¿Perdonar una infidelidad en la relación? Guía completa para decidir y sanar

  • Valorar si perdonar una infidelidad exige analizar el tipo de engaño, sus causas, el daño causado, el grado de arrepentimiento y la capacidad real de recuperar la confianza.
  • Perdonar no es justificar ni olvidar lo ocurrido, ni obliga a reconciliarse: es un proceso interno para soltar el rencor y decidir con libertad si seguir o no en la relación.
  • La reconstrucción de la pareja tras la traición requiere compromiso de ambas partes, cambios concretos de conducta, comunicación honesta y, a menudo, apoyo terapéutico.

perdonar una infidelidad en la relacion

Sufrir una infidelidad es algo muy doloroso, de manera que puede llegar a afectar negativamente a una persona a muchos niveles: emocional, físico, social e incluso espiritual. Sin embargo, en el día a día podemos encontrar casos tanto de personas que son capaces de perdonar una infidelidad como otras que nunca lo harían pero, llegado el momento, ¿cómo actuarías tú? Vamos a intentar analizar algunas de las particularidades y por supuesto también analizaremos el efecto que la infidelidad puede tener en la relación y las posibilidades de perdonar a la persona en función de diversos factores.

Se puede perdonar una infidelidad

La infidelidad y la ruptura de una historia de amor

No hay duda alguna de que uno de los efectos negativos de la infidelidad es precisamente el hecho de que causa un gran dolor a la pareja, pero en realidad es importante tener en cuenta que no es el único daño que se produce, sino que hay otro que incluso puede llegar a ser mayor: el hecho de que desaparece la ilusión y se rompe la imagen que teníamos del otro y de la relación.

Es decir, todos tenemos nuestra relación en pareja y solemos sentir que es algo único y especial, de manera que, en el caso de que se produzca la infidelidad, automáticamente desaparecen muchos de los motivos y las razones que nos hacían pensar que verdaderamente lo nuestro era especial. Se pierde esa sensación de exclusividad y de pertenencia mutua que sostenía gran parte del vínculo.

Incluso aunque se perdonase la infidelidad, en realidad ese sueño en el que creíamos vivir se habrá esfumado por completo, lo cual es razón suficiente como para perder la confianza en la pareja y acabar rompiendo definitivamente la relación si no se hace un trabajo profundo de reconstrucción. Por eso muchas personas sienten que, aunque quieran, ya no saben volver a mirar a su pareja con los mismos ojos.

Debemos tener en cuenta que cada miembro de la pareja supone un apoyo y un soporte emocional muy importante para el otro, con lo cual, al perder la confianza y al ver que realmente ha desaparecido todo ese sueño que nos hacía vivir una historia de amor, lo habitual es que se cree una mala sensación constante entre ambos: reproches, dudas, inseguridad y miedo a que el engaño se repita.

Debemos recordar que en la mayor parte de los casos este tipo de situaciones acaban en la ruptura, ya que está claro que es muy complicado volver a confiar en una persona que ya te ha traicionado de esta manera. Además, no debemos olvidar que por otra parte también se daña la autoestima de la persona engañada: si ves que la otra persona está buscando fuera de la relación lo que tú creías que le ofrecías, automáticamente puedes llegar a sentir que no eres suficiente o que no eres todo lo que necesita, lo que genera mucho sufrimiento interno.

reconciliacion tras una infidelidad

Más allá del dolor inmediato, una infidelidad obliga a redefinir la relación. Muchas personas dejan de ver a su pareja como “media naranja perfecta” y empiezan a percibirla como alguien falible, con defectos y contradicciones. Esta ruptura de idealización puede ser devastadora o, en algunos casos, abrir la puerta a un vínculo más realista, siempre que se trabaje de forma consciente.

Por otra parte, la infidelidad puede desencadenar reacciones físicas y psicológicas intensas: ansiedad, insomnio, dificultades para concentrarse, apatía, pensamientos obsesivos sobre lo ocurrido, necesidad de saber cada detalle o, por el contrario, rechazo a cualquier conversación sobre el tema. Todo esto forma parte del impacto traumático que implica sentirse traicionado por la persona en la que más confiábamos.

La lucha por perdonar una infidelidad

Dependiendo de los años que se lleve en pareja con esa persona, en ocasiones muchos hacen todo lo posible por conseguir perdonar esa infidelidad, ya que intentan valorar los aspectos positivos de la relación y hacen todo lo posible por dejar atrás ese error, aunque, como comentábamos en el apartado anterior, resulta bastante complicado debido a que, una vez se pierde la confianza, resulta muy difícil volver a recuperarla al mismo nivel.

Sin embargo debemos tener muy claro que esto es algo que no se puede elegir solo desde la razón, es decir, hay personas que pueden conseguir vencer las dificultades y volver a recuperar su relación de pareja, y otras, por mucho que lo intenten, nunca llegan a lograr superar la situación y al final, aunque no quieran, la pareja acaba rompiéndose por completo. El corazón, las heridas previas, el tipo de vínculo y las historias personales influyen más de lo que pensamos.

La lucha interna suele estar marcada por una gran ambivalencia emocional: por un lado, el amor, el apego, los proyectos en común, los hijos o la vida construida pesan mucho; por otro, el resentimiento, la decepción y el miedo a que vuelva a suceder empujan a alejarse. Muchas personas oscilan durante un tiempo entre ambos polos antes de poder tomar una decisión clara.

En este proceso pueden aparecer ideas como “perdono, pero no olvido” y otras frases de traición. Esta frase refleja una realidad frecuente: hay quienes logran no romper la relación, pero utilizan la infidelidad como arma arrojadiza en cualquier discusión, abriendo una y otra vez la misma herida. En estos casos, más que perdón lo que existe es una especie de pseudo-perdón que mantiene el conflicto vivo y termina dañando todavía más el vínculo.

Perdonar de verdad no significa justificar lo ocurrido ni restarle importancia, sino cambiar la actitud hacia lo que pasó y hacia la persona que cometió el error. Supone soltar la necesidad de venganza, dejar de alimentar pensamientos obsesivos de castigo y abrir la posibilidad de construir algo diferente, sea o no dentro de la misma relación.

Los elementos a tener en cuenta para saber si vale la pena perdonar la infidelidad

Cabe destacar que todos estos consejos os los damos independientemente de si sois hombres o mujeres, es decir, básicamente en este caso nos podemos encontrar en la misma tesitura con independencia de nuestro sexo, de manera que la forma de reaccionar habitualmente es bastante coincidente en ambos casos, aunque existan matices de género en cómo se vive una traición física o emocional.

Dicho esto, existen determinados elementos que podemos valorar a través de los cuales tendremos más posibilidades de averiguar si realmente vamos a conseguir perdonar o no la infidelidad de esa persona en la que habíamos confiado hasta ahora. No se trata de una receta automática, sino de un conjunto de preguntas sinceras que conviene hacerse con calma para conocer a una persona mejor.

Eso sí, es importante que todos estos aspectos los analicemos de forma consciente, es decir, en el momento en el que se ha producido la situación no es bueno entrar a realizar valoraciones profundas, ya que lo único que haremos será hacernos más daño y, sobre todo, no estaremos actuando de forma convincente, sino que podemos llegar a tomar decisiones precipitadas que llegaríamos a lamentar en el futuro.

Eso significa que, si os encontráis en este tipo de situación, lo mejor que podéis hacer es tomaros unos días para relajaros y desconectar y, cuando todo se haya calmado, entonces es el momento de empezar a realizar una valoración en profundidad teniendo en cuenta todos los puntos que vamos a detallar a continuación. Este “tiempo fuera” permite que se rebaje la intensidad de la ira y del dolor inicial, facilitando un análisis más sereno.

Nuestra recomendación en este caso es que durante este tiempo de desconexión os separéis físicamente si es posible, ya que es la mejor forma de calmar las aguas y evitar que la cosa vaya a peor. Está comprobado que aquellas parejas que tras sufrir un golpe de este tipo siguen juntas día tras día, sin espacio para procesar, al final tienen menos posibilidades que las que se toman por ejemplo una semana de margen en la que como mucho hablan por teléfono, por lo que quizás puede ser una forma interesante de dar más posibilidades a la relación.

No es lo mismo una pareja reciente que una pareja de muchos años

Lo primero que puede influir en si se perdona o no la situación es el tiempo que llevemos juntos. Está claro que no es lo mismo hablar de una pareja que apenas lleva un par de meses saliendo, en cuyo caso cortar realmente no supone un gran dolor real a nivel de proyectos compartidos, que aquellas que pueden llevar incluso más de 10 años, en cuyo caso la situación se complica bastante, puesto que lo habitual es hacer un mayor esfuerzo por evitar la ruptura, pero por supuesto el dolor también es mucho más intenso.

En las relaciones largas suelen existir compromisos económicos, hijos, familias políticas implicadas, amigos en común, una red social compartida y una historia llena de momentos buenos y malos. Todo ello hace que la balanza entre irse o quedarse no se mida solo en términos de sentimientos, sino también de responsabilidad, miedo a perder una vida construida y temor al cambio.

En las parejas recientes, sin embargo, la infidelidad puede ser vivida como una señal temprana de incompatibilidad o de falta de compromiso real. En estos casos, muchas personas optan por alejarse rápidamente al considerar que todavía no hay nada tan sólido como para justificar el esfuerzo de una reconstrucción tan compleja.

El tipo de infidelidad que hemos sufrido

Otro detalle a valorar es el tipo de infidelidad, es decir, no es lo mismo que nuestra pareja nos haya sido infiel con varias personas y en múltiples ocasiones, que el hecho de que haya podido tener un pequeño desliz como por ejemplo un simple beso del que rápidamente se haya arrepentido.

Aquí también conviene diferenciar entre una infidelidad sexual (cuando lo que ha habido es sobre todo contacto físico y encuentros íntimos) y una infidelidad emocional (cuando la implicación más fuerte ha sido a nivel afectivo: confidencias, enamoramiento, proyectos, compartir intimidad emocional profunda). Muchas personas manifiestan que les resulta más dolorosa la traición emocional que la meramente sexual, mientras que otras lo viven justo al contrario.

En general, cuanto más duradera y planificada haya sido la infidelidad, mayor suele ser la sensación de engaño. No es lo mismo un encuentro aislado en un contexto de vulnerabilidad personal, que una relación paralela mantenida en el tiempo, con mentiras constantes, dobles vidas y promesas a terceros. La segunda opción suele hacer mucho más difícil el perdón, porque la persona traicionada siente que ha vivido en una especie de ficción prolongada.

Las razones por las que se ha producido la infidelidad

También vamos a tener en cuenta las razones por las que se puede haber producido esta infidelidad, es decir, habitualmente hablamos de una infidelidad debida a un enamoramiento ocasional, pero en otros casos podemos encontrarnos por ejemplo con una pareja que no funciona, de manera que ambos empiezan a perder la conexión hasta el punto de que finalmente son más compañeros de piso que amantes.

En otros casos, la infidelidad aparece relacionada con carencias personales del miembro infiel: baja autoestima, necesidad de validación externa, dificultad para poner límites, miedo a la intimidad real, problemas de madurez afectiva o incluso conductas adictivas respecto al sexo o al coqueteo. Comprender si la raíz está en la relación, en la persona o en una combinación de ambas cosas puede orientar mucho la decisión de seguir o no.

Se puede perdonar una infidelidad

Hay que tener en cuenta si esto lo podemos tomar como una llamada de atención para realizar cambios en nuestra pareja o, si por contra, en realidad es razón suficiente como para considerar que no vale la pena seguir adelante y esforzarnos, puesto que seguramente en el futuro volvería a ocurrir lo mismo. Es decir, es muy importante que valoremos las razones por las que se ha producido esta situación, ya que dependiendo de ellas es posible que nos encontremos ante una circunstancia en la que existen muchas posibilidades de solucionarlo y dejar este inconveniente en el pasado, o que por contra sea algo que pensemos que puede acabar repitiéndose.

Analizar las causas no implica justificar la conducta, sino comprender el contexto en el que se ha dado. Esa comprensión puede ser la base para construir acuerdos nuevos y prevenir futuras traiciones, siempre que exista un compromiso real de cambio por parte de ambos.

Valora el daño causado con la infidelidad

También es elemental que realicemos un análisis para poder averiguar realmente hasta qué punto nos ha podido hacer daño esta infidelidad. Cada persona es un mundo en este sentido, de manera que es esencial que estudiemos bien nuestros sentimientos y analicemos qué es lo que sentimos hacia esa otra persona a partir de ahora.

Es esencial que averigüemos si realmente vamos a tener la capacidad para poder cerrar esa herida y no volver a abrirla nunca más, es decir, si decidimos pasar página, es esencial que nos olvidemos por completo de este problema en el día a día, ya que de lo contrario se acabaría convirtiendo en un reproche constante que, tarde o temprano, minaría la relación y finalmente se acabaría rompiendo. Por esa razón, si finalmente tomamos la decisión de seguir adelante, es necesario que sepamos dejar atrás este incidente y lo archivemos para no volver a sacarlo de nuevo nunca en ningún momento y menos en discusiones.

Básicamente aquí vamos a tener que analizar si vamos a poder recuperar la confianza en nuestra pareja, y en caso de ser afirmativo y de tener también la capacidad para dejar esto en el olvido operativo (recordarlo sin que nos haga daño), entonces tendremos posibilidades para poder seguir adelante y volver a ser felices de nuevo. Pero en caso negativo, entonces es mejor que analicemos bien si realmente nos vale la pena seguir sacrificándonos y sufriendo con una relación que realmente tarde o temprano acabará muriendo.

Por supuesto también va a ser muy importante que tengamos en cuenta los sentimientos que hay hacia esa persona que nos ha sido infiel, ya que éste va a ser un factor determinante a la hora de saber si vais a tener la fuerza y energía suficiente para conseguir salir adelante, o si realmente el amor ha desaparecido o incluso se ha ido diluyendo con el paso del tiempo hasta que en la actualidad somos conscientes de que verdaderamente ya no había nada entre nosotros.

En esta valoración del daño también entra en juego cómo ha reaccionado la persona infiel: si ha mostrado arrepentimiento sincero, si ha roto todo contacto con la tercera persona, si acepta responder preguntas razonables, si asume su responsabilidad sin culpar al otro, si está dispuesta a hacer cambios concretos y sostenidos en el tiempo. Todo esto puede ayudar a sanar, aunque no elimina el dolor inicial.

Hombres, mujeres y la forma de vivir la infidelidad

Las mujeres y los hombres suelen tener dos perspectivas diferentes de la infidelidad y ambas son totalmente válidas. Aunque cada persona es única, la cultura y la educación influyen en la forma en que se percibe la traición.

  • Muchos hombres perciben como más grave una infidelidad de tipo sexual, es decir, cuando su pareja ha tenido relaciones íntimas con otra persona, aunque no haya habido un fuerte vínculo emocional.
  • Muchas mujeres, por su parte, consideran que la infidelidad emocional es mucho peor: cuando su pareja se enamora de otra persona, comparte intimidad y proyectos, independientemente de que hayan tenido relaciones sexuales o no.

Por eso hay quienes se preguntan por qué algunas mujeres no suelen perdonar una infidelidad si el hombre “solo” tuvo contacto con esa persona por las redes sociales. Es porque para ellas la infidelidad emocional, hecha de mensajes, confidencias y fantasías compartidas, es muy difícil de digerir, ya que sienten que su lugar en el corazón del otro ha sido ocupado.

En cualquier caso, más allá de las diferencias, lo importante es que en cada relación quede claro qué entiende cada miembro por “ser fiel” y qué conductas considera inaceptables. A veces, uno puede sentir que el otro ha sido infiel por coquetear en redes sociales, mientras que la otra persona piensa que eso no rompe ningún acuerdo porque no hubo contacto físico. De ahí la importancia de hablar de estos límites antes de que aparezcan conflictos.

¿Qué es y qué no es infidelidad?

Podemos definir la infidelidad como el acto de quebrantar el criterio de exclusividad con nuestra pareja. Puede ser teniendo relaciones sexuales con otra persona o enamorándose de ella, o incluso manteniendo una doble vida emocional y secreta. Este concepto puede no alinearse con los acuerdos de algunos cónyuges o parejas con modelos no monógamos, pero en la cultura occidental monógama normalmente puede definirse de esta forma.

Eso sucede porque en las relaciones amorosas monógamas esperamos que nuestra pareja nos haga sentir especiales y únicos para ella. Que mi pareja coquetee con otra persona por redes sociales, mantenga conversaciones subidas de tono o le diga cosas que creemos que solo debe decirnos a nosotros, ya puede ser considerado como una infidelidad para muchas personas.

Y es que nos sentiremos traicionados/as y se abre camino a estas situaciones:

  • Cesa la confianza básica en nuestra pareja.
  • Surge el miedo a que se vuelva a repetir.
  • Puede aparecer el temor a comprometerse de nuevo con otra persona.
  • Es posible que incida negativamente en futuras relaciones de pareja, con escenas de celos injustificados.
  • Podemos llegar a protegernos en exceso y no dejarnos querer fácilmente.

Perdonar una infidelidad supone un asunto estrechamente asociado con la sanación de la persona traicionada. Por ello, existe la posibilidad de que tengamos otra pareja en el futuro, pero los fantasmas del pasado sigan atormentándonos si no hemos hecho un trabajo de cierre real.

Tenemos que perdonar una infidelidad, ¿sí o no?

Hay investigaciones que sugieren que las infidelidades pueden ser perdonadas por ambos sexos, aunque no siempre se consiga. Para muchos, la razón que les mueve a perdonar una infidelidad reside especialmente en ver o no a la tercera persona como un riesgo real para la relación y en el grado de compromiso que aún sienten con su pareja.

Quienes reflexionan de manera obsesiva y rumian constantemente sobre el acto de infidelidad suelen ser las que más dificultades encuentran para perdonar, sobre todo cuando se dan cuenta de la falibilidad de la pareja y les asaltan dudas sobre su propio valor y sobre si fueron “culpables” de alguna forma.

Si nuestra relación ha sido estable y fructífera emocionalmente, y además creemos que la tercera persona no representa un peligro continuado para la relación, entonces podemos concentrarnos en cómo podríamos revivir la sexualidad si ese fue el motivo de la traición o qué vacíos emocionales condujeron a que nuestra pareja nos fuese infiel.

Ahora bien, en caso de que esa tercera persona siga siendo un riesgo (porque continúan en contacto, comparten entorno laboral o no se ha cerrado del todo ese vínculo), conceder un perdón auténtico será muy complicado, ya que el miedo a que todo vuelva a ocurrir se mantendrá presente.

También es importante preguntarse si queremos perdonar desde un lugar de amor propio o desde el miedo. Perdonar por incapacidad de salir de la zona de confort, por temor a la soledad, por presión social o familiar o por motivos económicos, suele llevar a relaciones llenas de resentimiento y dependencia, donde la persona traicionada se siente humillada y atrapada.

Evitar el pseudo-perdón y la trampa de la zona de confort

Hay situaciones en la que decimos “te perdono”, pero solo de la boca para afuera. Y cada vez que sucede un pequeño malentendido no dudamos en reprocharle a nuestra pareja la infidelidad que cometió. Cuando esto ocurre, la indulgencia no ha sido real y por tanto podemos estar dispuestos incluso a “pagar con la misma moneda” porque todavía tenemos rabia acumulada en nuestro interior. Es importante cortar estos reproches continuos por el bienestar de la relación.

Perdonar una infidelidad muchas veces responde a nuestra incapacidad de salir de nuestra zona de confort. Tener miedo al cambio y seguir dispuestos/as a sentirnos humillados/as no es sano. Es una decisión comprensible, sobre todo cuando hay hijos, proyectos compartidos o mucha historia en común, pero conviene hacerse la pregunta de si lo que nos retiene es el amor o el temor a perder una vida ya armada.

Romper con nuestra pareja supone también ponerle fin a una forma de vida construida en sociedad con esa persona. Puede ser muy deprimente tener que empezar desde cero porque no solo nos alejamos físicamente de nuestros hijos o hijas en algunos casos, sino también de amistades, sueños y proyectos en pareja. Esta realidad hace que muchas personas posterguen decisiones que en el fondo sienten como necesarias.

¿Qué es el perdón y qué no es?

El perdón es un proceso que tiene efectos muy saludables en la persona que perdona, promoviendo así su bienestar emocional. Sin embargo, perdonar es un asunto complejo que llevará tiempo, deseo de perdonar, determinación y compromiso con uno mismo. No suele ser un acto instantáneo, sino más bien un camino que se recorre paso a paso.

En este proceso tendremos que cambiar actitudes, pensamientos y conductas. Mediante esta reestructuración cognitiva, podremos ser capaces de reconciliarnos con esos sentimientos que fueron dañados y volver a una cierta normalidad interna, con o sin la pareja.

El primer paso será reconocer el daño sufrido. Es importante no intentar engañarse minimizando lo ocurrido; al contrario, será desde la importancia del evento desde donde la persona agraviada se dará la oportunidad de perdonar. A veces, intentar convencerse de que “no fue para tanto” alarga el dolor porque niega lo que se siente realmente.

En el análisis de lo ocurrido es preciso entender las circunstancias en que se da la infidelidad. Sabemos que cuando atribuimos la responsabilidad a factores externos, puntuales y cambiantes (un momento de crisis, una situación concreta, un episodio aislado), puede resultar algo más sencillo perdonar, en comparación con cuando se atribuye la infidelidad al carácter global e inamovible de la persona (“es así, no va a cambiar nunca”).

El segundo paso es mostrarnos interés real por perdonar, al menos como una posibilidad. Eso no significa decidir en ese mismo momento que vamos a perdonar, pero sí abrir la puerta a que el perdón pueda llegar en algún punto del proceso de sanación.

Ideas erróneas frecuentes sobre el proceso de perdón

Para poder perdonar, tendremos que analizar y reconocer lo que significa para nosotros esta palabra y detectar posibles pensamientos o ideas que interfieren de forma negativa sobre el proceso. Algunas de estas ideas erróneas pueden ser:

1. “Perdonar implica olvidar lo ocurrido”

La memoria es una función cerebral que interviene en todos los procesos de aprendizaje del ser humano. Cuando aprendemos algo, no se borra de nuestro “almacén”, no podemos hacerlo desaparecer de forma voluntaria. El fin del perdón no es olvidar lo ocurrido, el fin será recordarlo sin que nos haga daño ni condicione todas nuestras decisiones.

2. “Perdonar es sinónimo de reconciliación”

Esta es una de las ideas más extendidas: “Si no quiere volver conmigo es porque no me ha perdonado; si lo hubiera hecho, estaríamos juntos”. El perdón no incluye necesariamente restaurar la relación con alguien; es necesario, pero no suficiente. Perdonar a alguien no implica alcanzar nuevos compromisos con esa persona, y esto último es necesario para reparar una relación de pareja afectada por este tipo de crisis.

3. “Perdonar es minimizar o justificar lo ocurrido”

¿Cuántas veces hemos escuchado frases del tipo: “no es para tanto”, “intenta ver lo positivo”, “estas cosas pasan”? Perdonar no implica cambiar la valoración del hecho; lo más probable es que siempre lo sigamos viendo como algo negativo e injustificable. Sin embargo, lo que cambia es que, a pesar de que la valoración del hecho es negativa, nuestra actitud hacia la persona que nos dañó deja de implicar deseos de venganza o necesidad de “devolver el golpe”.

4. “Perdonar es signo de debilidad o de no valorarse”

Cuando nos hacen daño, aprendemos que es necesario protegernos de aquella persona que nos ha herido. El enfado a veces funciona como un mecanismo de defensa que nos protege del otro y restaura, en parte, la sensación de control. Desde ahí, puede parecer que aflojar esa rabia es mostrarse débil.

Sin embargo, el perdón auténtico requiere una gran fortaleza interna, porque implica mirar de frente al dolor, asumirlo, decidir qué queremos hacer con él y elegir no quedarnos atrapados en el rencor, aunque tengamos motivos para estar enfadados.

5. “Perdonar es una actitud generosa hacia el otro”

Otra idea errónea es que el perdón es un regalo que hacemos al otro desde una supuesta superioridad moral: “Te perdono porque soy buena persona y me debes gratitud”. En realidad, el perdón es, ante todo, un acto que beneficia al que perdona, porque le permite dejar de vivir atado a la herida y recuperar su libertad interior, independientemente de lo que haga la otra parte.

Cambiando nuestros pensamientos y conductas para poder perdonar

El tercer paso que nos lleva a perdonar pasa por cambiar nuestra conducta (lo que hacemos) y por aceptar el sufrimiento y la rabia como parte del proceso. En el caso de la infidelidad, esto implica dejar de realizar conductas destructivas abiertas y explícitas (buscar venganza, arremeter continuamente contra el otro, espiar sin parar, revisar su teléfono de manera obsesiva) o encubiertas e implícitas (desearle mal a la otra persona, rumiar sin descanso sobre la traición).

Además, por parte de quien fue infiel, es necesario llevar a cabo tareas de reparación del daño causado (en la medida de lo posible), ya que esta es una de las mejores maneras de demostrar arrepentimiento real e interés por reparar el compromiso con la otra persona: ser transparente, responder preguntas razonables, cortar contactos ambiguos, aceptar límites nuevos, mostrarse disponible emocionalmente, etc.

La cuarta etapa pasa por establecer estrategias dirigidas a autoprotegese de manera sana. Perdonar no significa tener “fe ciega” en el otro, precisamente implica reconocer que no hay garantías absolutas de que no volverá a ocurrir y que el riesgo forma parte de lo que significa vivir y compartir la vida con otra persona. Es importante no caer en el control excesivo que nos lleve a una conducta celosa y vigilante que termine asfixiando la relación.

¿Cuándo se debe perdonar una infidelidad?

A la hora de evaluar si perdonar o no una infidelidad en una relación, hay que intentar tomar la decisión sin presiones externas. Los amigos y familiares pueden darte consejos y ofrecerte sus puntos de vista, pero lo importante es que tú reflexiones y descubras qué quieres hacer realmente, qué puedes sostener emocionalmente y qué encaja con tus valores.

Algunos aspectos que puedes considerar a la hora de decidir si estás en disposición de perdonar son:

  • El grado de la infidelidad: si fue algo puntual o una doble vida prolongada.
  • Las causas que la motivaron: carencias en la relación, dificultades personales, crisis vitales.
  • Si ha sido de tipo sexual o emocional y qué pesa más para ti.
  • El daño que ha causado en tu autoestima, confianza y bienestar.
  • La posibilidad de recuperar la confianza sin caer en un control enfermizo.
  • El compromiso real de ambas partes para trabajar en la relación.
  • En qué punto se encuentran tus sentimientos hacia la otra persona hoy.

¿Es mejor separarse cuando hay una infidelidad?

Cada pareja construye su relación de manera diferente, por lo que depende de cada individuo elegir si es mejor poner distancia de por medio en caso de infidelidad o intentar reconstruir. Plantéate si has hecho todo lo posible para que las cosas funcionen, si tu pareja es consciente de tus necesidades, cuáles son vuestras principales carencias y qué conflictos suelen repetirse entre vosotros.

Para responder a esta cuestión, también puedes preguntarte si quizás sigues con tu pareja por miedo a estar solo/a o por pura rutina, por comodidad, por presión social o por no querer afrontar ciertos cambios materiales. También conviene escuchar a tu corazón y dejar el orgullo herido a un lado, diferenciando entre dignidad (cuidarte) y orgullo rígido (cerrarte a cualquier posible reparación).

¿Qué es lo más sano después de una infidelidad?

Lo más sano para la pareja después de que uno de los dos haya cometido una infidelidad es hablar las cosas con sinceridad. La comunicación honesta es fundamental en una relación sana. El diálogo será esencial si quieres seguir manteniendo una relación de confianza con la otra persona y si aspiras a superar los obstáculos que se os presenten en el camino.

Es importante poder expresar cómo te has sentido, qué necesitas ahora para sentirte seguro/a, qué límites nuevos necesitas establecer y qué está dispuesto a hacer el otro para reparar. En muchos casos, acudir a terapia individual o de pareja puede ser una gran ayuda para tener un espacio seguro donde abordar estos temas, guiados por un profesional que facilite la comunicación.

Reconstrucción de la pareja tras una infidelidad

Una de las principales razones por las que las parejas deciden hacer terapia es poder superar una infidelidad. Los miembros de la pareja desean encontrar la respuesta a si es posible o no recuperar el amor y la confianza. La experiencia clínica indica que, aunque es difícil, muchas parejas logran no solo sobrevivir, sino también generar un vínculo distinto, a veces más consciente y profundo.

En general, se suelen observar varias fases en el proceso de reconstrucción:

  • Fase de montaña rusa: es la primera etapa, en la que la inestabilidad y el daño reciente generan las mayores tormentas emocionales. Hay días de querer salvar la relación y otros de querer terminarla de inmediato.
  • Fase de moratoria: es el momento en el que se reflexiona sobre lo ocurrido. La pareja trata de entender qué pasó, por qué, qué faltaba, qué se daba por supuesto. Aún no desaparecen las reacciones emocionales intensas, pero se intenta buscar un significado a lo sucedido.
  • Fase de construcción de la confianza: implica retomar de forma consciente la relación, asumir plenamente la responsabilidad de lo ocurrido, reasegurar el compromiso de las partes, reforzar la comunicación, establecer acuerdos nuevos y cultivar el perdón.

En esta última fase, muchas parejas aprovechan para reconfigurar el pacto de pareja: hablar de cómo entienden ahora la fidelidad, qué conductas consideran inadmisibles, qué tipo de vida sexual quieren construir, qué espacio tendrá cada uno para su individualidad, etc. Algunas parejas, por ejemplo, descubren que un modelo de relación más abierto o más flexible encaja mejor con sus valores, siempre desde la transparencia.

Una vez que tomes la decisión, comunícala a tu pareja

Y evidentemente, una vez que hayamos tomado una decisión en función de todos los apartados anteriores, es el momento de reunirnos tranquilamente con nuestra pareja y contar las valoraciones que hemos realizado así como la decisión que hemos tomado.

Es muy importante que, independientemente del modo en que se desarrolle la conversación, seáis firmes con la decisión, y es que muchas veces por pena o por los miedos, lástimas, etcétera, acabamos cambiando en el último momento. Pero en realidad tan sólo estaremos alargando lo inevitable, con lo cual estaremos motivando un mayor dolor tanto para nosotros como para nuestra pareja.

El momento de comunicar dicha decisión deberá ser calmado, en un sitio neutro y sin interrupciones y sobre todo sin discusiones agresivas, es decir, no debemos tirarnos trastos a la cabeza ni descalificarnos, sino que simplemente a partir de ahora vamos a tomar un rumbo diferente y esa es nuestra decisión, con lo cual esa persona debe respetarla y aceptarla independientemente de si la apoya o está en contra.

Y por supuesto, si optamos por seguir adelante con la relación, es muy importante que en ese mismo instante ambos establezcamos un compromiso claro a través del cual la persona que ha sido infiel garantice que no va a volver a cometer un error similar (respaldando esta promesa con cambios concretos), y la persona afectada deberá garantizar que se esforzará por dejar todo esto en el pasado y no lo utilizará como arma para hacer más daño en la relación.

Aunque parezca complicado hacerlo, es muy importante que tengamos en cuenta todos estos detalles ya que, de lo contrario, será imposible que logremos salir adelante con el objetivo de recuperar lo que la infidelidad ha dañado en nuestra relación.

Así que ya sabéis, si os planteáis perdonar una infidelidad, deberéis analizar todos estos detalles para tomar una decisión lo más justa posible tanto para vosotros como para vuestra pareja, sosteniendo siempre el respeto propio y el respeto mutuo como base de cualquier camino que decidáis seguir.

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