Cómo realizar un relato histórico según la estructura universal

  • Un relato histórico es una narración cronológica de hechos reales del pasado, siempre interpretados por un narrador que selecciona y organiza la información.
  • Su estructura universal se basa en introducción, desarrollo y desenlace, apoyados en un argumento claro, una trama eficaz, una organización coherente y un uso consciente del suspense.
  • Para ser creíble, el relato debe cuidar claridad, objetividad relativa, lenguaje formal, uso del pasado y marcadores temporales, así como personajes, espacio, tiempo y motivaciones bien investigados.
  • El punto de vista del historiador y la combinación entre rigor y recursos narrativos convierten el relato histórico en una herramienta poderosa para aprender historia y comprender el presente.

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El relato histórico ha formado parte de nuestras vidas desde nuestra infancia, sólo que no hemos investigado lo suficiente como para comprender que la definición de esta es simplemente la narración de forma cronológica con determinados detalles de los acontecimientos reales que han pasado hace ya algún tiempo.

El relato histórico exige del autor una gran preparación exhaustiva y una investigación muy detallada y precisa de los hechos que va a relatar, ya que de lo contrario puede mal ponerse como una novela de aventuras, un subgénero en donde la historia se convierte en un pretexto para crear un desenlace ficticio en donde predomina la acción.

Por otro lado, también se llega a trastornar el género con la historia novelada, en esta los hechos históricos predominan sobre los hechos inventados. La historia novelada da pie para superponer los comentarios del autor y la historia es sólo una excusa para exponer sus teorías.

La segunda guerra mundial, la conquista de América, la revolución francesa son en efecto relatos históricos. Estos siempre suelen aparecer en libros de una forma esquematizada acompañados de preámbulos y de finales o conclusiones que son relatadas por un redactor o narrador. Este es el que decide de qué forma inicia, hasta qué punto desarrolla y cuando termina la historia.

¿Qué es exactamente un relato histórico?

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Cuando hablamos de relato histórico nos referimos a una narración que cuenta con detalle los acontecimientos de un periodo concreto del pasado. No es una simple lista de datos, sino una construcción narrativa que ordena, selecciona e interpreta los hechos para hacerlos comprensibles.

En este tipo de relato se combinan tres elementos esenciales:

  • Los hechos reales, documentados mediante fuentes históricas (crónicas, archivos, testimonios, restos materiales, etc.).
  • La cronología, es decir, el orden temporal que permite entender causas, procesos y consecuencias.
  • La interpretación del narrador, que selecciona qué contar, desde qué punto de vista y con qué finalidad.

Por ello, los historiadores recuerdan que un relato histórico es siempre una interpretación del pasado y no el pasado mismo. Pueden existir múltiples relatos sobre un mismo acontecimiento, dependiendo de las preguntas que se formulen, de las fuentes utilizadas y de la perspectiva del autor.

El relato histórico también puede adoptar formas más literarias, como la novela histórica o la historia novelada, siempre que se mantenga una fidelidad básica al contexto real (época, lugares, procesos, mentalidades). En estos casos, la ficción actúa como herramienta para acercar el pasado al lector, pero no debe traicionar el marco histórico general.

Estructura de un relato histórico

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La estructura de un relato histórico comienza con un prólogo en donde se hace una introducción de lo que se hablará, se puede mencionar lo que ocurrió antes del relato o comentar cuál fue el detonante que desencadenó los hechos.

Luego viene el desarrollo, se comenta con minuciosos detalles los acontecimientos, y para cerrar con el texto, una conclusión.

El relato histórico siempre debe tener un final, así que el historiador decide cuando termina la narración en base a sus conocimientos. Los hechos que detalla ya han ocurrido, así que no se deben inventar, suponer, ni extender. Raramente nuevos hallazgos, investigaciones y descubrimientos hacen que el relato sea modificado siempre y cuando no cambien los hechos ya sucedidos.

Si lo observamos con más detalle, esta estructura clásica se puede desglosar en tres grandes bloques que coinciden con la estructura universal de los relatos (planteamiento, nudo y desenlace), aplicada de forma rigurosa al ámbito histórico:

  1. Introducción o planteamiento: se presenta la época, el espacio geográfico, los personajes principales y el conflicto histórico que se va a narrar. Se explican los antecedentes que permiten entender por qué se desencadenan los hechos.
  2. Desarrollo o nudo: se relatan de manera ordenada los acontecimientos claves, las decisiones de los protagonistas, las tensiones y los cambios que se producen. Aquí se cuida de manera especial la causa-efecto: cómo un hecho conduce a otro.
  3. Conclusión o desenlace: se expone la resolución del conflicto histórico (victorias, derrotas, acuerdos, transformaciones) y se ofrecen interpretaciones o valoraciones generales. Es el punto en el que el narrador muestra por qué esa historia es significativa.

Además de esta estructura lineal, algunos relatos históricos utilizan formas más complejas:

  • Estructura diacrónica clásica: un hecho sucede a otro en orden temporal y se explica por relaciones de causa y consecuencia. Es la forma más utilizada en textos escolares, manuales y ensayos de divulgación.
  • Estructura sincrónica: el relato se organiza mostrando lo que ocurre en distintos lugares o con distintos personajes en un mismo periodo de tiempo. Se narran acontecimientos paralelos para ofrecer una visión más amplia y compleja.
  • Relato in media res: algunos autores comienzan en un momento de máxima tensión histórica y luego retroceden para explicar los antecedentes. Esta técnica mantiene el interés narrativo sin renunciar al rigor.

Sea cual sea la forma elegida, el objetivo es que el lector pueda seguir con claridad el hilo de los hechos, entender dónde empieza el proceso, cómo se desarrolla y por qué termina de esa manera.

Características del relato histórico

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El relato histórico debe mantener ciertas características para que el narrador tenga credibilidad y su relato no parezca de ficción.

Claridad

El texto debe ser claro y simple, que no confunda al lector. Esto no significa renunciar a la profundidad, sino explicar conceptos complejos con lenguaje accesible, definir términos cuando es necesario y ordenar las ideas con lógica.

La claridad también implica cuidar la estructura de los párrafos, evitar saltos temporales sin avisar y utilizar conectores que marquen bien la relación entre los acontecimientos (causa, contraste, consecuencia, simultaneidad, etc.).

Objetividad

El autor del debe apegarse a la realidad de los hechos sin emitir una sola opinión, no debe dejarse llevar por suposiciones o su imaginación. La intención del relato histórico es mostrarle al mundo un contenido que servirá para futuras generaciones, por lo tanto, necesita ser fiel de los hechos, se deben presentar pruebas de la competencia cognitiva del autor, y sus fuentes de información deben ser confiables para que sea creíble. Eso vuelve al texto objetivo.

Sin embargo, los especialistas en historia recuerdan que la objetividad absoluta es difícil de alcanzar. Cada historiador escoge un enfoque, resalta unos aspectos sobre otros y formula sus propias preguntas. Por eso se considera que la objetividad es un ideal deseable, pero siempre relativa: el autor hace un esfuerzo consciente por apoyarse en pruebas, contrastar fuentes y dejar claro cuándo expone hechos y cuándo interpreta.

Lenguaje formal

En todo texto debe haber un lenguaje formal. En los libros, periódicos, obras, revistas y relatos históricos hay presencia de ella. Los escritos con un lenguaje formal se apegan a las reglas gramaticales y evitan la jerga o expresiones coloquiales.

El narrador debe excluir la forma lingüística autobiográfica, no debe interpretar en primera persona (yo) en los enunciados, ni segunda persona (tú), un aquí o un ahora. Las formas propias son las de la tercera persona (él, ella, ellos), junto con el uso de los nombres propios.

Aun así, dentro del registro formal puede haber diferentes estilos. Un relato académico utilizará un tono más técnico, mientras que uno de divulgación histórica adoptará un lenguaje más cercano, aunque siempre correcto y preciso.

Verbos en el pretérito

El narrador debe restringir el curso de los tiempos verbales. El tiempo verbal preestablecido en todos los relatos históricos es el pretérito (o pasado), ya que los relatos acontecieron mucho antes del relato del autor.

Se emplean principalmente el pretérito perfecto simple (narración de acciones puntuales) y el pretérito imperfecto (descripciones, acciones habituales, contextos). El presente se reserva, en todo caso, para reflexiones del narrador o para expresar verdades históricas de carácter general.

Marcadores de tiempo

El factor más importante de un relato histórico es la cronología de la narración, por lo tanto debe haber una secuencia de hechos. Se debe utilizar correctamente las palabras y las expresiones para marcar el orden del tiempo y los acontecimientos.

Se utilizan marcadores como ‘al principio’, ‘más tarde’, ‘poco después’, ‘a partir de entonces’, ‘años más tarde’, etc., que ayudan a situar cada acontecimiento dentro del proceso histórico explicado.

Del mismo modo, es frecuente incluir referencias temporales más precisas (fechas, periodos, etapas históricas) siempre que no comprometan la vigencia del texto como contenido de consulta general.

Relato histórico, argumento, trama y suspense

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Para comprender cómo se construye un relato histórico eficaz según la estructura universal de las historias, conviene distinguir cuatro elementos íntimamente relacionados: argumento, trama, estructura y suspense.

Argumento histórico

El argumento responde a la pregunta ‘¿de qué va la historia?’. Es el resumen básico, en orden cronológico, de los hechos que se van a narrar. En un contexto histórico incluye el periodo, los acontecimientos clave y el desenlace general del proceso.

Por ejemplo, el argumento podría ser: una comunidad campesina se rebela contra los abusos de un señor feudal, la revuelta se extiende a otras regiones, es reprimida con violencia y con el tiempo produce cambios en la forma en que se gobiernan los territorios. Este esqueleto básico permite después desarrollar el relato con detalle.

Trama en el relato histórico

La trama es el modo concreto de presentar el argumento al lector. Puede respetar el orden cronológico o alterarlo para generar mayor interés sin traicionar los hechos.

En un relato histórico se puede, por ejemplo, comenzar con una escena de la revuelta en su punto más crítico y luego retroceder para explicar los antecedentes. O bien alternar capítulos que muestren lo que ocurre en distintas ciudades al mismo tiempo.

La trama, por tanto, es el resultado de decidir en qué orden se ofrece la información, desde qué puntos de vista y con qué énfasis, siempre dentro del marco de los hechos conocidos.

Estructura narrativa

La estructura se refiere a la organización física del relato: capítulos, escenas, saltos temporales, alternancia de voces, introducción de documentos, testimonios, etc.

En un relato histórico, la estructura ideal suele favorecer un relato diacrónico y lineal, porque facilita la comprensión de los procesos. No obstante, se pueden incorporar recursos como:

  • Flashbacks para aclarar antecedentes.
  • Capítulos breves centrados en personajes distintos.
  • Documentos o cartas intercalados que aportan verosimilitud histórica.

Suspense y atención del lector

El suspense no es exclusivo de los thrillers. En el relato histórico consiste en decidir qué información se revela y en qué momento para mantener el interés.

A veces el suspense se basa en no saber qué ocurrirá con determinados personajes históricos; otras veces, aunque el final general sea conocido, la tensión se centra en cómo se llegará a ese desenlace, qué decisiones se tomaron, qué alternativas hubo o por qué determinados planes fracasaron.

La clave está en identificar una o varias preguntas guía (¿lograrán firmar la paz?, ¿caerá el régimen?, ¿cómo se extendió la epidemia?, etc.) que funcionen como eje del interés narrativo a lo largo de todo el texto.

Tipos de relatos históricos

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Las biografías

Esta es una de las más comunes entre los tipos. Solemos ver muchas de ellas hasta el las películas y es ahí donde se demuestra que a veces se suelen agregar personajes ficticios para hacer la historia más “interesante”. Además de recrear los elementos externos que rodea a los personajes, también narra de la forma más objetiva posible, la vida y anécdotas de un personaje en particular.

Los personajes ficticios (que también suelen tomar un papel secundario) se añaden en la historia para darle una mayor dinámica o simplemente para alargarla. Está en manos del autor decidir si prevalece más la historia original o la ficción.

Para contar la historia, el relator se posiciona junto al lector/espectador fuera de las escenas mientras va relatando los hechos, ya sean de un pasado muy lejano o más reciente.

En la biografía rigurosa, el narrador reconstruye la vida de una persona real (un gobernante, un artista, un científico, un líder social) a partir de documentos, cartas, testimonios y estudios previos. Suele seguir un orden cronológico desde el nacimiento hasta la muerte o hasta un momento clave de su trayectoria.

La novela histórica

Puede tener personajes reales o ficticios que se abisman en un momento y lugar real que cuenta una historia desde la perspectiva del autor; este punto de vista puede estar cerca a la verdad, dependiendo de la intención o propósito.

Comúnmente las novelas históricas hacen una recreación de una época en todos sus aspectos ensimismándose en sus detalles (geografía, vestimenta, arquitectura, costumbres, etc.) para poner en esa escena a los personajes. En este tipo de relato histórico también se permiten ciertas modificaciones que “adornen” la historia real.

Se distingue de la novela de mera ambientación histórica en que la acción principal está ligada a un conflicto, personaje o proceso histórico real, mientras que en la segunda lo histórico es solo un decorado temporal.

En la llamada historia novelada, en cambio, los hechos históricos predominan sobre los inventados, pero se narran usando técnicas propias de la novela (diálogos, escenas, tensión dramática) sin introducir hechos que contradigan lo que se sabe por las fuentes.

El documental

En esta normalmente no suelen haber actores, ni personajes ficticios que tomen protagonismo. Pero puede haber figuras que pueden formar parte de la historia como entes que han presenciado eventos y suelen tener testimonios.

La narración tiene un género más periodístico en donde los personajes cuentan la historia en primera persona.

El relato no debe titubear en cuanto a la cronología de los hechos. El autor debe estar convencido de que toda su visión, sus objetivos y sus personajes, en conjunto, harán una buena interpretación del suceso que se acercará lo más posible a la realidad de los hechos para que el espectador lo comprenda con facilidad y seguridad.

Para esto es necesario que el relator tenga un gran conocimiento de la cultura y la historia, este requerimiento es más importante que para el narrador de un relato ficticio, en donde todo lo que invente será válido.

El relato histórico combina las ramas de la ciencia, historia y la literatura.

Relatos puramente históricos y relatos mixtos

Dentro de los relatos históricos también se pueden distinguir aquellos que son puramente historiográficos (escritos por historiadores con la finalidad de estudiar un periodo concreto) y los que mezclan historia y ficción, como muchas novelas o películas basadas en hechos reales.

En los primeros, la prioridad es el análisis riguroso del pasado: explicar causas, consecuencias, estructuras sociales, procesos económicos o culturales. En los mixtos, el objetivo puede ser más bien emocionar, entretener o invitar a la reflexión, siempre enmarcados en un contexto históricamente reconocible.

Elementos del relato histórico

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Todo texto debe estar compuesto por una estructura, características que lo definen y elementos que componen la definición de la misma:

Personajes o protagonistas

Como siempre, son uno de los elementos más necesarios en todo relato. Pueden ser uno o los convenientes para hacer que la parte de la historia que se quiere comunicar tenga coherencia y funcione.

En torno a estas personas gira la narración y son las que le darán contenido a la misma.

El escritor/narrador debe tener en claro cuál es el mensaje o la parte de la historia que quiere transmitir.

Si tiene claro cuál es el propósito de la misma, entonces tiene la capacidad de tomar las herramientas y la destreza de hurgar en la vida de los personajes, aprovechando lo que es importante para su objetivo principal y descartando aquellos detalles que no considera para nada relevantes o que aporten algo a la historia.

En el relato histórico, los personajes pueden ser:

  • Individuos reales: líderes políticos, militares, pensadores, mujeres y hombres de distintas clases sociales, testigos anónimos.
  • Colectivos: comunidades, movimientos sociales, grupos étnicos, clases sociales.
  • Figuras ficticias utilizadas como recursos narrativos para representar experiencias típicas de la época sin alterar los hechos históricos generales.

Espacio

También necesita una gran y exhaustiva investigación para conocer los detalles del lugar en el que se desarrollaron los sucesos reales y poder reproducirlo lo más cercano posible a lo que realmente sucedió.

¿Cómo era el ambiente?, ¿Qué existía y que aún no?, ¿Cómo eran las tierras y las edificaciones de ese lugar?, ¿Cuáles eran los objetos característicos de ese entonces?, ¿Cómo era la temperatura?, ¿De qué materiales estaban hechos los objetos?, entre otras incógnitas.

El espacio no es solo un decorado: condiciona la vida de los personajes y explica muchas decisiones históricas. Una ciudad amurallada, un valle fértil, un puerto estratégico o una región montañosa son ejemplos de espacios que determinan conflictos, alianzas y formas de vida.

Tiempo

No es simplemente el período de tiempo o la fecha en la que sucedieron las cosas. Es totalmente demandante una investigación profunda de la época en la que se desarrolla la historia para poder recrearla de forma creíble.

¿De qué forma se hablaba?, ¿Qué palabras usaban?, ¿Cuál era la forma de pensar?, ¿Qué estaba de moda?, ¿Qué estaba prohibido?, ¿Cuál era el nivel de conocimiento de las personas?, ¿Cuál era el nivel de educación?, ¿Cómo se vestían?, ¿Cómo era la economía, la política, las clases sociales?

Mientras más preguntas se respondan, serán más las herramientas que tendrá el escritor.

El tiempo histórico se puede abordar a varios niveles:

  • Tiempo corto: días, meses o años en los que se concentra un conflicto concreto.
  • Tiempo medio: procesos de cambio que abarcan varias décadas (transformaciones políticas, culturales o económicas).
  • Tiempo largo: estructuras profundas que cambian lentamente, como mentalidades, formas de organización social o modelos de producción.

Nudos

Todas las historias tienen momentos en la que las situaciones se complican o los objetivos a cumplir se vuelven más difíciles. La audacia del autor será la que le saque el provecho a estos puntos detonantes del relato. Es allí donde todas las herramientas narrativas se prestan para impresionar al lector/espectador.

En el relato histórico, los nudos suelen corresponder a crisis, guerras, revoluciones, epidemias, decisiones políticas decisivas o momentos en que se cruzan varios procesos al mismo tiempo. El narrador selecciona estos puntos críticos para mostrar cómo se tensiona la realidad y qué opciones se abren para los protagonistas.

Desenlace

Todo nudo tiene un desenlace, un punto final.

El escritor decide en qué parte de la historia termina su narración, pero no debe ser en un punto en el que deje el lector a la deriva, debe ser en un capítulo de la historia en el que haya explicado lo suficiente, deje en claro su punto de vista y su conclusión.

En muchos casos, tras relatar el desenlace inmediato (una batalla ganada, una ley aprobada, una caída de régimen), el autor dedica unas líneas a explicar las consecuencias a medio plazo, mostrando cómo ese hecho influyó en épocas posteriores.

Motivaciones

Esta vendría siendo la justificación del por qué el relator sitúa al lector/espectador en ese tiempo y espacio preciso.

Las motivaciones también se refieren a por qué actúan como actúan los personajes históricos: intereses económicos, creencias religiosas, ideologías, miedos, ambiciones personales, lealtades familiares o de grupo. Un buen relato histórico no se limita a decir qué hicieron, sino que intenta explicar qué los llevó a tomar determinadas decisiones.

El papel del historiador y el punto de vista

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El historiador es un componente fundamental dentro del relato histórico, porque proyecta en él su individualidad, sus preguntas y su contexto. La objetividad o imparcialidad es deseable, pero, como se ha dicho, siempre relativa.

Elegir un punto de vista adecuado es clave. La misma historia contada desde la perspectiva de un gobernante, de un soldado raso, de una mujer del pueblo o de un comerciante ofrecerá matices distintos.

Aunque el relato histórico suele narrarse en tercera persona, se puede optar por:

  • Un narrador omnisciente moderado, que conoce el contexto global pero evita juzgar a los personajes con ligereza.
  • Un narrador múltiple, que combina voces distintas (por ejemplo, citando crónicas de la época, cartas o memorias) para mostrar varias visiones de un mismo acontecimiento.
  • Un narrador testigo, basado en fuentes de alguien que vivió los hechos, cuyo relato se contextualiza y contrasta con otras evidencias.

La elección del punto de vista determina qué se ve, qué se omite y qué se interpreta, por lo que el autor debe valorarlo con cuidado para que la historia resulte coherente, honesta y significativa para el lector.

El relato histórico como herramienta educativa y de comprensión del presente

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El relato histórico tiene un enorme valor educativo porque combina el arte de la narración con la investigación rigurosa. A través de historias bien contadas, niños, jóvenes y adultos pueden acercarse al pasado de forma más vívida y significativa que con listas de fechas o esquemas abstractos.

Además, la historia narrada sirve para cuestionar mitos, revisar versiones oficiales y comprender que toda sociedad construye sus propios relatos sobre el pasado. Al comparar diferentes interpretaciones, el lector aprende a pensar de manera crítica.

Entender cómo se construyen los relatos históricos también ayuda a comprender el presente: muchos conflictos actuales tienen raíces en procesos del pasado, y conocer esas historias permite interpretar mejor la realidad y anticipar posibles futuros.

En definitiva, un relato histórico bien elaborado, fiel a las fuentes y narrativamente sólido, no solo informa, sino que también forma criterio, despierta empatía hacia otras épocas y culturas y refuerza el vínculo entre memoria, identidad y aprendizaje colectivo.