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4 Patrones De Comportamiento En La Codependencia

La Codependencia es una tendencia a comportarse de una manera que repercute negativamente en las relaciones sociales y en nuestra calidad de vida. Consiste en desvivirse por los demás olvidándose de uno mismo.

Este comportamiento viene determinado por una serie de patrones.

codependencia1)Patrones de negación:

– Dificultad para identificar lo que estamos sintiendo.
– Minimizar, negar o modificar lo que verdaderamente sentimos.
– Desinterés por uno mismo y dedicación al bienestar de los demás.

2)Patrones de baja autoestima:

– Dificultad para tomar decisiones.
– Juzgar todo lo que pensamos y decimos con dureza, nunca somos lo suficientemente buenos.
– Vergüenza tras recibir reconocimientos, alabanzas o regalos.
– No pedir nada a los demás que suponga satisfacer mis necesidades o deseos.
– Necesitar la aprobación de los demás para dar valor a mis pensamientos, sentimientos y comportamientos.
– No percibirse como una persona agradable o que valga la pena.

3) Patrones de cumplimiento:

– Comprometer los propios valores e integridad para evitar el rechazo o la ira de los otros.
– Excesiva sensibilidad hacia el estado emocional de las otras personas.
– Permanecer en situaciones dañinas durante mucho tiempo sólo por ser leal.
– Valorar las opiniones y sentimientos de los otros más que los propios. Miedo a expresar opiniones y sentimientos diferentes a los de las otras personas.
– Dejar a un lado los propios intereses y aficiones para hacer lo que los otros quieren.
– Aceptar el sexo sólo cuando quiero amor.

4) Patrones de control:

– Creer que la mayoría de la gente es incapaz de cuidarse por sí misma.
– Tratar de convencer a los otros de lo que “deberían” pensar y lo que “deberían” sentir.
– Convertirse en un resentido cuando los demás rechazan mi ayuda.
– Dar espléndidos regalos y favores a aquellos que me importan.
– Utilizar el sexo para ganar aprobación y aceptación.
– Tener que ser “necesario” a fin de tener una relación con los demás.

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Comentarios (7)

Lo dejamos un mes de enero y en marzo ya la había olvidado.

La relación había durado siete años y se acabó de puro agotamiento. Nos habíamos querido tanto y tan intensamente que aquello que alimentaba lo que sentíamos el uno por el otro se fue agotando y fuimos dolorosamente conscientes de ello.
Siempre pensamos que el paso de la pasión a la rutina era para otros. Que ese fuego era tan potente que jamás podría extinguirse. Que no iban a cambiar esos polvos en cualquier sitio por tardes de sofá y pijama. Pero todo acabó llegando y fue como una traición a nosotros mismos que no pudimos soportar.

Por todo lo vivido y por cómo terminó la relación, pacíficamente y de mutuo acuerdo, pensé que tardaría en olvidar a la que hasta ahora había sido la mujer de mi vida. Había estado con ella de los veintidós a los veintinueve, es decir, con ella viví la transformación de un joven ingenuo en un hombre maduro. Ella formaba parte de mi ser, se había fundido con lo que yo era y pensaba. Sin embargo, pasados dos meses la había olvidado.

Me dediqué a experimentar aquello que había estado envidiando en los últimos tiempos: la soltería. Comencé a juntarme con amigos en la misma situación y pasé algunas de las mejores noches que recordaba: diversión, risas, poder coquetear y entablar conversaciones de todo tipo con las mujeres que me rodeaban. Ellas detectaban que yo no era un “cazador” como los demás, sino que aún guardaba cierta sensibilidad y formas que solo da la convivencia con una mujer. En cierto modo, me veían como a un ser vulnerable, como a un recién llegado al mundo de la noche y el flirteo, y muchas se ofrecían a ser mi guía o a darme la bienvenida a dicho mundo. Yo conseguía despertar algo diferente en ellas.

Como todo, aquella vulnerabilidad que a la vez era mi magia, se acabó diluyendo y fui un soltero como los demás, ávido de nuevas experiencias, y cuando digo experiencias me refiero a nuevos cuerpos que desnudar, nuevos gemidos que descubrir, nuevas anécdotas que compartir con los demás.

Pasé todo aquel verano tan ocupado en redescubrirme y en pasarlo bien que no tuve tiempo de pensar. Creí que aquella nueva vida era lo que necesitaba y que no me importaría estar así el tiempo que fuese.

Llegó octubre y, como cada sábado, quedé con unos amigos a tomar unas cervezas como calentamiento a lo que la noche deparara más tarde. El local estaba a reventar pero nosotros más silenciosos que de costumbre. Parecía que el cielo, donde se arremolinaban densas nubes de forma inesperada, nos hubiese contagiado algo de inquietud. Nos bebimos unas cuantas rondas y, ya bastante ebrios y muy entrada la noche, decidimos movernos a otro local.

La calle estaba llena de grupos como el nuestro. Hombres y mujeres jóvenes dispuestos a pasarlo bien, a reír, quizás a dormir en una cama ajena con un acompañante aún desconocido. Esa sensación me encantaba, me parecía que aquello era lo mejor de no tener pareja; para mí era como estar en un mercado gigantesco en el que puedes acceder a lo que desees siempre que demuestres la habilidad necesaria y tengas suficiente suerte. Aun así, aquella noche algo se interponía entre aquella sensación y yo, y es que el verano había terminado definitivamente. Hacía frío por primera vez en meses y nadie parecía preparado para ello.

No llevábamos ni cinco minutos andando cuando la lluvia empezó a caer con más fuerza de lo que jamás habíamos vivido jamás.

La gente empezó a correr y a intentar resguardarse en vano. Las gotas caían a rachas horizontales y soplaba un viento helado. Los aleros de los edificios, bajo los que intentábamos caminar, no ofrecían protección alguna. Muy pronto, mirara a quien mirase estaba mojado hasta el tuétano.

Me vi a mí mismo con mis vaqueros pegados a la piel húmeda y mis pies arrancando el sonido de un beso cada vez que los movía en los zapatos. Ropa interior a través de vestidos de los que ni se podía adivinar el color. Melenas cayendo oscurecidas y casi sólidas tapando caras incrédulas que gritaban o apremiaban o reían por no llorar. Gente intentando parar un taxi o entrar en algún garito donde ya no cabía ni un alfiler. Bajo la lluvia aquello se me reveló como un circo absurdo.

Y de pronto la recordé a ella. Por primera vez sentí la soledad. Mi resguardo ya no era ella, ¿quién sería el suyo? Pensé en tantas cosas a la vez que el corazón me dio un vuelco. Cada una de las millones de gotas de lluvia reflejaban la luz de la calle y me pregunté si ella era una de aquellas chicas que ahora corrían torpemente hacia cualquier sitio con el vestido mojado y los tacones en la mano. Quise saber en qué sitios había estado, si me había echado de menos, si había pensado en mí. Finalmente me torturé pensando en su risa ante algún tipo al que no ponía cara; una habitación y una cama anónimas en el crucigrama nocturno de la ciudad. Ella caliente y transpirando bajo unas sábanas desconocidas mientras yo me mojaba mirando el sucio espectáculo.

La dolorosa sensación de echar de menos.

Entonces recordé aquel mes de enero en que todo terminó, y supe que pasarían cientos de marzos antes de olvidarla.

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No entiendo porqu,e la gente se “aburre” o piensa que ya todo se acabó cuando una relación llega a la rutina, no vivimos en una película, la gente tiene sus obligaciones y responsabilidades, todas las relaciones con el suficiente tiempo llegan a eso, algunas en poco, pero así son todas, por lo menos yo cuando empiezo con alguien doy por sentado que no siempre habrá emociones ni aventuras, es lo normal, así es la vida de casi todos los mortales comunes.

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Yo he tenido rupturas con gente a la que quería y lo único que se del tema, si es que se algo, es que el tiempo lo cura todo. De verdad, el tiempo contigo mismo y con tus movidas te ayuda a recordar que fuiste feliz sin esa persona y que lo volverás a ser cuando lo superes.

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Me ha gustado tu estilo y tu historia. Por otra parte, te digo, qué bonita es la vida a pesar de todo, y qué solos se quedan los muertos!

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He pasado por lo mismo que tú, y te entiendo a la perfección.

De todo de sale, pero… primero necesitas encontrarte a ti mismo. No desistas.

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Es exactamente como tu dices, pero tu manera de narrarlo lo hace mas realista aun, pasas esa epoca dnd crees q estas saliendo, crees q esta ya todo superado, pero llega ese dia, q esta mas cerca q lejos y pum, viene a la cabeza de esa manera q tu dices, con el punzon en el recuerdo y para tardar mucho tiempo en irse, pase por lo mismo como tanta gente, 12 años de relacion, olvidar es imposible, pero te aseguro q llega el punto en dnd ya no duele, solo es nostalgia.

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Sentí esa sensación. Por suerte tras 3 años de soltería, encontré a mi actual pareja. Le da 1000 vueltas a mi ex en todo.
Ánimo a todos q estáis pasando por algo parecido.

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