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Recursos cerebrales positivos

Por la educación un tanto negativa que hemos recibido, nos es más fácil imaginar, creer y convencernos de nuestras limitaciones y miserias humanas que de nuestros recursos cerebrales positivos. De ahí nuestra ignorancia y la dificultad práctica a la hora de explotar nuestras capacidades:

1) Nos es más fácil creer que no podemos hacer tal o cual cosa, que intentar hacerla lo mejor que sepamos.

2) Somos más propensos a culparnos de lo que nos achacan en vez de reflexionar y sacar “partido” de lo que nos ha salido, no mal, sino de forma diferente.

3) Somos más dados en disculparnos porque creemos que no lo hacemos bien que intentar hacerlo como mejor sabemos, y quedarnos satisfechos con ese convencimiento de hacerlo lo mejor que podemos.

4) Estamos más acostumbrados a “tirarnos por tierra”, que a perdonarnos y creer más en nosotros mismos y nuestras posibilidades.

5) Somos más capaces de dar todo a una vecina/o, a nuestro hermano/a, amigos; que a “mimarnos” a nosotros mismos.

6) Somos capaces de querer a tope a nuestro marido-mujer e hijos y nos cuesta querernos a nosotros mismos.

7) Somos más dados a creer lo que nos dicen los demás, sobre todo quienes creemos que nos quieren; que estar seguros de lo que somos y hacemos por nosotros mismos.

cree en ti mismo
Claro, el cerebro informa de todo esto durante toda la vida, aprende una forma de ser y una forma de actuar, sin hacer usted lo más mínimo para cambiar. Fíjese que con solamente cinco veces al día que se diga: ¡qué tonto que soy, todo lo hago mal, no me gustó nada, qué desastre! (situación que nos ocurre con mucha frecuencia) si lo multiplica por 30 días que tiene un mes, da un resultado de 150 veces que te bioinformas negativamente de lo mal que haces todo.

Si esta forma de pensar, de informarte, la calculamos durante un año, nos sale 1800 veces que “es un tonto y que todo le sale mal”… ¡el cerebro, le guste o no, aprende que cada vez es más tonto y cada vez hace peor las cosas! Si, ¡es así aunque no se lo crea! ¡estamos tan acostumbrados a todo esto, que nos parece ridículo que así sea!

Dr. Emilio Garrido-Landívar.

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