Por desgracia, en la sociedad actual experimentamos distintos tipos de acoso que en su mayoría son reconocidos como comportamientos reprobables e incluso ilegales, existiendo recursos para que las personas que se vean afectadas por este tipo de situación puedan resolverla de la mejor forma posible. A continuación vamos a analizar los principales tipos de acoso que destacan por ser los más habituales en la mayoría de entornos, así como sus causas, consecuencias y formas de prevención.
Con carácter general, se entiende por acoso todo comportamiento reiterado que atenta contra la dignidad de una persona, ya sea por acción u omisión, a través de conductas verbales, físicas, psicológicas o mediadas por tecnología. Suele generar un entorno intimidatorio, humillante, degradante u ofensivo, en el que la víctima se siente en situación de indefensión frente a quien acosa.
Aunque la forma más conocida de acoso suele partir de una posición jerárquica de poder (por ejemplo, un jefe frente a un empleado), también puede darse entre iguales (compañeros de clase o de trabajo) o incluso de abajo hacia arriba (subordinados que hostigan a un superior). Además, el acoso puede responder a múltiples causas simultáneas: género, origen, orientación sexual, discapacidad, ideología, etcétera. Esta suma de factores recibe el nombre de interseccionalidad, y nos recuerda que una misma persona puede ser víctima de varias discriminaciones a la vez.
Cada vez son más los casos de acoso que salen a la luz, en la mayoría de los cuales las víctimas han sido el blanco de una serie de conductas vejatorias llevadas a cabo por otra persona conocida como agresor o acosador. Pero el acoso puede tomar muchas formas y darse en una gran variedad de contextos. Por eso, a lo largo de este artículo hablaremos de los diferentes tipos de acoso en la sociedad actual, de sus manifestaciones concretas y de cómo actuar.

¿Qué es el acoso y qué elementos lo definen?
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, el concepto “acoso” hace referencia, entre otras cosas, a la acción de perseguir insistentemente a una persona, así como también al acto de “apremiar de forma insistente a alguien con molestias o requerimientos”.
De estas acepciones podemos considerar al acoso como una conducta ofensiva y perturbadora en la que la persona acosada experimenta sentimientos de angustia, miedo y malestar. No se trata de un conflicto puntual entre dos partes en igualdad de condiciones, sino de una dinámica sostenida de abuso de poder.
Para que una conducta sea considerada como acoso debe comportar un desequilibrio de poder entre las personas involucradas, ya sea poder físico, psicológico, social, económico o jerárquico. Además, estos comportamientos deben repetirse a lo largo del tiempo, llegando a desencadenar graves consecuencias en la víctima, tanto físicas como psicológicas.
Por lo tanto, las dos características principales que debemos tener en cuenta a la hora de juzgar una conducta como acoso son:
- Repetición: las conductas llevadas a cabo por el acosador deben haberse producido más de una vez o ser claramente susceptibles de repetirse, configurando un patrón de hostigamiento.
- Desequilibrio de poder: la persona acosadora utiliza su poder (físico, psicológico, jerárquico, social, económico, tecnológico, etc.) para ejercer un control y causar daño a la persona acosada, que se siente incapaz de frenar la situación por sus propios medios.
A estos dos elementos se añaden otros factores que agravan la situación:
- Intencionalidad de dañar o menospreciar, aunque el agresor intente enmascararlo como “bromas” o “exigencias del trabajo”.
- Entorno hostil que se crea alrededor de la víctima, donde se normalizan las conductas de abuso o se minimizan sus efectos.
- Imposibilidad real o percibida de defensa, que hace que la víctima sienta miedo a denunciar o a poner límites por temor a represalias.
Tipos de acoso más frecuentes

Os presentamos un listado con algunos de los tipos de acoso más habituales y que también han sido reconocidos tanto por la sociedad como por las instituciones públicas como comportamientos que pueden afectar gravemente la vida y la salud de las víctimas. Además, integraremos formas de acoso menos conocidas pero muy presentes en la vida cotidiana.
1. Acoso escolar o bullying
Comenzamos la lista con uno de los tipos de acoso más frecuentes: el acoso escolar, también conocido como bullying o maltrato entre iguales en el ámbito educativo. Este fenómeno afecta a la infancia y la adolescencia, pero sus secuelas pueden prolongarse durante toda la vida.
El acoso escolar consiste en cualquier tipo de maltrato psicológico, verbal, físico o social llevado a cabo entre estudiantes que comparten un mismo entorno educativo, ya sea dentro del centro, en sus alrededores o incluso en actividades extracurriculares vinculadas al colegio o instituto.
En este caso encontramos un juego de poder en el que una o varias personas se convierten en agresoras a través de la intimidación y el acoso de la víctima. El acosador o el grupo acosador abusará de su fuerza real o percibida para someter a la otra persona, que suele estar en situación de vulnerabilidad (por ser nueva, diferente, tímida, pertenecer a una minoría, etcétera).
Este tipo de maltrato se expresa de varias formas:
- Agresión física directa: empujones, golpes, patadas, zancadillas, tirones de pelo, etc.
- Agresión física indirecta: romper, robar o esconder objetos de la víctima.
- Ataques verbales: insultos, motes humillantes, burlas sobre el cuerpo, la forma de hablar, el origen o la familia.
- Acoso psicológico: amenazas, chantaje, ridiculización constante, manipulación del grupo para que se vuelva contra la víctima.
- Acoso social o relacional: exclusión deliberada de juegos o actividades, “hacer el vacío”, ignorar, impedir que otras personas se acerquen a la víctima.
- Acoso sexual entre iguales: comentarios o tocamientos de carácter sexual, difusión de rumores sobre la vida íntima, difusión de imágenes comprometidas.
El acoso escolar o bullying es un tema muy serio debido a que un acoso continuado sobre una víctima concreta puede dar lugar incluso al suicidio en algunos casos, por lo que debe ser detectado lo antes posible y puesto en conocimiento de las personas o autoridades que puedan actuar y solventar la situación. Además, sus secuelas pueden prolongarse afectando al desarrollo y la salud mental.
Generalmente, este tipo de acoso se da por problemas de autoestima del acosador, dificultades para regular la ira, falta de empatía o aprendizaje de modelos violentos en su entorno. También influye la presión del grupo: en muchas ocasiones, quienes participan en el acoso lo hacen para no convertirse ellos mismos en víctimas o por falta de valores claros.
Y por supuesto, otra de las características es la ausencia de valores prosociales por parte del agresor, un problema que a menudo tiene su origen en la despreocupación de los adultos por su educación emocional, la tolerancia a la violencia o la falta de límites coherentes.
En el bullying podemos encontrar tanto acoso físico como acoso psicológico y social, y a menudo será una combinación de varios tipos a la vez. La víctima no suele sufrir una sola forma de maltrato, sino una suma de agresiones que aumentan su sufrimiento.

2. Acoso laboral o mobbing
Algo parecido encontramos con el acoso laboral, también denominado mobbing. Se trata de una forma de maltrato que se da dentro del espacio de trabajo y que afecta tanto a la salud mental de la persona como al clima laboral de toda la organización.
El acoso laboral consiste en comportamientos abusivos, hostiles o no deseados que se ejercen de forma reiterada hacia un trabajador o un grupo, con el fin de crear un ambiente intimidatorio, humillante o degradante, o de comprometer su estabilidad laboral. Se manifiesta especialmente a nivel psicológico a través de:
- Mofas y ridiculizaciones constantes sobre la persona o su trabajo.
- Aislamiento social: dejar fuera de reuniones, comidas, comunicaciones relevantes o decisiones.
- Descalificaciones sistemáticas, críticas destructivas o cuestionamiento injustificado del desempeño.
- Difusión de rumores o calumnias sobre la vida personal o profesional.
- Sobrecarga intencionada de tareas o, al contrario, dejar sin funciones para provocar sensación de inutilidad.
- Amenazas veladas o directas sobre el puesto de trabajo, el salario o las oportunidades de promoción.
Aunque la mayoría de las conductas de mobbing son psicológicas, existe la posibilidad de que el acoso acabe derivando en agresiones físicas o ataques a la dignidad especialmente graves. En esos casos se combina el acoso psicológico con violencia directa.
En el entorno laboral se distinguen varios subtipos importantes:
- Mobbing horizontal: entre compañeros del mismo nivel jerárquico, a menudo en forma de aislamiento, chismes y desprecio.
- Mobbing vertical descendente o bossing: un superior jerárquico utiliza su poder para hostigar a una persona subordinada, presionarla para que renuncie, castigarla o someterla.
- Mobbing vertical ascendente: un grupo de trabajadores acosa a un superior, minando su autoridad o ridiculizándolo.
- Acoso de gestión o estratégico: acciones diseñadas desde la dirección para que una persona abandone la empresa sin indemnización, o para aumentar la productividad a costa de la salud del trabajador.
- Acoso discriminatorio: cuando el hostigamiento responde a motivos de sexo, edad, origen, discapacidad, orientación sexual u otras características personales.
Esta carencia de confianza en uno mismo por parte del agresor laboral suele traducirse en miedo a perder el puesto, a verse reemplazado o a ser superado por la víctima. De ahí que ataque a quien percibe como una amenaza o como alguien que no encaja en sus expectativas.
El acoso laboral puede llegar incluso a ser considerado como un comportamiento delictivo y dar lugar a sanciones administrativas, civiles y penales. Por ello, las empresas tienen la obligación de prevenir, detectar y actuar frente a cualquier indicio de mobbing, disponiendo de protocolos internos y canales de denuncia seguros.
3. Acoso psicológico o moral
También conocido como acoso moral, este tipo de acoso consiste en conductas vejatorias que atentan contra la dignidad e integridad moral de la persona, con la finalidad de desequilibrarla psicológicamente y crear un entorno hostil. Puede darse en el trabajo, en la familia, en la pareja, en la universidad o en cualquier otro ámbito relacional.
En muchos casos los comportamientos pueden llegar a ser tan sutiles que ni tan siquiera la víctima es plenamente consciente de ellos. El acosador ejerce una influencia negativa mediante mentiras, humillaciones encubiertas, palabras hirientes, difamaciones o deformaciones de la realidad. Es frecuente que termine culpando a la víctima de lo que ocurre, generando confusión y sentimiento de inferioridad.
Algunas conductas típicas de acoso psicológico son:
- Ignorar sistemáticamente a la persona o excluirla de la comunicación relevante.
- Ridiculizar en público sus opiniones, emociones o capacidades.
- Desvalorizar todo lo que hace, señalando solo errores, aunque sean menores.
- Control excesivo sobre tiempos, movimientos o decisiones, sin necesidad real.
- Gaslighting: hacerle dudar de su propia percepción, negando hechos evidentes o cambiando versiones para que crea que “exagera” o “se lo inventa”.
Inicialmente, el acoso genera una sensación de inestabilidad interna que hace que la víctima pierda la confianza tanto en sí misma como en los demás, desarrollando sentimientos de indefensión y ansiedad. Si la situación se prolonga, puede derivar en depresión, trastornos de ansiedad, síntomas psicosomáticos e incluso ideas suicidas.
4. Acoso sexual
Evidentemente no podemos hacer una lista con los distintos tipos de acoso si no incluimos el acoso sexual, uno de los más reconocidos y a la vez uno de los que más cuesta denunciar por vergüenza o miedo a represalias.
Por acoso sexual se entienden todas aquellas conductas intimidantes, coercitivas o humillantes de naturaleza sexual que la persona destinataria no desea. No debemos confundir acoso sexual con violación: el acoso sexual no tiene por qué implicar contacto físico, puede ser verbal, no verbal o gestual.
Ejemplos habituales de acoso sexual son:
- Tocamientos o acercamientos no deseados, invasión del espacio personal, roces “casuales” repetidos.
- Comentarios sobre el cuerpo, el atractivo físico, la vida privada o la orientación sexual de la persona.
- Proposiciones insistentes de carácter sexual pese a haber recibido una negativa clara.
- Gestos de connotación sexual, silbidos, miradas lascivas, uso de imágenes pornográficas en espacios compartidos.
- Chantaje sexual: condicionar un ascenso, un contrato o una oportunidad a la aceptación de favores sexuales.
Estas conductas pueden ser leves en apariencia o muy graves, pero en todos los casos afectan a la dignidad y libertad sexual de la persona. Pueden darse entre personas de cualquier género y orientación sexual, y en múltiples contextos: trabajo, centro educativo, calle, espacios de ocio, etcétera.
Al igual que en los casos anteriores, hay que estar muy atentos para detectar el acoso sexual y poner solución al problema lo antes posible, informando a las instancias correspondientes. El agresor tiene responsabilidad legal en estas circunstancias y debe responder ante las autoridades.
5. Acoso físico o stalking
En quinto lugar se encuentra el acoso físico, que consiste en perseguir de manera constante e invasiva a la víctima con la finalidad de establecer un contacto contra su voluntad o vigilarla de forma obsesiva. Cuando esta persecución es reiterada y deliberada se habla de stalking.
El origen de este tipo de acoso suele radicar en algún tipo de obsesión o fijación que el acosador desarrolla hacia la otra persona, llevando a cabo conductas como:
- Espiar a la víctima en su domicilio, trabajo o lugares que frecuenta.
- Seguirla por la calle o aparecer repetidamente en los mismos lugares.
- Realizar llamadas telefónicas constantes o mensajes insistentes, incluso desde números distintos.
- Amenazarla de manera directa o velada, usando información personal para infundir miedo.
- Ejercer conductas violentas hacia la persona acosada o hacia su entorno (familia, pareja, amigos, mascotas, bienes materiales).
Este tipo de acoso genera un estado de alerta permanente en la víctima, que puede ver alteradas sus rutinas, su descanso, su capacidad para salir sola a la calle o para relacionarse con normalidad. No es extraño que derive en trastornos de ansiedad, problemas de sueño y aislamiento social.
6. Ciberacoso o ciberstalking

También conocido como acoso virtual o cibernético, es uno de los tipos de acoso más extendidos debido al uso masivo de las tecnologías de la información y la comunicación. En él, la persona o grupo acosador se sirve de internet, redes sociales, mensajería instantánea, correo electrónico o videojuegos en línea para hostigar a la víctima.
El ciberacoso puede adoptar múltiples formas:
- Hostigamiento directo: envío de mensajes ofensivos, amenazas, insultos o humillaciones continuadas.
- Denigración: difusión de información falsa o descontextualizada sobre la víctima, montaje de imágenes para ridiculizarla, publicación de capturas privadas sin consentimiento.
- Suplantación de identidad: entrar en cuentas ajenas para enviar mensajes en nombre de la persona o publicar contenido comprometedor.
- Difusión no consentida de contenido íntimo, lo que se conoce a menudo como “pornovenganza” si está motivado por conflictos de pareja o expareja.
- Ciberpersecución o cyberstalking: supervisar obsesivamente la actividad en redes, aparecer en todos los espacios virtuales de la víctima, acosarla públicamente en comentarios.
El ciberacoso se diferencia de otras formas de acoso en que trasciende los límites físicos y temporales. La víctima puede ser atacada las 24 horas del día, y el daño se amplifica porque el contenido puede llegar a muchas personas en muy poco tiempo y permanecer en línea durante largo periodo.
A menudo tiene lugar a través de las redes sociales, buscando avergonzar a la víctima, insultarla, vejarla e incluso amenazarla. No sólo puede haber gran cantidad de testigos, sino que además queda todo registrado, lo que permite a la persona agredida denunciar la situación ante la propia plataforma y, si es necesario, ante las autoridades.
7. Acoso inmobiliario
Finalmente, uno de los tipos menos conocidos de acoso es el acoso inmobiliario. En este caso, se trata de conductas llevadas a cabo por los propietarios de una vivienda o inmueble, por empresas gestoras o incluso por otros inquilinos, con la finalidad de que una persona abandone el domicilio o rescinda el contrato de alquiler en contra de su voluntad.
Algunas estrategias de acoso inmobiliario son:
- Dejar de realizar reparaciones esenciales en la vivienda pese a ser necesarias para la habitabilidad.
- Provocar ruidos, obras o molestias de forma deliberada e injustificada para hacer la convivencia imposible.
- Cortar suministros de agua, luz o gas sin causa válida, o retardar su restablecimiento.
- Lanzar amenazas directas o veladas sobre desahucios, denuncias o subidas abusivas del alquiler.
Todo ello configura un entorno de presión y hostilidad que pretende forzar la marcha de la persona, muchas veces para obtener un mayor beneficio económico con otros inquilinos o para especular con el inmueble. En numerosos países este tipo de prácticas está expresamente prohibido y puede conllevar sanciones.
Cómo actuar ante cualquiera de estos tipos de acoso

Ante el acoso, independientemente de si somos la víctima o testigos, se debe actuar con contundencia y decisión. Con frecuencia, el acosador es una persona cobarde que utiliza este tipo de comportamiento para ocultar su falta de confianza y su inseguridad, aprovechando el miedo o el silencio del entorno.
Por esa razón, los testigos así como la persona acosada nunca deben tener miedo de hacer frente a estas dinámicas. Pautas clave son:
- Romper el silencio: comentar lo que ocurre con personas de confianza, con el profesorado, con el departamento de recursos humanos o con servicios especializados.
- Registrar las conductas: guardar mensajes, correos, capturas de pantalla, partes médicos, fechas y descripción de incidentes para disponer de pruebas.
- Utilizar los canales formales: en el ámbito laboral, los protocolos internos y los canales de denuncia; en el ámbito escolar, los protocolos de convivencia y las instancias de dirección y orientación.
- Buscar apoyo psicológico cuando sea posible, ya que el acoso impacta de forma intensa en la autoestima, la sensación de seguridad y la salud mental.
Como decíamos, a menudo el acosador proviene de entornos violentos o carentes de límites, razón por la cual en ocasiones es mejor proceder directamente a través de la vía legal, evitando de esta forma que la situación pueda agravarse al intentar “negociar” de manera informal con quien no muestra intención de cambiar.
Los testigos que no actúan contra el acoso (independientemente del tipo que sea) en realidad están colaborando con el acosador, ya que su pasividad refuerza el mensaje de que “nadie va a hacer nada”. Muchas investigaciones muestran que, cuando un grupo de personas se posiciona de forma clara a favor de la víctima, suele ser suficiente para que el agresor pierda poder y desista en su comportamiento.
En cualquier caso, si sentimos que estamos siendo víctimas de un acoso, deberemos ponerlo en conocimiento de personas de nuestro entorno sin ningún tipo de miedo ni vergüenza, ya que es la mejor forma de solucionar el problema antes de que llegue a una situación más grave y suponga mayores consecuencias tanto para nosotros como para cualquier otra parte implicada.
Comprender las diferentes manifestaciones de acoso, desde el bullying escolar hasta el mobbing laboral, el acoso sexual, el ciberacoso o el acoso inmobiliario, permite identificarlas antes y pedir ayuda a tiempo y construir entornos más seguros donde se respeten la dignidad, la diversidad y los derechos de todas las personas.