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Todos los tipos de obesidad según sus características

Todos los tipos de obesidad según sus características

La obesidad, uno de los mayores males de la sociedad actual, y se presenta con distintas clasificaciones en función de la base que tomemos para su medida. A continuación vamos a conocer todos los tipos de obesidad según sus características y por supuesto también analizaremos las particularidades de cada uno de ellos.

La obesidad y sus riesgos en la sociedad actual

Es curioso como algo tan peligroso en la actualidad pasa prácticamente desapercibido en nuestra sociedad. Evidentemente estamos hablando de la obesidad, uno de los peores males que se presenta en un alto porcentaje de la sociedad actual.

Hay que destacar que, en todos los casos, la obesidad implica riesgos para la salud, ya que la acumulación de grasa hace que el funcionamiento de los órganos internos se dificulte, además de que también aumenta el riesgo de padecer diversos tipos de enfermedades y problemas de salud que pueden pasar incluso a ser muy graves con el paso del tiempo.

Entre las enfermedades más frecuentes de detonan a partir de la obesidad encontramos la diabetes, los problemas de hipertensión, las cardiopatías coronarias como la insuficiencia cardíaca y los accidentes cerebrovasculares, el aumento del nivel de colesterol, el aumento de los triglicéridos en sangre, la aparición de problemas óseos, problemas en las articulaciones o la osteoartritis, la formación de cálculos biliares, la aparición de problemas en el hígado, el fomento de la apnea del sueño, somnolencias y dificultad a la hora de prestar atención aun habiendo descansado bien, y por supuesto también un aumento de la sensación de fatiga entre otros.

Cómo se puede diferenciar a una persona obesa

Desde una perspectiva general y en base a la grasa que se haya acumulado nuestro cuerpo, una persona obesa es aquella que cuenta con más de un 20% de grasa corporal en el caso de que sea hombre y más de un 30% en el caso de que sea mujer.

En el caso de que sobrepasemos estos porcentajes, efectivamente nos encontramos dentro del grupo de personas consideradas obesas, de manera que los rangos adecuados en el caso del hombre se establecerían entre el 10% y el 20%, mientras que en el caso de las mujeres (evidentemente hablamos en ambos casos de personas adultas), se encontraría entre el 20% y el 30%.

Encontrarnos por encima o por debajo de estos niveles puede acarrear serios problemas para nuestra salud.

Hay que tener mucho cuidado a la hora de averiguar nuestro peso ideal en base a las tablas habituales, ya que aunque coinciden bastante, por supuesto cada persona es diferente en este sentido, de manera que factores como la edad, el sexo, la raza o incluso la propia musculatura pueden hacer variar el peso ideal de dos personas, de manera que nuestro peso ideal sería básicamente aquel al que se adapta nuestro organismo manteniendo una dieta equilibrada y practicando ejercicio físico con regularidad.

Por supuesto las tablas nos pueden ayudar para guiarnos y conocer un poco mejor el rango de peso en el que nos deberíamos encontrar, pero sobre todo si tenemos sobrepeso, es esencial que no nos obsesionamos en este sentido y sobre todo escuchemos a nuestro organismo para ir avanzando hasta alcanzar nuestro peso ideal de forma natural.

Los mejores tratamientos contra la obesidad

En la actualidad hay distintos tratamientos contra la obesidad que nos pueden ayudar a mejorar nuestra situación. Cabe destacar que, de entre estos tratamientos, algunos de ellos son a través de la ingesta de fármacos, los cuales suelen ofrecer un buen resultado pero también hay que tener en cuenta que cuentan con bastantes efectos secundarios que es importante tener muy claros antes de ponernos en tratamiento, ya que pueden llegar a afectar seriamente nuestra salud.

Por ello, a la hora de luchar contra la obesidad, lo mejor que podemos hacer es contactar con nuestro médico de confianza y por supuesto también crear una estrategia centrada en nuestra salud, es decir, nuestro objetivo es perder peso de forma natural basándonos en una alimentación adecuada a nuestras características y necesidades, y por supuesto mediante la adopción del deporte en nuestra vida.

Es importante tener en cuenta que para adelgazar y conseguir el peso ideal no tenemos que pensar en dietas agresivas ni en obsesionarnos con el deporte, ya que todo eso nos va a llevar al fracaso y por supuesto también al temido efecto rebote. Por ello, lo que tenemos que hacer es seguir comiendo de todo pero con las cantidades adecuadas en base a nuestras características.

En este sentido no va a necesitar la misma cantidad de alimento una persona que mida 1,50 m que otra que mida 2,00 m, de la misma manera que conforme aumentemos la actividad, también deberá aumentar la ingesta de calorías. Todos estos detalles son verdaderamente importantes, ya que, si bien es cierto que la obesidad puede acarrear la aparición de enfermedades y problemas serios, también lo es que una dieta descontrolada y un ejercicio excesivo nos puede traer lesiones así como también enfermedades, por lo que debemos realizar los procesos de forma suave y progresiva.

En este sentido debemos olvidar eso de perder mucho peso en poco tiempo, ya que es un auténtico suicidio; por una parte porque estará afectando a nuestra salud, y por otra porque es la forma más clara que nos llevará al llamar al efecto rebote, es decir, en cuatro finalicemos el proceso agresivo al que hemos sometido a nuestro cuerpo, rápidamente vamos a volver a recuperar el peso e incluso a aumentarlo.

Sin embargo, si realizamos un proceso progresivo con vistas a alcanzar nuestro peso ideal en un tiempo que dependerá de los kilos sobrantes, lo que vamos a conseguir es cambiar nuestra alimentación, es decir, sin darnos cuenta vamos a ir optando por una vida más sana y equilibrada, de manera que nunca existirá el fin del proceso, ya que en realidad ya estamos alcanzando nuestro peso ideal con tan sólo adquirir buenos hábitos. El cuerpo se encargará él solo de regularse, así que nos debemos olvidar de básculas y demás y centrarnos exclusivamente en alimentarnos adecuadamente. Al principio deberemos intentar no excedernos en calorías, y poco a poco iremos optando por una dieta más adecuada.

Con el ejercicio vamos a proceder de la misma forma ya que de nada nos sirve empezar dedicando tres o cuatro horas de ejercicio cada día durante todos los días de la semana, ya que eso sólo nos va a perjudicar y por supuesto también va a hacer que nos cansemos antes de tiempo. Lo ideal sería por ejemplo empezar a practicar ejercicio dos o tres veces por semana dedicando media hora cada vez, y poco a poco iremos aumentando la intensidad conforme nuestro cuerpo nos lo pida. Olvidaos de realizar excesos, ya que precisamente con la obesidad debemos ser más cautos en este sentido.

En resumen, el mejor tratamiento para la obesidad es alimentarnos de forma variada, nutritiva y controlando las calorías en función del consumo que tengamos cada día, sin renunciar a ningún tipo de alimento pero, eso sí, administrándolos adecuadamente, y por supuesto también deberemos incluir el ejercicio físico de forma gradual hasta que nuestro cuerpo sea el que nos pida que aumentemos el nivel.

Conoce todos los tipos de obesidad

Una vez que conocemos mejor la obesidad y su tratamiento, ahora es el momento de que aprendamos cuáles son los tipos de obesidad en base a tres clasificaciones que son el modo en que se distribuye la grasa en nuestro organismo, en base a su origen, y por supuesto también a nuestro IMC que no es otra cosa que nuestro Índice de Masa Corporal.

La obesidad en base a la distribución de la grasa

Seguramente habréis escuchado alguna vez aquello del cuerpo con forma de manzana o de pera, lo cual es básicamente una forma de distinguir los distintos tipos de obesidad en función del modo en que se distribuye la grasa en nuestro organismo.

En cualquier caso, dependiendo de las características, herencia genética y otros factores, nos vamos a encontrar con tres posibilidades:

  • La obesidad central o el cuerpo de manzana: se trata de un tipo de obesidad que también se conoce como obesidad abdominal u obesidad androide, y básicamente se caracteriza debido a que la grasa se acumula sobre todo en la parte superior de la cintura, mostrándose fundamentalmente en las zonas de la cara, el cuello, el tórax y el abdomen. Cabe destacar que este tipo de obesidad es considerada más grave debido a que está relacionada con un mayor riesgo de aparición de enfermedades cardiovasculares, dislipemias y diabetes.
  • La obesidad periférica o el cuerpo de pera: en este caso hablamos de la obesidad finoide de manera que la grasa se acumula sobre todo por la parte de debajo de la cintura en la zona de las caderas, muslos y glúteos. En este caso existen más posibilidades de aparición de artrosis en las rodillas así como de varices.
  • La obesidad homogénea: y en tercer lugar tenemos la obesidad homogénea que básicamente es un tipo de obesidad en la que la grasa se reparte de forma generalizada por todo el cuerpo, es decir, es un tipo de obesidad más uniforme de manera que la grasa no predomina en ninguna zona concreta.

La obesidad en base a su causa

También hay que tener en cuenta que existen distintos tipos de obesidad en base a causa a que se debe, y en ese caso tenemos ocho posibilidades que son las siguientes:

  • La obesidad cromosómica: la obesidad cromosómica es un tipo de obesidad que se basa en los defectos cromosómicos, es decir, la padecen aquellas personas que pueden presentar problemas como el síndrome de Down o el síndrome de Turner.
  • La obesidad dietética: en cuanto a la obesidad dietética hablamos de una de las más abundantes ya que se basa en los malos hábitos alimenticios, de manera que la persona consume un exceso de grasas y calorías. Generalmente también lo combina con un estilo de vida sedentario que agrava aún más la situación. Este tipo de obesidad es frecuente a todas las edades, pero es uno de los principales en relación con la obesidad infantil, de manera que debemos intentar combatirla desde su raíz optando por una dieta más sana, dejando de lado los productos precocinados y la bollería, y por supuesto motivando la práctica de ejercicio físico.
  • La obesidad genética: en cuanto a la obesidad genética hay que tener en cuenta que en la gran mayoría de los casos se trata de una predisposición a partir de la cual se derivan otros tipos de obesidad. Es decir, la genética se encuentra en la mayor parte de casos de obesidad, de manera que a menudo desembocan en otros tipos diferentes.
  • La obesidad nerviosa: la obesidad de tipo nervioso se basa en enfermedades como pueden ser las alteraciones psicológicas, la depresión o la hipoactividad. Existe un desorden en el sistema nervioso central a través del cual se alteran los mecanismos normales relacionados con la saciedad y la termorregulación, de manera que se provoca la obesidad.
  • La obesidad por consumo de medicamentos: el consumo de medicamentos también es un factor de obesidad a tener en cuenta. Un paciente que se encuentra bajo tratamiento farmacológico consumiendo antidepresivos, antituberculosos o corticoides, generalmente va a presentar uno de sus efectos secundarios más habituales que es la acumulación de grasa que desemboca en la obesidad.
  • La obesidad por defecto fermogénico: en este caso hablamos de que existe un defecto a través del cual el organismo no consigue quemar el exceso de calorías de una forma adecuada.
  • La obesidad por desajustes del control de peso: esta obesidad está basada en problemas que se producen en el ajuste de la saciedad, de manera que una persona puede comer, quedar satisfecha pero necesitar seguir comiendo. Esto se debe a que se producen desajustes en el organismo de manera que considera un peso elevado como el peso adecuado, lo cual fomenta los problemas de obesidad. Cabe destacar que se trata de una de las razones principales de obesidad en la sociedad occidental.
  • La obesidad por enfermedad endocrina: finalmente tenemos la obesidad motivada por enfermedades endocrinas que nace a partir del exceso de producción de insulina o hiperinsulinismo, debido al exceso de producción de glucocorticoides o hipercorticismo, y al hipotiroidismo que es un déficit en la producción de la hormona tiroidea.

La obesidad en base al Índice de Masa Corporal

Finalmente tenemos la obesidad en base a nuestro IMC, que básicamente es el sistema más utilizado debido a que se calcula el nivel de grasa corporal en nuestro organismo, de manera que se puede calcular el IMC con una fórmula muy sencilla que os detallamos a continuación:

IMC = peso/estatura²

Es muy importante tener en cuenta que el peso lo mediremos en kilogramos mientras que la estatura se medirá en metros para que los valores coincidan con la tabla que vamos a detallar a continuación.

Los grados de obesidad en función de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad y la Organización Mundial de la Salud son los siguientes:

  • IMC entre 18,5 y 24,9: peso normal.
  • IMC entre 25 y 29,9: sobrepeso (No es obesidad).
  • IMC entre 30 y 34,9: obesidad de grado 1 (es una obesidad de bajo riesgo).
  • IMC entre 35 y 39,9: obesidad de grado 2 (es una obesidad de riesgo moderado).
  • IMC entre 40 y 49,9: obesidad de grado 3 (es una obesidad de alto riesgo, también conocida como obesidad mórbida).
  • IMC a partir de 50: obesidad de grado 4 (se trata de una obesidad extrema que implica un enorme riesgo para la salud).

A partir de la obesidad de grado 3, es decir, cuando ya se considera obesidad mórbida u obesidad de alto riesgo, habitualmente es muy complicado revertir la situación a través de la utilización de dietas y la práctica de ejercicio físico, de manera que frecuentemente se deberá recurrir a la cirugía.

Existen distintas técnicas que serán utilizadas en base al paciente, pero lo más habitual es la reducción del estómago de manera que se consigue disminuir la ingesta de alimentos gracias a que desciende la sensación de hambre.

Estos son todos los tipos de obesidad en base a las características que nos permiten realizar diversas clasificaciones que nos ayudan a entender mejor el estado de un paciente concreto, consiguiendo de esta forma optar por las mejores alternativas y tratamientos que permitan su recuperación de forma progresiva y sobre todo pensando en su salud, ya que está claro que es nuestro objetivo principal y la razón más fuerte para plantearnos perder peso y recuperar nuestro estado natural.

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