Presentamos un listado con todos los tipos de anticonceptivos que hay en la actualidad, un recurso muy necesario no sólo para prevenir los embarazos no deseados sino también, dependiendo del modelo que utilicemos, para evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual e incluso algunas de gravedad como puede ser el VIH.
Qué son los anticonceptivos y cómo se clasifican
Los anticonceptivos son métodos, fármacos o dispositivos que se utilizan para impedir o reducir de forma significativa las probabilidades de que se produzca la fecundación y, con ello, el embarazo, al mantener relaciones sexuales con penetración vaginal. Es decir, son herramientas que permiten separar la relación sexual de la concepción, facilitando la planificación familiar y el control de la natalidad.
Aunque su función principal es evitar el embarazo, muchos anticonceptivos también ayudan a prevenir infecciones de transmisión sexual (ITS), regulan el ciclo menstrual e incluso se utilizan como parte del tratamiento de patologías ginecológicas como la endometriosis o algunas alteraciones hormonales.
Existen múltiples maneras de clasificar los métodos anticonceptivos. Algunas de las más utilizadas son:
- Masculinos o femeninos: según si los usa principalmente el hombre o la mujer.
- Orales o no orales: en función de si se administran en forma de pastilla o a través de la piel, la vagina, una inyección, etc.
- Hormonales o no hormonales: dependiendo de si incluyen hormonas sintéticas en su composición.
- Temporales o permanentes: según la duración de la anticoncepción y si se puede revertir fácilmente o no.
- Reversibles o irreversibles: si es posible recuperar la fertilidad habitual al suspender el método o si se trata de una esterilización definitiva.
Un mismo anticonceptivo puede incluirse en varios de estos grupos. Sin embargo, para entender mejor cómo funcionan y en qué situaciones se recomiendan, resulta muy práctico clasificarlos según su mecanismo de acción:
- Métodos de barrera: impiden físicamente que los espermatozoides lleguen al óvulo.
- Métodos hormonales: modifican el ciclo hormonal para evitar la ovulación o dificultar la implantación.
- Dispositivos intrauterinos (DIU): actúan dentro del útero dificultando la fecundación y/o la implantación.
- Métodos naturales o basados en la fertilidad: se apoyan en el conocimiento del ciclo menstrual para evitar las relaciones en días fértiles.
- Métodos quirúrgicos o definitivos: esterilización masculina o femenina.
- Anticoncepción de emergencia: se usa después de una relación de riesgo para reducir la probabilidad de embarazo.
En este sentido, hay métodos anticonceptivos más indicados para cada tipo de relación sexual. Si tenemos pareja estable y relación monógama, el objetivo principal suele ser prevenir el embarazo, por lo que se pueden valorar distintos métodos en función de las preferencias, el estado de salud y la comodidad. En cambio, si se trata de sexo esporádico o con parejas que no conocemos bien, es fundamental usar anticonceptivos que además de evitar el embarazo protejan frente a ITS, especialmente el preservativo.
Una vez que entendemos cuál es la misión de los anticonceptivos y cómo se agrupan, el siguiente paso será conocer con detalle todos los tipos de anticonceptivos que tenemos a nuestra disposición, sus ventajas, limitaciones y en qué casos se recomienda cada uno.
Métodos de barrera

Los métodos de barrera se caracterizan por impedir de forma física que los espermatozoides alcancen el óvulo. Son opciones muy interesantes porque, en general, no modifican las hormonas, se utilizan solamente durante la relación sexual y, en el caso de los preservativos, también sirven para reducir el riesgo de ITS.
El preservativo masculino
Uno de los tipos de anticonceptivos más utilizados es el preservativo masculino o condón. Es una funda muy fina, generalmente de látex (aunque también los hay de otros materiales para personas con alergia al látex), que se coloca sobre el pene en erección antes de cualquier tipo de penetración.
Su principal función es retener el semen tras la eyaculación, de forma que los espermatozoides no puedan entrar en la vagina ni alcanzar el útero. Su fiabilidad ronda el 98% con un uso perfecto, aunque con uso típico puede ser algo menor debido a errores en su manejo.
Hay que tener en cuenta que se trata de un artículo muy delicado, de manera que un pequeño error en su manipulación puede suponer que pierda su efectividad incluso por completo. Por ejemplo, se reduce mucho la eficacia si:
- Se coloca después de iniciar la penetración y no desde el principio.
- Se guarda en lugares con altas temperaturas (cartera, coche, etc.).
- Se usa un condón con fecha de caducidad vencida.
- Se abre con objetos punzantes o se rasga al ponerlo.
- Se combina con lubricantes no adecuados para el material.
Por esa razón, en el caso de que existan anillos, piercings genitales u otros elementos que puedan rasgar el preservativo, el riesgo de rotura es mayor y el condón puede perder parte de su valor como anticonceptivo. También cabe destacar que, transcurridos varios años desde la fabricación del condón, el látex comienza a ponerse más rígido, con lo que el riesgo de rasgadura aumenta.
Es fundamental colocarlo antes de comenzar la relación sexual con penetración. Además, tras la eyaculación conviene sujetar la base al retirar el pene para evitar que el preservativo quede dentro de la vagina, ya que en ese caso tampoco habría tenido el efecto deseado.
Una ventaja clave es que el preservativo masculino es el único método que, junto con el preservativo femenino, reduce de forma notable el riesgo de ITS, incluido el VIH, siempre que se utilice correctamente en todas las relaciones sexuales.
El preservativo femenino
También tenemos el preservativo femenino, fabricado habitualmente en poliuretano o nitrilo. Se trata de una funda algo más ancha y larga que el condón masculino, con anillos en sus extremos: uno se coloca al fondo de la vagina y el otro queda en la entrada, cubriendo parte de la vulva.
Este dispositivo cuenta con lubricación para facilitar la penetración, y su objetivo es plastificar las paredes de la vagina y la vulva para evitar la entrada de semen. Su eficacia es alta cuando se coloca bien, y al igual que el condón masculino, ofrece protección frente a enfermedades de transmisión sexual.
Entre sus ventajas se encuentra que la mujer tiene mayor control sobre su protección, puede colocarse antes de la relación y es una buena alternativa cuando el hombre no puede o no desea usar preservativo.
El diafragma
El diafragma es un tapón flexible fabricado en látex o silicona que se introduce en el interior de la vagina, apoyándose sobre la pared vaginal y cubriendo el cuello del útero. De esta manera impide la llegada del esperma al cuello uterino.
Existen modelos con y sin espermicida, pero es mucho más recomendable utilizarlo en combinación con una crema o gel espermicida, ya que esto aumenta la protección hasta alrededor del 94% con un uso adecuado.
Para su utilización es necesario contar con el ginecólogo, ya que deberá indicar el tamaño de diafragma en función de las características de la paciente (longitud de la vagina, tono del suelo pélvico, etc.). También es importante revisar periódicamente que el tamaño sigue siendo el adecuado, especialmente después de partos o cambios significativos de peso.
Este método anticonceptivo se tiene que retirar a las seis horas aproximadamente tras el coito, de manera que puede ser incómodo en muchas relaciones sexuales, ya sea a la hora de dormir o si se trata de una relación imprevista y posteriormente tenemos otras responsabilidades. No protege frente a ITS, aunque puede ofrecer una ligera barrera mecánica en la zona del cuello uterino.
La esponja anticonceptiva
La esponja anticonceptiva es un pequeño dispositivo blando de espuma de poliuretano que se introduce en la vagina antes de que se produzca el coito y se coloca frente al cuello uterino. Contiene un espermicida que ayuda a destruir o inmovilizar los espermatozoides.
Cuenta con una eficacia de hasta el 91% en condiciones ideales y siempre y cuando se utilice en las 24 horas siguientes a la colocación. Transcurrido ese tiempo, su eficacia se reduce drásticamente. Debe permanecer al menos 6 horas después de la última relación sexual antes de retirarse.
Como inconvenientes, puede producir irritación vaginal en algunas mujeres, no protege frente a ITS y requiere cierta práctica para colocarse en la posición correcta.
Otros métodos de barrera: capuchón cervical y espermicidas
Aunque no estaban en el listado original, es importante mencionar otros métodos de barrera que funcionan de manera similar al diafragma y a la esponja:
- Capuchón cervical: es una pequeña copa de silicona más rígida y profunda que el diafragma, que se coloca dentro de la vagina cubriendo el cuello del útero. Para mejorar su efectividad se usa siempre con un espermicida. Puede dejarse varias horas, pero, como el diafragma, no protege frente a ITS.
- Espermicidas: se trata de un producto en crema, gel, óvulos o espuma que contiene sustancias químicas encargadas de destruir los espermatozoides o reducir su movilidad. Son un método poco fiable por sí solos y sobre todo muy incómodo, por lo que tan sólo se recomienda en combinación con otros métodos de barrera (preservativo, diafragma, capuchón).
En el caso de los espermicidas, es necesario aplicarlos unos minutos antes de la penetración, lo que puede cortar los preliminares. A menudo se utilizan de forma incorrecta y su fiabilidad desciende al 80% o menos. Además, no ofrecen protección frente a ITS.
Métodos hormonales

Los anticonceptivos hormonales son de los métodos más utilizados por las mujeres. Están compuestos por versiones sintéticas de las hormonas sexuales femeninas, principalmente estrógenos y progestágenos, en distintas combinaciones y dosis.
Su mecanismo de acción consiste en alterar los niveles hormonales naturales para impedir que se produzca la ovulación y, en muchos casos, modificar el endometrio y el moco cervical. De esta manera se reduce al máximo la probabilidad de fecundación y de implantación del embrión.
La fiabilidad de los anticonceptivos hormonales suele ser muy alta (entre el 98% y el 99%) siempre que se utilicen correctamente y siguiendo las indicaciones médicas. Además, tienen aplicaciones adicionales como:
- Regular los ciclos menstruales irregulares.
- Reducir el sangrado y el dolor menstrual.
- Ayudar en el tratamiento de patologías como la endometriosis o algunos trastornos hormonales.
No obstante, también presentan inconvenientes: pueden provocar efectos secundarios (cambios de peso, cefaleas, tensión mamaria, variaciones del estado de ánimo, entre otros), no todas las mujeres pueden utilizarlos y, muy importante, no protegen frente a las ITS. Por ello, en muchas ocasiones se recomienda combinarlos con preservativo.
Los anticonceptivos orales (la píldora)
Por una parte tenemos los anticonceptivos orales que son conocidos popularmente como “la píldora”. Se trata de pastillas que se toman a diario por vía oral.
En este caso la efectividad alcanza aproximadamente el 99,7% en condiciones ideales siempre y cuando se respeten las tomas. Si en alguna ocasión se nos olvida tomarla o se cometen errores de horario, su eficacia puede descender hasta el 92% o menos.
La píldora se presenta en distintas variedades en función de la carga hormonal y el tipo de hormonas:
- Píldoras combinadas: contienen estrógenos y progestágenos. Inhiben la ovulación y modifican el moco cervical y el endometrio.
- Píldoras solo de progestágeno (a veces llamadas minipíldoras): no contienen estrógeno y suelen indicarse cuando existen contraindicaciones para los estrógenos (lactancia, ciertos problemas vasculares, etc.).
Cada tipo se adapta a las características personales de la paciente, por lo que es fundamental que un profesional sanitario valore la opción más adecuada. No debemos olvidar que se trata de un medicamento que contiene estrógenos y/o progestágenos, y por tanto requiere seguimiento médico, especialmente en mujeres con factores de riesgo cardiovascular, migrañas, antecedentes de trombosis, etc.
Los progestágenos inyectables
Dentro de los métodos hormonales de acción prolongada pero reversibles encontramos los progestágenos inyectables. Es un método anticonceptivo que se administra mediante inyección intramuscular o subcutánea de forma mensual o trimestral, dependiendo del preparado utilizado.
Consigue una fiabilidad de prácticamente el 100% con un uso correcto. Su principal ventaja es que elimina el riesgo de olvido diario asociado a la píldora, ya que basta con recordar la cita para la inyección cada cierto tiempo. También puede reducir el acné, los dolores menstruales y el sangrado.
Sin embargo, se trata de un sistema que puede ser más agresivo para algunas personas, con posibles efectos secundarios como sangrado irregular, dolores de cabeza, náuseas, alteración del peso o de la densidad ósea a largo plazo. Además, tras suspenderlo, la ovulación puede tardar un tiempo en restablecerse. Por todo ello, es el ginecólogo quien tendrá que valorar si realmente vale la pena su utilización por parte de la paciente.
El parche transdérmico
El parche transdérmico es un parche que contiene hormonas similares a las de la píldora combinada. Se coloca sobre la piel, desde donde la absorción se va produciendo lentamente, con una efectividad ligeramente inferior al 85% en uso típico, aunque puede alcanzar porcentajes muy elevados si se utiliza correctamente.
Tiene forma cuadrada con un tamaño aproximado de 4,5 cm de arista. Es muy importante que al colocarlo la piel se encuentre completamente limpia, seca y sin cremas o aceites, ya que de lo contrario se despega con mayor facilidad y pierde efectividad. Se suele cambiar semanalmente durante tres semanas, dejando una semana de descanso.
Entre sus ventajas está que evita el olvido diario de la píldora y que los vómitos o diarrea no afectan a su absorción al ser transdérmico. Como inconvenientes, puede producir irritación local en la piel, pequeños sangrados entre reglas y su eficacia puede reducirse en mujeres con sobrepeso notable. No protege frente a ITS.
El anillo vaginal
El anillo vaginal es un aro de plástico flexible que se introduce en la vagina y que de forma gradual va liberando hormonas. Su mecanismo de acción es muy similar al de la píldora combinada: evita la ovulación y modifica el moco cervical y el endometrio.
Se coloca en la vagina y se mantiene habitualmente tres semanas, tras las cuales se retira para dejar una semana de descanso en la que se produce un sangrado similar al de la regla. Después se coloca un nuevo anillo. Su efectividad ronda el 98%-99% con uso correcto.
Este método resulta cómodo porque la mujer no tiene que acordarse de algo diario, simplemente del cambio mensual. Cabe destacar que este aro se deberá sustituir en cada nuevo ciclo. No protege frente a ITS.
El implante subdérmico
El implante subdérmico consiste en una varilla muy fina de plástico flexible, de unos 4 cm de largo, que contiene progestágeno y se coloca bajo la piel, normalmente en la cara interna del brazo.
Se introduce mediante una pequeña incisión, generalmente con anestesia local, y después libera hormonas de forma gradual durante varios años. Permite estar protegida durante una media de tres a cinco años según el modelo, con una eficacia que alcanza el 99,95%, es decir, prácticamente del 100%.
Entre sus ventajas destacan:
- Altísima eficacia anticonceptiva.
- No requiere atención diaria, semanal ni mensual.
- Puede ayudar a regular las menstruaciones, reducir el sangrado y los dolores.
Como inconvenientes, requiere un pequeño procedimiento para su colocación y retirada, puede dejar una cicatriz mínima y las hormonas pueden causar efectos secundarios (sangrados irregulares, cambios de humor, etc.). No protege frente a ITS.
Otros aspectos de los métodos hormonales
Además de los métodos descritos, existen formulaciones hormonales con distintos esquemas de uso (pautas continuadas sin descanso, ciclos extendidos, etc.) que pueden adaptarse a determinadas necesidades clínicas, por ejemplo, mujeres con reglas muy dolorosas o con endometriosis.
Es importante recalcar que todos los métodos hormonales deben ser indicados y supervisados por un profesional de la salud, que valorará los antecedentes personales, el riesgo cardiovascular, la edad, el hábito tabáquico y otras patologías antes de recomendar uno u otro.
Dispositivos intrauterinos (DIU)
El DIU es uno de los métodos anticonceptivos más eficaces y duraderos. Se trata de un dispositivo intrauterino en forma de T que será colocado por el ginecólogo dentro del útero. Su presencia modifica el entorno uterino de forma que dificulta la fecundación y la implantación del óvulo fecundado.
Es un sistema muy efectivo, ya que alcanza una fiabilidad cercana al 99%, y puede ser utilizado tanto por mujeres que ya hayan sido madres como por aquellas que todavía no hayan tenido hijos, incluyendo adolescentes bajo supervisión especializada.
Existen dos grandes tipos de DIU:
- DIU de cobre: también conocido como “T de cobre”. No contiene hormonas. Libera una pequeña cantidad de iones de cobre que son tóxicos para los espermatozoides, reduciendo su movilidad y su capacidad de fecundar el óvulo. Su duración depende del modelo, pero puede alcanzar varios años.
- DIU hormonal: además del efecto mecánico del dispositivo, libera de forma gradual una hormona tipo progestágeno en el interior del útero. Esto espesa el moco cervical, adelgaza el endometrio y reduce aún más la posibilidad de embarazo.
El DIU hormonal tiene un efecto especialmente beneficioso en relación con las menstruaciones, las cuales suelen ser menos abundantes y menos dolorosas. Por este motivo, en algunas mujeres se utiliza también con finalidad terapéutica.
Entre sus ventajas destacan:
- Alta eficacia a largo plazo con una sola intervención para colocarlo.
- No requiere recordatorios diarios, semanales o mensuales.
- Se puede retirar en cualquier momento si la mujer desea buscar embarazo.
Como inconvenientes, la inserción puede resultar dolorosa, sobre todo en mujeres que no han tenido partos vaginales, y en algunos casos puede causar calambres o molestias durante los primeros días. Tampoco protege frente a ITS, por lo que puede combinarse con el preservativo cuando exista riesgo de infecciones.
Métodos naturales o basados en el conocimiento de la fertilidad
Los métodos naturales se basan en el conocimiento del ciclo menstrual de la mujer para evitar las relaciones sexuales sin protección durante los días fértiles, es decir, cuando hay más probabilidad de que se produzca la ovulación.
Son alternativas sin hormonas ni dispositivos, pero presentan una eficacia bastante menor que otros métodos, especialmente en la vida real, donde los ciclos no siempre son regulares y es fácil cometer errores de cálculo u observación. Tampoco protegen frente a ITS.
El método de la ovulación (Billings)
Este método, también conocido como Billings, se basa en analizar el moco cervical. Durante los días más fértiles, el moco se vuelve más abundante, transparente y elástico, parecido a la clara de huevo cruda, y está preparado para facilitar el paso de los espermatozoides.
La idea es abstenerse de mantener relaciones sexuales con penetración sin protección durante los días fértiles en los que el moco presenta estas características y los días inmediatamente posteriores. La teoría indica que se puede alcanzar una eficacia elevada si la observación es muy precisa, pero en la práctica depende mucho de la experiencia y constancia de la pareja.
Este método es muy poco fiable debido a que se basa fundamentalmente en la capacidad de percepción de quien observa. En condiciones ideales podría acercarse a un 97% de eficacia, pero en la vida real difícilmente se superaría en exceso el 50% de efectividad.
El ogino o método del calendario
El método de Ogino (también conocido como método del ritmo o del calendario) fue creado por un ginecólogo japonés. Su objetivo es el cálculo de los días fértiles y no fértiles del ciclo menstrual en base a la duración de los ciclos anteriores.
Consiste en registrar durante varios meses la duración del ciclo y, a partir de esos datos, determinar un intervalo de días en los que es más probable que se produzca la ovulación. Durante esos días se evita tener relaciones o se recurre a métodos de barrera.
En teoría, si los ciclos son muy regulares, podemos alcanzar una eficacia aproximada del 90%. Sin embargo, el calendario puede variar con mucha frecuencia por estrés, cambios de rutina, viajes, enfermedades, medicación, etc., por lo que no resulta prudente confiar plenamente en este método si se quiere evitar un embarazo.
La temperatura basal
El método de la temperatura basal se basa en que, tras la ovulación, la temperatura corporal de la mujer aumenta de forma ligera (entre 0,2 y 0,5 ºC) y se mantiene algo más elevada hasta que finaliza el ciclo.
Para aplicarlo, la mujer debe medir su temperatura cada mañana antes de levantarse, siempre a la misma hora y con el mismo termómetro, y registrar los valores en una gráfica. Los días posteriores al ligero aumento de la temperatura se consideran menos fértiles.
Si el control fuera exhaustivo y no existieran factores que alterasen la temperatura (fiebre, falta de sueño, consumo de alcohol, etc.), se podría alcanzar una eficacia teórica superior al 95%. Sin embargo, por la dificultad de mantener un registro tan preciso, la efectividad real desciende a cerca del 78%.
El coitus interruptus
El coitus interruptus, conocido como “la marcha atrás”, consiste en que el hombre retira el pene de la vagina antes de eyacular para evitar que el semen entre en el interior.
Aunque pueda parecer un método sencillo, se trata del método más inseguro, ya que es prácticamente imposible controlar al 100% el momento de la eyaculación y porque el líquido preeyaculatorio puede contener espermatozoides. Su eficacia es muy baja, con un máximo aproximado del 70% en el mejor de los casos.
Además, no ofrece ningún tipo de protección frente a las ITS. En la medida de lo posible es preferible optar por cualquier otra alternativa.
Métodos definitivos: esterilización masculina y femenina
Otra alternativa anticonceptiva es la esterilización masculina o femenina, que tiene como objetivo cerrar o bloquear de manera permanente el paso de los óvulos o de los espermatozoides.
En el caso de las mujeres se realiza una ligadura de trompas, mientras que en los hombres el procedimiento es la vasectomía. Ambos son métodos con una eficacia muy alta, próxima al 100%, y se consideran definitivos, aunque en algunos casos se puedan intentar revertir mediante cirugía.
Se trata de opciones que implican pasar por el quirófano, por lo que es posible que muchas personas prefieran utilizar otros métodos menos agresivos y totalmente reversibles. Además, la reversión no siempre tiene éxito y no puede garantizarse la recuperación total de la fertilidad.
La esterilización no protege frente a infecciones de transmisión sexual, de modo que, en caso de riesgo, es recomendable seguir utilizando preservativo.
Anticoncepción de emergencia: la píldora del día después
La píldora del día después es un método anticonceptivo de emergencia que se utiliza cuando han fallado otros métodos anticonceptivos (por ejemplo, rotura del preservativo) o directamente no se ha utilizado ninguno en una relación sexual con riesgo de embarazo.
Se trata de un comprimido de alta dosis hormonal que se toma después de la relación de riesgo. Su finalidad es retrasar o inhibir la ovulación y/o dificultar la fecundación. Es importante tomarla lo antes posible, preferiblemente dentro de las primeras 24 horas y siempre dentro de los 5 días posteriores a la relación sin protección, ya que la eficacia disminuye con el paso del tiempo.
Al igual que cualquier otro método anticonceptivo, su fiabilidad no es del 100%. En muchos casos alcanza alrededor del 85% de efectividad, lo que significa que reduce de forma significativa la posibilidad de embarazo, pero no la elimina por completo.
Puede producir más efectos secundarios que otros anticonceptivos hormonales debido a la alta dosis (náuseas, vómitos, dolor de cabeza, alteraciones del ciclo posterior, manchados, etc.). Por ello, debe considerarse un recurso excepcional y no utilizarse de forma habitual como método de cabecera.
La píldora del día después no protege frente a ITS, por lo que, si ha habido riesgo de infección, conviene consultar con un profesional para valorar la realización de pruebas y, si procede, medidas específicas de prevención.
Con este último terminamos el repaso por los métodos de emergencia, recordando que su papel principal es ofrecer una segunda oportunidad puntual cuando se ha producido un fallo o un descuido en la anticoncepción habitual.
Con todo lo visto, queda claro que existen múltiples tipos de anticonceptivos y combinaciones posibles: desde métodos de barrera que ayudan además a proteger de infecciones, hasta opciones hormonales de corta o larga duración, DIU, métodos naturales y soluciones definitivas como la esterilización. Elegir el más adecuado dependerá de factores como el estado de salud, la edad, la frecuencia de las relaciones, el deseo de tener hijos en el futuro, el grado de comodidad con cada método y, por supuesto, la necesidad o no de protección frente a ITS. Ante cualquier duda, lo más prudente es consultar con un ginecólogo o profesional sanitario de confianza que pueda asesorar de forma personalizada.