
La psicología se ha convertido en una pieza clave para comprender y atender muchos de los desafíos actuales: desde dejar de fumar hasta afrontar emergencias, pasando por la salud mental en el trabajo y la organización de la propia profesión. En España y Europa, cada vez es más evidente que la respuesta a problemas complejos requiere enfoques psicológicos basados en la evidencia científica, pero también cercanos, humanos y adaptados a la vida cotidiana.
En los últimos meses han coincidido varios hechos que ilustran esta tendencia: el auge de las aplicaciones móviles apoyadas en teorías psicológicas para abandonar el tabaco, la activación de dispositivos de psicología de emergencias tras accidentes graves, el renovado interés por los estilos de liderazgo que reducen el burnout y la revalidación de proyectos colegiales que buscan dignificar la profesión. Todo ello dibuja un panorama en el que la psicología no solo se aplica en la consulta, sino también en el móvil, en la empresa, en la calle y en las instituciones.
Apps para dejar de fumar: cuando la psicología cabe en el bolsillo
El uso del móvil se ha consolidado como una herramienta de apoyo psicológico en tiempo real para quienes intentan dejar de fumar. Un metaanálisis publicado en la revista BMJ Evidence-Based Medicine concluye que las aplicaciones basadas en teorías psicológicas son hasta tres veces más eficaces que no contar con ningún tipo de apoyo o con un apoyo mínimo cuando se trata de mantener la abstinencia a largo plazo.
En un país como España, donde el tabaco se asocia a más de 50.000 muertes anuales por enfermedades cardiovasculares, ictus, aneurismas o cáncer de pulmón, además de su relación con la diabetes o el colesterol, este tipo de herramientas puede marcar una diferencia. Muchas personas intentan dejarlo por su cuenta y no llegan a consultar con un profesional sanitario, de modo que las apps se convierten en una puerta de entrada a intervenciones con base psicológica que, de otra forma, quizá no tendrían.
Según el análisis, la mayoría de estas aplicaciones se sustentan en modelos psicológico-conductuales (PBT), que trabajan la cognición, la regulación emocional y la motivación. Para ello se nutren de técnicas de terapia cognitivo-conductual (TCC), terapia de aceptación y compromiso o prácticas de atención plena. El resultado es un acompañamiento más intenso y personalizado que un simple consejo aislado, adaptado a los momentos críticos del proceso de deshabituación.
Los datos señalan que las apps basadas en estas teorías incrementan de forma significativa la abstinencia a corto plazo (alrededor de los tres meses) y, sobre todo, a medio plazo en torno a los seis meses. Se ha observado un aumento cercano al 36% en el mantenimiento de la abstinencia respecto a aplicaciones más simples, centradas únicamente en recordatorios o pautas conductuales tradicionales sin un marco psicológico estructurado.
Para especialistas como Carlos Jiménez, neumólogo y fundador del Área de Tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ), este tipo de recursos son una ayuda valiosa, aunque limitada por el acceso desigual a la tecnología. Subraya que la eficacia real de un tratamiento para dejar de fumar sigue siendo mayor cuando se combina el asesoramiento psicológico con un tratamiento farmacológico adecuado, de forma coordinada con el sistema sanitario.
Validar la eficacia y combinar tecnología con tratamiento médico
Los investigadores que han analizado estas aplicaciones llaman a la prudencia. Reconocen que la calidad de la evidencia es todavía moderada o baja debido a las altas tasas de abandono (superiores al 30% en muchos estudios) y al hecho de que gran parte de los resultados se basan en la abstinencia autoinformada por las propias personas usuarias, sin una comprobación fisiológica sistemática.
Profesionales como Jiménez recuerdan que, para hablar con propiedad de eficacia a largo plazo, lo ideal sería evaluar a 12 meses y no solo a medio plazo. Aun así, señalan que las recaídas entre el sexto y el duodécimo mes no suelen ser tan elevadas como para invalidar por completo los resultados obtenidos, siempre que se complemente la información con algún tipo de verificación objetiva.
En este sentido, los expertos apuntan a la necesidad de validar fisiológicamente la abstinencia, algo que podría hacerse midiendo el monóxido de carbono en el aire espirado o analizando los niveles de nicotina y sus metabolitos en sangre, orina o saliva. Varios metaanálisis previos ya han advertido de que una parte relevante de los estudios sobre intervenciones para dejar de fumar han prescindido de esta validación, lo que complica la interpretación precisa de sus resultados.
Otro aspecto que se considera clave es el papel de las apps como refuerzo del tratamiento farmacológico. Desde Separ se insiste en que la combinación de apoyo psicológico estructurado y medicación (por ejemplo, con fármacos de primera línea para la deshabituación tabáquica) ofrece mayores probabilidades de éxito que cualquiera de los componentes por separado. La tecnología móvil, en este contexto, se ve más como un «empujón» constante que sostiene la motivación y ayuda a manejar los momentos de craving.
A todo ello se suma la rapidez con la que evoluciona la tecnología. Muchos de los estudios analizados se realizaron con aplicaciones desarrolladas hace varios años, que hoy podrían considerarse obsoletas frente a las posibilidades actuales de la inteligencia artificial (IA). Los especialistas prevén que el despliegue de apps con IA integrada, capaces de ajustar el acompañamiento a la historia y el estado emocional de cada usuario, suponga un salto cualitativo en la eficacia de estas herramientas en los próximos años.
Psicología de emergencias: apoyo tras el accidente ferroviario de Adamuz
El alcance de la psicología va más allá de la salud individual y llega de lleno a la gestión de catástrofes colectivas. Tras el reciente accidente ferroviario en la zona de Adamuz (Córdoba), la Fundación Psicología Sin Fronteras anunció la activación de sus recursos especializados en psicología de emergencias, integrándose en el dispositivo de atención coordinado por el Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad.
El despliegue incluye un equipo profesional con formación específica en intervención en crisis y emergencias, orientado tanto a las víctimas directas y sus familiares como a las personas que participan en las labores de rescate y atención. Entre estas últimas se encuentran miembros de los servicios de emergencias, protección civil, cuerpos de seguridad, personal sanitario y voluntariado que han estado expuestos a escenas de alto impacto emocional.
Desde la Fundación insisten en que la intervención psicológica en estos contextos no consiste en «curar» a las personas ni en hacer el proceso por ellas. El objetivo es acompañar para que cada persona pueda activar sus propios recursos y capacidades en un momento en el que la desorientación, la sensación de amenaza y el miedo pueden bloquear la respuesta habitual.
Su presidente, Guillermo Fouce, resume este enfoque recordando que la persona afectada no es un sujeto pasivo: siente, piensa y conserva cierta capacidad de acción, incluso en situaciones extremas. De ahí que el trabajo de los equipos de psicología se centre en devolver un mínimo de orientación y seguridad, más que en imponer soluciones rápidas o atajos que no respeten los tiempos de cada individuo.
En la práctica, esto se traduce en intervenciones que dan prioridad al apoyo y el acompañamiento humano. Uno de los elementos más protectores frente al impacto psicológico de una catástrofe es que la persona no se sienta sola. Preguntas tan sencillas como «¿a quién podemos avisar para que esté cerca de ti?» pueden tener un enorme efecto amortiguador del malestar, al activar redes de apoyo natural y reforzar el sentimiento de pertenencia.
Intervenciones basadas en la evidencia y cuidado de los equipos
La Fundación Psicología Sin Fronteras defiende un modelo de intervención en emergencias basado en la evidencia científica, pero profundamente humano. Eso implica fomentar la escucha activa, la empatía y el respeto a los ritmos de cada persona, evitando medicalizar en exceso reacciones que, en muchas ocasiones, son respuestas normales a situaciones anormales y muy estresantes.
En las primeras fases de una emergencia, no se priorizan las intervenciones individuales intensivas, sino la información clara, la orientación básica y la reducción de la incertidumbre. Explicar qué está ocurriendo, qué se considera una reacción normal en este tipo de contextos y qué recursos están disponibles ayuda a reducir el miedo y la sensación de caos, facilitando que las personas puedan ir elaborando lo sucedido.
A partir de ahí se da preferencia a intervenciones grupales y comunitarias, espacios de ayuda mutua y apoyo social que permiten compartir experiencias y estrategias de afrontamiento. Las intervenciones clínicas individuales especializadas se reservan para aquellas personas en las que se detectan signos de riesgo elevado, como la aparición de síntomas persistentes de estrés postraumático, depresión intensa o ideación suicida.
La propia Fundación subraya, además, la necesidad de cuidar psicológicamente a los equipos que intervienen. El contacto continuado con el dolor ajeno y con escenas potencialmente traumáticas puede generar lo que se conoce como trauma vicario, desgaste emocional o cronificación del malestar en profesionales y voluntariado. Por ello, se recomienda que estos equipos cuenten con espacios de supervisión, descompresión emocional y apoyo antes, durante y después de la intervención.
Otro mensaje clave es que la atención psicológica no puede limitarse a la fase aguda ni a la presencia mediática del suceso. El impacto emocional a menudo se prolonga en el tiempo, y muchas reacciones aparecen o se intensifican semanas o meses después, cuando la atención social ya se ha desplazado a otros temas. Mantener dispositivos de apoyo en fases posteriores es esencial para facilitar una recuperación más completa y prevenir la cronificación de los problemas.
Liderazgo, burnout y el llamado «Efecto Gandalf» en las organizaciones
La psicología también está reconfigurando la forma de entender el liderazgo y la productividad en las empresas. Tras décadas glorificando al jefe autoritario, centrado exclusivamente en resultados y dispuesto a exprimir a sus equipos, han aumentado las voces que señalan el coste psicológico de este modelo: agotamiento, apatía, burnout y un deterioro generalizado de la salud mental en el entorno laboral.
El filósofo Jonny Thomson propone un enfoque alternativo al que denomina «Efecto Gandalf», inspirado en el personaje de El Señor de los Anillos. Frente a la figura del líder temido, que basa su autoridad en la dureza y el control, se reivindica el papel de quien impulsa a los demás a través de la esperanza, la justicia y la implicación personal en el trabajo diario, de forma mucho más cercana a los principios de la psicología organizacional contemporánea.
En este modelo, un buen responsable de equipo no se limita a dar órdenes, sino que trabaja activamente los factores psicológicos que sostienen la motivación: trato justo y equitativo, capacidad para «arremangarse» cuando hace falta y habilidad para transmitir confianza en los momentos críticos. La idea es que, sin esperanza compartida de que el esfuerzo merece la pena, difícilmente se puede mantener un rendimiento sostenible a medio y largo plazo.
Desde la psicología del trabajo, diversos estudios han mostrado que los estilos de liderazgo que incorporan optimismo realista, apoyo emocional y reconocimiento tienden a reducir los niveles de cortisol, la hormona asociada al estrés sostenido, y a favorecer la liberación de oxitocina, que se vincula con la confianza y la cooperación. Esta combinación genera entornos más colaborativos y creativos, en los que los equipos se convierten en grupos más cohesionados y resolutivos.
Frente a la cultura del «tiburón» y de la exigencia sin límites, los enfoques basados en la psicología positiva y en el bienestar organizacional apuntan a que cuidar la salud mental en el trabajo no es solo una cuestión ética, sino también una estrategia efectiva de productividad. Menos burnout y más sentido de pertenencia suelen reflejarse, a medio plazo, en menor rotación de personal, menos bajas y un mejor rendimiento global.
Refuerzo institucional de la psicología en Andalucía Oriental
En el ámbito profesional, la psicología también vive un momento de reorganización interna. Un ejemplo destacado es la reelección de Mariela Checa como decana del Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Oriental (COPAO), tras imponerse en las elecciones colegiales con el 53% de los votos emitidos por las personas colegiadas.
Según el acta provisional de resultados, Checa renueva su mandato al frente del Colegio por otros cuatro años, dando continuidad al equipo que dirige la institución desde 2021. Nacida en Jaén en 1973, la decana es psicóloga sanitaria, perito judicial y experta en intervención familiar y coordinación de parentalidad, además de doctoranda en Ciencias Jurídicas y Sociales.
Su trayectoria incluye distintos cargos de responsabilidad institucional, entre ellos la dirección del Instituto Andaluz de la Mujer, la presidencia de la Unión Profesional Sanitaria de Málaga (UPROSAMA) o la Dirección de Relaciones Institucionales de la Universidad de Málaga. En la actualidad, compagina el decanato con la dirección del Experto Universitario en Coordinación de Parentalidad y del proyecto piloto COPAR, en colaboración con la Junta de Andalucía.
El programa con el que afronta esta nueva etapa se articula en torno a tres grandes ejes: reforzar la formación continua y la especialización de las personas colegiadas, mejorar las condiciones laborales del colectivo y aumentar la visibilidad y el reconocimiento social de la psicología en todos sus ámbitos de actuación.
Entre las líneas concretas previstas figuran la lucha contra el intrusismo profesional, la demanda de un mayor número de plazas de psicología en el sistema público, la creación de un observatorio permanente sobre empleo y condiciones laborales y el impulso al emprendimiento y al trabajo autónomo, especialmente relevante para quienes ejercen en consulta privada o en proyectos comunitarios.
Divulgación, empleo y presencia social de la psicología
Otro de los objetivos que se plantea el COPAO es el de reforzar la presencia del Colegio en sus cuatro sedes provinciales, intensificando las relaciones con instituciones, entidades sociales, medios de comunicación y ciudadanía. La idea es acercar la psicología a la población y romper el estigma que aún persiste en torno a la salud mental y la búsqueda de ayuda profesional.
Para ello, el Colegio prevé poner en marcha campañas de divulgación sobre el impacto de la intervención psicológica en la vida cotidiana, tanto en el ámbito sanitario como en el educativo, el social o el laboral. La intención es mostrar, con ejemplos concretos y datos, cómo la psicología contribuye a mejorar el bienestar, prevenir problemas y apoyar procesos de cambio personal y colectivo.
La creación de un observatorio de empleo pretende ofrecer una radiografía actualizada de la situación laboral de las personas psicólogas en la comunidad, detectando necesidades y promoviendo propuestas de mejora ante la Administración. Aspectos como la precariedad en algunos ámbitos, la falta de reconocimiento de especialidades o la presencia insuficiente de psicólogos en la sanidad pública forman parte de las preocupaciones recurrentes del sector.
En paralelo, se plantea apoyar iniciativas de emprendimiento y trabajo autónomo, proporcionando herramientas para la gestión de consulta, la comunicación profesional y la creación de proyectos innovadores que den respuesta a nuevas demandas sociales, desde la intervención en crisis hasta programas de bienestar psicológico en empresas o centros educativos.
Todo ello se enmarca en un contexto en el que la demanda de apoyo psicológico ha crecido de manera notable en España, especialmente tras los últimos años marcados por la pandemia, la incertidumbre económica y el aumento de los problemas de salud mental. Para el Colegio, esta situación refuerza la necesidad de contar con profesionales bien formados, con condiciones laborales dignas y con instituciones colegiales fuertes que actúen como interlocutores ante la Administración y la sociedad.
El conjunto de estos movimientos —desde las apps para dejar de fumar hasta la psicología de emergencias, los nuevos enfoques de liderazgo y el refuerzo de los colegios profesionales— muestra una disciplina en plena expansión, que va ganando peso en las políticas públicas, en las empresas y en la vida diaria. La psicología se despliega hoy en múltiples frentes y formatos, combinando la evidencia científica con un trato humano cercano, con el reto compartido de llegar a más personas sin perder rigor ni calidez en el camino.
