertensión, enfermedad coronaria, ictus, insuficiencia cardiaca y arritmias como la fibrilación auricular.
De hecho, mĆ”s de la mitad de las personas con hipertensión presentan algĆŗn grado de apnea del sueƱo y hasta un 70% de quienes han sufrido un sĆndrome coronario agudo tienen AOS. En la prĆ”ctica, es muy frecuente encontrar pacientes con hipertensión resistente (difĆcil de controlar con medicación) en los que se descubre posteriormente una apnea del sueƱo nunca diagnosticada.
El sĆndrome de piernas inquietas (SPI) es otro trastorno del sueƱo relacionado con la ECV, aunque se ha estudiado menos. Se define por la necesidad imperiosa de mover las piernas, peor por la tarde y la noche, que mejora con el movimiento y empeora en reposo. Muchos pacientes con SPI presentan movimientos periódicos de las extremidades durante el sueƱo que se asocian con picos bruscos de frecuencia cardiaca y presión arterial, fragmentando el sueƱo y favoreciendo mecanismos neurales, metabólicos, inflamatorios y vasculares similares a los descritos en la AOS.
Por Ćŗltimo, el sĆndrome de hipoventilación por obesidad (SHO), caracterizado por hipoventilación alveolar persistente en personas con obesidad, se asocia a hipoxia crónica, hipercapnia y muy alto riesgo de hipertensión pulmonar e insuficiencia cardiaca derecha. Cuando coincide con la AOS, el pronóstico cardiovascular empeora aĆŗn mĆ”s.
Patrones de sueño saludables y reducción del riesgo cardiovascular
MĆ”s allĆ” de estudiar cada trastorno por separado, algunos trabajos han analizado la combinación de varios componentes del sueƱo en una puntuación global de āsueƱo saludableā. Un ejemplo es un estudio que combinó datos de dos grandes cohortes europeas, con mĆ”s de 11.000 participantes sin enfermedad cardiovascular al inicio, seguidos durante varios aƱos.
En este trabajo, se construyó un Ćndice que incluĆa variables como cronotipo matutino, duración del sueƱo de 7-8 horas diarias, ausencia de insomnio, ausencia de apnea del sueƱo y ausencia de somnolencia diurna excesiva. Cada caracterĆstica saludable sumaba un punto, de modo que la puntuación total podĆa ir de 0 a 5.
Los resultados fueron muy claros: por cada punto adicional en la puntuación de sueƱo saludable, se observó una reducción progresiva del riesgo de enfermedad cardiovascular. En tĆ©rminos relativos, comparados con quienes tenĆan peor puntuación:
- Una puntuación de 2 se asoció con un 10% menos de riesgo.
- Una puntuación de 3, con un 19% menos.
- Una puntuación de 4, con un 38% menos.
- Y una puntuación de 5, con hasta un 63% menos de riesgo de ECV.
Se estimó que entre el 30% y el 60% de los eventos cardiovasculares podrĆan ser potencialmente prevenibles si las personas alcanzaran un patrón de sueƱo óptimo en al menos cuatro o cinco de esos componentes. AdemĆ”s, no solo importaba cómo se dormĆa al inicio: quienes mejoraban su puntuación de sueƱo saludable durante el seguimiento tambiĆ©n veĆan reducido significativamente su riesgo, lo que indica que nunca es tarde para empezar a cuidar el sueƱo.
Estos hallazgos aportan una idea potente: las intervenciones clĆnicas y de salud pĆŗblica orientadas a mejorar la calidad global del sueƱo (no solo a tratar un trastorno concreto) podrĆan ser una estrategia eficaz para disminuir la carga de enfermedad cardiovascular en la población general.
Tratamiento del insomnio: mƔs allƔ de las pastillas para dormir
En la prĆ”ctica diaria, muchos mĆ©dicos de atención primaria tienden a recurrir con rapidez a la prescripción de fĆ”rmacos hipnóticos, sobre todo benzodiacepinas y, en menor medida, algunos antidepresivos sedantes. Sin embargo, las guĆas europeas y americanas insisten en que el objetivo deberĆa ser minimizar el uso y el abuso de estos medicamentos, reservĆ”ndolos para periodos cortos y situaciones muy concretas.
Las recomendaciones actuales son claras: la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) es el tratamiento de primera lĆnea para el insomnio crónico en adultos de cualquier edad. Se trata de un conjunto de tĆ©cnicas psicológicas estructuradas (educación sobre el sueƱo, reestructuración de pensamientos disfuncionales, control de estĆmulos, restricción del sueƱo, tĆ©cnicas de relajaciónā¦) cuyo objetivo es romper el cĆrculo vicioso de la hiperactivación nocturna y el miedo a no dormir.
Cuando la TCC-I no estĆ” disponible, no es suficiente por sĆ sola o el paciente no puede acceder a ella, se puede valorar el uso de fĆ”rmacos a corto plazo (no mĆ”s de 4 semanas en general). Las benzodiacepinas y algunos antidepresivos han demostrado eficacia en el tratamiento breve del insomnio, pero se desaconseja su uso prolongado por el riesgo de tolerancia, dependencia, caĆdas, deterioro cognitivo y otros efectos secundarios, especialmente en personas mayores.
Otras opciones farmacológicas habituales, como antihistamĆnicos, antipsicóticos, melatonina, productos milagro para el insomnio o fitoterapia cuentan con evidencia dĆ©bil o muy limitada y, en general, las guĆas no las recomiendan como tratamiento estĆ”ndar del insomnio crónico. De forma similar, terapias alternativas como la homeopatĆa o la acupuntura no disponen de respaldo cientĆfico sólido.
La guĆa de la Academia Americana de Medicina del SueƱo tambiĆ©n respalda la TCC-I y sugiere estrategias conductuales especĆficas como el control de estĆmulos (asociar la cama solo a dormir y relajarse, evitando actividades excitantes), la restricción del tiempo en cama (para aumentar la presión de sueƱo y mejorar su consolidación) y distintas tĆ©cnicas de relajación y manejo de la activación. La higiene del sueƱo, por sĆ sola, es insuficiente para tratar un insomnio crónico consolidado, pero es un punto de partida Ćŗtil.
Entre las medidas bĆ”sicas de higiene del sueƱo que cualquier mĆ©dico puede recomendar, destacan: mantener horarios regulares de acostarse y levantarse (incluidos los fines de semana), ir a la cama solo cuando se tenga sueƱo, levantarse si no se concilia el sueƱo en un tiempo razonable para hacer algo tranquilo, asegurar un ambiente adecuado (temperatura agradable, oscuridad, silencio, colchón cómodo), cenar ligero y temprano, evitar estimulantes y alcohol en las horas previas, limitar las siestas (no mĆ”s de 20-30 minutos, nunca a Ćŗltima hora de la tarde), realizar actividad fĆsica de forma regular pero no justo antes de acostarse, reducir al mĆ”ximo el uso de pantallas en la cama y establecer rutinas de relajación antes de dormir.
Tratamiento de la apnea del sueƱo y otros trastornos relacionados
En el caso de la apnea obstructiva del sueƱo, el tratamiento de referencia es la presión positiva continua en la vĆa aĆ©rea (CPAP). Se trata de un dispositivo que mantiene la vĆa aĆ©rea abierta durante el sueƱo mediante un flujo constante de aire a travĆ©s de una mascarilla nasal o nasobucal. Numerosos ensayos han demostrado que la CPAP reduce la somnolencia diurna, mejora la calidad del sueƱo y la calidad de vida de los pacientes con AOS.
Desde el punto de vista cardiovascular, la CPAP ha demostrado un efecto modesto pero clĆnicamente relevante en el control de la presión arterial, con reducciones de alrededor de 2 mmHg de media, especialmente marcadas en pacientes con hipertensión resistente o hipertensión nocturna predominante. Para obtener estos beneficios, suele ser necesario un uso de al menos 4 horas por noche de forma regular.
Los datos sobre si la CPAP reduce de forma clara los eventos cardiovasculares mayores (infarto, ictus, muerte cardiovascular) son mĆ”s complejos. En prevención primaria, la evidencia apunta hacia un efecto protector, mientras que en prevención secundaria (pacientes que ya han sufrido un evento) los resultados han sido menos concluyentes. Es probable que existan perfiles especĆficos de pacientes mĆ”s vulnerables a los efectos nocivos de la AOS, en los que el tratamiento sĆ tenga un impacto mayor, por lo que se apuesta por una medicina del sueƱo mĆ”s personalizada.
AdemĆ”s de la CPAP, existen dispositivos de avance mandibular (DAM) que reposicionan la mandĆbula hacia delante para mantener la vĆa aĆ©rea abierta, especialmente Ćŗtiles en casos leves o moderados de AOS. Aunque suelen ser menos eficaces que la CPAP en apneas severas, algunos estudios muestran que, en tĆ©rminos de reducción de la presión arterial, pueden ofrecer beneficios comparables en determinados pacientes. Un tratamiento emergente es la estimulación del nervio hipogloso, que aumenta el tono muscular de la lengua durante el sueƱo para evitar el colapso farĆngeo; los resultados iniciales son prometedores, pero aĆŗn se necesitan mĆ”s estudios a largo plazo.
En el sĆndrome de hipoventilación por obesidad, el tratamiento combina pĆ©rdida de peso, soporte ventilatorio (CPAP o BiPAP, segĆŗn el caso) y manejo intensivo de los factores de riesgo asociados. Con el SPI, el abordaje incluye corrección de la posible deficiencia de hierro, medidas de higiene del sueƱo y, en ocasiones, fĆ”rmacos especĆficos, valorando siempre el impacto sobre la estructura del sueƱo y el posible riesgo cardiovascular.
Insomnio, comorbilidad e impacto en la vida real
La falta de sueño de calidad no solo pasa factura al corazón: también afecta de lleno a la cognición, el estado de Ônimo y la funcionalidad. Durante la noche, especialmente en el sueño de ondas lentas y en la fase MOR (REM), el cerebro consolida la memoria y refuerza las conexiones neuronales. Cuando estas fases se interrumpen repetidamente por despertares, insomnio o apneas, aparecen olvidos frecuentes, dificultad para concentrarse, menor capacidad de aprendizaje e incluso mayor susceptibilidad a enfermedades neurodegenerativas.
A nivel emocional, tras una sola noche de mal dormir se observa ya un aumento de la irritabilidad, la tristeza y la labilidad emocional, junto con una caĆda en la energĆa y la motivación. Cuando el problema se cronifica, aumentan de forma notable el riesgo de ansiedad y depresión. Estudios han demostrado que dormir menos de 4,5 horas por noche durante una semana reduce de forma clara el bienestar emocional y altera la manera en que el cerebro procesa las emociones.
La experiencia clĆnica de unidades especializadas del sueƱo es muy ilustrativa. Muchos pacientes acuden quejĆ”ndose de fallos de memoria, falta de concentración o āniebla mentalā y no siempre son conscientes del peso que tiene la mala calidad del sueƱo en esos sĆntomas. Al tratar el insomnio, optimizar el descanso y, cuando corresponde, tratar la apnea del sueƱo, no es raro ver mejoras tanto en el control de la presión arterial como en el rendimiento cognitivo y el estado de Ć”nimo.
La pandemia de COVID-19 puso aĆŗn mĆ”s de manifiesto este problema: diversos estudios han mostrado una mayor incidencia de sĆntomas de insomnio entre los profesionales sanitarios que trabajaron en primera lĆnea frente al virus, en comparación con otros trabajadores. El trabajo a turnos, por sĆ mismo, se asocia con un aumento del riesgo de ECV, probablemente por la desalineación circadiana crónica, la privación de sueƱo y los cambios en la alimentación y la actividad fĆsica.
DetrĆ”s de todo esto hay tambiĆ©n un componente social y polĆtico: a pesar de la evidencia disponible que relaciona de forma clara los trastornos del sueƱo con la salud cardiovascular y otras consecuencias, todavĆa no existe un plan estratĆ©gico amplio para proteger la salud del sueƱo de la población. Se reclaman acciones urgentes para promover el sueƱo como hĆ”bito saludable, garantizar el derecho a dormir en condiciones adecuadas (ruido ambiental, horarios laborales, conciliación) y fomentar la investigación que permita un abordaje mĆ”s preciso y personalizado de los trastornos del sueƱo.
Todo apunta a que cuidar el sueƱo es mucho mĆ”s que āno tener ojerasā: implica proteger el corazón, el cerebro, el metabolismo y la salud mental. Integrar la evaluación del sueƱo en la prĆ”ctica clĆnica rutinaria, priorizar las terapias conductuales frente a la sobreprescripción de hipnóticos, diagnosticar y tratar la apnea del sueƱo y educar a la población en hĆ”bitos de sueƱo saludables son pasos clave para reducir una parte nada despreciable del riesgo cardiovascular que hoy asumimos como inevitable.