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La Teoría de las Ventanas Rotas y su aplicación a la vida diaria

Esa teoría, o más bien experimento social, nos puede ayudar a entender cómo funciona el cerebro de las personas en relación al cuidado de las cosas y el respeto por los bienes ajenos.

Esta teoría surgió de un experimento realizado por el profesor Philip Zimpardo y su equipo en el año 1969.

Prepararon dos vehículos idénticos. Eran de la misma marca, del mismo modelo y hasta se había elegido el mismo color. Lo único que tenían diferente era la ubicación en donde los iban a dejar:

1) Uno de ellos sería abandonado en la zona de Palo Alto, una zona muy tranquila en dónde viven personas de alto estatus social.

2) El otro sería abandonado en Bronx, entonces era una zona muy pobre y de las más caóticas de todo Nueva York.

¿El objetivo? Saber cómo actuarían las personas cuando se encontrasen con los vehículos.

Cómo era de esperar, el vehículo del Bronx no tardó en ser atacado. Antes de que nadie se diera cuenta, ya se habían llevado el motor, habían robado la radio, los espejos, las llantas…

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Por otra parte, el coche que se había apartado en Palo Alto se mantuvo en perfectas condiciones.

Esto era algo que podían haber deducido, incluso, sin realizar el experimento… entonces, ¿qué es lo que querían probar?

Los investigadores decidieron hacer algo con el coche aparcado en Palo Alto: rompieron un cristal. Poco a poco, el vehículo acabó de la misma manera que el coche aparcado en el Bronx.

Los responsables del proyecto llegaron a una conclusión muy interesante; y es que la diferencia no radicaba en la pobreza. Es algo que se relaciona con la psicología del hombre. Al parecer, un cristal roto en un coche puede llegar a transmitir una idea de despreocupación en donde ya no importa demasiado el código social establecido.

Cada ataque que experimentaba el vehículo era una nueva excusa para irlo estropeando cada vez más.

A través de experimentos similares, George Kelling y James Q. Wilson construyeron la Teoría de las ventanas rotas. Gracias a la misma pudieron establecer que si se rompe un vidrio, tanto como si es en un coche, en un edificio, o en cualquier otro lugar, y nadie lo repara, entonces habrá signos de deterioro que harán que, tarde o temprano, se produzca un delito.

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Y esto se puede extrapolar a cualquier ámbito; si en un barrio nos saltamos las normas de aparcamiento, de no poner los intermitentes o de no respetar los límites de seguridad, y nadie hace nada para castigar estos comportamientos, muy probablemente se “contagiarán” al resto de la sociedad y todo el barrio tendrá esta forma de pensar.

Esta teoría se aplicó por primera vez en los años 80 en Nueva York, en los puntos más conflictivos de la ciudad.  Se aplicó generalmente en las zonas del metro en donde el deterioro y la suciedad eran más que evidentes. A partir de pequeños cambios, se consiguió crear una ciudad más segura.

Como curiosidad, en el año 1994, el alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, seguiría una política de tolerancia cero sobre la suciedad y el deterioro. Todo esto ha impulsado a Nueva York a la recuperación absoluta.

Una teoría que puede cambiar por completo nuestra forma de pensar. Fuente

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