¿Por qué el tiempo vuela a medida que envejecemos?

“El tiempo vuela” o “parece que fue ayer” son expresiones muy familiares que todos, en algún momento, hemos experimentado.

Vamos envejeciendo a medida que pasan los días, pero, ¿por qué tenemos la sensación de que el tiempo vuela aún más rápido cuanto más mayores nos hacemos?

Se han realizado varios estudios sobre la percepción del paso del tiempo (el primero en 2005 por M. Wittman y S. Lehnhoff y el último en julio de 2013 por Friedman, Janssen y M. Naka) y las conclusiones a las que han llegado son las siguientes:

 

La edad es un factor importante, pero principalmente cuando se habla de periodos de tiempo largos. Ante la pregunta “¿cómo de rápido han pasado para ti los últimos 10 años?”, los adultos tendían a valorar el paso de ese periodo como más veloz que los jóvenes. Sin embargo, cuando la pregunta hacía referencia a la velocidad del paso de los días o de los meses, la edad no  marcó grandes diferencias.

-La sensación de la “presión del tiempo” juega un papel importante. El realizar tareas con una fecha tope para terminarlas suele generar la sensación de que siempre nos falta tiempo. Este factor es independiente de la edad y de la cultura; pues se obtuvieron resultados similares con participantes holandeses, alemanes, austriacos, japoneses y neozelandeses.

La edad, la presión temporal, los intervalos de tiempo…¿Nunca sabremos por qué tenemos la sensación de que el tiempo pasa cada vez más rápido? Los psicólogos han propuesto cinco teorías interesantes al respeto:

1. Medimos el tiempo por acontecimientos memorables.

Siguiendo la hipótesis que William James expuso en su libro “Principio de la psicología”; a medida que envejecemos, el tiempo parece avanzar más rápido porque el número de eventos importantes se va reduciendo. Cuando medimos el tiempo por primeras experiencias (el primer beso, el primer coche, la graduación…) el dejar de tenerlas (al ir avanzando en edad), puede crear la sensación de que los años pasan vacíos y casi sin darnos cuenta.

2. El tiempo que pasa guarda relación con la edad.

Mientras que para un niño de 5 años, un año supone el 20% de toda su vida; para un adulto de 50, este mismo año representa sólo el 2% de toda su vida.  Esta “Teoría de la proporción“, fue propuesta por Janet en 1877 y sugiere que estamos constantemente comparando intervalos de tiempo (días, meses, años) con la cantidad total de tiempo que ya hemos vivido. Es decir, cuanto más hayamos vivido, esos intervalos suponen “menos” en nuestra vida y, por ello, parece que pasan más rápido.

3. Nuestro reloj biológico se ralentiza a medida que envejecemos.

El envejecimiento parece ir acompañado de una ralentización de algún tipo de marcapasos interno. Esta “lentitud progresiva” de nuestro reloj biológico influye de tal manera que podemos tener la sensación de que, de repente, los días pasan más rápidos.

4. A medida que envejecemos, prestamos menos atención al tiempo.

Cuando éramos niños, desde el 1 de diciembre contábamos los días que faltaban para que Papá Noel o los Reyes Magos nos trajeran nuestros regalos. Sin embargo, de adultos, estamos más centrados en temas de trabajo, compras de navidad, viajes, facturas y demás temas “de mayores”. Cuanta más atención prestemos a tareas como éstas, menos notaremos el paso del tiempo.

5. Estrés, estrés y más estrés.

Al igual que las conclusiones del estudio de Wittmann y Lehnhoff, la sensación de que no hay tiempo suficiente para terminar las cosas lo reinterpretamos con una sensación de que el tiempo pasa demasiado rápido. Las personas mayores, por ejemplo, tienen esta sensación con frecuencia debido a los impedimentos de su condición física o por una disminución cognitiva.

Aunque la sensación de que el tiempo “vuela” es inevitable, tal vez podamos reducir un poco su velocidad estas navidades. Disfrutemos del tiempo con la familia y amigos y prestemos más atención a esos momentos que, habitualmente, pasan desapercibidos.


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