Meditación Mindfulness en verano: 10 ejercicios para meditar

Cada estación del año contiene una energía única y tú puedes aprender cómo usarla en tu propio beneficio. Para ciertas artes, el verano es un ciclo de una energía robusta y de abundancia creativa. Puedes usar esta energía para concentrarte, expandir y coordinar las diferentes partes de tu vida.

Empieza ya. No busques excusas, empieza hoy mismo. Encuentra la energía de esta estación veraniega y extrae de ella lo máximo posible. Observa detenidamente cuales son los nuevos elementos de tu vida que están tomando forma y cuáles se ajustan en tus objetivos y deseos, así que desarrollarlos hasta el máximo posible es la mejor idea.

Presta atención. Toma conciencia de cuales lugares, sonidos, olores y escenarios naturales tienen paz, introspectiva o te proporcionan buenas vibraciones. Esto te proporcionará un remedio natural para cuando te sientas desorientado y necesites equilibrar tu mente. Es divertido, gratis y fácil. No hay efectos adversos.

Algunos ejercicios en verano:

Sal fuera. Concéntrate en la abundante luz que proporciona la estación veraniega. Memorízalo. Concéntrate en el fuerte calor de verano. Guárdalo en tu memoria también. Experimenta el poco frío del verano, el agua, las brisas, las primeras horas de la mañana, o las largas noches y tardes. Pon atención en cómo esto afecta a tu mente y cuerpo. Medita estas cualidades y efectos sobre tu mente. Entonces, recuérdalos cuando necesites sentir esas sensaciones, en momentos comprometidos o incómodos. Combínalo con imágenes o música que te recuerde esas sensaciones.

Prueba esto antes de tu próxima reunión de trabajo. Toma fotos, graba sonidos, haz vídeos, todo lo que te recuerde a la serenidad del verano. Mételos en tu iPod o teléfono móvil, y escúchalos un par de veces al día al menos 10 minutos. Esto te servirá para relajarte en momentos específicos.

Practica mindfulness. Presta atención en donde tu cuerpo y mente están en las circunstancias que estás intentando mejorar. Da un paso atrás. Pregúntate: ¿Qué pienso, hago o siento. Estoy distraído en alguna circunstancia particular que deseo mejorar? Visualiza las circunstancias. Usa el sentimiento de irritación como pausa para continuar haciendo algo. Practica esto lo suficiente para mandar a tu mente el mensaje de dónde quieres que vaya automáticamente en este tipo de situaciones.

Pasea por las frías mañanas de verano. También puedes practicar una actividad deportiva que disfrutes, tenis, natación…Deja que el frío calme el exceso de calor del resto del día, y expulse los efectos del estrés.

Encuentra un equilibrio de tu mente y cuerpo con el frío y el calor. Grábalo en tu memoria y podrás recordarlo y traerlo a ti en otro momento, en el que necesites esas sensaciones. Respira hondo en el aire frío. Deja que entre en ti y enfríe tu cuerpo por dentro. Imagínalo fluyendo a través de tu cuerpo hasta que te sientas relajado, y lleno de energía.


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