La OMS alerta: más de mil millones conviven con problemas de salud mental en el mundo

  • La OMS estima que en torno al 14% de la población padece un trastorno mental (unos 1.095 millones de personas).
  • La ansiedad y la depresión son las más comunes; las mujeres están más afectadas y la brecha creció con la COVID-19.
  • En 2021 hubo 727.000 suicidios; el ritmo actual no alcanzará la meta de la ONU de reducir un tercio las tasas para 2030.
  • La inversión sigue estancada en el 2% del gasto sanitario y las pérdidas por productividad rondan 1 billón de USD al año.

Salud mental global

La Organización Mundial de la Salud ha puesto números a una realidad que preocupa: más de mil millones de personas viven con algún problema de salud mental. Se trata de una cifra que no deja de crecer y que, entre 2011 y 2021, avanzó más deprisa que el aumento de la población mundial, según los documentos World Mental Health Today y Mental Health Atlas.

El panorama que dibujan estos informes es claro: la ansiedad y la depresión concentran la mayoría de casos, el impacto se nota en todos los continentes y hay un llamamiento a los gobiernos para que refuercen la prevención y la atención y el acceso con políticas ambiciosas y financiación estable.

Magnitud del problema: cifras clave

Cifras de salud mental en el mundo

Las estimaciones más recientes sitúan a alrededor de 1.095 millones de personas con algún trastorno mental, lo que equivale a en torno al 14% de la población. La mayor parte de quienes conviven con estas condiciones residen en países de ingresos bajos y medios, donde los recursos son más escasos.

Dos tercios de los casos corresponden a ansiedad y depresión, y el reparto por sexo revela una brecha persistente: se calcula que hay 581,5 millones de mujeres afectadas frente a 513,9 millones de hombres. La pandemia de COVID-19 amplió esa diferencia, con incrementos mayores en mujeres, tal y como captó el estudio GBD de 2020.

La OMS advierte, además, de que esta cifra podría estar subestimada. El estigma y la reticencia a compartir experiencias personales en encuestas hacen pensar que aflorarán más casos en los próximos años, según explicó Mark Van Ommeren, responsable de la unidad de salud mental de la organización.

El crecimiento del número de personas afectadas ha superado al de la población total, un signo de que los determinantes sociales, las crisis y las desigualdades están empujando la prevalencia en la dirección equivocada.

Edad y género: quiénes lo sufren más

Impacto por edad y género

Los problemas de salud mental comienzan con frecuencia pronto: en 2021, alrededor del 7% de los niños de 5 a 9 años y el 14% de los adolescentes de 10 a 19 años presentaban algún trastorno. Aproximadamente un tercio de los diagnósticos en adultos se inicia antes de los 14 años; la mitad, antes de los 18; y casi dos tercios, antes de los 25.

En edades avanzadas, la carga tampoco es menor: cerca del 14% de las personas de 70 años o más viven con trastornos, sobre todo depresivos y de ansiedad, lo que subraya la necesidad de seguimiento y apoyo a lo largo de todo el ciclo vital.

Los patrones por sexo y diagnóstico difieren: los trastornos alimentarios se concentran mayoritariamente en mujeres, que también registran más casos de ansiedad y depresión; por su parte, los hombres están sobrerrepresentados en TDAH, trastornos de la conducta y trastornos del espectro autista.

Por edad, la ansiedad es más frecuente entre los 20 y los 45 años, mientras que la depresión gana terreno a partir de los 40 y alcanza picos alrededor de los 50-69 años, una etapa en la que influyen múltiples factores sociales y de salud.

Suicidio: una urgencia que no cede

Suicidio y salud mental

En 2021, aproximadamente 727.000 personas perdieron la vida por suicidio. Esta causa se mantiene entre las primeras en población joven y más de la mitad de los fallecimientos se produce antes de los 50 años, lo que evidencia el enorme coste humano.

La directora del área de salud mental de la OMS, Dévora Kestel, definió el suicidio como una “tragedia” que sigue ocurriendo con demasiada frecuencia. Con el ritmo actual, el mundo no alcanzará el objetivo de la ONU de reducir un tercio las tasas para 2030: la proyección apunta a una caída de apenas un 12%.

Un dato para contextualizar: se estima que solo 1 de cada 20 intentos termina en fallecimiento y, aunque la tasa mundial ha bajado alrededor del 35% desde el año 2000, la tendencia es a todas luces demasiado lenta.

Coste humano y económico

Coste humano y económico

Los trastornos de salud mental figuran entre las principales causas de discapacidad en el planeta. En particular, la depresión por sí sola concentra aproximadamente el 9% de la discapacidad global medida en años de vida ajustados por discapacidad, un impacto que no es baladí.

El lastre para la economía también es mayúsculo: la ansiedad y la depresión provocan cada año en torno a 1 billón de dólares en pérdida de productividad (unos 850.000 millones de euros), a lo que hay que sumar los costes directos en atención sanitaria y el impacto en cuidadores.

Las personas con determinados diagnósticos sufren, además, una merma notable en la esperanza de vida: quienes viven con esquizofrenia fallecen de media nueve años antes, y las personas con trastorno bipolar, alrededor de trece años antes que la población general.

Sistemas de salud: inversión, personal y reformas

Recursos y sistemas de salud mental

Pese a los avances de los últimos años, la financiación sigue estancada, por ello algunos territorios buscan reforzar la atención en salud mental. De media, los países dedican a la salud mental solo el 2% del presupuesto sanitario, con fuertes desigualdades: los de ingresos altos invierten alrededor de 65 USD por persona, frente a apenas 0,04 USD en los más pobres.

La brecha de recursos humanos es igual de evidente: el promedio mundial es de 13 profesionales de salud mental por cada 100.000 habitantes, pero en países de bajos ingresos hay poco más de 1 por cada 100.000. En dos tercios de los países, un psiquiatra atiende a 200.000 personas o más.

El acceso a la atención es muy desigual. En los países de bajos ingresos, menos del 10% de las personas con psicosis recibe tratamiento, frente a más del 50% en los de ingresos altos. La disponibilidad de medicamentos esenciales e intervenciones psicológicas asequibles sigue siendo limitada donde más falta hace.

La transición hacia modelos comunitarios y centrados en la persona avanza despacio: casi la mitad de las hospitalizaciones son involuntarias y en más del 20% de los casos las estancias superan un año, lo que revela la urgencia de reformas con enfoque de derechos.

También hay buenas noticias. El 71% de los países cumple al menos tres de los cinco criterios de la OMS para integrar la salud mental en la atención primaria; más del 80% ofrece apoyo psicosocial en emergencias (frente al 39% en 2020) y la telesalud gana terreno, aunque el acceso sigue siendo desigual.

La OMS reclama acción coordinada con cuatro palancas: financiación equitativa, reformas legales que protejan los derechos humanos, inversión sostenida en el personal y expansión de la atención comunitaria. La próxima Reunión de Alto Nivel de la ONU sobre salud mental, prevista en Nueva York, se perfila como una oportunidad para consolidar compromisos.

Con los datos sobre la mesa, el diagnóstico es incontestable: el mundo convive con una carga de salud mental que afecta a todas las edades y territorios, con un coste humano y económico enorme y una respuesta aún insuficiente. Acelerar la prevención, ampliar la atención y sostener la inversión pública son piezas clave para cerrar la brecha y mejorar el bienestar colectivo.

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