La motivación es un concepto escurridizo. Todos sabemos lo que se siente cuando estamos motivados: la energía fluye, las tareas parecen más ligeras y el tiempo pasa volando. Sin embargo, también conocemos la otra cara: esos días en los que cuesta levantarse del sofá, en los que el correo electrónico se convierte en una montaña insalvable y la idea de ir al gimnasio resulta casi absurda. La motivación no es un interruptor que se activa y desactiva a voluntad, sino un estado que fluctúa dependiendo de factores internos y externos.
En los últimos meses, distintas historias y estudios han puesto el foco sobre este fenómeno. Desde una mujer de 69 años que sigue compitiendo en culturismo hasta un tenista de primer nivel que reconoce que la disciplina es más importante que el entusiasmo inicial. Lo que todas estas experiencias tienen en común es una conclusión contundente: la motivación no basta para mantener el rumbo, pero saber gestionarla y apoyarse en hábitos puede marcar la diferencia.
La motivación en el deporte: cuando el entusiasmo inicial se diluye

El deporte es uno de los ámbitos donde más se nota el flujo de la motivación. Tomemos el caso de una mujer que a los 47 años decidió iniciarse en el culturismo y a los 65 volvió a competir. En su testimonio, reconoce que su constancia no siempre fue perfecta: la menopausia y las complicaciones de la vida la alejaron del gimnasio. Aun así, su espíritu competitivo nunca desapareció. Su secreto, dice, fue aprender a ver la incomodidad como una señal de adaptación y a priorizar la recuperación con estiramientos y sauna. Esta historia evidencia que la motivación se puede renovar incluso a edades avanzadas mediante deportes para personas mayores.
Algo parecido ocurre en el tenis profesional. Juan Carlos Ferrero, exentrenador de Carlos Alcaraz, sostiene que la motivación es útil al principio, pero que se agota cuando llegan las rutinas y las derrotas. Por eso, insiste en que la disciplina es el verdadero motor para sostener una carrera larga. Ferrero asegura que Alcaraz ha encontrado un equilibrio entre desconexión y exigencia, algo que muy pocos consiguen. «Las distracciones son muy golosas», advierte, y por eso destaca la importancia de mantener el foco en lo esencial.
Volver a la rutina: el cerebro necesita tiempo

Uno de los momentos en que la motivación se pone a prueba es la vuelta al trabajo después de unas vacaciones. La neuropsicóloga Valeria Medina explica que el cerebro no responde igual ante un cambio brusco de demandas; necesita entre una y tres semanas para reajustarse. No es falta de ganas, sino un proceso de adaptación cognitiva. Por eso, los expertos recomiendan reactivar la motivación tras la vuelta a la rutina empezando con tareas pequeñas y organizadas.
En la misma línea, los consejos para retomar el ejercicio físico van en la misma dirección. Empezar con una intensidad moderada y constante es más eficaz que lanzarse a rutinas exigentes que se acaban abandonando. Además, sugieren aprovechar el entorno para moverse más, como bajar una parada antes en el autobús o subir escaleras, y buscar compañía para hacer las sesiones más amenas. La clave está en adaptar el hábito a la realidad de cada persona, no al revés.
Claves para mantener la motivación
- Prioriza la recuperación: dormir suficiente, estirar y hacer pausas activas ayuda a mantener el nivel de energía y reduce el riesgo de lesiones.
- Establece microobjetivos: dividir las tareas en pasos pequeños hace que el progreso sea visible y evita la sensación de abrumamiento.
- Busca apoyo social: entrenar o trabajar en compañía puede aumentar el compromiso y hacer más llevadero el esfuerzo.
- No temas los altibajos: la motivación fluctuará siempre; lo importante es tener un sistema de rutinas y tener constancia cuando el ánimo decaiga.
Finalmente, todas estas voces coinciden en que la motivación es un punto de partida, no una garantía. Lo que realmente sostiene el avance es la disciplina, la paciencia y la capacidad de adaptarse a cada etapa. Ya sea en el gimnasio, en la oficina o en la competición, la historia se repite: quien aprende a convivir con los altibajos y se apoya en hábitos de autodisciplina acaba consiguiendo sus metas, incluso cuando la llama inicial se ha apagado.