
Escucha esta divertida historia que nos cuenta Jorge Bucay en su libro El camino de la espiritualidad ļ
Yo aprendà con algo de dolor este concepto de que los resultados a veces no son inmediatos, aunque de una manera bastante mÔs prosaica.
Fue en MƩxico. En una barbacoa, y no en una conferencia magistral. De boca de mis amigos mexicanos, y no de la mano de un gran maestro espiritual. Entre tequilas y pozoles, y no entre libros y apuntes.
En la mesa, entre todas las delicias que se nos ofrecĆan, habĆa un pequeƱo cacharro con unas bolitas de color verde brillante que yo nunca habĆa visto. Los mexicanos tienen una gran afición gastronómica por el chile y tienen gran variedad de ellos, a cual mĆ”s picante.
Yo ya habĆa aprendido a desconfiar de la famosa frase de mis amigos aztecas, cuando me decĆan: Ā«De esto puedes comer tranquilo que no picaĀ» porque en la comida mexicana todo pica (aunque hay picores y picores), y la persona que viene de fuera, y que no tiene la lengua Ā«inmunizadaĀ», debe probar con cautela cada cosa que se lleva a la boca.
Seguramente por eso me sorprendió que mis amigos me dijeran que tuviera cuidado con ese chile redondito, porque picaba mucho. Yo, que siempre tengo ganas de explorar los diferentes sabores que me propone la comida tĆpica de cada lugar, me puse, fiel a mi cautela, menos de la mitad de uno de esos chilitos en la boca. Picaba un poco, pero el sabor era exquisito.
Ā«No es para tantoā¦Ā» dije, casi alardeando de mi entereza, Ā«he probado otros mĆ”s picantesĀ» agreguĆ©, y desconociendo las seƱas de todos me puse 2 mĆ”s, enteros, en la boca y los degustĆ© con una sonrisaā¦
2 ó 3 minutos despuĆ©s, la sonrisa se me habĆa borrado de la cara.
SentĆa la boca hecha un fuego, la lengua me dolĆa, el calor me sofocaba y casi no podĆa respirar.
De nada servĆan el agua, que bebĆa a borbotones, no el vaso de leche frĆa que pedĆ, ni ninguna otra cosa. Solo podĆa esperar a que se me pasaraā¦
Mientras tanto se grababa en mi mente y en mi esófago la enseƱanza que nunca olvidarĆ©: los resultados de las cosas a veces, en efecto, no son inmediatos, especialmente en cuanto al chile y los efectos de la sabrosĆsima comida mexicana, aunque tambiĆ©n se podrĆan agregar a la lista de las cosas que requieren su tiempo, los resultados ostensibles de las cremas de belleza y los logros trascendentes de la Superación Personal. (Ćltimas palabras aƱadidas por mi para adaptarlas al propósito de este blog).