7 Poemas del Romanticismo que no puedes perderte

Se denomina “romanticismo” al movimiento cultural y artístico que nació en Europa a finales del siglo XVII, específicamente en Alemania y el Reino Unido. El cual tenía como finalidad darle prioridad a los sentimientos, muy por encima del racionalismo y el neoclasicismo; por lo que también es considerado una “revolución” en ese sentido.

En dicha época hubo muchas obras y expresiones artísticas en diferentes ámbitos como la literatura, música y pintura. Sin embargo, en esta entrada queremos hacer énfasis a obras de los principales autores del romanticismo realmente increíbles en la poesía del romanticismo, donde los poetas trataban de dejar a un lado el mando que llevaba el neoclasicismo, para así centrarse más bien en los factores marginados de los estándares sociales.

Descubre estos increíbles poemas del romanticismo

Entre los autores más destacados, tenemos a Lord Byron, William Blake, Georg Philipp Freiherr, Walt Whitman, Gustavo Adolfo Bécquer, Victor Hugo, Samuel Taylor Coleridge, John Keats, Percy Bysshe Shelley, William Wordsworth, Edgar Allan Poe, entre otros. Todos ellos relacionados por sus poemas del romanticismo, que para los amantes de la poesía de dicho género, son unos verdaderos dioses.

1. Acuérdate de mí

Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando esté mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza


de mutuo suspirar y mutuo amor.

Es la llama de mi alma cual aurora,
brillando en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna…
ni la muerte la puede mancillar.

¡Acuérdate de mí!… Cerca de mi tumba
no pases, no, sin regalarme tu plegaria;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que has olvidado mi dolor.

Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que sobre mi tumba derrames tus lágrimas.

Autor: Lord Bryon.

2. Annabel Lee

Fue hace ya muchos, muchos años,
en un reino junto al mar,
habitaba una doncella a quien tal vez conozcan
por el nombre de Annabel Lee;
y esta dama vivía sin otro deseo
que el de amarme, y de ser amada por mí.

Yo era un niño, y ella una niña
en aquel reino junto al mar;
Nos amamos con una pasión más grande que el amor,
Yo y mi Annabel Lee;
con tal ternura, que los alados serafines
lloraban rencor desde las alturas.

Y por esta razón, hace mucho, mucho tiempo,
en aquel reino junto al mar,
un viento sopló de una nube,
helando a mi hermosa Annabel Lee;
sombríos ancestros llegaron de pronto,
y la arrastraron muy lejos de mi,
hasta encerrarla en un oscuro sepulcro,


en aquel reino junto al mar.

Los ángeles, a medias felices en el Cielo,
nos envidiaron, a Ella a mí.
Sí, esa fue la razón (como los hombres saben,
en aquel reino junto al mar),
de que el viento soplase desde las nocturnas nubes,
helando y matando a mi Annabel Lee.

Pero nuestro amor era más fuerte, más intenso
que el de todos nuestros ancestros,
más grande que el de todos los sabios.
Y ningún ángel en su bóveda celeste,
ningún demonio debajo del océano,
podrá jamás separar mi alma
de mi hermosa Annabel Lee.

Pues la luna nunca brilla sin traerme el sueño
de mi bella compañera.
Y las estrellas nunca se elevan sin evocar
sus radiantes ojos.
Aún hoy, cuando en la noche danza la marea,
me acuesto junto a mi querida, a mi amada;
a mi vida y mi adorada,
en su sepulcro junto a las olas,
en su tumba junto al rugiente mar.

Autor: Edgar Allan Poe.

3. Sobre el dolor de otro

¿Puedo observar el dolor de alguien
sin sentir con él tristeza?
¿Puedo contemplar el pesar de alguien
sin intentar aliviarlo?

¿Puedo observar la lágrima derramada
sin compartir el dolor?
¿Puede un padre ver a su hijo llorar
sin someterse a la pena?

¿Puede una madre escuchar indiferente
el lamento de un niño, el temor de un infante?
¡No, no! ¡Imposible!
Nunca, eso jamás será posible.

¿Puede aquel que a todo sonríe


oír los gemidos del ave?
¿Escuchar a sus pequeños pesarosos y necesitados?
¿Escuchar el llanto de los niños que sufren?

¿Sin sentarse junto al nido
rociando de piedad sus pechos?
¿Sin sentarse junto a la cuna
vertiendo llanto sobre las lágrimas del niño?

¿Y no pasarse día y noche
secando nuestras lágrimas?
Oh, no, eso jamás será posible.
Nunca, nunca será posible.

Nos reserva a todos su alegría;
se transforma en joven;
se transforma en hombre compasivo.
También él siente dolor.

Piensa que eres incapaz de suspirar un suspiro,
sin que tu hacedor no esté a tu lado;
Piensa que no puedes llorar una lágrima
sin que tu hacedor no esté llorando.

Ah, nos otorga la alegría
que destruye nuestras penas.
Hasta que nuestro dolor se haya vaciado,
junto a nosotros se lamentará.

Autor: William Blake.

4. El Giaour

Pero antes, sobre la tierra, como vampiro enviado,
tu cadáver del sepulcro será exiliado;
entonces, lívido, vagarás por el que fuera tu hogar,
y la sangre de los tuyos has de arrancar;
allí, de tu hija, hermana y esposa,
a media noche, la fuente de la vida secarás;
Aunque abomines aquel banquete, debes, forzosamente,
nutrir tu lívido cadáver andante,
tus víctimas, antes de expirar,
en el demonio a su señor verán;
maldiciéndote, maldiciéndose,
tus flores marchitándose están en el tallo.


Pero una que por tu crimen debe caer,
la más joven, entre todas, la más amada,
llamándote padre, te bendecirá:
¡esta palabra envolverá en llamas tu corazón!
Pero debes concluir tu obra y observar
en sus mejillas el último color;
de sus ojos el destello final,
y su vidriosa mirada debes ver
helarse sobre el azul sin vida;
con impías manos desharás luego
las trenzas de su dorado cabello,
que fueron bucles por ti acariciados
y con promesas de tierno amor despeinados;
¡pero ahora tú lo arrebatas,
monumento a tu agonía!
Con tu propia y mejor sangre chorrearán
tus rechinantes dientes y macilentos labios;
luego, a tu lóbrega tumba caminarás;
ve, y con demonios y espíritus delira,
hasta que de horror estremecidos, huyan
de un espectro más abominable que ellos.

Autor: Lord Byron.

5. Antes que tú me moriré

Antes que tú me moriré: escondido
en las entrañas ya
el hierro llevo con que abrió tu mano
la ancha herida mortal.

Antes que tú me moriré: y mi espíritu,
en su empeño tenaz
se sentará a las puertas de la Muerte,
que llames a esperar.

Con las horas los días, con los días
los años volarán,
y a aquella puerta llamarás al cabo.
¿Quién deja de llamar?

Entonces que tu culpa y tus despojos
la tierra guardará,
lavándote en las ondas de la muerte
como en otro Jordán.

Allí, donde el murmullo de la vida
temblando a morir va,
como la ola que a la playa viene
silenciosa a expirar.

Allí donde el sepulcro que se cierra
abre una eternidad,
todo lo que los dos hemos callado
lo tenemos que hablar.

Autor: Gustavo Adolfo Becquer.

6. Amor inquieto

¡A través de la lluvia, de la nieve,
A través de la tempestad voy!
Entre las cuevas centelleantes,
Sobre las brumosas olas voy,


¡Siempre adelante, siempre!
La paz, el descanso, han volado.

Rápido entre la tristeza
Deseo ser masacrado,
Que toda la simpleza
Sostenida en la vida
Sea la adicción de un anhelo,
Donde el corazón siente por el corazón,
Pareciendo que ambos arden,
Pareciendo que ambos sienten.

¿Cómo voy a volar?
¡Vanos fueron todos los enfrentamientos!
Brillante corona de la vida,
Turbulenta dicha,
¡Amor, tu eres esto!

Autor: Goethe.

7. El pasado

¿Olvidarás las horas felices que enterramos
En las dulces alcobas del amor,


Hacinando sobre sus fríos cadáveres
Los ecos efímeros de una hoja y una flor?
Flores dónde la alegría cayó,
Y hojas dónde aún habita la esperanza.

¿Olvidarás a los muertos, al pasado?
Todavía no son fantasmas que puedan vengarse;
Recuerdos que hacen del corazón su tumba,
Lamentos que se deslizan sobre la penumbra,
Susurrando con horribles voces
Que la felicidad sentida se convierte en dolor.

Autor: Percy Bysshe Shelle.

Esperamos que estos poemas del romanticismo hayan sido de tu agrado, ya que para nosotros han sido realmente increíbles. Si deseas aportar algún otro poema, puedes hacerlo a través de los comentarios; mientras que también te invitamos a compartirlo en tus redes sociales para que tus amigos amantes de la poesía puedan ilustrarse un poco.


Un comentario

  1.   juan carlos dijo

    luna que dejo pasar vuelve a mi con otra luz que ilumine mi caminar con tiempo de amor y de creer en ti como la vida misma no me separes de la tierra para hundirme en el abismo cosa que tu sentirias y yo lo compartiria pues mi union a ti es como un lazo que nadie puede separar ni en la tempestad del mar ni la tormenta en la montaña, espero verte pronto con los ojos de un niño enamorado y regalarte mi corazon en la distancia y querer seguirte dia a dia con la luz que yo un dia sin querer borre.

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