Ozempic, más que un adelgazante: nuevos efectos en el cerebro y un mercado en transformación

  • Un estudio de la Universidad de Yale descubre que la semaglutida activa las neuronas AgRP, un mecanismo necesario para mantener la pérdida de peso a largo plazo.
  • En España, el consumo de GLP-1 ya afecta a medio millón de personas, con un notable descenso en la compra de alimentos ultraprocesados y dulces.
  • Nestlé desarrolla productos específicos para los usuarios de estos fármacos, incluyendo batidos enriquecidos en proteína para mitigar la pérdida muscular.
  • Los datos de Estados Unidos apuntan a un posible freno en la epidemia de obesidad, aunque la comunidad científica debate si será tendencia o solo un bache.

Viales de Ozempic y jeringa sobre fondo claro

El Ozempic y los fármacos basados en el GLP-1 han pasado de ser una simple promesa a convertirse en un fenómeno global. Más allá de su papel en la pérdida de peso y el control de la diabetes, estos medicamentos están revelando una biología sorprendente. Mientras los pacientes en España los usan para adelgazar (ya hay alrededor de medio millón de personas, según la consultora Lantern), la industria alimentaria y las farmacéuticas se adaptan a una nueva realidad, no solo en el supermercado sino también en el laboratorio.

La ciencia empieza a comprender mejor los mecanismos que hacen que estos fármacos funcionen y que van más allá del simple apetito. Una reciente investigación de la Universidad de Yale ha demostrado que la semaglutida, el principio activo de Ozempic, no solo reduce el hambre como se pensaba, sino que también activa un conjunto de neuronas (las llamadas AgRP) que, curiosamente, son las mismas que se encargan de la sensación de hambre. Este hallazgo, publicado en la revista PNAS, desafía la hipótesis tradicional y abre nuevas preguntas sobre la forma en que el cerebro se adapta al déficit calórico.

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La ciencia desentraña el cerebro de los GLP-1

Microscopía electrónica de neuronas cerebrales activadas

El equipo de investigación, liderado por el candidato a doctorado Mateus d’Ávila, trabajó con ratones modificados genéticamente para no tener las neuronas AgRP. Cuando se les administró semaglutida, los ratones no mantuvieron la pérdida de peso, a diferencia de los que sí tenían estas neuronas. Mediante técnicas de microscopía electrónica y electrofisiología, confirmaron que la semaglutida activa las neuronas AgRP, cuando antes se pensaba que las inhibía. «Esto cambia por completo nuestra forma de pensar sobre el mecanismo implicado en estos medicamentos«, asegura d’Ávila. Según los investigadores, el cerebro se adapta al déficit de calorías provocado por el fármaco y, paradójicamente, esas mismas neuronas que activan el hambre son necesarias para mantener el balance energético y la pérdida de grasa.

Este mecanismo, aunque aún se ha probado en ratones, abre la puerta a futuras terapias más dirigidas. La comunidad científica apunta a que, comprender el porqué de la eficacia sostenida de los GLP-1 podría ayudar a diseñar fármacos con menos efectos secundarios, como las típicas náuseas gastrointestinales que tantos pacientes llevan.

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La industria alimentaria se rinde ante el efecto Ozempic

Productos de alimentación saludable de Nestlé

El impacto de los GLP-1 no se queda en la consulta médica. Los datos de EE.UU. muestran que las personas que consumen estos fármacos comen entre 500 y 1.000 calorías menos al día, y esa caída del apetito se está notando en los lineales de los supermercados. En España, aunque no hay cifras definitivas, ya se observa un descenso en los productos de picoteo, los bollos y las bebidas azucaradas. El fenómeno lo explica el tecnólogo alimentario Mario Sánchez Rosagro: «Se pica menos entre horas, se compra menos cantidad en el súper. Los congelados también están experimentando un bajón.«

La multinacional suiza Nestlé ha visto aquí un filón. Apoyándose en la inteligencia artificial, ha desarrollado productos específicos como el batido de la marca Boost Advanced Nutrition Shake con 35 gramos de proteína, o la bebida Milo PRO High Protein para Asia y Australia, para combatir la pérdida muscular y otros efectos derivados de la pérdida de peso rápida. También han patentado combinaciones de nutrientes para reducir el efecto rebote de hambre al dejar de tomar el tratamiento. No es solo una estrategia de novedad: Nestlé utiliza IA para analizar investigaciones clínicas y detectar tendencias en redes sociales, como el miedo a la pérdida de músculo o a lo que se llama en inglés “cara de Ozempic”.

Pero no todos ven con buenos ojos esta carrera comercial. La profesora de Nutrición de la Universidad de Nottingham, Amanda Avery, criticó que en lugar de optar por productos de nueva generación se debería potenciar el consumo de alimentos frescos: «La carne, el pescado, los huevos o las legumbres son fuentes más asequibles de proteínas y nutrientes.» Aun así, reconoce que el mercado tiene un futuro prometedor, porque la publicidad influye mucho en el consumidor.

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La epidemia de obesidad: ¿un punto de inflexión?

Mientras la industria se adapta, Estados Unidos ya está viendo datos que invitan a un tímido optimismo. Un estudio publicado por la Universidad de Harvard y el Hospital Infantil de Boston, a partir de datos de más de 16 millones de adultos, observó por primera vez en más de una década un estancamiento en el aumento de la prevalencia de la obesidad en 2023. El investigador Benjamin Rader lo explica: «Hay señales de un punto de inflexión, pero no sabemos si será un descenso definitivo.>» Los pronósticos son cautos: mientras algunos modelos predicen que la proporción de obesos en EE.UU. podría caer hasta el 46,9% en 2035, otros como el Instituto IHME señalan que, con solo un pequeño % de la población usando GLP-1, la cifra seguirá subiendo. La gran pregunta es si los pacientes continuarán con la medicación o si el efecto rebote después de suspender el tratamiento será demasiado fuerte.

El debate está servido. Mientras tanto, los datos en Europa ya apuntan que la mitad de la población en España usa estos medicamentos con el fin principal de perder peso. El resultado es no solo un cambio en los hábitos de consumo, sino también una transformación silenciosa en la estrategia de las grandes compañías de alimentación y farmacéuticas. Se estima que en los hogares del Reino Unido en los que se consumen GLP-1, el gasto anual en alimentación se reduce unos 500 euros, y en los Estados Unidos, según la Universidad de Cornell, la factura mensual baja entre un 5% y un 8%. Es un cambio de fondo que habrá que seguir de cerca, porque más que una moda parece el inicio de una nueva era en la salud y el consumo.

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