Los sueños no son aleatorios: así los moldea tu mente y tu vida

  • Un gran estudio europeo muestra que los sueños siguen patrones y no son fruto del azar.
  • La personalidad, la calidad del sueño y la tendencia a divagar influyen en el tipo de sueños.
  • Acontecimientos colectivos como la pandemia de COVID-19 dejan una huella clara en el contenido onírico.
  • La inteligencia artificial permite analizar miles de relatos de sueños y abre nuevas vías para estudiar la mente.

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Lejos de ser una especie de película caótica sin sentido, los sueños parecen seguir reglas bastante claras. Una serie de investigaciones europeas recientes, impulsadas desde Italia, apuntan a que lo que ocurre en nuestra mente mientras dormimos está estrechamente vinculado a nuestra personalidad, a cómo vivimos el día a día y hasta a los grandes acontecimientos sociales que nos rodean.

Estos trabajos, publicados en la revista Communications Psychology del grupo Nature, se apoyan en técnicas avanzadas de inteligencia artificial para analizar miles de relatos de sueños. Sus resultados refuerzan una idea que gana fuerza en neurociencia y psicología: los sueños no son aleatorios, sino el resultado de un proceso mental dinámico que reorganiza recuerdos, emociones y preocupaciones futuras.

Un gran estudio europeo para descifrar por qué soñamos lo que soñamos

investigacion suenos

La iniciativa partió de la IMT School for Advanced Studies Lucca, en Italia, en colaboración con la Universidad Sapienza de Roma y la Universidad de Camerino. El equipo recopiló alrededor de 3.700 informes detallados de sueños y experiencias de vigilia procedentes de 287 adultos de entre 18 y 70 años, estudiados principalmente entre 2020 y 2024.

Durante unas dos semanas, cada participante registró a diario sus vivencias diurnas y lo que recordaba haber soñado al despertar. Paralelamente, los investigadores evaluaron aspectos como los hábitos de sueño, rasgos de personalidad, capacidades cognitivas y diferentes variables psicológicas, con el objetivo de relacionar todo ello con el contenido onírico.

En algunos casos, en lugar de anotaciones escritas, se pidieron notas de voz grabadas justo al despertar, para capturar el relato de la forma más fresca posible. Después, esas grabaciones se transcribieron y pasaron a formar parte de una base de datos textual masiva, que sirvió de materia prima para el análisis computacional.

El enfoque se aleja de las interpretaciones clásicas basadas en símbolos fijos y se centra en una aproximación empírica: comprobar, con datos, si los sueños presentan patrones sistemáticos y medibles distintos de los que se dan en la experiencia consciente de vigilia.

La IA como lupa para analizar miles de sueños

ia y suenos

Para poder manejar semejante cantidad de información, el equipo recurrió a herramientas de procesamiento del lenguaje natural (PLN o NLP), una rama de la inteligencia artificial centrada en el análisis automático de textos. Estos modelos permitieron estudiar la estructura semántica y el significado de miles de descripciones oníricas de forma consistente y reproducible.

Las transcripciones de sueños y pensamientos de vigilia se evaluaron según varias dimensiones, como la extrañeza narrativa, la presencia e intensidad de emociones, las referencias a espacios físicos, las interacciones sociales o el grado de inmersión. Cada relato fue puntuado automáticamente en estas categorías.

Al comparar los resultados de los algoritmos con las valoraciones de evaluadores humanos independientes, los autores comprobaron una alta coincidencia. Eso sugiere que la IA puede convertirse en una herramienta robusta para el estudio sistemático de la actividad onírica, complementando los métodos cualitativos tradicionales.

Según la investigadora Valentina Elce, autora principal del trabajo, estas técnicas permitieron detectar patrones sutiles en el contenido de los sueños que resultarían difícilmente apreciables mediante un análisis manual, sobre todo a gran escala y durante largos periodos.

Qué diferencia al sueño de la vigilia: una mente más inmersiva y extraña

contenido de los suenos

Los datos muestran que, cuando estamos despiertos, nuestros pensamientos tienden a ser profundamente autorreferenciales: giran en torno a nuestras preocupaciones, siguen una lógica temporal reconocible y se ven limitados por las normas sociales y el control consciente.

Mientras dormimos, en cambio, la mente cambia de engranaje. Los relatos analizados describen los sueños como una especie de simulación virtual muy visual, donde el entorno es más fluido, la lógica cotidiana se relaja y la persona puede pasar a ser casi un espectador de escenas cargadas de rarezas narrativas.

Escenarios habituales como el trabajo, el hospital o la universidad reaparecen, pero no se reproducen de forma literal. El cerebro trocea y recombina elementos de la experiencia diaria para construir escenas nuevas, a menudo insólitas, en las que se mezclan contextos, personajes y puntos de vista de maneras inesperadas.

Esta dinámica encaja con las teorías que atribuyen al sueño funciones relacionadas con la consolidación de la memoria, la regulación emocional y la generación de nuevas asociaciones. Dormir no sería solo desconectar, sino un momento en el que el cerebro reorganiza información y explora combinaciones que quizá nunca probaríamos despiertos.

Los autores señalan que lo que se puede estudiar es lo que la persona recuerda y verbaliza al despertar. Aun así, estas descripciones constituyen la ventana más directa de la que disponemos para asomarnos a lo que está ocurriendo en la mente durante la fase onírica.

Los sueños no son aleatorios: rasgos personales que influyen en lo que soñamos

Uno de los puntos clave del trabajo es que no todos soñamos de la misma forma. El análisis estadístico reveló que ciertos rasgos individuales estables se asocian con estilos de sueño muy distintos, incluso después de tener en cuenta cómo se expresa verbalmente cada persona.

Por ejemplo, quienes manifiestan una fuerte tendencia a la divagación mental o mind-wandering durante el día tienden a relatar sueños más fragmentados, con cambios bruscos de escenario y tramas más extrañas. Para los autores, esto refuerza la hipótesis de que el sueño podría ser una especie de continuación intensificada de esa divagación diurna.

En el extremo opuesto, las personas que otorgan gran importancia subjetiva a sus sueños, los consideran significativos o los analizan con frecuencia, suelen describir experiencias nocturnas más vívidas, ricas en detalles perceptivos y emocionalmente intensas.

Otros factores, como la calidad del descanso o ciertas características cognitivas, también se relacionan con diferencias en la narrativa de los sueños. Todo ello apunta a que la actividad onírica surge de la interacción entre lo que somos de forma relativamente estable y lo que nos va sucediendo a lo largo del tiempo.

Desde esta perspectiva, sostener que los sueños son puro azar no encaja con la evidencia recogida. Más bien parecen el resultado de un proceso mental organizado, aunque su lógica no coincida con la de la vida despierta y muchas escenas resulten, a primera vista, desconcertantes.

El peso de los acontecimientos colectivos: qué ocurrió con los sueños durante la pandemia

Además de los rasgos individuales, el estudio se interesó por el impacto de eventos sociales de gran escala. Para ello, se utilizó un conjunto de datos adicional: los informes de sueños de 80 personas recopilados durante el estricto confinamiento por la COVID-19 en la primavera de 2020.

El análisis semántico mostró que, en aquellos meses, los sueños estaban cargados de emociones negativas intensas, referencias a limitaciones de movimiento, sensación de encierro y preocupaciones relacionadas con el trabajo y la salud. En otras palabras, la situación colectiva se coló con fuerza en la vida onírica.

Al comparar esos datos con los recogidos en años posteriores, los investigadores observaron que, a medida que la sociedad se iba adaptando y el estrés extremo disminuía, el contenido de los sueños se fue normalizando. Las temáticas más vinculadas al confinamiento perdieron peso progresivamente.

Para el equipo, este patrón ofrece una de las evidencias más claras de que vivencias compartidas a gran escala se reflejan de forma sistemática en los sueños, y que estos evolucionan en paralelo al ajuste psicológico ante cambios importantes en la vida.

Lenguaje, filtro y fuente de información sobre la mente dormida

Uno de los retos del estudio de los sueños es que todo lo que se analiza pasa por el filtro del lenguaje: la persona tiene que poner en palabras una experiencia interna muy compleja y a menudo difícil de describir. Esto puede introducir sesgos según el estilo narrativo de cada cual.

Para minimizar este efecto, los investigadores compararon sistemáticamente los relatos de sueños con las descripciones de la vida en vigilia de cada participante. Así, cada persona actuó como su propia referencia, y fue posible distinguir qué diferencias se debían al contenido onírico y cuáles a la forma habitual de contar las cosas.

Incluso controlando ese factor, el equipo halló diferencias robustas entre ambos tipos de experiencia. El lenguaje actúa como filtro, pero también como herramienta informativa muy rica: permite detectar cambios en la complejidad de las escenas, en la carga emocional o en la estructura de las historias que se construyen mientras dormimos.

Esta aproximación cuantitativa basada en textos abre una vía para explorar, con datos objetivos, aspectos tradicionalmente difíciles de estudiar, como la conciencia, ciertos mecanismos de la memoria o la relación entre el sueño y la salud mental.

Nuevas preguntas para la psicología y la neurociencia

Los resultados de este conjunto de trabajos refuerzan una idea que ya defendían diversas corrientes psicológicas, desde las interpretaciones de Carl Jung sobre la función compensadora de los sueños hasta teorías actuales sobre su papel en el equilibrio emocional: soñar no sería un simple efecto secundario del dormir, sino un proceso con funciones específicas.

La evidencia recogida sugiere que la actividad onírica reorganiza recuerdos, integra emociones y pone en juego preocupaciones futuras, a menudo mediante escenas simbólicas que mezclan pasado, presente e imaginación. Esta mezcla puede resultar extraña, pero no sería aleatoria.

El uso de técnicas de inteligencia artificial, respaldadas por entidades como la BIAL Foundation y proyectos de investigación europeos, apunta a que en los próximos años se podrá estudiar el sueño humano en muestras mucho más amplias y de forma continuada, algo difícil de lograr con métodos clásicos basados solo en entrevistas o diarios personales.

En conjunto, estos trabajos dibujan un panorama en el que los sueños aparecen como el fruto de la interacción entre rasgos personales relativamente estables, las circunstancias cambiantes de la vida y el contexto social más amplio. Lejos de ser meras anécdotas nocturnas, se convierten en una pieza más del rompecabezas con el que la ciencia intenta comprender cómo funciona la mente humana, tanto despierta como dormida.


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