La vida está compuesta de 3 momentos temporales: tu pasado, tu presente y tu futuro.
Cierto es que el 3º ni existe ni ha existido pero existirá (recuerda que tienes que ser optimista). No soy partidario del eslogan vive a tope el presente y no te preocupes del futuro. Es VITAL vivir con intensidad y plena consciencia tu momento presente, este de ahora mismo, con alegrÃa, vitalidad, sin miedo ni angustias pero no está de más que planifiques un poco tu futuro: ahorrar es una buena costumbre, por ejemplo. No se trata de que te hagas ferviente seguidor de La Virgen del Puño pero es un hábito excepcional ahorrar el 10% de tus ingresos.
En cuanto al pasado, no podemos hacer nada por cambiarlo. Lo que sà puedes hacer es vivir con alegrÃa, pasión y gratitud tu presente para que luego forme parte de un alegre pasado.
Yo, afortunadamente, y espero que tu también, tengas buenos recuerdos de tu infancia.
Os dejo un vÃdeo que me retrotrae a mi infancia en los años 80, todas esas series y dibujos que veÃa cuando era niño, la segunda etapa más feliz de mi vida porque la primera aún está por llegar 
Objetos cotidianos que huelen a infancia
Hay pequeños objetos capaces de abrir un cofre de memorias. Los botes de colonia en spray eran rituales antes de salir de casa; ese clic caracterÃstico y las fragancias frescas perfumaban mochilas y recreos. También personalizábamos las carpetas del colegio con recortes de revistas y pegatinas, convirtiéndolas en un lienzo para expresar nuestra personalidad y llevar los apuntes con estilo propio.
Juguetes que desataron la imaginación
Los juguetes de aquella época tenÃan superpoderes: activar la creatividad y enseñarnos responsabilidad. Transformábamos robots en vehÃculos en segundos y cuidábamos mascotas virtuales que exigÃan atención constante. En casa, los muebles hinchables de la casa de Barbie nos parecÃan futuristas, y en la calle construÃamos circuitos de coches en la tierra con túneles hechos a mano; pocas cosas daban tanta satisfacción como crear tu propia pista y jugar durante horas.
Música para llevar: cintas, Walkman y radiocasete
Antes del streaming, la música era un tesoro portátil. Las cintas de cassette podÃan enredarse, pero eran nuestra banda sonora. Con el Walkman descubrimos lo que era caminar con música a todas partes y sentir esa libertad Ãntima de ir a tu ritmo. Para compartir, el radiocasete reinaba: sintonizábamos emisoras, grabábamos canciones favoritas y nos juntábamos con amigos para escuchar y cantar en grupo.
Televisión y series que marcaron a una generación
La tele nos congregaba. Con los VHS grabábamos capÃtulos y pelÃculas, ocupando estanterÃas enteras de cintas etiquetadas. HabÃa que sintonizar con antenas y mucha paciencia, y aun asà nadie fallaba a su serie favorita: nos unÃamos frente a la pantalla para vibrar con aventuras veraniegas, corear estribillos de pandillas mÃticas o emocionarnos con despedidas inolvidables. También nos fascinaban historias de invasiones extraterrestres con giros escalofriantes y, en contraste, nos derretÃamos con el humor entrañable de un extraterrestre peludo que se quedaba a vivir con una familia que parecÃa la de todos.
Los programas infantiles llenaban las tardes: desde payasos televisivos hasta dibujos que nos acompañaron entre montañas, robots gigantes y viajes interminables de héroes pequeños con corazones enormes.
Vida en casa y en la calle: tecnologÃa analógica y libertad
Hacer bÃceps con la manivela de la ventanilla del coche era rutina, igual que marcar números en un teléfono de disco con calma y repetirlos si te equivocabas. Con los carretes de fotos aprendimos a esperar: disparabas 24 veces, rezabas para que salieran bien y recogÃas las copias como si fueran un tesoro. Y, quizá lo mejor, vivÃamos en la calle: bici, balón, parques y aire libre, con pocas pantallas y mucha vida compartida.
Juegos de barrio y recreo que nos hicieron expertos en diversión
El trompo o peonza bailaba en nuestras manos con trucos que parecÃan magia. En la rayuela saltábamos a la pata coja entre cielo y tierra; al bote corrÃamos en pandilla hasta caer rendidos. En los descansos del cole habÃa canicas, con modelos raros que eran el santo grial del recreo. También hacÃamos patines con rodamientos, pinballs caseros con tablas y gomas, y fabricábamos tirachinas o tirahuevos con botellas y ligas.
Escuela y televisión de otra época
En la EGB compartÃamos tarea, nos juntábamos para estudiar y, sÃ, más de uno miraba de reojo el cuaderno del compañero aplicado. La tele de casa podÃa ser en blanco y negro, con carta de ajuste musical cuando no habÃa emisión; aquello también educaba la paciencia. Como decÃa el poeta, a veces sentimos que no necesitábamos tanto para ser felices: menos cosas, más juego y comunidad.
Iconos musicales y fenómenos de masas
La fiebre por las pandillas musicales infantiles llenó habitaciones de vinilos y pósteres; sabÃamos las letras de memoria y elegÃamos fichas de colores como si con ello nos fuera la vida. Ese entusiasmo también se vivÃa en las series, donde defendÃamos barcos imaginarios al grito de que no nos moverÃan y llorábamos juntos ante escenas que hoy siguen latiendo en la memoria colectiva.
Nostalgia online y coleccionismo retro
Si te reconoces en todo esto, este es tu rincón de los recuerdos: un espacio para reencontrarte con juguetes de siempre, aromas, canciones y escenas que te transportan. Hay cientos de artÃculos retro y vintage que hoy vuelven con fuerza para coleccionistas y nostálgicos: radiocasetes, cintas vÃrgenes, cámaras analógicas, peonzas, canicas especiales o cangrejeras de plástico que dejaron huella. Son más que objetos: fragmentos de historia personal que conectan generaciones.
Recordar no es vivir anclados: es agradecer lo andado para cuidar el presente y planificar con cabeza el futuro. Tu niñez, con sus olores, juegos y pantallas pequeñas, sigue ahà para darte impulso hoy.