¿Por qué es perjudicial la división entre cuerpo y mente? Guía para mejorar nuestra respiración

División y desconexión entre cuerpo y mente:

A lo largo de los siglos se ha difundido, particularmente en la cultura occidental, la falsa idea de que no solamente nuestra mente está separada de nuestro cuerpo, sino que además es superior a él.

En la mente reside la razón, la identidad, la verdad, mientras que el cuerpo es visto como la fuente de impulsos descontrolados, indeseados y hasta sucios; el cuerpo es esa parte “animal” que debemos controlar a toda costa. De hecho muchos problemas como los ataques de pánico o las disfunciones sexuales provienen no solamente de creencias transmitidas por nuestras familias de origen sino que también se deben a nuestro desconocimiento del cuerpo y el miedo a nuestras sensaciones físicas. Pero lo que demuestran las investigaciones, cuyos resultados están revolucionando el campo de la psicología, es que esta supuesta división es totalmente ilusoria. En realidad somos nosotros, los seres humanos, los que la hemos creado.

Esta disociación entre las diferentes partes que constituyen nuestra persona se empieza a notar ya en los primeros años de escuela en los que se prima el desarrollo y uso del intelecto en detrimento de nuestras sensaciones y movimientos corporales y nuestra creatividad. Se nos dice que debemos estar quietos, prestar atención, permanecer sentados y callados, pedir permiso para ir al servicio, y así una lista infinita de prohibiciones y demandas. Básicamente, desde pequeños se nos adiestra para que aprendamos a hacer abstracción de nuestras necesidades (cuando surgen en momentos que se consideran “inadecuados” – pero inadecuados según quien?) y a callar nuestro cuerpo.

Es triste, pero parece que los únicos momentos en los que nos acordamos de nuestro cuerpo es cuando nos duele. De otra forma, nuestro cuerpo pasa la mayoría del tiempo desapercibido. Incluso cuando hacemos deporte, a menudo utilizamos nuestro cuerpo como un instrumento, y se nos olvida la magia de la experiencia misma de nuestros sentidos y del momento presente. Tenemos metas y realizamos una tarea tras otra de forma automatizada y pensando ya en la siguiente, pero se nos olvida lo esencial: el aquí y el ahora. A penas nos damos cuenta de lo que ocurre a nuestro alrededor, y menos de lo que ocurre en nuestro interior. Estamos sumergidos en nuestra cabeza y atrapados en rumiaciones constantes sobre el pasado y preocupaciones sobre el futuro. Y aunque tampoco es que sea muy agradable, es mas fácil permanecer allí arriba porque al menos es un lugar conocido y está “bajo nuestro control”, o al menos eso creemos. Por otra parte, el hecho de haber vivido un evento traumático nos hace más proclives a la disociación entre cuerpo y mente. Los trastornos de alimentación por ejemplo, a menudo esconden traumas infantiles.

Nuestra forma fragmentada de respirar:

Un ejemplo de esta desconexión con nuestro cuerpo se refleja en nuestra manera de respirar: la gran mayoría de nosotros respiramos de forma fragmentada, corta y demasiado rápido. No absorbemos suficiente oxigeno (el cual es el nutriente mas vital para nuestro cuerpo) ni tampoco eliminamos suficiente dióxido de carbono.

Cuando somos niños estas alteraciones en nuestra respiración son relativamente cortas, pero poco a poco se hacen mas frecuentes y duraderas, hasta que llega un momento en el que se vuelve habitual y nuestra respiración ya no es capaz de recuperar su flujo original. Nos acostumbramos a esta forma disfuncional de respirar. Muchos padres cogen en brazos a su bebe cuando está llorando y de momento que deja de llorar lo vuelven a meter en la cuna. Pero según Carola Speads, para promover buenos hábitos de respiración en el bebe, se debe seguir abrazándole, dándole palmaditas en la espalda para reconfortarle hasta que su respiración se tranquilice.

Los beneficios de aprender a respirar correctamente:

Estar en contacto con nuestra respiración nos ayuda a ser más resilientes para manejar los retos que nos proponemos así como disfrutar más plenamente de la vida. Tanto nuestra salud como nuestro estado de ánimo y nuestra creatividad dependen del suministro de oxígeno que nos proporciona nuestra respiración. Así, aprender a respirar bien purifica nuestro torrente sanguíneo, nos ayuda a pensar con más lucidez y fomenta la aparición de pensamientos más positivos.

Cómo mejorar nuestra manera de respirar:

Más que poner en práctica determinados ejercicios, el simple hecho de prestar atención a nuestra respiración (mindfulness) y reconocer su existencia funciona. Siento decepcionaros, gente fanática de la acción. Pero es que no sirve de nada querer cambiar lo que ocurre en nuestra respiración porque la respiración es un mecanismo autorregulador. Dejemos que el cambio emerja solo, sin forzar ni tratar de cambiar nada. Cuando mostramos una actitud abierta, de curiosidad y de aceptación, es cuando empiezan a emerger sensaciones, emociones e imágenes del inconsciente. No es fácil. Es un trabajo que requiere práctica y paciencia. Pero con el tiempo, los resultados son muy gratificantes.

Por otra parte, no olvidemos que la respiración se compone de tres partes: exhalación- pausa– inhalación. La duración de la pausa es fundamental porque si la acortamos por ejemplo, nos sentiremos más agitados o apresurados. Por otra parte, es normal sentir que nuestra respiración pierde su fluidez o naturalidad al enfocar nuestra atención en ella. Si observamos que nuestra respiración se acelera, se agita o desregulariza, no pasa nada. Quedémonos con esa sensación de frustración, ansiedad, irritación, o cualquier emoción que aparezca, y seamos indulgentes con nosotros mismos. No caigamos en la tendencia de querer callar cualquier emoción o sensación negativa (como tenemos la costumbre de hacer) ya que son igualmente válidas y también son parte de nosotros. Se merecen un lugar y nuestra atención. Y sabemos que reprimirlas no tiene otro efecto que alimentarlas más.

Preguntémonos:

¿Qué ocurre en mi respiración cuando me cepillo los dientes, cuando como, cuando escucho a alguien hablar, etc.? Una vez realizada nuestra observación, escribamos nuestra experiencia en un papel. Las palabras son grandes mediadoras. Hagamos eso en diferentes momentos. Y cuando adquiramos más practica, fijémonos en lo que ocurre en el resto de nuestro cuerpo cuando nuestra respiración se ve alterada. ¿Cómo están mis hombros, mi nuca, mis piernas, mis brazos, mi cara?

Conclusión:

Nos daremos cuenta que en vez de terminar cansados con estos experimentos, nos sentiremos sorprendentemente más refrescados y más revitalizados. Además, el hecho de contactar con partes olvidadas de nosotros nos hará sentir más felices. Y es que no podía ser de otra forma, porque la felicidad no está fuera, sino dentro de nosotros. Cuando no existe conciencia (awareness) de nuestro cuerpo, nunca sabemos realmente lo que sentimos. Y debido a que nuestras sensaciones están programadas para decirnos lo que es importante para nosotros, el hecho de estar desconectados nos hace perder en ocasiones el sentido y el gusto por la vida. Por eso es tan importante volver a lo esencial. Y por último, cuando aprendemos a escuchar nuestro cuerpo estamos mejor preparados para prevenir males o enfermedades antes de que se agraven.

por Jasmine Murga


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Mindfulness

Jasmine Murga

Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Experta en Intervenciones Sistémicas (ITAD Sistémica, Madrid). Experta en... Ver perfil ›

Un comentario

  1.   leo dijo

    me gusto mucho el artículo. 😀

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