Los problemas de pareja surgen por multitud de razones, y es que con el paso del tiempo es inevitable que aparezcan pequeñas diferencias que puedan hacer que entremos en controversia, por lo que al final acaba produciéndose el enfrentamiento. Dependiendo de la manera en que lo administremos, conseguiremos una mejor o peor resolución. Por esa razón vamos a daros algunos consejos para solucionar problemas de pareja con los que intentaremos ayudar a que podáis salir de cualquier tipo de situación de este estilo en la que os encontréis.

Las principales razones de la aparición de los problemas de pareja

En realidad son muchas las razones por las que pueden aparecer los problemas dentro de una pareja, y es que debemos tener en cuenta que cada relación es un mundo, por lo que no se puede sacar una conclusión ni una teoría exacta que sirva para todas. Aun así, sí podemos identificar ciertos patrones frecuentes que ayudan a entender qué está ocurriendo.
No obstante hay algunas razones que podríamos considerar como habituales o comunes en la mayor parte de los casos, como por ejemplo los problemas que surgen a partir de terceras personas, y en este sentido lo habitual es que esa tercera persona sea alguien que pertenece a la familia: suegros, cuñados, hermanos, padres o incluso los propios hijos cuando no se manejan bien los límites.
Son muchos los conflictos que surgen por decisiones unilaterales en relación con el trato con personas de la familia o incluso de fuera de ella: visitas no consensuadas, interferencias en la educación de los hijos, intromisiones en la economía doméstica, etc. También hay otras razones bastante frecuentes como, por ejemplo, que la situación se tuerza por otros problemas entre los que podríamos destacar las enfermedades, las adicciones o los cambios importantes en la vida laboral.
Aunque no parezca sensato, lo cierto es que hay muchas enfermedades físicas o psicológicas que pueden acabar provocando problemas en la pareja, como cuando hay que convivir con un trastorno mental, ya sea por el cansancio del cuidador, por la limitación de la vida social o por la frustración acumulada. De la misma forma, otros factores como el estar sin trabajo o el no tener suficiente dinero afectan muy negativamente a la relación, ya que incrementan el estrés, la sensación de injusticia y los miedos de futuro.
Los especialistas en terapia de pareja señalan además otros focos de conflicto que se repiten una y otra vez: reparto de tareas domésticas, diferencias en la educación de los hijos, infidelidades no superadas, demandas de espacio personal no entendidas por la otra parte, problemas en las relaciones sexuales, celos y falta de confianza. Es decir, no se discute sólo por lo que se ve en la superficie, sino por todo lo que hay debajo: valores, creencias, heridas pasadas y expectativas no habladas.
Pero hay una razón que podríamos considerar como la principal culpable silenciosa de este tipo de situaciones: el paso del tiempo sin una adecuada adaptación a los cambios. Los años pasan y la monotonía nos acaba absorbiendo, de tal manera que inevitablemente comienzan a surgir pequeños problemas que, bien orientados, no tienen por qué llegar a hacer daño. Sin embargo, si dejamos que se vayan acumulando, al final nos encontramos con que efectivamente se convierten en un muro entre nosotros.
Desde el modo en que organizamos las vacaciones, el salir o quedarse en casa, el pasar más tiempo juntos o respetar la intimidad de cada uno, esas personas que no encajan para alguno de los dos, las actividades que llega un momento que nos aburren, hasta el uso del móvil, las redes sociales o el tiempo frente a pantallas, todo puede convertirse en motivo de roce si no se habla y se gestiona con comunicación clara.
En definitiva, son tantas las razones por las que se van produciendo estos problemas, que no existe ninguna pareja que no haya tenido que pasar por ellos. Es más, los profesionales coinciden en que todas las parejas discuten; lo que diferencia a las que se mantienen unidas de las que se rompen no es la ausencia de problemas, sino la forma de afrontarlos.
De igual manera, también conviene recordar que todas las parejas llegan a un momento en el que tienen que superar una crisis fuerte que habitualmente parte de un problema que no era tan serio en un inicio. Este es el punto de inflexión a partir del cual, si no conseguimos superarlo, la relación se puede romper por completo. Pero si lo conseguimos, automáticamente se fortalece tanto que difícilmente en el futuro se acabará rompiendo, porque ambos habréis desarrollado habilidades de comunicación y negociación que antes no teníais.
Por ello ya sabéis que, con los años, os tendréis que enfrentar a una o varias de estas crisis, con lo que es bueno que aprendáis una serie de trucos y pautas para solucionar problemas de pareja con el objetivo de que la crisis sea lo menor posible y que, por supuesto, podáis salir de ella victoriosos, con mayor madurez y complicidad.
Trucos para solucionar problemas de pareja

Existen distintos trucos y estrategias prácticas a través de las cuales vamos a poder solucionar esta situación. Es importante tener en cuenta que, dependiendo de cada relación, las recomendaciones que vamos a detallar a continuación se adaptarán en mejor o peor grado. En base a los problemas que han surgido entre vosotros, os aconsejamos que vayáis teniendo en cuenta todas ellas y escojáis sobre todo las que penséis que pueden ser más beneficiosas para vuestra relación, sin pretender aplicarlas todas a la vez.
Los psicólogos especializados en pareja señalan que no es necesario ni realista resolverlo todo en un solo día. A menudo, los conflictos se han repetido tanto que se han convertido en un auténtico callejón sin salida emocional. La buena noticia es que, cambiando algunas dinámicas, se puede ir abriendo paso poco a poco hacia una forma más sana de relacionarse.
La monotonía, uno de los principales problemas

No hay duda alguna de que la monotonía es uno de los principales problemas que se pueden presentar en una pareja, de manera que es precisamente por aquí por donde vamos a atacar con mejor resultado. La sensación de vivir cada día igual, sin ilusión ni novedades, puede desembocar en apatía, distanciamiento y una pérdida progresiva de la complicidad.
Romper con la monotonía va a ser nuestro principal objetivo, y es que al hacer esto vamos a volver a renovar esos sentimientos y sensaciones que vivíamos hace años, con lo cual ese muro de rutina caerá por su propio peso. No se trata de vivir en una montaña rusa constante, sino de introducir pequeños cambios sostenidos que devuelvan a la relación el espacio para la sorpresa y la alegría compartida.
La idea sería cambiar por completo la rutina diaria, pero evidentemente tenemos que hacer frente a una serie de responsabilidades que no podemos dejar de lado. Sin embargo, podemos analizar la posibilidad de reorganizarlas ligeramente y, por supuesto, el tiempo libre lo deberemos enfocar de una forma más adecuada, priorizando momentos de calidad en lugar de dejarlos siempre para “cuando sobre tiempo”, porque casi nunca sobra.
Deberemos escuchar a nuestra pareja para saber qué es lo que le apetece hacer, o simplemente podemos sorprenderle con un regalo relacionado con alguna actividad que hacíais en el pasado y que os llenaba. El objetivo es básicamente empezar a cambiar la forma en que se desarrolla vuestra vida, lo cual no sólo va a beneficiaros como pareja, sino que también tiene un importante beneficio individual: mejora del estado de ánimo, más energía y sensación de proyecto vital compartido.
Hay que tener en cuenta que generalmente la rutina se puede cambiar aumentando la actividad, ya que el sedentarismo es algo que por norma general nos sigue automáticamente con el paso de los años. Por ello debemos hacer un pequeño esfuerzo para volver a aumentar la actividad y hacerlo con la persona a la que amamos. No hace falta que sean planes caros ni complicados; a menudo, una caminata, ir al cine con películas de amor románticas, cocinar algo nuevo juntos o simplemente apagar pantallas y jugar a un juego de mesa puede marcar una diferencia enorme.
El objetivo es que volváis a pasar tiempo juntos haciendo cosas que os gusten a los dos. Cuando aumentan los momentos agradables compartidos, disminuye el peso de los conflictos y la pareja se siente más unida, lo que facilita que las discusiones se vuelvan menos agresivas y más constructivas.
Cambiad de aires y renovad vuestra relación

Romper con la monotonía es uno de los mejores consejos que os podemos dar, pero queremos ir un poco más allá y animaros a que cambiéis de aires por completo en todos los sentidos, siempre que sea posible y tenga sentido en vuestra situación.
Es decir, si estáis convencidos de que queréis seguir juntos y las obligaciones o la situación no os permiten romper del todo la monotonía, una buena opción es la de dejar de salir por los mismos sitios de siempre y empezar a cambiar cualquier destino. Probad nuevos restaurantes, barrios, rutas o actividades que nunca antes hayáis hecho. El cerebro se activa con las novedades, y eso también reactiva la conexión emocional y física.
Además, si las circunstancias lo permiten, también podéis valorar hacer un esfuerzo adicional y mudaros, ya sea de forma definitiva o de forma temporal, a otro barrio o ciudad. Esta es la mejor forma de cambiar la rutina por completo, de manera que comenzaremos un nuevo proyecto entre los dos que nos volverá a dar muchas energías y nos recordará aquellas sensaciones que hace tiempo ya no hemos vuelto a vivir. En otros casos, bastará con una escapada de fin de semana, un viaje corto o un intercambio de casa, si el presupuesto es limitado.
Lo importante es que el cambio de aires no se viva como una huida del problema, sino como una oportunidad para mirarse de nuevo, hablar sin tantas interrupciones y crear recuerdos compartidos que refuercen la confianza. Muchos terapeutas recomiendan aprovechar estas escapadas para, además de disfrutar, reservar algunos ratos tranquilos para dialogar sobre lo que cada uno quiere y necesita de la relación.
Vuelve a tener detalles con tu pareja

Con el tiempo también perdemos la costumbre de tener detalles con nuestra pareja, y eso hace que ambos nos sintamos solos y poco valorados. Acuérdate de la alegría que le daba cuando le regalabas aquellos pequeños detalles, y piensa que hay muchas cosas que todavía le siguen gustando, y puedes recurrir a frases para enamorar a tu pareja para inspirarte. Desde regalar una simple flor o un ramo, un peluche, unas vacaciones, una pequeña escapada, o en general cualquier tipo de detalle, será un gesto que mejorará vuestra relación.
Desde regalar una simple flor o un ramo, un peluche, unas vacaciones, una pequeña escapada, o en general cualquier tipo de detalle, será un gesto que mejorará vuestra relación. Para ello es esencial que tengáis en cuenta que el regalo debe ser inesperado, es decir, no debemos esperar a una celebración, cumpleaños, aniversario, etc., sino que un día cualquiera os debéis presentar con ese pequeño gesto, un fuerte abrazo y un beso de aquellos que os dabais hace no tanto tiempo como pueda parecer. Los detalles no siempre tienen que ser materiales. A veces un mensaje de apoyo en un día complicado, una nota cariñosa en la nevera, preparar el desayuno preferido del otro o encargarse de una tarea que sabes que le agobia puede tener un impacto muy profundo. Estos microgestos transmiten un mensaje claro: “te veo, te tengo en cuenta y me importas”.

Además, cuidar el lenguaje también forma parte de estos detalles. Recuperar frases de cariño, palabras amables y muestras de admiración fortalece el vínculo. No se trata de forzar piropos vacíos, sino de expresar de manera sincera aquello que valoras de tu pareja y que quizás llevas tiempo sin verbalizar: su sentido del humor, su capacidad de esfuerzo, su creatividad, su manera de apoyar a la familia, etc. Puedes apoyarte en frases positivas para recordar al otro lo que aprecias.
Es el momento de trabajar de nuevo la comunicación

Muchas veces las relaciones se rompen por la falta de comunicación real. La comunicación dentro de una pareja es esencial, ya que de lo contrario nunca podemos saber qué es lo que realmente está pasando, ni qué es lo que siente la otra persona. No basta con hablar mucho; hace falta aprender a escuchar y a expresarse sin atacar. Si necesitáis recursos prácticos para mejorar este aspecto, podéis consultar libros para parejas que ofrecen ejercicios y técnicas.
A través de la comunicación vamos a obtener una información muy valiosa que podremos trabajar con el objetivo de seguir manteniendo esa chispa y esa magia que siempre nos ha caracterizado. Sin comunicación honesta, los malentendidos, las suposiciones y las expectativas no dichas se van acumulando hasta estallar en forma de discusiones repetitivas.
En ese sentido debemos ser sinceros con nuestra pareja, pero recordad que debemos hacerlo desde la perspectiva de lo que sentimos por ella. No debemos dejarnos llevar por las sensaciones que tenemos en este momento en el que el problema ya existe entre nosotros, sino que debemos pararnos, respirar y empezar a pensar cómo lo habríamos hecho unas semanas antes de que todo esto hubiese estallado. Una herramienta muy útil es utilizar los llamados “mensajes yo”, por ejemplo: “yo me siento ignorado cuando estás con el móvil mientras hablamos”, en lugar de “tú nunca me haces caso”.
Los expertos recomiendan además elegir el momento adecuado para hablar de los temas delicados. Es complicado encontrar una solución cuando el cerebro emocional está tomando el control. Por eso es preferible esperar a estar más calmados y acordar un espacio concreto para hablar. No se trata de posponer eternamente, sino de dar un margen para que la conversación pueda ser útil y no una simple guerra de reproches.
Por esa razón es muy importante trabajar la comunicación en todo momento, ya que de esa forma no sólo vamos a evitar llegar a este tipo de tensiones y problemas de pareja, sino que además, en el caso de que nos encontrásemos con ellos, existirán más posibilidades de solucionarlos con un buen resultado y renovando de nuevo nuestro amor, entre otras cosas porque ya intuiremos las razones por las que se han producido.
Claves prácticas para gestionar las discusiones sin hacer más daño

Además de las ideas anteriores, es útil incorporar algunas reglas concretas que han demostrado ser eficaces en terapia de pareja para manejar las discusiones de forma más sana:
- Hablad del problema cuando no estéis inmersos en él. Intentar resolverlo en pleno enfado suele acabar en gritos o silencios hirientes. Es preferible dejar que baje la intensidad emocional y retomar el tema después, con la cabeza más fría.
- Prepárate mentalmente antes de dialogar. Piensa qué quieres decir, qué necesitas y qué estarías dispuesto a ceder. Ajusta tus expectativas para no frustrarte si la conversación no sale perfecta a la primera.
- Empatiza y toma perspectiva. Haz un esfuerzo consciente por ver la situación desde el punto de vista de tu pareja. Pregúntate qué temores, heridas o necesidades pueden estar detrás de su postura.
- No intentes ganar la discusión. En una relación sana, lo importante no es quién tiene la razón, sino qué solución os sirve a los dos. Si uno “gana” y el otro se siente humillado, la pareja en conjunto pierde.
- Evita generalizaciones del tipo “siempre” o “nunca”. Suelen ser injustas y activan la defensa del otro. Es más eficaz hablar de situaciones concretas: “esta semana me dolió que…”.
- Céntrate en un solo tema a la vez. Sacar a relucir errores pasados o mezclar varios asuntos es como “echar todos los platos sucios en la pila”: al final nada se limpia de verdad.
- Cuida el lenguaje no verbal. El tono de voz, la mirada, los gestos y la postura comunican tanto o más que las palabras. Evita el sarcasmo, las risas despectivas, los ojos en blanco o levantarte constantemente.
- Pedir perdón no es de débiles. Un “lo siento, entiendo que te dolió” sincero puede abrir puertas que horas de discusión no consiguen. El orgullo, en cambio, enquista el problema.
- Sin espectadores es mejor. Evitad discutir temas delicados delante de los hijos, amigos o familiares. La presencia de terceros suele incrementar la necesidad de “tener razón” y radicaliza las posturas.
- Aprended a parar a tiempo. Si veis que la conversación se eleva de tono y nadie escucha, es el momento de proponer un “tiempo fuera”. Podéis acordar retomarlo más tarde, cuando ambos estéis más tranquilos.
En caso de que sea necesario, tomaos un tiempo de reflexión

Y si tras aplicar todos los trucos anteriores vemos que la cosa no se llega a solucionar del todo, quizás sea el momento de tomarnos un tiempo de reflexión, para lo cual es importante que nos separemos una temporada para pensar por nuestra cuenta acerca de lo que sentimos verdaderamente por esa relación.
Esto no quiere decir que cada uno se vaya por su lado a pegarse la juerga con los amigos, sino que debe ser un momento para meditar sin sentir la presión de la pareja sobre nosotros. Es un espacio para observar cómo nos sentimos en su ausencia, qué echamos de menos, qué nos alivia y qué nos duele. También es un momento para revisar nuestras propias responsabilidades en el conflicto y no solo lo que “el otro hace mal”.
Es, sobre todo, una experiencia a través de la cual nos daremos cuenta de si realmente queremos seguir con esa persona y la echamos de menos durante su ausencia, o por el contrario en realidad ya ha dejado de significar lo que significaba para nosotros. A veces este tiempo sirve para tomar impulso y reconstruir; otras, para aceptar que la relación ha llegado a su fin y es mejor una separación respetuosa que mantener un vínculo que solo genera sufrimiento. Si finalmente decidís romper, podéis consultar consejos para romper con tu pareja para hacerlo de la manera más respetuosa posible.
Sea cual sea la decisión que toméis, lo importante es que lo hagáis con conciencia y que estudiéis todos estos consejos que os damos para solucionar problemas de pareja. Si los ponéis en práctica con el corazón y con la ilusión de seguir adelante, es muy probable que consigáis superar este bache y que vuestra relación se vuelva mucho más sólida y fuerte, con lo que mejorará considerablemente a partir de ahora.
Cuándo conviene pedir ayuda profesional

Hay situaciones en las que, por mucho que la pareja lo intente, no consigue salir sola del bucle de conflicto. En estos casos, acudir a un profesional puede ser la opción más saludable. Un psicólogo especializado en terapia de pareja actúa como facilitador del acuerdo y la armonía, ayudando a romper dinámicas tóxicas y a entrenar nuevas formas de comunicación.
Algunos signos de que puede ser buen momento para buscar ayuda externa son:
- Discusiones repetitivas sobre los mismos temas, que nunca llegan a nada y dejan un poso de resentimiento.
- Falta de comunicación real: apenas habláis de cómo os sentís, o cuando lo intentáis la conversación termina en pelea o en silencio total.
- Distanciamiento emocional y físico: ya no compartís apenas momentos de intimidad, cariño o sexualidad, y la sensación es más de convivencia que de pareja.
- Infidelidades no elaboradas que siguen apareciendo en cada discusión, con una pérdida grave de confianza y seguridad.
- Problemas graves como adicciones, violencia, celos patológicos o control excesivo, que exceden lo que la pareja puede manejar sola.
La terapia de pareja no es un “último recurso desesperado”, sino una herramienta que puede utilizarse tanto para salvar una relación en crisis como para separarse del modo más sano posible si eso es lo que ambos decidís. En las sesiones se trabajan habilidades como la asertividad, la empatía, la gestión de emociones, la resolución de problemas y la renovación de los proyectos en común.
Cuando se piden cambios en la relación, es esencial que ambas partes estén mínimamente motivadas a implicarse. No se trata de buscar quién tiene la razón, sino de entender qué necesita cada uno y si es posible encontrarse en un punto intermedio respetuoso.
A lo largo de una relación es normal pasar por altibajos, crisis y momentos de duda. Lo que marca la diferencia no es evitar esos momentos, sino la actitud con la que se afrontan: abrirse al diálogo, escuchar de verdad, ceder en lo posible y cuidar los pequeños gestos cotidianos son pilares que sostienen la relación incluso en los periodos más complicados.
Cualquier pareja, por muy dañada que se sienta en un momento dado, puede mejorar mucho su relación si sus miembros están dispuestos a mirarse con honestidad, asumir responsabilidades y aprender nuevas formas de relacionarse. A veces ese aprendizaje se hace solos; otras, con ayuda profesional. Lo importante es no resignarse a vivir en un conflicto permanente cuando existen herramientas muy concretas para recuperar el respeto, la ternura y la sensación de equipo.
