Según los griegos, el amor es un concepto abstracto que forma parte de la vida de todo ser humano, siendo uno de los principales responsables de los cambios y de la toma de decisiones a lo largo de nuestra existencia. En este sentido y pese a la abstracción del concepto, existen cuatro tipos de amor fundamentales que se diferencian considerablemente entre ellos, presentando particularidades muy interesantes que vale la pena conocer y que siguen siendo útiles para comprender nuestras relaciones hoy.
El pensamiento griego partía de una constatación muy sencilla: no amamos de la misma manera a una pareja, a un amigo, a un hijo o a la humanidad. Allí donde en castellano utilizamos una sola palabra, ellos distinguieron varias, entre las que destacan cuatro grandes formas: Eros, Philia, Ágape y Storgé. Más tarde, filósofos como Aristóteles añadirían otra clave imprescindible, la Philautía, el amor a uno mismo, que ayuda a entender el resto de formas de amar.
Antes de que la ciencia ofreciera explicaciones racionales a los fenómenos del mundo, los griegos ya se preguntaban por el origen de las pasiones humanas. Primero lo hicieron a través de mitos y dioses, y después, con el paso del mito al logos, mediante la filosofía de autores como Platón o Aristóteles. En obras como El Banquete o la Ética a Nicómaco reflexionaron a fondo sobre el amor, incluyendo el amor platónico, y sus diferentes manifestaciones.
En consecuencia, surgieron un gran número de relatos como las comedias, tragedias, épicas y líricas, repletos de pasión, atracción, obsesión, ternura, complicidad, interés y sensualidad, a fin de contextualizar el amor. Según los griegos, el amor es el sentimiento responsable de muchas de nuestras acciones, decisiones y estados de ánimo, y por ello lo estudiaron con enorme detalle.
Por ello, propusieron cuatro tipos o clasificaciones de amor a modo de explicar este sentimiento tan complejo que todos hemos experimentado cuando amamos. Estos son: Eros, Storgé, Philia y Ágape. Más tarde, se hablaría también de Philautía, el amor propio, como base para todos los demás.
Vea también: Amor y Tipos de Amor
El amor ágape

El amor ágape es sin duda uno de los amores más profundos y concretos que un ser humano puede experimentar, ya que tiene una perspectiva mucho más global y extensa que cualquiera de los otros tipos de amor. Para los griegos, y más tarde para la tradición cristiana, ágape nombra el amor desinteresado que busca el bien del otro por encima del propio beneficio.
Básicamente hablamos de un sentimiento que nace con respecto a un concepto universal, como puede ser el amor que sentimos por la propia naturaleza, el amor que sentimos por un dios o incluso el amor que podemos llegar a sentir por toda la humanidad. Se trata de un amor compasivo, generoso y espiritual, que no se limita a una sola persona, sino que se expande hacia todo lo que nos rodea.
En textos antiguos, el término también se utilizaba para designar banquetes comunitarios en los que se compartía el alimento para reforzar los vínculos del grupo. Desde esta perspectiva, ágape es la voluntad de cuidar, sostener y acompañar, incluso cuando no se obtiene nada a cambio. Tomás de Aquino lo definió como “querer el bien del otro”, resaltando su carácter de entrega.
Cabe destacar que, salvo casos muy determinados, el amor ágape es un amor que beneficia considerablemente a la persona que lo siente, ya que tiene la capacidad de enriquecer y abrir la mente sin miedos y con la posibilidad de conocer cosas nuevas a las que de otra forma nunca nos hubiésemos atrevido a hacer frente. Quien ama de este modo, desarrolla empatía profunda, paciencia y capacidad de perdón.
Por otra parte, una de las características que también lo definen es el hecho de que estamos hablando de un tipo de amor que en la sociedad actual está bastante dañado, y la razón de este daño se debe fundamentalmente al odio, al miedo y a la intolerancia, así como a la falsedad con la que muchas personas quieren mostrar que cuentan en su interior con este tipo de amor, cuando en realidad tan sólo lo hacen para contentar a un determinado grupo.
Todos estos comportamientos hacen que uno se cierre y no permita llegar más allá y conocer en extensión este tipo de amor, de manera que podría encontrarse dentro de cualquiera de nosotros, pero nunca lo llegaríamos a experimentar debido a que no llegamos a creer fuertemente en la posibilidad de amar de forma desinteresada. Ágape requiere madurez, autoconocimiento y, sobre todo, un cierto desapego del propio ego.
En muchas historias, ágape se manifiesta en gestos de sacrificio o protección extrema: personas que se entregan por sus hijos, por sus amigos, por causas justas o por desconocidos en situaciones de necesidad. No es un amor ingenuo, sino una decisión consciente de poner el bienestar ajeno en el centro, siempre desde la libertad.
El amor eros

En cuanto al amor eros se trata de un tipo de amor más carnal e intenso, pero que generalmente cuenta con la característica de ser efímero, es decir, de la misma forma que llega se acaba marchando. Para los griegos, eros era también el nombre del dios de la atracción, la pasión y la fertilidad, capaz de desatar emociones arrebatadoras con una sola flecha.
Este tipo de amor se caracteriza por experimentar atracción física, deseo sexual e impulso instintivo. Se relaciona con el amor que se siente al principio de muchas relaciones, cuando se idealiza el momento y a la otra persona, mezclando el deseo, la fantasía y una fuerte carga de sensualidad. Es el amor del “flechazo”, el del enamoramiento que lo invade todo.
En la filosofía griega, Platón profundizó mucho en el significado de eros. En El Banquete, presenta a eros como una fuerza que comienza siendo deseo corporal, pero que puede transformarse en búsqueda de la belleza interior y, finalmente, de la belleza misma. Desde esta perspectiva, eros no se reduce al sexo, sino que es un impulso creador que puede elevarse hacia formas de amor más estables y profundas.
Uno de los ingredientes que alimentan este amor es precisamente la pasión y el propio deseo carnal de todos los seres humanos, además de que, en el caso del ser humano en general, se nutre de la idealización de la persona y de la situación en la que nos encontramos en ese mismo instante. Esto explica por qué, cuando la realidad aparece con sus matices, eros puede perder intensidad si no se combina con otros tipos de amor.
Para que nuestros lectores se hagan una idea, el amor eros es básicamente el amor de carácter sexual y romántico, de manera que es el tipo de amor que da lugar a los encuentros sexuales ocasionales e incluso también a las infidelidades cuando se vive de forma descontrolada. Cuando domina sin equilibrio, eros puede derivar en obsesión, celos, posesividad o dependencia.
Sin embargo, cuando se integra con otras formas de amor, eros se convierte en una energía creativa y vital, capaz de mantener la chispa en una relación a largo plazo. Puede ser el primer paso para un vínculo más profundo si se sabe canalizar su intensidad, se acompaña de comunicación honesta y se sostiene con respeto.
El amor philia

Pasamos ahora al amor philia, que es el amor que sentimos por el prójimo y por los amigos. En este sentido podéis observar que sería similar al amor ágape, pero en este caso hablaríamos desde una perspectiva más específica, ya que es un sentimiento que nace hacia una persona en particular o incluso hacia un grupo determinado, y se alimenta de la solidaridad y de la hermandad.
La palabra philia procede del griego antiguo y significa amor o amistad. Para Aristóteles, en la Ética a Nicómaco, la philia es una de las virtudes más importantes de la vida ética. Habla de distintos tipos de amistad: la basada en el placer compartido, la basada en la utilidad mutua (pragma) y la amistad virtuosa, en la que cada uno desea el bien del otro por quien es y le ayuda a desarrollarse moralmente.
Este tipo de amor es muy valorado y muy recomendable para todos los seres humanos, ya que se considera que es el tipo de amor a partir del cual nace el bien común y el desinterés, de manera que estas personas se esfuerzan por ayudar a los que hay a su alrededor sin la necesidad de esperar nada a cambio. Philia implica compañerismo, lealtad, confianza y admiración mutua.
Para ello se debe recurrir a determinados elementos como son la cooperación, el respeto y la gentileza, todos ellos algo ausentes en la gran mayoría de la población, aunque en realidad es importante tener en cuenta que siguen vivos en todos los seres humanos. Una persona bien encauzada en este sentido puede llegar a sentir este amor y cambiar por completo tanto su vida como su relación con los demás.
Ejemplo de philia son aquellas amistades de larga duración, leales y comprometidas, en las que muchas veces se comparte más tiempo con los amigos que con las parejas, sin que eso indique otro tipo de amor que no sea el fraternal. También se manifiesta en comunidades donde se cultiva un fuerte espíritu de apoyo mutuo y solidaridad.
Frente a la inmediatez de eros, philia se construye poco a poco, con presencia y constancia. Es el amor que sostiene en momentos difíciles, el que ofrece un hombro en el que apoyarse y celebra sinceramente los logros del otro. Cuando se debilita, pueden aparecer comparaciones, envidias o resentimientos, pero cuando se cuida, se convierte en uno de los pilares más firmes de la vida afectiva.
El amor storgé

Finalizamos con el amor storgé, que es el amor fraternal y familiar, de larga duración y que implica un compromiso por nuestra parte y por parte de la otra persona. Se trata del afecto que surge de manera natural entre padres e hijos, entre hermanos y, por extensión, en cualquier vínculo en el que con el tiempo se genera una sensación de familia.
Los griegos clasificaron como Storgé al amor fraternal, amistoso y comprometido. Es un amor que crece a lo largo del tiempo y se relaciona sobre todo con las relaciones familiares y de amistad muy cercanas, por ello se caracteriza por ser un amor leal y protector. Aunque el término no fue tan discutido por los filósofos como los otros, se encuentra implícito en muchas obras literarias y éticas.
Aunque en algunos casos puede ser relativamente repentino, debemos tener claro que este tipo de amor generalmente precisa de un cierto tiempo para poder desarrollarse, lo que significa que lo que conocemos como amor a primera vista sería el amor eros, y el amor por esa persona con la que queremos pasar el resto de nuestra vida no sólo por haberla idealizado sino por compartir con ella cosas mucho más intensas y cotidianas, sería el amor storgé.
A partir del amor storgé nace un sentimiento protector y de lealtad, de manera que no sólo se presenta en relación con el amor que sentimos hacia esa persona de la que nos enamoramos y con la que queremos unirnos el resto de la vida, sino también incluso en relación con todas aquellas personas que forman una parte importante de nuestras vidas y que sobre todo tenemos la necesidad de proteger y cuidar por encima de cualquier cosa.
Storgé implica tiempo, convivencia y compromiso. Es el amor que se forja en la rutina compartida, en las pequeñas atenciones diarias, en los gestos repetidos de cuidado. No necesita demostraciones grandilocuentes, porque se expresa en el día a día: preparar una comida, acompañar a una cita médica, escuchar con paciencia o sostener en los momentos de crisis.
Este amor también puede aparecer en relaciones que no son de sangre, como amistades que se convierten en familia o vínculos creados en comunidades muy cohesionadas. Cuando está en armonía, storgé genera seguridad, arraigo y sentido de pertenencia. Cuando se desajusta, puede derivar en sobreprotección, exceso de control o sacrificio personal desmedido.
Otros tipos de amor en el pensamiento griego: la philautía
Aunque la clasificación que os hemos preparado es la que está basada en el concepto y clasificación de los tipos de amor según los griegos más conocidos (Eros, Philia, Ágape y Storgé), con el tiempo han surgido otras alternativas que han buscado ser más específicas y, sobre todo, encontrar significado a algunas de las dudas que pueden quedar a partir de estas cuatro definiciones.
Uno de esos conceptos adicionales es la Philautía, que se refiere al amor a uno mismo. Aristóteles ya habló de él en sus obras éticas, y Platón también lo mencionó en diálogos como Fedro. La idea central es que cuidarse, respetarse y valorarse a uno mismo es una condición necesaria para poder amar de forma sana a los demás.
Los griegos distinguían entre una philautía saludable, basada en el respeto propio y el deseo de cultivar la virtud, y una philautía descontrolada, cercana al egoísmo y la vanidad, en la que la persona se coloca por encima de todo y de todos. La primera favorece todas las demás formas de amor; la segunda las distorsiona.
Sin la energía de la philautía entendida como autoestima sana, muy difícilmente el resto de tipos de amor podrán ser armónicos y honestos. Es hablarse con amabilidad, poner límites, cuidar el propio cuerpo y la propia mente, darse permiso para descansar, aprender y crecer. Es, en definitiva, ser un buen aliado de uno mismo para poder estar presente de forma más plena en las relaciones con los demás.
Los cuatro tipos de amor y las relaciones de pareja
La clasificación griega permite también comprender mejor qué sucede en las relaciones de pareja. Entendidas en un sentido habitual, muchas parejas funcionan cuando se da una combinación relativamente equilibrada de Eros, Philia y Ágape, y se sostienen en el tiempo gracias a una base de Storgé y a una adecuada dosis de Philautía.
Si no hubiera eros, la relación se parecería más a una amistad o a una convivencia cordial, pero faltaría la chispa romántica y sexual que diferencia un vínculo de pareja de otros tipos de unión. Si faltara philia, la relación podría sentirse como una simple aventura, intensa pero inestable, sin sensación de apoyo, seguridad o proyecto compartido. Si no hubiera ágape, el vínculo tendería a ser un contrato de intereses, donde cada uno busca sobre todo lo que recibe, lo que puede derivar en luchas de poder y reproches continuos.
Cuando storgé se desarrolla, la relación gana profundidad y estabilidad: aparece la sensación de hogar compartido, de familia, de saber que el otro estará ahí cuando haga falta. Y, por último, la philautía permite que cada miembro de la pareja llegue al vínculo desde un lugar de autoestima y responsabilidad personal, sin cargar al otro con la obligación de llenar todos sus vacíos.
De este modo, los antiguos conceptos griegos siguen ofreciendo hoy una herramienta muy útil para reflexionar sobre cómo amamos, qué tipo de amor predomina en nuestras relaciones y qué podríamos cultivar más para que nuestros vínculos sean más sanos, libres y conscientes. Comprender Eros, Philia, Ágape, Storgé y Philautía no es solo un ejercicio intelectual: es una invitación a revisar nuestra manera de amar y abrir espacio a formas de amor más plenas y equilibradas.
