Hace un par de semanas estuve en una conferencia con Javier Marigorta, experto en Liderazgo Personal y Potencial Humano y director de la escuela Fasecuatro de Barcelona. La ponencia, titulada “¿Qué es el éxito?” me asombró porque Javier me dio una visión muy alejada de lo que para mí es el éxito.
Un concepto nuevo: Éxito = Vida

Cuando te preguntan qué es el éxito, la mayoría de nosotros dice algo así como “conseguir lo que uno desea”, “conseguir las metas y objetivos que uno se propone”, “tener todo aquello que sueño” o expresiones similares. En el fondo, cuando te están preguntando ¿qué es el éxito para ti?, lo que realmente tú estás respondiendo es “¿qué es la vida para mí?”.
Solemos tener la voluntad de ir consiguiendo metas constantemente, como en la fábula del burro y la zanahoria: el burro camina constantemente hacia adelante porque cree que en algún momento la alcanzará. No, no os estoy llamando burros, ni mucho menos, pero ¿quién no tiene la sensación de ir constantemente detrás de algún objetivo?
Todos sabemos el subidón que nos da cuando conseguimos esa meta que nos hemos puesto. Pero ¿cuánto tiempo dura ese subidón? ¿Un minuto, una hora o, como máximo, un día? Además, más importante aún: ¿cómo lo has pasado en el camino? Para la mayoría no es un camino sencillo y placentero, más bien al contrario.
¿Has sentido alguna vez seguridad en ti mismo, equilibrio, fortaleza, energía, abundancia, claridad mental, entusiasmo, confianza…? Sí, seguro que en algún momento lo has sentido. Entonces, si eso lo has sentido alguna vez, ¿significa que ese estado interno estaba dentro de ti? Claro que sí, porque este estado lo vives en tu interior; no es algo que entra por la ventana y se mete dentro de tu cuerpo por la oreja, sino que es algo que tú activas.
El gran problema es que utilizas activadores externos para activar esos activadores internos, que es lo que realmente deseas. Por ejemplo, la chica que dice que quiere un bolso Louis Vuitton realmente no quiere el bolso en sí, sino el estado interno que le produce llevar ese bolso y sacarlo a la calle.
Además, el éxito es profundamente subjetivo. Para algunos será trabajar desde casa y ganar tiempo; para otros, viajar y trabajar desde cualquier lugar; hay quien lo define como pasar más tiempo con la familia, tener autonomía de horarios, crear algo innovador, conquistar cierta independencia financiera, construir un negocio que refleje valores personales, liderar personas, influir positivamente en su entorno o disfrutar de tiempo de ocio de calidad. Entender esta diversidad te libera de compararte y te invita a definir tu propio éxito.
2 pasos necesarios para activar tu estado interno

Por lo tanto, ¿existe la manera de activar ese estado interno, independientemente de lo que suceda fuera? La respuesta es sí. Javier define el éxito no como algo que es necesario buscar o encontrar, sino como un estado interno que es necesario aprender a expresar. Para ello, es necesario dar 2 pasos clave:
1º.- Saber ¿quién soy? Sin saberlo, es casi imposible ser el dueño de tu mundo interno y poder activar esos estados internos de éxito que comentaba arriba (equilibrio, fortaleza…). Si uno no sabe quién es exactamente, activar esos estados a voluntad es complicadísimo. Este es un proceso que requiere tiempo, energía y dedicación en uno mismo. ¿Acaso no somos lo más importante que tenemos? ¿Por qué dedicamos más tiempo a conocer la vida de otros antes que a conocernos?
- Explora tus valores, fortalezas y límites con herramientas como una matriz DAFO/DOFA.
- Cuida tu autoestima y tus creencias potenciadoras: tanto si crees que puedes como si no, orientarás tu conducta en consecuencia.
- Define una visión personal de éxito: cómo quieres vivir, trabajar y relacionarte.
2º.- Saber ¿qué es la vida y cómo se juega a ella? Realmente la vida es un juego. Y como en todo juego, lo más importante al inicio es conocer las reglas. ¿Verdad que no jugamos al Monopoly con las reglas del parchís? ¡Pues es lo que hacemos con la vida! Jugamos con ella con las reglas equivocadas y así es imposible hacer de esta experiencia terrenal una experiencia extraordinaria. Como seres humanos buscamos el equilibrio cuerpo, mente, espíritu y bolsillo. Para que esto suceda hace falta tener información precisa de lo que es la vida. La vida es algo muy simple: en el fondo estamos aquí para 3 cosas:
- Aprender a ser feliz por mí mismo.
- Mantener mi equilibrio interno independientemente de lo que suceda fuera.
- Aprender a dar y expresar lo mejor de mí ante cualquier situación o persona.
Para vivir estas reglas, aterrízalas en prácticas concretas:
- Define objetivos claros y medibles (qué, cómo y para cuándo). Evita vaguedades como “quiero tener dinero”; concreta cantidades y plazos realistas.
- Divide prioridades: distingue lo urgente de lo importante para dedicar cada día tiempo de calidad a lo que te acerca a tu propósito.
- Visualiza tus metas y practica la gratitud a diario; entrenas tu atención y motivación.
- Pon el foco en lo que deseas, actúa más y quéjate menos. La queja drena energía; la acción la multiplica.
- Comprométete con ser una mejor versión que ayer; pequeñas mejoras consistentes te llevan muy lejos.
- Nunca te rindas: el progreso contiene caídas; aprende de ellas y vuelve con ajustes.
- Sintoniza la abundancia: actúa desde la confianza en los recursos y oportunidades, no desde la escasez.
- Pregúntate: ¿qué haría si tuviera todo el dinero del mundo? Esa respuesta revela tu vocación y te da dirección.
- Disfruta del camino: no pospongas tu bienestar a la meta; el disfrute sostiene tu disciplina.
Para tener una experiencia de vida excelente es necesaria una condición: hacerte responsable de tu vida, de tu mundo interno y aprender a jugar el juego de la vida. La vida es una inteligencia superior que hay que aprender a interpretar. ¿De dónde vienen tus miedos? ¿Y tu sufrimiento? ¿Por qué tu economía personal no funciona? ¿Por qué los resultados en tu relación no son buenos?
Todo esto, resumiéndolo, es el resultado de no saber quién soy dentro del contexto de qué es el juego de la vida. Uno de mis clientes siempre me decía “no entiendo todas las trabas que me pone la vida, ¡es injusto!”. Es comprensible pensar esto, pero aunque parezca que se nos ponen trabas, cada situación es una oportunidad para entrenar las 3 cualidades anteriores. La vida nos empuja a que seamos felices por nosotros mismos y tengamos un equilibrio interno inquebrantable; nos empuja porque sabe que si no lo hace, nosotros solos no lo haremos.

Cómo aterrizar tu éxito en planes concretos
El éxito se construye con planificación y acción. Más allá de la definición personal, necesitas una hoja de ruta:
- Fija metas a corto, medio y largo plazo. Pregúntate dónde quieres estar en unos años y tradúcelo en hitos trimestrales y semanales.
- Analiza tus puntos fuertes y débiles. Potencia lo que te diferencia y mitiga carencias con formación o aliados. La matriz DAFO es simple y útil.
- Estudia tu mercado. Mantente actualizado; lo que funcionó ayer puede no funcionar hoy. Detecta brechas y necesidades reales.
- Teje alianzas. No todo el mundo es competencia: colaborar acelera resultados y reduce costes de aprendizaje.
- Desarrolla un plan financiero. Define ingresos, gastos, colchón y umbrales de rentabilidad para tomar decisiones con calma.
- Explora el mercado digital. Permite flexibilidad, autonomía y escalabilidad. Opciones como crear un curso online o vender servicios por Internet son accesibles y viables.
Ejemplos de adaptaciones digitales: abogados que asesoran online, redactores que entregan proyectos a distancia, profesores que imparten clases virtuales. Si unes esta capacidad con liderazgo, innovación y un negocio que refleje tus valores, creas una manera de trabajar coherente con tu éxito.
Si tu foco es la empresa, cuida estas palancas: conocer a la competencia, innovar de forma continua, organizarte internamente con procesos claros, motivar al equipo, elaborar un plan de negocios y gestionar riesgos con visión. No olvides el componente de pasión por lo que haces: contagia, aglutina y sostiene en los momentos duros.

Éxito profesional: preguntas y hábitos de autoevaluación
Para calibrar si vas bien encaminado, pregúntate: ¿me siento satisfecho con mi trayectoria? ¿estoy aprendiendo y creciendo? ¿mi trabajo tiene propósito? Si respondes “sí” a estas tres, vas con buen rumbo; si no, es momento de ajustar.
- Define objetivos profesionales (p. ej., especializarte, liderar un proyecto, emprender).
- Desarrolla un plan de acción: qué aprender, a quién pedir feedback, qué hábitos incorporar.
- Implementa con constancia. Comprométete con los procesos, no solo con los resultados.
- Evalúa el progreso periódicamente y ajusta lo que sea necesario (habilidades técnicas y soft skills).
- Celebra los logros por pequeños que sean para reforzar tu motivación.
“El éxito es la suma de pequeños esfuerzos repetidos día tras día.” — Robert Collier
“El único lugar donde el éxito viene antes que el trabajo es en el diccionario.” — Vidal Sassoon
No caigas en el mito del “todo inmediato”. Compromiso, disciplina, perseverancia y paciencia siguen siendo palabras clave. Como recordatorio práctico: pon fecha a tus microacciones (por ejemplo, dedicar 30 minutos diarios a la habilidad crítica), limita la multitarea y protege bloques de concentración.
También es útil tener creencias alineadas con tus metas (“puedo aprender lo que aún no sé”, “cada no me acerca a un sí”), cultivar una mentalidad de abundancia que reduzca el miedo a la competencia y practicar la resiliencia: si te caes, te levantas con aprendizaje incorporado.

Cada uno de nosotros tiene su propia definición. Para ti, ¿qué es el éxito? ¿cómo lo definirías? Si te ayuda, piensa en estas dimensiones: personal (bienestar, relaciones, sentido), profesional (crecimiento, impacto), financiera (estabilidad y libertad de elección) y contribución (huella positiva). No necesitas elegir una sola: puedes buscar coherencia entre ellas.

El éxito no es una estación, es una manera de estar en la vida. Cuando te conoces, aprendes las reglas del juego y ejecutas con propósito, equilibrio y constancia, los resultados llegan y, sobre todo, se disfrutan. Que esa sea tu brújula: diseñar una vida que te haga sentir bien contigo, en la que entregues lo mejor de ti y hagas del proceso algo valioso día a día.