Por qué las personas tienen prejuicios

A lo largo de tu vida es más que probable que hayas escuchado la palabra “prejuicio”. Cuando se habla de prejuicios se hace referencia a la actitud injustificada o incorrecta (y sobre todo negativa) hacia una persona basándose en la pertenencia de la persona a un grupo social. Por ejemplo, una persona puede tener puntos de vista con prejuicios debido a la raza o al género de alguien en concreto.

En ocasiones se confunden con la discriminación. Como hemos comentado en el primer párrafo los prejuicios es una actitud injustificada pero cuando nos referimos a la discriminación, estamos hablando de un comportamiento o una serie de acciones negativas hacia un individuo o grupo de personas especialmente a causa del sexo, raza, clase social, etc.

Diferencia entre prejuicio y discriminación

Una persona con prejuicios no siempre actuará sobre su actitud. Esto significa que alguien que los tenga hacia un grupo determinado no tiene por qué discriminarlos. Normalmente el prejuicio suele tener tres componentes clave en la actitud: afectivo, conducta y cognitivo. La discriminación, por otra parte, solo implica el comportamiento de quien discrimina.

Existen cuatro explicaciones para entender el prejuicio y la discriminación en las personas: una personalidad autoritaria, el conflicto entre personas, estereotipos y tener una identidad social concreta inflexible.

Por qué existen los prejuicios

La gente tiene prejuicios y muchas veces lo muestran sin pudor. Suelen justificarlos como que las personas con trastornos mentales pueden ser peligrosos, que los inmigrantes roban el trabajo, que la comunidad LGBT corrompe los valores familiares tradicionales, que todos los musulmanes son terroristas porque les educan en el odio, que las personas que hablan mal no tienen educación, etc.

Todos estos prejuicios son infundados y sin fundamento… entonces, ¿por qué ocurren? El prejuicio social es bastante común y suele ocurrir porque las personas se disgusta cuando no se siguen los valores que creen como únicos y universales.

Las personas suelen sentir prejuicios hacia los demás cuando se desvían de la norma que se considera como “normal”, quienes rompen esos patrones “normales” físicos o sociales. Ya sea un color de piel, una forma de vestir, las prácticas religiosas o culturales… si se desvían de los valores sociales establecidos desde hace mucho tiempo, que se consideran como un comportamiento social acordados por consenso… Parece que entonces, se sienten incomodados.

Aversión hacia la desviación

Partiendo de lo comentado más arriba, entonces se puede entender que el prejuicio social puede originarse por la aversión general a la desviación: la ruptura de lo regular, de lo que ya estamos acostumbrados.

Si es verdad, entonces la forma en que pensamos y sentimos acerca de las personas que se ven diferentes, o se comportan de manera diferente a la norma, debe ser análoga a cómo pensamos y sentimos acerca de los objetos que rompen la regularidad general de nuestra experiencia visual: el lápiz que está ligeramente fuera de línea en una fila de lápices, el parche de pintura en la pared del dormitorio es un tono más oscuro que el resto de la habitación… y todo eso “diferente” incomoda.

Los prejuicios aparecen temprano en la vida

El desagrado a la desviación de la norma social aparece temprano en la vida y existe en casi todas las culturas. Cuanto mayor es el malestar de una persona por esa “desviación de la normal social aceptada” en la vida normal, tendrá mayor inflexibilidad hacia las personas que rompen las normas sociales como vestirse de forma diferente, tener características físicas diferentes a lo normal (diferente color de piel, deformaciones físicas o incluso personas con acondroplasia), o intolerancia a grupos minoritarios raciales.

Los prejuicios no te hacen racista

Tener prejuicios por otras personas no significa que seas racista. La parte de la incomodidad que sufren estas personas con prejuicios es algo interno que experimentan en respuesta a esa “desviación” social. Son sentimientos viscerales negativos, es simplemente por ver que se rompe un patrón social, nada más.

Tendemos a asumir que los pensamientos y sentimientos que tenemos sobre nuestras familias, amigos, compañeros y extraños son producto del razonamiento y la experiencia, y en gran medida están alejados de cómo pensamos sobre el mundo físico. Sin embargo, las actitudes sociales, lo que nos gusta y lo que nos disgusta para varios tipos de personas y diversas formas de comportamiento, están más relacionadas de lo que podríamos pensar con nuestras preferencias en el mundo físico, lo aprendido culturalmente y las propias experiencias personales.

Sentimientos influenciados

Los sentimientos de las personas son influencias y afectados directamente por las experiencias vividas. Por ejemplo, las representaciones que se tienen del calor físico y social están realmente conectadas en los cerebros; desde el nacimiento asociamos el calor físico (estar cerca de otra persona) con el calor social (confianza y cuidado), y este efecto persiste a lo largo de nuestras vidas.

El dolor físico y social también se superponen. El dolor social experimentado por el rechazo de otra persona o grupo activa la misma región cerebral subyacente que la experiencia del dolor físico, tanto que tomar analgésicos de venta libre durante dos semanas en realidad ayuda a la persona a superar una ruptura porque se le presentan malestares físicos a causa del malestar emocional.

No existe una píldora mágica para reducir el prejuicio social, pero es un deber que se tiene a nivel social y que se deberían realizar de manera masiva. El problema está en que las personas que tienen perjuicios los intentan razonar o darles de algún modo una lógica que explique sus pensamientos, lo que hace que esas falsas creencias que adoptan para justificar los prejuicios lo consideren como algo correcto, cuando en realidad, no lo es.

La sociedad debería comenzar a abandonar esas justificaciones sin sentido de los prejuicios para comenzar a ser más tolerante y convivir en armonía sin que el odio hacia otras personas de manera injustificada cause conflictos sociales. Trabajar en la empatía, la aceptación, la asertividad y la tolerancia sería un gran comienzo social para acabar con los prejuicios. Si todos lo hiciésemos, viviríamos en una sociedad más cohesionada y feliz.


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